Bélgica (belgique, Belgig) VI. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Lengua. Marius Valkohff, en su Philologie et littérature wallonnes, Vademecum (1938), afirma que dentro del dominio geográfico de los valones se encuentran los siguientes dialectos: el wallon propiamente dicho; el lorenés, hablado en Virton, y conocido con el nombre de gaumais; el champañés, hablado en la BasseSemois, y el picardo, nominado también rouchi y hablado en las regiones de Mons, Soignies, Tournai y Mouscron. Los tres últimos dialectos rebasan con mucho las fronteras de la actual Bélgica. Aquí se tratará exclusivamente del valón. Su área dialectal cqmprende la región cabecera de Lieja (pays liégeois), las Ardenas, la región de Namur y una vasta zoña que va desde Chimay a Nivelles pasando por Charleroi y Thuin. Hay un enclave valón en las Ardenas francesas, en la región de Givet. Se exponen a continuación los rasgos’ distintivos del valón comparado con el francés o con el picardo, su pariente más próximo.Vocalismo: 1) La a tónica en posición libre evoluciona a el frente a e del francés: veriteit, esteit (fr. veritet, estet). 2) La e, tanto en posición libre como trabada, evoluciona a ie, salvo ante nasal. Esta diptongación afectó también al picardo y a los dialectos del Flandes francés; p. ej., celieste, f leste, viestue, Testes, puciele, ierbe, cierté, capiele. 3) La e tónica ante nasal evoluciona a oi frente a el del francés: poine (fr. peine). 4) El grupo e+y > ei: illei > leí; medium > meyo > me¡. 5) El grupo i+l > eil: corteil (fr. cortil). 6) El grupo o+y > oi: coisine (fr. cuisine); poissent (fr. poissent).Consonantismo: 1) BL > VL > UL. Así, tabla > tabla > taule, tabla > favla > faule. 2) Conservación de una w bilabial sonora sin necesidad del apoyo de una gutural oclusiva: wesp (fr. guépe). 3) Los grupos KW y GW han conservado su elemento labial frente al francés que lo ha perdido: kuí"z, kwat, kweri (fr. quatre, quérir). 4) El grupo s+consonante sorda se conservó mucho más tiempo que en francés: fleste (fr. teste> féte).Morfología y Sintaxis: 1) El infinitivo verbal facére fue sustituido por ¡are y sobre 61 se modelaron los tiempos de dicho verbo. 2) El imperfecto de indicativo de la la conjugación mantuvo la terminación én eve: awardevet; regnevet. 3) Los tiempos perfectos de la primera conjugación hicieron la tercera persona del plural en arent: donarent, jugarent. 4) El perfecto latino en ui (tipo debuisti), mantuvo como vocal dominante la i: dewis, dewimes, dewistes (debui); awis, awimes, awistes (habui). 5) Es propia del valón la fórmula introductoria causal per amor que > plamou ki. 6) Aunque la estructura del dialecto es románica, el léxico está plagado de préstamos germánicos.Valoración actual. En la actualidad, el valón mantiene un gran vigor frente a la lengua culta y sigue siendo la forma corriente de expresión entre los campesinos. Un profundo conocedor de la situación actual del dialecto, L. Remacle, en su obra Le probléme de Pancien walon (Lieja 1948), afirma lo siguiente: "Pour mol, je l’avoue, je garde toujours présente á l’esprit cette tradition patoise f ondamentale. Seraitce donc une illusion de dialectologue? Alje tort de penser que mes parents, paysans de l’Ardenne liégeoise, utilisaient le méme wallon que leurs ancétres médiévaux, c’estádire le méme tipe de langage, un idiome rural, rebele á Pabstraction, mais habile á parler de la campagne, des bétes, de la vie courante, simple et concrete; que ce wallon ne s’est lamais écrit véritablement, ni au 11 e s., ni peutétre aux siécles antérieurs, et qu’il n’a rien perdu de ses gaucheries syntaxiques ni de ses richesses lexicales, bref, qu’il est resté luiméme aprés le triomphe du f rancien? Non. je ne saurais en douter: en 1900, comme en 1200, comme en 700, le "roman" de la Gleize était la méme langue