Bélgica (belgique, Belgig) V. Historia de la Iglesia 2. Siglos XIX y XX. HIST.
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Historia de la Iglesia
Régimen francés (1792-1815).ConqIGuistado el territorio belga por los franceses (179294), comienza una persecución religiosa que culmina en 1797. Los clérigos belgas rehúsan aceptar la Constitución civil del clero (v. SECULARIZACIÓN), y son condenados a deportación 8.565 sacerdotes. Napoleón extiende al territorio belga el Concordato de 1801, lo que significa libertad para el culto y un periodo de pacífica reorganización de la Iglesia, pero a partir de 1806, al imponer el Catecismo imperial (v. GALICANISMO) y aprisionar a Pío VII, se distancia de los belgas. Esto, unido a los graves daños causados por la imposición del sistema de bloqueo continental y a las continuas levas de hombres para la guerra, crea tal malestar, que la derrota final del Emperador fue vista en B. con unánime satisfacción.Régimen holandés (1815-30). En el tratado de Viena, a instancias de Inglaterra, B. pasa a constituir con Holanda un solo Estado, el reino de los Países Bajos, con Guillermo I de Orange en el trono. Éste, a pesar de que en la Ley Fundamental del nuevo reino se consagraba la libertad de cultos, siguió una política religiosa regalista (v.. REGALISMO). Sujetó a restricciones la enseñanza privada, controló la formación de los eclesiásticos, expulsó a los jesuitas y dificultó la asociación religiosa. Al disgusto de los sectores eclesiásticos se sumó la resistencia general del país a aceptar el predominio político y cultural holandés, originándose una grave crisis: Hasta 1825 aproximadamente, la opinión católica tiene como ideal restaurar el status eclesiástico anterior a la Revolución francesa. Hacia esa fecha se abren paso con fuerza creciente las corrientes católicoliberal (v. LIBERALISMO IV) y ultramontana (v. ULTRAMONTANISMO). Al no llegar Guillermo I a un acuerdo con la Santa Sede, desaparecen las últimas reservas de los católicos conservadores a formar un frente común con los sectores burgueses liberales contra el rey. Tras unas jornadas revolucionarias, B. consigue separarse de Holanda en 1830 (v. IV, 3).Bélgica independiente, la Constitución de 1831; etapa de concordia (183047). La Constitución de 1831, aún vigente, que adoptó el nuevo Estado, reconocía las libertades de reunión, asociación, culto, prensa y enseñanza. Fue saludada con entusiasmo por los grupos católicoliberales de toda Europa. Venía a abrir un camino nuevo en un país cansado de experiencias regalistas impuestas por poderes lejanos: los Habsburgo, los revolucionarios franceses, