Bienestar ECON.
Categoria:
Economía
I. Economía del bienestar. II. Doctrina social cristiana. Introducción. El diccionario de la R. A. Española define al b. como "estado de vida abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad".El término puede emplearse en una doble dimensión: subjetiva y objetiva. En la primera el b. implica un estado de ánimo satisfecho, propio del que se encuentra bien. En su dimensión objetiva alude a las condiciones desde las que se hace posible y efectivo aquel estado de ánimo. La noción que comentamos puede también emplearse en sentido individual o en el social. E igualmente cabría que tratásemos de ella en su carácter fáctico o en el ético. Propio de aquél ha venido siendo el desarrollo del mismo acuñado en Economía y del que las llamadas economías del b. son singular exponente (v. I). El tratamiento ético del mismo puede consultarse singularmente en Filosofía del Derecho (como fin de la actividad jurídica: cfr. J. Messner, Ética social, política y económica, Madrid 1967) o en Moral social a propósito del fin de la sociedad política (Utz, Messner, etc.).I. ECONOMIA DEL BIENESTAR. Concepto. La e. del b. es la rama de la Economía que estudia los criterios para ordenar situaciones económicas alternativas. Por lo que se refiere al individuo, la información solicitada puede quedar resumida, formalmente, en su función de utilidad (ordinal). Con relación a esto, si un conjunto de bienes es considerado superior a otro o, basándolo en un esquema alternativo, su comportamiento revela consistentemente que prefiere un conjunto de bienes a otro, puede considerarse que mejora su situación cuando intercambia éste por aquél, siempre y cuando aceptemos el criterio de que el individuo es el mejor juez de su propio b. Puede ser éste un criterio de hecho, en cuyo caso está abierto a debate. Si se rechaza por razones empíricas puede, noBIENESTAR1
obstante, ser aceptado como juicio de valor general: a saber, que la sociedad debería considerar a todo miembro adulto como si él conociera mejor que nadie cuáles son sus propios intereses.
Por cuanto nos ocupamos aquí del b. de la sociedad en sentido amplio, la clasificación de las situaciones económicas alternativas requiere, sin embargo, criterios adicionales, todos los cuales son precisamente de naturaleza ética. De ellos, el criterio que se acepta con mayor facilidad es aquel que sostiene que el b. de la sociedad depende exclusivamente del b. de las personas que la componen. Formalmente, dicha idea queda expresada en una función de b. social, siendo éste una función solamente de todas las funciones individuales de b. o de utilidad. También llevarla consigo otro juicio ético más al especificar que la función de b. social es de tipo Pareto, teniendo la propiedad de que si, por lo menos, una persona mejora de posición y, sin embargo, ninguna otra persona empeora.la suya, se considera que la sociedad en conjunto ha mejorado. No obstante, la mayoría de los cambios económicos son aptos para hacer mejorar a unas personas y perjudicar a otras. Si los criterios del b. han de clasificar también esta clase de situaciones se precisará de más juicios éticos. Podríamos proponer que se considerase a la sociedad como en mejor situación si se pasa a una posición en la cual todos sus miembros podrían estar en mejores condiciones de vida. Y si esto se creyese que es insatisfactorio, como en efecto puede ser, se podría añadir la condición de que el cambio llevase consigo una distribución que fuese, en algún sentido específico, mejor que la correspondiente a la posición original.Antecedentes de la moderna economía del bienestar. Hasta el comienzo del s. xx no había una distinción clara en Economía entre lo positivo y lo normativo. Sólo el descubrimiento de los conceptos específicos de b. en el s. xtx y su posterigr desarrollo hizo posible en el s. xx desligar lo normativo de lo analítico en economía y sentar las bases de una moderna e. del b. En 1840, p. ej., Dupuit, un ingeniero francés, anticipó la formulación de Alfred Marshall del "excedente del consumidor", definido como la diferencia entre el precio que un consumidor "estaría dispuesto a pagar antes que irse sin el objeto y el precio que realmente paga". Marshall intentó extender esta noción, a fin de identificar la zona comprendida entre la curva de demanda de mercado de un bien determinado y su precio como una medida muy aproximada del exceso del consumidor, o beneficio neto, obtenido por la comunidad como un todo por la compra del bien en cuestión. Este concepto junto con el de renta económica, cuya contrapartida surge del suministro de servicios productivos, se emplea en desarrollar proposiciones generales sobre impuestos, monopolio y controles de precios, etc.Una alternativa a este acercamiento parcial a la e. del b. había sido ya introducida por Leon Walras en 1870, en forma de una posición de máximo b. para la sociedad, que él asociaba con la situación alcanzada en una economía puramente competitiva. Aun cuando su lógica era ingeniosa, la conclusión fue entonces rechazada. El concepto de una posición de b. máxima u óptima se mantuvo, sin embargo, y fue rescatada por W. Pareto a comienzos de siglo, quien la definió como aquella posición desde la cual no se podía efectuar ningún cambio sin empeorar la situación de alguien. Enrico Barone, unos años más tarde, explotó las implicaciones de una posición óptima de la sociedad. Sin embargo, la demostración más precisa de las implicaciones de una posición óptima fue proporcionada casi una generación más tarde, por AbramBergson. Por el simple proceso de hacer máxima una función de b. general para la sociedad, en la cual se incluyeran las utilidades de todos los individuos, y sujeta a las restricciones de técnicas y recursos, se podrían identificar todas las condiciones óptimas familiares como las condiciones de primer orden para que exista un máximo derivado del cálculo.