des mémes paysans parlant des mémes choses". (Por mi parte, lo confieso, tengo siempre presente esta tradición patois fundamental. ¿Será una ilusión de dialectólogo? ¿Hago mal en pensar que mis padres, campesinos de las Ardenas de Lieja, empleaban el mismo valón que sus antepasados medievales, es decir, el mismo tipo de lengua, un idioma rural, rebelde a la abstracción, pero idóneo para hablar del campo, de los animales, de la vida corriente, sencilla y concreta; que este valón no se haya escrito nunca verdaderamente, ni en el s. XI, ni quizá en siglos anteriores; y que no haya perdido nada de sus torpezas sintácticas ni de sus riquezas de léxico, en resumen, que se haya mantenido 61 mismo después del triunfó del francés? No. No sabría dudar: en 1900, como en 1200, como en el 700, el romance de la Gleize era la misma lengua de los mismos campesinos hablando de las mismas cosas).Literatura. Varios han sido los escritores medievales nacidos dentro de los límites de la actual B. La tradición los incluye en los dominios del antiguo y medio francés, pues en nada, salvo en variantes gráficas y lexicales, se diferencian de sus contemporáneos franceses (v. FRANCIA VIII). Tres de ellos sobresalen especialmente. El trovero Adenet li Rois (ca. 1240ca. 1300), tal vez el poeta más elegante del s. XIII, servidor en la corte de Brabante y refutididor de cantares de gesta (V. CHINSONS DE GESTE). Gracias a su labor, se conserva la versión de Berta la del gran pie (ca. 1272-74), escrita en elaborados alejandrinos, y los cantares de Beuves dé Commarchis, Enfances Ogier y el original Cleomadés, inspirado,al parecer, en algún cuento oriental. En el s. XIV destaca el brillante prosista y fino poeta Jean Froissart (v.), continuador de los roman caballerescos y de la lírica cortés. En un segundo plano, queda el historiador Jean le B$el,_pu maestro. En el s. XV, vive el último gran historiádór,fñedibval francés, Philippe de Commynes (v.), buen conocedor de la casa de Borgoña, el cual deja una animada visión del mundo intrigante de Carlos el Temerario. Desaparecido Flandes como condado libre, y repartido entre España y Francia, el genio nacional se agosta y el dialecto valón pasa a ser un simple patois.s de la narrativa. La verdadera literatura francobelga nace a mediados del s. xix, al erigirse Bruselas en centro de una prodigiosa actividad literaria. El patriarca de la primera generación es Charles de Coster (182779), creador de una novela poemática, La légende d’Ulenspiegel et de Lamme Goedzaak (1867), considerada como una especie de epopeya nacional. Sin embargo, fa fuerza irresistible de los innovadores’ franceses, atrae desde el primer momento a los jóvenes creadores belgas. La narrativa y la lírica se nutren de las experiencias parisinas y así se observa la influencia de las tendencias del realismo (v.) y del naturalismo (v. NATURALISMO III) en los novelistas, y, en los poetas, el afiliarse al parnasianismo (v.) o al naciente simbolismo (v. SIMBOLISMO II). Entre los narradores más representativos destaca Camille Lemonnier (18451913), imitador de E. Zola (v.), aunque sabe adaptar las fórmulas francesas a la idiosincrasia belga. Su novela Un mále (Un macho), 1881, es el punto de partida de toda la narrativa patria belga, y con Le vent dans les moulins (1901), ofrece una vasta panorámica de las posibilidades ofrecidas por el paisaje de su país. Por el contrario, Georges Eekhoud (18541927) atiende a la vida ciudadana o la evocación histórica; así se muestra con La nouvelle Carthage (1888), animada visión de Amberes, y EscalVigor (1899), poemática descripción del Flandes medieval. Las líneas trazadas por los novelistas mencionados son completadas por los narradores Edmond Picard, Humbert Krains (1862-1934), Georges Virrés y Louis Delattre.
