Bibliografia CIENCIA
Categoria:
Ciencia
CIENCIA AUXILIAR DE LA HISTORIA. Concepto. La palabra b. no tiene aún un sentido universalmente reconocido. Designa corrientemente las listas de trabajos impresos según reglas definidas, y clasificadas con un fin científico o práctico. Las primeras listas impresas fueron redactadas por libreros de los s. XV-XVI Eran bosquejos de las que utilizamos hoy y continuaban la tradición de los numerosos catálogos de bibliotecas de conventos, mencionadas a partir del s. x. No estaban sujetas a reglas, y se intitulaban b. en el sentido de Catalogus, Repertorium, Index o Bibliotheca. La palabra b. aparece en 1643, empleada por Luis Jacob, uno de los pioneros de la profesión (Bibliographia Pontificia, 1643; Bibliographia Gallica Universalis, 1644-54). Deriva del griego ’biblion, que, en su origen, significa "el arte y trabajo de los copistas".Diderot y D’Alambert, en sú Enciclopedia (1751), permanecen fieles a la etimología, y definen al bibliógrafo como "toda persona versada en el conocimiento y descifrado de los manuscritos". Las listas bibliográficas se multiplican en los s. XVII y XVIII, con un ritmo paralelo al de la producción tipográfica; pero sus redactores siguen ajenos a toda doctrina y a toda disciplina científica, porque la b. está aún en su fase empírica y descriptiva. El gran movimiento revolucionario se hace sentir en las bibliotecas, y da al trabajo bibliográfico su impulso creador. Tomada en consideración por los eruditos, es objeto de un comunicado presentado a la Convención por el obispo de Blois, Henri Gregoire. Napoleón, poco después, la eleva al rango de ciencia auxiliar de la Historia.En 1810 aparecen las publicaciones capitales que consagran su existencia y dan testimonio de su vitalidad: el Journal de l’Empire f rancais, y la primera edición del célebre Manuel du Libraire, de J. Ch. Brunet. En 1821, se crea la enseñanza de la b. en la I;cole des Chartres; al mismo tiempo, la renovación de los estudios históricos provoca la publicación de vastas colecciones de textos y documentos, cuya preparación exige sondeos y prospecciones a través de los depósitos de archivos y de libros, gracias a los cuales se pueden fijar los métodos del trabajo bibliográfico. En 1885, la Gran Enciclopedia de Berthelot precisa, por vez primera, ciertos elementos de este trabajo: define la b. como "ciencia de los libros desde el punto de vista de su descripción y de su clasificación". Es, pues, el estudio y conocimiento de los libros, fundándose sobre un método particular que consiste en buscar, describir y clasificar para utilizar.Si se parte de la palabra libro (v.), considerada (según la Gran Enciclopedia), como "la reproducción de un texto, destinada a la divulgación", se debe deducir que la b. tiene por patrimonio exclusivo el texto impreso, bajo no importa qué aspecto exterior, y por extensión, todo otro texto reproducido con vistas a su difusión por cualquiera de los procedimientos mecánicos conocidos. Del campo de la b. se deberá descartar, de una parte, el manuscrito; de otra, los documentos no tipográficos, es decir, iconográficos, plásticos, fónicos, etc. Según lo que antecede, podemos definir la b. como el conocimiento de todos los textos publicados o multigrafiados. Se funda sobre la búsqueda, descripción y clasificación de estos documentos, con vistas a organizar servicios o construir instrumentos destinados a facilitar el trabajo intelectual.Géneros bibliográficos. El género de una b. se determina por el contenido de los textos; así, una b. puede ser general, cuando se refiere a toda clase de textos sin distinción de temas. La b. general puede ser, a su vez, internacional (si los textos han sido impresos en distintos lugares o pertenecen a diversas lenguas) o nacional (aquella que, recoge textos impresos en una sola nación o escritos en una sola lengua). Las b. generales, nacionales o internacionales (aunque tal vez fuera mejor denominar universales las de esta última clase), pueden ser particulares, de una