Berruguete, Alonso
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Biografía GER
Es el escultor más importante del Renacimiento en España. N. en Paredes de Nava (Palencia) ca. 1490. M. en Toledo entre el 13 y el 26 sept. 1561. Hijo del pintor Pedro Berruguete, con él debió iniciar su formación como pintor, oficio que practicó junto al de escultor. La primera noticia documentada es del 6 en. 1504, cuando es nombrada su madre, Elvira González, curadora de sus bienes. Este mismo año consta que es enviado a Toledo para cobrar y averiguar lo que se adeudaba a su padre. Se supone que sea el mismo que aparece citado en 1509, en Guaza de Campos (Palencia), con motivo del dorado y estofado de un retablo. Este periodo confuso de su formación en Castilla se cierra con su marcha a Italia.1. Italia: formación. Según las referencias del Vasari consta que estuvo en Florencia y Roma. Allí se le cita con ocasión de haber terminado un cuadro de Filippino Lippi y con motivo de participar en un concurso para obtener una copia, en cera, del Laoconte. También consta que estudió la obra del Masaccio en la Capilla Brancacci, del Carmine de Florencia, así como la Batalla de Cascina de Miguel Angel en el Palazzo Vecchio florentino. Se le ha identificado con el joven español citado en unas cartas de Miguel Angel, pero es dudoso. Las noticias del Vasari hacen sospechar la protección d Bramante, quizá por la relación de Pedro Berruguete con Urbino, como también el prestigio de hombre genial de que gozaba en los ambientes artísticos florentinos. Esta circunstancia, junto con el peculiar manierismo de las obras pictóricas que se le atribuyen, le convierten en un de los creadores de dicho movimiento florentino. Por su obra es evidente su relación con los talleres de Leonardo y su escuela, así como su estrecha vinculación al estilo de Miguel Angel, pero manteniendo, en todo momento su personal independencia, de tal forma que no puede ser adscrito a ningún artista o tendencia artística determinados. En todo caso, en Italia, aprende, de los grandes maestros sin renunciar a lo aprendido en Castilla, antes de marchar.
2. Vuelta a España: primeras obras. Se desconoce la fecha exacta de su regreso a Castilla, que se puede situar en 1517 o principios de 1518. A este año corresponden probablemente, los contratos para pintar 15 historias en la Capilla Real de Granada y el sepulcro del canciller Joan Calvaje o Selvagio, para el que acuerda a su vez la colaboración de Felipe Vigarny. En estos documentos se le cita como "pintor del rey nuestro señor", pero desconocemos la fecha de su entrada al servicio de Carlos I. A partir de este año y con el tratamiento de "magnífico señor" y como "pintor del rey", figura en el séquito real, constando su nombre en la nómina de la Casa Imperial.
En 1519, se encarga de la pintura de las velas, estandartes, banderas y de la nave real en la que había de embarcar el Emperador en La Coruña para Flandes. Consta que queda en aquella ciudad enfermo, por lo que no sigue al séquito imperial cuando se hace a la mar el 20 mayo 1520. Al año siguiente contrata las pinturas de la sacristía de la Capilla Real de Granada y en julio de 1522 la pintura del retablo de la catedral de Oviedo, apareciendo por diversas citas, en varias ocasiones, en torno a la corte en Vitoria. Esta etapa de "pintor andante en la corte" se cierra el 1 oct. 1523, cuando obtiene la cédula por la que se le nombra escribano del crimen de la Audiencia de Valladolid, motivo que debió ser la causa determinante para fijar su residencia en Valladolid, donde establece su casa y taller. No obstante, el cargo lo desempeña con acusada y manifiesta irregularidad, por lo que después de muchas quejas se ve obligado a renunciar al mismo el 31 oct. 1542, pasando luego el oficio a su hijo, que también se ve precisado a renunciar definitivamente en 1553.
En 1526 contrae matrimonio con Juana de Pereda, vecina de Medina de Rioseco, de la que ha de tener cuatro hijos, Alonso, Luisa, Petronila y Pedro. Su situación privilegiada se confirma con la facultad para instituir mayorazgo que se le otorga en 1527, al mismo tiempo que por numerosas referencias tenemos constancia de su desahogada posición económica.