La lírica encuentra un poderoso creador en Georges Rodenbach (185598), a quien, si en verdad se le admiró como narrador en Bruges la morte (1892), se considera hoy sinónimo de una poesía decadente, fin de siglo, con lejanas evocaciones románticas. La actitud fina y melancólica con que canta las ciudades recoletas y las risueñas campiñas queda eternizada en sus poemarios Les tristesses (1881), Le régne du silente (1891) y Les vies encloses (Vidas valladas), 1896. Con 61 queda abierto el camino para la irrupción del simbolismo. Sin embargo, son dos autores, Émile Verhaeren (v.) y Maurice Maeterlinck (v.), no sólo los pioneros sino los indiscutibles maestros. Con ellos, la lírica belga se hace universal, y sus enseñanzas fructifican.Una corriente espiritualista, íntima y desolada, sacude a los poetas fin de siglo. Unos, como lwan Gilkin (1858-1924) resuelven su atormentado mundo interior a la manera baudelairiana (v. BAUDELAIRE); otros, como Max Elskamp (18621931), se refugian en un impresionismo infantilista de tendencias arcaizantes. Su poemario La louange de la vie (1898) muestra un espíritu refinado y colorista, ávido de nuevas y continuas sensaciones. Un tercer grupo, representado por Charles van Lerberghe (18611907), vuelve a un neorromanticismo decadente para huir de la triste realidad cotidiana. Sin embargo, Gregoire Le Roy (18621941) busca la inspiración en los pueblos perdidos o en la soledad de su alma. La chanson du pauvre (1930) es buena muestra de su lírica recoleta y personal.Mientras el simbolismo ha sembrado en tierra conquistada y sus frutos son óptimos, nuevas tendencias afloran en el panorama lírico belga a comienzos de siglo. El hermetismo vanguardista hace sus primeras salidas en un intento desesperado por romper la línea decadente tan gustada por los simbolistas. B. no iba a ser una excepción.Con André Fontainas (18651948) y Albert Mockel (18661945) se abre un nuevo portillo. No se puede silenciar la labor positiva realizada por la rev. "La Wallonie" (1886) que acoge en sus páginas a los mejores escritores francobelgas. A. Mockel vierte en Chantefable un peu ndive (Canciónfábula un tanto ingenua), 1891, toda una riqueza hasta entonces desconocida, y A. Fontainas, con Les estuarios d’ombre (Los estuarios de sombra), 1895, y L’eau du fleuve (El agua del río), 1897, ayuda a las jóvenes generaciones a comprender mejor el difícil y extraño mundo de E. Mallarmé (v.). Pese a todos los intentos de renovación, los líricos belgas se aferran al postsimbolismo como en él encontraran la única posibilidad de dar rienda suelta a su mundo interior. Al parecer, existen razones étnicas que explican dicha persistencia. El trasfondo místico del alma flamenca aflora en los momentos cruciales y tiñe de suave nostalgia o de exaltado sensualismo los poemas más felices.Movimientos de la lírica en el siglo XX. A principios de siglo se perfilan dos grandes grupos, integrados, uno de ellos, en torno a la rev. "Jeune Belgique" (publicada desde 188197), de la que toma nombre, y otro, en los "Cahiers" de Le Journal de Poétes. La mayor dignidad de estos últimos, saca al lirismo belga del callejón sin salida a que 61 mismo se había conducido. Los más audaces del grupo siguen la senda del surrealismo (v.), como OdilonJ. Périer (190028), pero la gran amplitud ideológica de los dirigentes de la colección da amplia acogida a poemarios muy dispares por la técnica, intención y temática. Dentro de la primera época, hasta 1940 aproximadamente, la gran figura es Edmond Vandercammen (n. 1901), creador de una poesía humana y social de marcado matiz político. Naissance du sang (1934) y Tu marches dans ma nuit (1936) pueden ser fiel exponente de sus ideas. Ante el empuje de la colección lírica iniciada por Le Journal, otras figuras más independientes se integran con el anterior. Géo Libbrecht (n. 1891) y René Verboom (1891) mantienen el