época (siglo, década, año, etc.); de publicaciones de una cierta categoría (académicas, oficiales, privadas, prohibidas, etc.); de publicaciones de una determinada cualidad (raras, de lujo, originales, etc.); de publicaciones de ciertos autores (sabios, religiosos, etc.); de publicaciones de una forma concreta (periódicos, diccionarios, grandes o pequeños formatos, etc.); y especiales, cuando comprende textos que no tratan más que de una sola ciencia o un solo tema. También las b. especiales pueden ser nacionales o internacionales.Toda b., ya sea general o especial, puede ser exhaustiva, si renuncia a toda eliminación; selectiva, si no retiene más que obras escogidas; retrospectiva, si se interesa por un periodo determinado, ya concluido. Por los principios adoptados para la redacción de noticias, se determina la naturaleza de una b., que podrá ser primaria, si estas noticias o apuntes de los textos se establecen de visu; secundarias, si se han extraído de b. primarias; analíticas, si insertan análisis o resúmenes de texto; críticas, si los análisis establecen juicios de valor; descriptivas, si acompañan la descripción del ejemplar. La b. puede presentarse bajo una de las formas siguientes: obra independiente; artículo de una revista; apéndice a un texto; suplemento a un artículo de diccionario; fichas; y fascículo periódico independiente o anejo a una revista. La b. es una ayuda auxiliar de toda ciencia, ya que facilita el trabajo de investigación que caracteriza a la ciencia propiamente dicha.Metodología. En líneas generales, el método bibliográfico requiere cuatro operaciones: la búsqueda de textos impresos, bajo cualquier forma que se presenten; la filiación, que consiste en establecer la identidad rigurosa de cada impreso, mediante la aplicación de reglas estrictamente codificadas; la descripción del texto que puede ser externa, si sólo tiene en cuenta el "soporte" o aspecto exterior, o interna, si la descripción abarca el texto mismo; y, finalmente, la clasificación en cualquiera de sus formas alfabética, cronológica, sistemática, etc., observando cuidadosamente los principios que reglamentan cada sistema clasificado.Este método varía de acuerdo con los géneros bibliográficos, variación que afecta primordialmente a la búsqueda y descripción de los textos. Una b. nacional no se compone en las mismas condiciones que una especializada en una ciencia o sobre un tema concreto. Exige bastante menos que una internacional. Una b. retrospectiva no tiene el mismo carácter que una corriente. La b. de bibliografías no se asemeja a ninguna otra. Cada una de ellas reclama unos conocimientos, unos métodos y unas aptitudes diferentes.Historia. La fundación del Inst. Int. de B. de Bruselas (1895) marca el comienzo de un movimiento de interés intenso en favor de la b. Desde entonces, se generalizaron los congresos, se le dedicaron institutos y nacieron en todas partes las publicaciones bibliográficas. Sin embargo, la ciencia bibliográfica cuenta ya con varios siglos de existencia. En una primera etapa, que se extiende desde 1494 a 1598, se desarrollan las b. universales. Las. primeras buscaban todos los libros impresos, sin distinción de temas, idiomas o lugares de impresión. La segunda etapa, que empieza a fines del s. xvi y se desarrolla paralelamente a la anterior, es la de las b. nacionales, que se proponían hacer el inventario completo, sin distinción de temas, de todos los libros aparecidos en una sola lengua o sobre el territorio de una sola nación. Son, pues, generales en cuanto al fondo, pero restrictivas en cuanto al origen. Las b. universales fueron desapareciendo poco a poco, dada la superabundancia de libros, en tanto que las nacionales se multiplican. A partir del s. XVI hay también b. especiales, reservadas a ’una sola ciencia (Medicina, jurisprudencia, etc.), y siempre retrospectivas. Florecientes durante largo tiempo, estas b. fueron cada vez más raras, salvo si su objeto se limitaba a un lugar geográfico, un personaje o un tema.Para las