3. Valladolid: 1523-34. En 1523 se inicia su etapa vallisoletana con el contrato para la ejecución del retablo de La Mejorada de Olmedo (Mus. Nacional de Escultura), para el que recaba la colaboración de Vasco de la Zarza, m. en 1524. Después de unos intentos para trabajar en Granada, sin resultado, y una vez terminado el retablo de La Mejorada, contrata en 8 nov. 1526 el magnífico retablo de S. Benito de Valladolid (Museo Nac. de Escultura), obra en la que se asienta buena parte de su fama. Terminado el retablo en 1532 y aunque no contenta a los frailes, ni a muchos de los que lo examinan, el prestigio de B. como el principal escultor de la escuela castellana queda fuertemente consolidado. Por estos mismos años contrata unos retablos de alabastro para la misma iglesia de S. Benito, que labran sus discípulos Cornielis de Holanda y Juan de Cambray (1530); el retablo del Colegio de Irlandeses de Salamanca (1529); da una traza para un retablo en la Capilla de Reyes Nuevos de Toledo (1531) hace un retablo de pintura para el enterramiento de Juan Paulo Oliveiro en S. Benito de Valladolid (1534?); y, por último, en 1537, contrata el magistral retablo de la Adoración de los Reyes para la capilla de D. Diego de la Haya, en la parroquia de Santiago de Valladolid. Con esta última obra se puede dar por finalizada la etapa estrictamente vallisoletana del artista, pues designado el card. Tavera como arzobispo de Toledo, en 1534, B. se traslada a esta ciudad para trabajar sobre algunos proyectos del cardenal.
4. Toledo: 1535-61. En efecto, ya en 1535 vemos a B. en Toledo para tratar de la sillería de coro y las gestiones culminan el 1 en. 1539 cuando se obliga a hacer 35 sillas del coro, encargándose las restantes, es decir, la otra mitad del coro (las del lado del Evangelio), a su rival y amigo Felipe Vigarny, propuesto por el cabildo toledano. Esta labor le ha de ocupar hasta 1548, cuando da por terminada la silla arzobispal, con su remate, que, encargada primeramente a Vigarny se adjudica, por muerte de éste, a B. La muerte del card. Tavera, en 1545, evidentemente su protector, trunca la posible labor de B. en Toledo, y así no llega a hacer las dos magníficas tribunas de mármol que contrató el 22 feb. 1545.
Por estos años su posición social y económica se consolida. Adquiere el señorío de Villatoquite, cerca de Paredes de Nava, y allí instala su casa y taller. No obstante, en 1557 se ve obligado a renunciar a este señorío, adquiriendo el más importante de Ventosa de la Cuesta (Valladolid), en cuya iglesia habría de recibir sepultura, al pie de las gradas del altar mayor, como señor de la villa. A partir de 1545, aparte de numerosas noticias referentes a adquisición de censos y de casas, son escasas las referentes a su actividad como artista. Consta que en 1546 la marquesa del Zenete, Da María de Mendoza, trata de que B. obtenga una copia del retrato de D. Juan de Zúñiga; también que en este mismo año hizo un retrato del card. Tavera; en 1551 se le menciona con motivo de un modelo en yeso para la capilla del Hospital de Tavera en Toledo y seguidamente, en 1552, se inicia la serie de noticias referentes a la ejecución del magnífico sepulcro del card. Tavera, que le ha de ocupar buena parte de su actividad hasta su muerte en 1561. La última obra en que intervino y que dejó sin acabar fue el retablo de la iglesia de Santiago de Cáceres, encargado en 1557; constando también que en 1559 acepta la ejecución de cuatro bultos para el condestable D. Pedro Fernández de Velasco, que no llegó a ejecutar.
Considerado como una de las águilas del Renacimiento en España por Francisco de Holanda y citado siempre con encomio por sus coetáneos, B. ocupa una posición central en la interpretación del Renacimiento castellano. En su obra sabe fundir las enseñanzas del arte italiano principalmente de Leonardo y de Miguel Ángel con la tradición del arte hispano flamenco aún latente en el peculiar estilo pictórico de su padre, y crear de este modo los fundamentos de un estilo en el que la valoración del contenido expresivo alcanza la primacía frente al concepto de la belleza formal de los maestros italianos.
5. Obra pictórica. Como pintor su obra documentada y atribuida es escasa, a pesar de que aquélla fue su verdadera profesión. Aparte de la terminación de la Coronación de la Virgen, de F. Lippi (Louvre), en la que le corresponde la parte superior, de su estancia en Italia no queda ninguna obra documentada. No obstante, las menciones del Vasari y el análisis de las obras realizadas en Castilla, han permitido considerarle como uno de los creadores del manierismo florentino, fuertemente influido por los círculos leonardescos y en íntima relación con las obras del Sodoma, el Rosso florentino y el Beccafumi, principalmente. Se le atribuyen, como correspondientes a esta etapa italiana, un grupo de la Virgen y S. Isabel con los santos niños (Galería Borghese), antes atribuida al Pontormo, una Salomé (Uffizi), un retrato (Museo de Viena) y una Virgen (Munich).