gusto por la poesía formal, y así, Étincelles (Centellas), 1934, del primero, y Miroirs volants (Espejos voladores), 1931, del segundo, consiguen impresionar favorablemente. Otros líricos más tradicionales, aunque no carentes de belleza plástica, son Armand Bernier (1902) y Henri Vandeputte.Nuevas tendencias se manifiestan en la segunda época, truncada por la II Guerra mundial y la temprana desaparición de algunos de sus componentes. Las tendencias socialistas, la problemática de la "resistencia", el futurismo (v.) o el neosimbolismo encuentran amplia acogida en los "Cahiers", que hoy se orientan hacia metas más ambiciosas. Gran parte de los movimientos líricos giran en torno a la figura maestra de Georges Linze (1900), promotor de "Anthologie", revista y núcleo vanguardista (V. VANGUARDISMO), e innovador 61 mismo con su propio concepto de la poesía, como vehículo de la ciencia y del progreso. No llegan a alcanzar la perfección artística, por su temprana muerte, Marguerite Bervoets (191444) y Auguste Leboutte (191040), mientras Paul Neuhuys (1897) ensaya fórmulas nuevas por donde pueda producirse una innovación harto esperada. El creador del semanario antes citado y alma de su colección lírica universal es el francés nacionalizado belga, Louis Fouquet (n. 1900), autor de Corps et rimes (1933). El grupo tradicionalista y católico Jeune Belgique polariza la atención hacia una poesía sentimental y sencilla, a la manera de los primitivistas franceses y aunque no tenga el empuje de los colaboradores de Le Journal, no se puede dejar de mencionar a Thomas Braun, Pierre Nothomb, Victor Kinon y los independientes Gaston Pulings (1885-1941) e Isi Collin (1878-1931).Narrativa contemporánea. La narrativa se escinde, ya desde principios de siglo, en dos vertientes. Hay un grupo de novelistas belgas de nacimiento, que poco o nada tiene que ver con la literatura de su país. Sus ojos están puestos en Francia y su producción se integra en la literatura francesa. Ni una sola nota de color local se advierte en sus obras. Ahora bien, una inmensa mayoría permanece fiel a su pasado y siente un gran amor por su tierra, tipos y costumbres. Estos últimos son los auténticos escritores belgas. La generación de 18901910 se agrupa en torno al movimiento Jeune Belgique. Son los continuadores de una narrativa tradicional posromántica, novelistas de amplia audiencia, pero superados inclusive en su época. Hoy cabría salvar al paisajista Georges Virrés y al historiador y cuentista Paul Demade (1863-1936). En segundo plano quedarían Henri Carton y Henri Davignon.La tendencia de los narradores a profundizar en el alma de los pueblos conduce a la aparición de una corriente muy de época y que tiene enormes resonancias en la cultura literaria belga. Se trata del "populismo". Nacida esta tendencia en Rusia, se caracteriza por un profundo amor hacia las almas desgraciadas, hacia los pueblos de vida dura y monótona, hacia los humildes y resignados. Una sostenida nostalgia llena de entonaciones líricas esta novelística local o regional. Los seguidores de esta tendencia constituyen una verdadera legión. El más completo es jean Tousseul (18901944), quien padece en su propia carne, a través de diversos oficios, la problemática humana de los desheredados. Su forma de expresión es el cuento. Entre sus más logradas colecciones cabe citar La mouette (La gaviota), 1933, La masque de tulle (La máscara de tul), 1935, y Les feuillets rustiques (Folios rústicos), 1939. Su nombre queda unido a una gran novela cíclica, lean Clarambaux (192736), dividida en cinco partes independientes. En ella, expone su deseo de un mundo mejor, más humano y comprensivo.La fuerza del populismo arrastra a otros nombres independientes como Maurice Gauchez (1884), el evocador de Amberes a través de Cacao (1925) y Le réformateur d’Anvers (1928), y