Bibliofilia LIT.
Categoria:
Literatura
Del griego biblos, libro, y f ileo, amar. La afición a coleccionar libros valiosos o raros surge del interés individual por la cultura y la ciencia, motivo por el cual los bibliófilos suelen formar bibliotecas especializadas. Muy diferente es el capricho de los bibliómanos, motivado esencialmente por la vanidad de exhibir costosas adquisiciones sin tener en cuenta el valor del contenido ni la armonía de la colección.La historia de la b. es tan antigua como la cultura, aunque no adquiere sus características actuales hasta la difusión de la imprenta a mitad del s. XV. Anteriormente, la escasez de ejemplares de cada obra, copiados uno a uno, hacía que los eruditos fueran formando bibliotecas personales como imprescindibles elementos de consulta. Los príncipes y gobernantes de la Antigüedad patrocinaban la creación de bibliotecas generales para los estudiosos. Las tablillas con textos cuneiformes, los papiros egipcios y los pergaminos griegos y romanos tuvieron importantes archivos en Éfeso, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Roma. Los monasterios multiplicaron sus tesoros bibliográficos mediante el callado y minucioso trabajo de los copistas, pero fuera de estas instituciones o de las fundaciones estatales eran muy pocos los coleccionistas privados que pudieran costearse una biblioteca (v.) incluso modesta.La proliferación de obras y ediciones a través de la imprenta no tuvo al principio gran influencia sobre la b. El abaratamiento de los libros y la carencia de grandes bibliotecas públicas motivó que las colecciones particulares siguieran siendo instrumentos de trabajo con un contenido de carácter bastante general. El paso del tiempo fue aumentando el valor de estas bibliotecas de trabajo, que fueron la subestructura de valiosas colecciones posteriores, privadas o públicas. La biblioteca de Voltaire, p. ej., no había sido recopilada por motivos artísticos ni de antigüedad, pero forma ahora una importante sección de la Bibl. Pública de Leningrado.Así como las antiguas bibliotecas orientales y clásicas desaparecieron con la caída de los imperios, a partir del s. xv hubo importantes colecciones que han llegado a nuestros días. Así sucedió, p. ej., con la biblioteca de EVillibald Pirkheimer, humanista alemán, contemporáneo y amigo de Alberto Durero, que fue adquirida en el s. XVII por el conde de Arundel. El duque de Norfolk, nieto de Arundel, la donó a la Royal Society en 1667, y su colección de manuscritos fue vendida a su vez al British Museum en 1831. Otro ejemplo es la adquisición en 1917 por el magnate americano Henry E. Huntington de la biblioteca completa de Thomas Egerton, comenzada a principios del s. XVII.El florecimiento de la b. en el Renacimiento no fue un acontecimiento repentino, sino que había sido preparado por la perseverante labor de los estudiosos medievales. Richard Aungerville, más conocido como Richard de Bury por haber nacido en Bury S. Edmunds, Suffolk, fue obispo de Durham y lord canciller de Eduardo III de Inglaterra, y es famoso por la publicación de su Philobiblon sobre el cuidado y estudio de los libros. A ellos dedicó el siguiente elogio: "Son éstos los maestros que nos instruyen sin varas ni palmeta, sin voces ni enojo. No están dormidos si a ellos te acercas, ni se esconden si les preguntas con interés, ni reprenden si te equivocas, ni se ríen si no sabes". Muerto en 1345, su interesante biblioteca fue vendida para pagar las deudas contraídas. Otros coleccionistas medievales fueron conjuntamente Carlomagno y Alcuino, y en España Alfonso V de Aragón, el marqués de Santillana y Diego López de Haro. En la b. renacentista figuran Petrarca, el florentino Antonio Magliabechi, el rey Matías Corvino de Hungría, S. Tomás Moro, Enrique II de Francia, Catalina de Médicis, Diana de Poitiers, los reyes ingleses Enrique VII y Jorge II, etc. Uno de los más famosos bibliófilos de la época fue Jean Grolier, vizconde D’Aguisy, mecenas de escritores e impresores, entendido coleccionista de libros: llegó a reunir 3.000 vol., de los que se han recuperado 550, así como de monedas y medallas.En España, destacaron el rey Felipe II y su biblioteca de El Escorial, Fernando Colón, Benito Arias Montano, la colección griega de Diego Hurtado de Mendoza, la junta de Libros de Tomás Tamayo de Vargas, etc. Del s. xvi son los ingleses