Condiciones del óptimo. La definición de Pareto de un óptimo social hace evidente que puede haber un número indeterminado de posiciones óptimas para la sociedad, distinguiéndose unas de las otras por la distribución que implica cada una de ellas. Una expresión alternativa nos la ofrece el concepto de Cambridge de una distribución ideal, que es aquella distribución de factores a partir de la cual no se pueda aumentar el valor social del producto total mediante una nueva combinación de factores. Para conseguir esta distribución ideal se precisa cumplir primero con un principio de asignación simple: que, en el margen, el valor aportado por cualquier clase de factor sea el mismo en todas las ocupaciones alternativas en las que se pueda emplear dicho factor.No es, por tanto, sorprendente hallar que esta regla de distribución simple pueda ser descompuesta en el número de condiciones que fueron explicadas por Bergson al llevar al máximo la función del b. social. Tres de estas condiciones merecen especial atención: 1) el óptimo de cambio, que exige que la relación de sustitución entre cualquier par de bienes económicos sea la misma para todas las personas; 2) el óptimo de producción. Se precisa que la relación de sustitución entre cualquier par de factores sea la misma en la producción de todos los bienes. Si esto no se cumple es simple demostrar que se puede producir más de ambos bienes; 3) el óptimo general se construye sobre la base de las dos condiciones precedentes.Se puede producir un número ilimitado de combinaciones de bienes con los recursos dados de una economía. Sin embargo, el cumplimiento de la segunda condición define un límite para estas combinaciones, un límite que en cualquiera de sus puntos indica el menor número de cualquier bien que debe dejarse con el fin de adquirir una unidad más de cualquier otro bien, una ratio (relación) comúnmente denominada relación de transformación del producto. Lo que se necesita para el óptimo general es, por tanto, que la relación de transformación del producto sea igual a la relación de sustitución, para todas las personas y para todos los pares de bienes de la economía. Si se dan tanto el 1) como el 2), pero no el 3), entonces es posible hacer mejorar la situación de todos produciendo un conjunto diferente de bienes al existente con los recursos de la sociedad.Si no existen efectos externos, estas condiciones óptimas se dan en el estado de equilibrio de una economía perfectamente competitiva, siendo el precio igual al coste marginal en todas las líneas de producción. Si ocurre que algunas mercancías son producidas por monopolistas o están sujetas a impuestos de consumo o son subsidiadas, para la producción de algunos bienes sucederá que el coste marginal estará por debajo o por encima del precio correspondiente y, por tanto, no se dan las condiciones óptimas. En .esta situación subóptima es posible, naturalmente, lograr una asignación de factores a fin de mejorar la situación de todos. No obstante, no hay reglas generales para pasar de una situación subóptima a otra superior. En particular, si por cualquier razón las producciones de varios sectores no pueden ser ajustadas para situar el coste marginal en igualdad con el precio, el elegir las producciones de los restantes bienes, de forma que sus correspondientes precios sean iguales a los costes marginales, podría empeorar la situación.Efectos externos. Si consideramos la incidencia de los efectos externos, tendremos en cuenta una posible discrepancia entre el precio de mercado y el valor social marginal. Tales efectos surgen siempre que un efecto relevante en la actividad económica escapa al mecanismo de precios. Ilustrándolo con un ejemplo familiar de la Economía del bienestar de Pigou, el daño causado por el humo de la chimenea de una fábrica podría entrar como coste en cada unidad de producción. Hecho este ajuste, el valor social marginal del producto se calcula que esté por debajo de su valor de mercado por el coste del daño en que se incurre al producir la unidad marginal. Si se reconociesen tales costes, sería evidente que la producción en cuestión habría de ser restringida, con el fin de que su valor social marginal, no su precio de mercado, sea igual a su coste marginal. Por el contrario, si los efectos externos fuesen beneficiosos, la producción de la que resulte beneficio debe extenderse más allá del límite competitivo. Cuando se considera la creciente incidencia de tales efectos externos como el ruido, polución de la atmósfera, residuos industriales arrojados en ríos y lagos, la destrucción de un bello paisaje en aras de la expansión industrial, debía estar claro que no cabe la presunción de que exista en ninguna parte una economía competitiva perfectamente operativa que esté cerca de la posición