ciencias amplias, actualmente el interés recae sobre las b. especiales corrientes. En 1866, el alemán Julius Petzhold compuso la primera b. de bibliografías, que aparecía como un monumento de erudición bibliográfica, no como una guía, en el sentido en que hoy entendemos esta palabra. Obra clásica, también alemana, es el Handbuch der Bibliographie, de G. Schneider, con cuatro ediciones entre 1926 y 1930, es una obra de estudio, erudita y profunda, pero que no resuelve el problema bibliográfico. En 1939, H. Bohatta y W. Funke elaboraron su Internationale Bibliographie der Bibliographie, compilación clasificada ;sistemáticamente y subclasificada alfabéticamente por nombres de autores o de títulos; pero no es descriptiva ni crítica. Los autores anglosajones (J. Minto o I. G. Mudge) dan a sus guías bibliográficas el nombre de Guíde of reference books. De 1945 es World Bibliography of Bibliographies, un corpus en forma de diccionario, de T. Besterman. Deben citarse también las obras de H. Stein, F. Calot o G. Thomas. Actualmente, las b. de bibliografías especializadas son la consecuencia de un trabajo colectivo en el que cada autor tratará de la ciencia que conoce; las generales son confiadas a bibliotecarios de profesión, que son los especialistas por excelencia.Bibliografía española e hispanoamericana. Resulta de todo punto imposible la enumeración de las obras bibliográficas de los diversos países. Por ello, nos limitaremos a reseñar someramente las principales elaboradas en España e Hispanoamérica. La b. de los libros impresos en España es muy rica, como demuestra el primer volumen del Manuel de l’hispanisant, de FoulchéDelbosc y BarrauDihigo, con más de 500 páginas, dedicadas sólo a los repertorios de libros españoles aparecidos antes de 1920.Entre las b. retrospectivas cabe citar la obra de K. Haebler, Bibliografía ibérica del s. XV (19031917), y la de F. Vindel, El Arte tipográfico en España durante.el s. XV (1945). En 17831788, Nicolás Antonio (v.) publicó su Bibliotheca Hispana Nova, que abarca de 1500 a 1684, y contiene unas 9.000 referencias y siete índices. No es posible olvidar las obras de Bartolomé José Gallardo y de Antonio Palau y Dulcet.Desde 1940, dos son los organismos que publican los boletines periódicos de b. nacional: el Inst. Nac. del Libro, que sucedió en 1939 a la Cámara Oficial del Libro, y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (v.), cuyo patronato Marcelino Menéndez Pelayo edita la "Bibliotheca Hispana", revista de orientación e información bibliográficas. Como complemento de la sumaria relación que antecede deben citarse los innumerables catálogos impresos de las bibliotecas públicas de España, o de los fondos hispánicos de las bibliotecas extranjeras. Recuérdense los de la Univ. de California, la Hispanic Soc. of América o la Univ. de Utrecht, entre otros. La ya aludida obra Manuel de Phispanisant indica igualmente 227 catálogos impresos de colecciones privadas, formadas en España o en el extranjero. Entre ellos son famosos los catálogos de las colecciones Salvá y Heredia.Por lo que toca a la América Latina, fue el erudito José Toribio Medina quien estudió en sus obras el desarrollo de la imprenta en América del Sur y Filipinas. Obra de gran importancia es Handbook of LatinAmerican studies (Harvard 1936), con b. clasificada sistemáticamente. Cecil Knight Jones elaboró una b. de bibliografías especial para toda América Latina, de gran valor pero ’de difícil consulta. Recientemente han cobrado auge las b. nacionales, tales como la obra de James B. Childs. Por lo que toca a México, la b. nacional cuenta con la excelente obra de Joaquín García Icazbalceta, Bibliografía Mexicana del s. XVI, a la que se suman las de J. Toribio Medina, Emilio Valton y Vicente de Paula Andrade. V. t.: LIBRO; BIBLIOTECA.M J. ALCARAZ LLENÓ.
BIBL.: Es de lectura indispensable la obra de L. N. MALCLEs, Les sources du travail bibliographique, Ginebra 195065 (abundante bibliografía).
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