En Castilla su obra fundamental, por su calidad, son las tablas del retablo de S. Benito de Valladolid (Museo de Valladolid), así como las desiguales pinturas del retablo de los Irlandeses de Salamanca y del de S. Úrsula de Toledo (Museo de S. Cruz de Toledo); un gran Calvario en el Museo de Valladolid y un magnífico S. Entierro en la parroquia de S. Pedro de Fuentes de Nava. En su conjunto se acusa un estilo desenfadado, puesto al servicio de una finalidad expresiva, dramática, con desprecio de la forma correcta, reposada, en el que el movimiento violento de las figuras, los gestos y las gesticulaciones se ven realzados por los intensos efectos del claroscuro. Su estilo tuvo nunerosos continuadores en las zonas de Valladolid y Palencia principalmente, distinguiéndose Juan de Villoldo.
6. Berruguete, escultor: análisis de su obra. B. inicia su actividad como escultor, ya en España, quizá como consecuencia del escaso aprecio que tuvo su estilo pictórico. La influencia italiana, florentina, se advierte en los restos del sepulcro del canciller Selvagio (Museo de Zaragoza) y en el relieve de la Resurrección de la catedral de Valencia, que se le atribuye. Asimismo, entre sus primeras obras e intervenciones, puede anotarse la verosímil participación, dando trazas o dibujos, para el retablo de la Capilla Real de Granada. Su primera obra importante es el retablo de La Mejorada, de Olmedo (Museo de Valladolid), contratado en 1525, en el que debe corresponderle todo, excepto el relieve de la Adoración de los Reyes, atribuible a Vasco de la Zarza. Aquí ya advertimos el estilo dramático, expresivo, que ha de mantener a lo largo de su vida. Son particularmente destacables en este retablo, la magnífica interpretación de la Anunciación, y el impresionante crucifijo del Calvario, que remata la calle central del retablo. En relación con esta obra, se le atribuye el Ecce Romo, de la iglesia de S. Juan (Museo de Valladolid), de canon alargado y actitud inestable, una de las más bellas creaciones del maestro. A este momento corresponde también la Virgen con el Niño, de la iglesia de S. Eulalia de Paredes de Nava. El retablo de S. Benito (Museo de Valladolid), contratado en 1526 y acabado en 1532 es su obra más importante de este periodo vallisoletano. De un conjunto constituido por numerosas esculturas de bulto redondo, relieves, bustos, pinturas y abundantes detalles decorativos, sobresalen algunas imágenes que se sitúan entre las más características del maestro. Entre todas, la de S. Sebastián, a las que siguen en importancia la genial interpretación de S. Jeronimo, Abraham e Isaac y la maravillosa serie de profetas y apóstoles. Entre los relieves, su estilo se nos ofrece de una manera diáfana en el de la Adoración de los Reyes, como en el de la Misa de S. Gregorio o en el impetuoso del encuentro de S. Benito y el enviado del rey Totila, así como en el Cristo del remate, una de las interpretaciones más grandiosas de este tema del Calvario. En el retablo de los Irlandeses de Salamanca, que ejecuta por estos mismos años, sobresale especialmente el magnífico grupo de la Piedad. La culminación de esta etapa vallisoletana se halla representada por el retablo de la Adoración de los Reyes, contratado en 1537, para D. Diego de la Haya (iglesia de Santiago, de Valladolid). En este retablo se unifica audazmente el cuerpo central, organizando un gran relieve con el tema de la Adoración de los Reyes, formado por tres grupos, contraponiendo la serena belleza del formado por la Sagrada Familia al ímpetu desbordado de los reyes y su séquito y en cuya interpretación y formas es evidente el recuerdo de la Adoración de los Reyes de Leonardo.