Thomas Bodley, que reorganizó y enriqueció la antigua biblioteca de Oxford que luego recibió el nombre de Bodleyana, y Robert Bruce Cotton, coleccionista de mapas y manuscritos de las bibliotecas monásticas dispersadas por Enrique VIII, que posteriormente legó al British Museum. Son del s. xvIi, el coleccionista e historiador inglés Elias Ashmole, que fundó en Oxford el Ashmolean Museum, y el español Nicolás Antonio, que ocupó cargos oficiales en Madrid, Roma y Nápoles y publicó en la Bibliotheca Hispana el índice bibliográfico más completo hasta su época. Notables bibliófilos posteriores fueron los españoles Gregorio Mayáns y Siscar y Bartolomé José Gallardo. Desde el s. xviii la b. tuvo un importante impulso con las asociaciones nacionales de bibliófilos, siendo la primera la de los Dilettanti, creada en Inglaterra en 1734. La Soc. de Bibliófilos Españoles se fundó en 1872.Selección de libros. El principal atractivo de la b. es la dificultad en obtener determinados libros, aunque tal dificultad no se manifieste siempre en el precio. Muchos de los ejemplares más buscados pertenecen a las primeras ediciones ("edición príncipe") o impresiones de una obra. El motivo no es de simple capricho, como vulgarmente se ha achacado a la b., sino la conciencia de que las primeras ediciones son las más fidedignas, porque con frecuencia son las únicas revisadas por el autor y presentan el mejor texto de su obra. Incluso aunque se publiquen ediciones posteriores autorizadas, siempre la primera servirá de referencia para las modificaciones subsiguientes. En el caso de obras ilustradas, los grabados de las primeras reproducciones son generalmente los mejores. Por último, ya que muchos libros se coleccionan por el impacto que han causado effla sociedad de su tiempo, e incluso en la posteridad, es lógico que se aprecie y estime con prefe= rencia la forma en que por primera vez se presentó al público de su tiempo. Éste es el aspecto emotivo o sentimental de la b., que así honra el progreso de las creaciones e ideas del hombre.Los sistemas de selección son tan variados como los mismos libros. En general, hay tres Criterios para coleccionar una biblioteca, la cual puede ser de autor, de tema, o selecta. En el primer caso, se buscan todas las obras de un determinado escritor en todas las formas de publicación, o bien se limita el bibliófilo a cierto periodo de su producción o a ciertas obras concretas. En la biblioteca de tema, las hay variadísimas, desde colecciones de literatura clásica a los asuntos más diversos: ajedrez, boxeo, café, libros por entregas, tabaco, novelas policiacas, anticipación fantástica, etc. El tercer método, generalizado para el coleccionista medio, es la selección individual de cada libro por su especial valor, aun partiendo de un cierto núcleo de autor o de tema. En este tipo de biblioteca tiene también importancia la forma de edición de los libros, pues al contenido se le puede dar tanto valor como a la impresión, la encuadernación o las ilustraciones. En los tres casos, es importante la buena condición de los volúmenes, a no ser que se trate de ejemplares excepcionalmente inasequibles. La rareza es un importante valor esencial, ya sea de primer grado, cuando no queda ningún ejemplar de una edición, o una rareza relativa, pocos ejemplares en existencia o en venta, así como de ediciones limitadas o de impresiones destruidas por motivos de censura. Conviene tener en cuenta igualmente el valor de asociación o de origen de los libros. En el primer caso están los libros anotados o glosados personalmente por el autor u otro escritor importante. Por el segundo, la procedencia de un poseedor o biblioteca importantes, indicada generalmente por el ex libris, añade una cualidad extrínseca al volumen, a la vez que garantiza su calidad intrínseca.Una interesante derivación de la b. es la colección de los mencionados ex libros, etiquetas impresas con grabados y lemas queindican la pertenencia del libroa un determinado propietario. Comenzaron a utilizarse en el s. XV en estilo heráldico, pasando luego al alegórico, y empleando actualmente ya todas las técnicas del grabado. V. t.: BIBLIOGRAFÍA.MARIANO DEL POZO.
BIBL.: I. LASSO DE LA VEGA, Tratado de Biblioteconomía, Madrid 1952; I. A. PÉEEz RIOJA, Biblioteconomía del espíritu, Madrid 1954.
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