óptima.Nueva economía del bienestar. El advenimiento de la nueva e. del b. se fija, más bien de modo arbitrario, en 1939. En una breve respuesta a Harrod, en el Economic fournal, Kaldor afirmaba que el clásico argumento para defender el libre comercio en el contexto de la Inglaterra de mediados de la época victoriana no necesitaba que la pérdida de la utilidad de los terratenientes fuese comparada con la ganancia de utilidad en los fabricantes y asalariados: es necesario tan sólo que los que obtienen ganancia del libre comercio sobrepasen el .número de los que sufren pérdida. Tal pruéba (test) de compensación había de ser entendida como una prueba objetiva de eficiencia económica. Si realmente se debía compensar o no, era, sin embargo, una cuestión política. Meses más tarde, en un ensayo sobre el fundamento de la e. del b. aparecido en la misma revista, Hicks aplaudió esta prueba de eficiencia basada en una compensación hipotética, pero fue más precavido respecto a los posibles efectos adversos en la distribución.Dos años más tarde, Scitovsky demostraba una desconcertante paradoja. Una posición II podría resultar ser más eficiente que la I, en la prueba déKaldorHicks, pero si la posición 11 fuese entonces, adoptairia, la misma prueba podría demostrar que I eramás eficiente que II. La aparente paradoja surgió de un problema similar al que surge en los números índices. Como se deja entrever que a cada una de las diferentes distribuciones de b. de 1 y 11 corresponde un grupo diferente de precios relativos, es del todo posible que con el grupo de precios relativos de I, el conjunto de bienes de II valiese más que el conjunto de bienes de I, mientras que con el grupo de precios relativos de II, el conjunto de bienes de I valiese más que el conjunto de bienes de II. Inútil decir que sólo se cumpliría la prueba de Scitovsky si tanto la prueba KaldorHicks como su forma inversa revelasen que el conjunto de bienes de II era más eficiente que el de 1.En 1950 apareció una estimación crítica de estos trabajos por 1. M. D: Little. Afirmaba que los juicios de valor no pueden evitarse en la e. del b. y, por tanto, deben figurar explícitamente. Decir que un cambio que encaje en la prueba de KaldorHicks aumenta su eficiencia es, en efecto, recomendarlo. Sin embargo, como quiera que la compensación es puramente hipotética, tal cambio podría hacer al pobre aún más pobre. Kaldor no se había basado, pues, en un método objetivo de detectar los aumentos de eficiencia económica: no hizo más que acuñar una definición de la eficiencia económica, una definición que, por otra parte, tenía implicaciones distribucionales, éticamente inaceptables. Con el fin de determinar si la sociedad debería cambiar hacia alguna nueva situación económica, propuso un doble criterio: (a) la nueva distribución no debe ser peor que la anterior; y (b) debe ser imposible poder poner a la gente en la antigua situación en condiciones tan ventajosas como se la puede noner en la nueva situación.Si ignoramos los efectos externos y otros intang.jlc?, las estadísticas apuntan en Occidente y en los dos últimos siglos a un continuo aumento de la renta real. Este proceso ha sido acompañado, sobre todo en el periodo de posguerra, por un mayor grado de igualdad tanto respecto a la renta real como a las oportunidades. Por muy rigurosos que puedan parecer nuestros criterios del b., este desarrollo debe acomodarse a ellos, para poder pensar en un crecimiento del b. social en el tiempo. Sin embargo, no debemos olvidar las reservas hechas respecto a los efectos externos e intangibles, pues está lejos de ser obvio que la gente en los EE. UU. esté más satisfecha que lo está, p. ej., la gente en Inglaterra. De hecho, sólo una parte limitada del b. depende de los bienes materiales. La mayor parte de este b. depende, una vez asegurada la subsistencia, de cualidades que pueden ser destruidas en el mismo proceso de cambio tecnológico. A pesar de los índices de aburguesamiento de Occidente, el b. social, al menos en el sentido de felicidad o de satisfacción social, puede muy bien hallarse en declive.EZRA J. MISHAN.
BIBL.: Libros: A. C. PIGou, The Economics of Welfare, 4 ed. Londres 1932; J. DE V. GRAEFF, Theoretical Welfare Economics, Cambridge 1957; 1. M. D. LITTLE, A critique of Welfare Economics, 2 ed. Oxford 1957; E. J. MISHAN, Economía del bienestar, Madrid 1969~Artículos: A. BERGsoN, A Reformulation of Certain Aspects of Welfare Economics, "Quarterly Journal of Economics" 1938; J. R. HICxs, The Foundation of Welfare Economics, "Economic Journal" 1939; R. G. LIFSEY y K. LANCASTER, The General Theory of Second Best, "Rev. of Economic Studies" 1957; P. A. SAMUELSON, Eaolution of Real National Income, "Oxford Economic Papers" 1950.
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