La sillería de coro de Toledo, iniciada en 1539, es de fundamental importancia para la evolución del arte castellano. En ella compiten la serenidad clásica de Vigarny y el estilo impetuoso, expresivo, del maestro vallisoletanano y es, al mismo tiempo, ocasión para que el estilo de B. se extienda hacia Castilla la Nueva, y de aquí a Andalucía. En efecto, su taller, formado fundamentalmente por Francisco Giralte, Isidro Villoldo, Manuel Alvarez e Inocencio Berruguete, ha de constituir un factor decisivo en la evolución artística castellana. Corresponde a B. y su taller, el lado de la epístola de esta sillería, tanto los tableros de nogal como la parte superior de alabastro y en ella despliega el artista un riquísimo repertorio de formas, jamás igualada por ningún otro maestro castellano. Junto a la serena belleza de la Eva, que evoca el modelo de la Leda leonardesca, a las agitadas figuras de los profetas y personajes del Antiguo Testamento de la parte superior, la mirada va de sorpresa en sorpresa, descubriendo la mano genial del artista castellano, preocupado en todo caso más del carácter expresivo en la representación que de la corrección formal. Aún supera en algún aspecto a esta serie de figuras, el conjunto de la silla arzobispal, con la representación de la Transfiguración en el remate, y unas desconcertantes representaciones del Juicio Final y del Paso del mar Rojo y la Serpiente de bronce, en los tímpanos de los arcos que forman la bovedilla que cobija el asiento. En este conjunto de la silla arzobispal, sobresale el grupo de la Transfiguración, de lo más bello y expresivo salido de manos del maestro. Con esta representación se relacionaba el gran conjunto de la iglesia del Salvador, en Übeda, del que sólo subsiste la figura de Jesús. Por estos mismos años hizo el retablo de S. úrsula de Toledo (Museo de S. Cruz), en la que la fogosidad del grupo central de la Visitación, atrae y cautiva pese a las desproporciones y a las evidentes incorrecciones. Como queda dicho, su última obra es el sepulcro del card. Tavera, en el que la colaboración de discípulos en la ejecución de los relieves parece evidente. En él destaca la impresionante cabeza del cardenal, inspirada en la mascarilla del difunto, en la que se acusan la hinchazón que deforma los rasgos del rostro, mientras las manos nerviosamente sostienen el S, báculo. De la última obra documentada, el retablo de la iglesia de Santiago de Cáceres, únicamente se puede considerar como suya la escena de la Estigmatización de S. Francisco y parte del relieve de la Adoración de los Reyes.
A pesar de la aparentemente escasa labor, que queda de reseñada, la importancia de su obra es fundamental para nuestra escultura renacentista. Aparte de su calidad de hombre "de doctrina", y como tal considerado como "la persona más hábil, sabia y experta en el dicho arte de escultura y dibujo que hay en España y aun fuera de ella su influencia está latente y fue decisiva. Su huella se percibe en fecha temprana ya en Aragón, y así lo vemos en Damián Forment y en.Gabriel Yoly. En Castilla esta influencia es evidentemente un factor determinante en la evolución de Juan de Valmaseda, en fecha tan temprana como antes de 1520. Más tarde, vemos cómo su estilo se va extendiendo por las zonas de Valladolid y Palencia, hasta culminar en la obra de su más directo continuador, Francisco Giralte, y a través de éste, hasta enlazar con el último tercio del s. XVI. Lo mismo en las obras de Juan de Cambray y Cornielis de Holanda, como en las de su sobrino Inocencio Berruguete y en las de Gaspar de Tordesillas, a través del cual su estilo se introduce en las provincias vascongadas, como vemos en las obras de Andrés de Araoz. La obra toledana de B., como queda dicho, es fundamental y decisiva. A través de Isidro Villoldo, Bautista Vázquez, Diego Velasco y Diego Pesquera, fundamentalmente, su estilo no solamente se extiende por Castilla la Nueva, sino que realmente es el fundamento de la gran escuela andaluza premontañesina. Y aún pudiera rastrearse la influencia que el maestro castellano, con la imposición del canon alargado y el expresivismo anticlásico, debió ejercer en la evolución de la obra del Greco, ya que el conjunto de la sillería del coro de la catedral toledana es un testimonio fehaciente de este precedente de las formas del pintor cretense.
JOSÉ MARÍA AZCÁRATE.
BIBL.: R. ORUETA, Berruguete y su obra, Madrid 1917; G. WEISE, Spanische Plastik aus sieben lahrhunderten, Reutlingen 1925-39; M. GÓMEZ-MORENO, Las Aguilas del Renacimiento es- pañol, Madrid 1941; J. MARTÍ y MONSÓ, Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid, Valladolid-Madrid 1898-1901; J. A. GAYA, Alonso Berruguete en Toledo, Barcelona 1944; J. M. AZCÁRATE, Escultura del siglo XVI, en Ars Hispaniae, XIII, Madrid 1958; ID, Alonso Berruguete. Cuatro ensayos, ValIadolid 1963.Guarda este contenido en tu perfil
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