Bizancio LIT.
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Literatura
LITERATURA. Concepto y características. Se conoce con la denominación de literatura bizantina la producción literaria medieval en lengua griega, desde el s. vi hasta la toma de Constantinopla por los turcos (1453). Conviene, sin embargo, advertir que algunos investigadores consideran como bizantina, también, la literatura en lengua griega desde la época de Constantino, entendiendo literalmente el término bizantino como un adjetivo derivado de B. y teniendo en cuenta que esta ciudad (la Istambul de los turcos), la capital del nuevo Imperio de Oriente, fue consagrada como tal por este Emperador (de ahí Constantinopla, ciudad de Constantino) en el 330 de nuestra Era. Las características principales, no sólo de la literatura, sino de la cultura bizantina, son, fundamentalmente, tres: helenismo, cristianismo e influencia oriental. Helenismo porque B. continúa la tradición y la cultura de la Grecia clásica, a pesar de los intentos romanizadores de Justiniano y su sobrino Justino II, sobre todo en el campo del Derecho. Cristianismo porque ésta fue la religión del Imperio, prácticamente, desde Constantino, aunque tropezó, si no con la oposición, sí al menos con el desdén de gran parte de los intelectuales y hombres de letras, que continuaron militando en las filas del paganismo, por lo menos hasta bien entrado el s. vi. E influencia oriental porque B. fue, como se ha repetido tantas veces, durante más de 10 siglos, el último baluarte oriental de la cultura cristiana medieval, en contacto continuo con los pueblos asiáticos y africanos, en el extremo del Mediterráneo. Y este contacto no dejó de plasmarse en diversos aspectos culturales (la cuestión misma de los iconoclastas, que llena tantas páginas de literatura bizantina, es de origen, al parecer, oriental).Voltaire es en parte responsable del desprecio, que se ha hecho ya típico en la cultura occidental, por la literatura bizantina. Según él, los bizantinos arruinaron su historia y su espíritu en 10 siglos de inútiles polémicas sobre temas teológicos y filosóficos; los turcos, en cambio, tuvieron más sentido: lucharon, gozaron y murieron, sin dejar tantas páginas llenas de argumentaciones y quizá vacías de sentido. Añádese a ello que los modernos investigadores, tanto griegos (Dimarás) como extranjeros (Lavagnini), suelen, en su mayor parte, excluir de la literatura bizantina lo que tiene de realmente vivo y sugestivo (el Diyenís, los ciclos épicos, las novelas a la manera occidental, verdaderos romans occidentales, y algún cuerpo poético de primer orden, como el de Teodoro Pródromo, amén de alguna que otra crónica, bestiarios, volucrarios y literatura de este tipo), e incluirlo en las historias de la literatura griega moderna (desde 1453 hasta nuestros días), considerando que, como estas manifestaciones literarias utilizan como vehículo de expresión la lengua del pueblo (i dimotiki glossa), pertenecen ya a )a época moderna. A nadie se le ha ocurrido, sin embargo, estudiar el Cantar de Mio Cid, p. ej., como parte de la literatura castellana moderna, por muy épico que sea.La lengua oficial de la literatura bizantina, la de los géneros que son considerados como mayores (historia, tratados teológicos y filosóficos, exégesis bíblica o clásica, poesía de cualquier tipo), üo es la lengua generalizada en el Imperio como vehículo normal de comunicación, la popular, sino una artificial y cansada, que se esfuerza por repetir y emular los giros estilísticos de los maestros áticos del periodo clásico y posclásico. Ello, no cabe negarlo, convierte a la literatura que lo practica en un producto crítico de cultura, pero más bien por razones sociohistóricas que por motivos estrictamente literarios. S. Romano, p. ej., no deja de ser un gran poeta, a pesar de que su lengua es culta; ni Procopio es, por haber imitado a Jenofonte, menos importante, como tampoco lo es Ana Comnena por el hecho de proponerse a Tucídides como modelo de estilo. Los ejemplos podrían multiplicarse.