que adquiere una nombradía inmerecida con sus novelas " frontiéres", inspiradas en los pintorescos paisajes de Flandes y Valonia. También se adhiere a la escuela populista, Marie Gévers (n. 1883), poetisa, cuentista y exquisita narradora en Madame Orpha ou la sérénade de mal (1933). Apunta hacia un larvado neorrealismo en Paix sur les champs (1941) y en La grande marée (La gran marea), 1943. A partir de 1910, la corriente populista da paso a tendencias más apegadas a la realidad y sin programática social alguna.La nueva burguesía, el afán de aventuras, el amor al paisaje, el recuerdo del pasado y la grandeza de un imperio colonial ensancha el limitado horizonte anterior y abre una panorámica inmensa. La aprovecharon Horace van Offel (18781944), autor de Les deux ingénus (1924), Le chevalier de Batavia (1928), Le gueux de mer (El mendicante de mar), 1936, y La joute du cygne d’argent (El combate del cisne de plata), 1938, y Constant Burniaux (n. 1892), que se inclina tanto al populismo como al realismo puro. Así lo demuestra en una novela, Les temps inquiets (1944). Otros narradores buscan motivos y argumentos en las colonias africanas y exponen en forma novelesca o lírica todo un riquísimo folklore, una mentalidad extraña y unas costumbres insólitas. Emmanuel Gaillard, con Na sima na mboula (Después del chaparrón), 1932, y Djila mole¡ (El camino largo), 1935, muestra a los asombrados ojos de sus conciudadanos las posibilidades artísticas del mundo africano. Le siguen en su empeño Roger Ransy con Retour de brousse (Retorno de la selva), Olivier de Bouveignes, Léon Anciaux con Ekondja (1937) y Egide Straven.El realismo de André Baillon (1875-1932), extraña personalidad, es el punto de partida para un intimismo fantástico. Su progresiva locura sirve de fondo a un mundo anovelado, lleno de melancolías y ternuras, que se traduce finalmente en un estilo majestuoso, terso y conceptual. Un homme si simple (1925) y Délires (1927) se encuentran en esta línea. El imaginismo fantástico no se detiene en estas creaciones. Encuentra en el genial Franz Hellens, seudónimo de Fréderic van Hermenghem (n.1881), a un innovador de cuerpo entero. Realidad y ficción en constante paradoja sorprenden tanto en su lírica formal como en su extensa y variada narrativa. BassBassinaBoulou (1922) revela a un artista y L’enfant au paradis (1940) marca el momento más brillante de su fantasiosa imaginativa. En Naitre et mourir (1948), Hellens se acerca a un rico burgués armonizándolo con su teoría del ensueño y del recuerdo como fuente de originalidad y sorpresa. Robert Poulet (18931945) sigue el mismo camino, pero sus tipos y complejos freudianos le alejan bastante de la realidad. Le meilleur et lé pire (El mejor y el peor), 1932, y Ténébres (1934) mantienen con fidelidad esta línea. No sería justo dejar de mencionar a Charles Plisnier (18941952), al que, si una ideología extremista oculta su potente vena creadora, libre de ideologías, sabe encontrar con Meurtres (1939-41) y Méres (1949), nuevos motivos de inspiración, sin abandonar por ello sus ensueños sociales.El teatro belga, salvo M. Maeterlinck y É. Verhaeren, apenas si rompe con los moldes decimonónicos. Tal vez Fernand Crommelynck (1886-1970) acertará a evadirse de la rutina dando una nueva dimensión a la farsa en Le cocu magnifique (El magnífico cornudo), 1921, aunque el dramaturgo más representado ha sido Michel de Ghelderode (1898-1964).V. t.: FLAMENCAS, LENGUA Y LITERATURA.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: F. CASTILLO NÁJERA, Un siglo de poesía belga, Madrid 1931; C. HANLET, Les écrivains beiges contemporains, Lieja 1946; R. LEJEUNE, Histoire sommaire de la littérature wallone, Bruselas 1942; M. GAUCHEZ, Histoire des Lettres Frangaisés de Belgique, Bruselas 1922.
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