Bogotá ARTE
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Arte
ARTE. La urbe metropolitana ha sufrido mucho en su perfil colonial; no pocas de las modernas construcciones se han levantado a costa del sacrificio de venerables monumentos, pese a todo esto, todavía conserva B. un buen conjunto de iglesias ricamente decoradas con pinturas, tallas y orfebrería. La época dorada de la ciudad corresponde al s. xvii, tanto en literatura como en artes plásticas. La fuerte raigambre niudéjar de la arquitectura neogranadina hizo que se desarrollara una peculiar concepción del espacio interior de los templos, en los que se tendió al ocultamiento de los muros revistiéndolos con retablos, tallas de madera y grandes cuadros. Las techumbres decoradas fueron elementos indispensables para la conformación de ese espacio de carácter cueviforme; además de los diseños típicamente mudéjares se aceptaron otros del manierismo, que pervivieron hasta casi fines de la época española. La arquitectura fue la directora de las demás artes, que tuvieron como misión complementarla; la pintura, a mediados del s. xvii, consiguió liberarse con la figura señera de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos (v.), uno de los mejores pintores coloniales de Hispanoamérica.El templo más monumental del s. xvii es el de S. Ignacio, obra del jesuita italiano Juan Bautista Coluccini, llegado a B. en 1604. Lo más interesante es la fachada, inspirada en la albertiana de S. Andrés de Mantua, pero con todas las implicaciones que llevaba consigo el manierismo; en el edificio adjunto de Las Aulas se encuentra el Museo Colonial desde 1942, que atesora buena parte de la obra de Vázquez de Arce, Acero de la Cruz, Gaspar y Baltasar Figueroa, Camargo, etc. Semejante en riqueza a la iglesia jesuítica es la de S. Francisco, cuya nave central ostenta techumbres de madera con los mejores ejemplos de par y nudillo existentes en la ciudad. El conjunto decorativo más brillante se encuentra en el presbiterio, donde en 1633 trabajaba el anónimo Maestro de San Francisco, ayudado por el ensamblador Ignacio García de Ascucha. La Capilla del Chapetón se decora con lienzos del pintor Geert de Lavallée, mientras que la serie de Oraciones del Rosario, del quiteño Miguel de Santiago (v.), decora la capilla franciscana de la Inmaculada. El tercer centro eclesiástico de importancia es la iglesia de S. Clara, realizada según traza del maestro Matías de Santiago; la abrumadora decoración mudéjar crea un espacio interior, que sólo admite comparación con otros interiores tunjanos. Además de la influencia mudéjar se acusa la italiana, llegada a través de los tratados; así, en la portada del Sagrario (1689), vemos que fue tenido en cuenta el modelo de Miguel Ángel para la Villa Grimani, pero aquí se superó el modelo manierista por la fuerte presión barroca. El mismo modelo miguelangelesco fue adaptado poco antes en la portada bogotana de S. Agustín (1668), aunque completada con otros elementos tomados de un grabado de Vignola sobre la portada de la Caprarola. Fácil es de suponer que los grabados de Serlio no pasaron desapercibidos a los artistas bogotanos; su huella queda patente en el sotocoro de S. Francisco; este modelo tendría una versión barroca en el artesonado de La Candelaria, iglesia construida a fines del s. XVII.El arte bogotano, apegado a la tradición y afecto a los arcaísmos, no produjo obras novedosas; sin embargo, en la evolución del retablo, se inicia a fines del s. xviii una renovación, cuyo autor parece ser la figura poco conocida del entallador Pedro Caballero, a quien se atribuyen; los retablos del templo de la Orden Tercera. El delicioso conjunto de la Quinta de Bolívar representa el tránsito de la tradición hispánica a los ideales neoclásicos. El edificio cardinal del neoclasicismo fue la catedral, que antes del terremoto de 1785 tuvo ya dos edificaciones (1565 y 1572); el capuchino español fray Domingo de Petrés diseñó una catedral inspirada en la de Valladolid, aunque resultó un producto ecléctico no carece de monumentalidad. Otra obra interesante de Petrés es el Observatorio Astronómico, el primer edificio de esta clase levantado en la zona equinoccial (1802); combina la planta octogonal con el tratamiento de las superficies según los gustos de Vignola. V. t.: COLOMBIA VII.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: G. HERNÁNDEZ DE ALBA, Teatro del arte colonial, Bogotá 1964; íD, Guía de Bogotá, Bogotá 1946; D. ÁNGULO, Historia del Arte Hispanoamericano, I y II, Barcelona 194550; E. GIL TOBAR, La pintura flamenca en Bogotá, Bogotá 1964; S. SEBASTIÁN, Itinerarios artísticos de la Nueva Granada, Cali 1965.
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