Épocas. La literatura bizantina suele dividirse en periodos que presentan una serie de rasgos más o menos diferenciales. Son: a) el comprendido entre la época de Justiniano y mediados del s. vu, un periodo en el que se consolidan las características de lo bizantino, ya visibles en el periodo anterior, desde Constantino; b) el que abarca desde mediados del s. vii hasta finales del xl, periodo muy desigual, divisible en diversos subperiodos, generalmente conocido como periodo de decadencia. Y c) hasta la ocupación turca, un periodo agitadísimo, de conmoción cultural, política y _social, además de religiosa, que da a la cultura bizantina seguramente los frutos más sabrosos, a pesar de las condiciones históricas desfavorables en que se desenvuelve.Característica primordial de la primera época es, a partir de Tiberio II, una reacción contra el romanismo que intentó introducir a todo riesgo Justiniano. Se tratará de asentar como propiamente bizantino lo griego, de modo que la legislación, en la época de Tiberio II, se redactará (pensemos, por el contrario, en el Digesto) en lengua griega. La historiografía cobra especial importancia gracias al imperialismo y a la grandeza justinianeas, que favorecen la existencia de historiadores de la talla de Procopio de Cesarea, secretario del célebre general Belisario, al que acompañó en algunas de sus campañas, panegirista declarado del Emperador en los seis libros de sus Historias y detractor de sus propias alabanzas en la llamada Historia secreta. La Historia, concebida como obra de arte y de artificio, sin demasiado rigor crítico, se propone, como decíamos más arriba, un modelo clásico, con lo cual su lengua, conforme va pasando el tiempo, tiende a distanciarse cada vez más del pueblo. En compensación nace la Historia universal llena de anécdotas, casi convertida en Historia sagrada, desde el origen del mundo hasta los días del cronista, escrita en una lengua asequible y, es más, a menudo llena de coloquialismos. La de Malalás, p. ej., que debió ser aproximadamente contemporáneo de Procopio, se sirve de los mitos paganos para desencadenar una apología del cristianismo.En la poesía sigue cultivándose el género menudo, el epigrama, destacando Pablo Silenciario y Agatías, este último antologista (Ciclo de los nuevos epigramas) e historiador del periodo inmediatamente posterior a Justiniano. La poesía épica alcanza, literaria y culturalizada, un relativo esplendor en la obra de Jorge Písides, poeta también epigramático. Del s. vii no hay que distinguir más que a un historiador, Simocata, llamado el Procopio de su época, pero inferior a 61 en muchos aspectos. El poeta más relevante de este periodo, el de acentos más personales y de más calidad, es, sin duda, Romano el Melodo, m. a mediados del s. vi. En el segundo periodo, en los siglos comprendidos entre el VIII y el xr, se debe formar lo que ’será la epopeya nacional de B., la leyenda épica del Diyenís, los cantos épicos y la epopeya misma. Se recopila en esta época el más importante cuerpo epigramático griego, la llamada Antología palatina. El cristianismo entra en el género tradicional pagano con la obra magnífica de Teodoro el estudita y de Casia, la única poetisa de verdadera valía de la literatura bizantina, ambos dedicados a la vida monacal. La propia dinastía imperial aparece vinculada a las letras, con la obra de León VI el Sabio, poeta, y de su hijo, el célebre Costantino VII Porfirogéneta. Estable la situación política, sienta ahora los frutos del renacimiento cultural que en siglos anteriores al x se había iniciado con la obra de Focio (v.). La cuestión famosa de la iconoclasia tiene, en la figura de S. Juan Damasceno (v.), como en la del citado Teodoro, un polemista agudo y tenaz contra los herejes. Uno y otro escribieron asimismo obras ascéticas y exegéticas.El último periodo de la literatura bizantina, desde finales del s. xi, se ve casi envuelto por la gran cantidad de literatura religiosa polémica, pero también se produce por la labor de Focio y Pselo a consecuencia de las nuevas Facultades creadas gracias a los Emperadores del s. x, un verdadero renacimiento que augurará el europeo y algunos de cuyos máximos intérpretes serán, caída Constantinopla, los iniciadores en cierto modo, del occidental: así Barlaam, el supuesto maestro de griego de Petrarca. En esta época, fruto por una parte de la tradición griega (las novelas de los s. ii y III) y por otra de las tradiciones literarias occidentales (el roman y el romanzo, en las culturas románicas), se escriben en Grecia una serie de poemas novelescos importantes, generalmente anónimos; prolifera la literatura de bestiarios y lapidarios, marcadamente popular, y las crónicas y cuerpos de crónicas, algunas de ellas, como la célebre de Morea, con tratamiento románico. Uno de los más personales poetas bizantinos, Tedoro Pródromo, pobre, inconformista y mordaz, vive también en esta época, fecunda, como reacción a las cruzadas, en buenos historiadores: Nicetas Acominato, Paquimeras o Ana Comnenos, la orgullosa princesa imperial, autora de la Alexíada, historia de su padre Alejo I.I. ALSINA CLOTA.
BIBL.: K. KRumBAcHER, Geschichte der bizantinischen Literatur, Munich 1897; A. MIRAMBEL, Histoire de la litterature bizantine, París 1956; I. ALSINA y C. MIRALLES, Historia de la literatura griega media y moderna, Barcelona 1966.
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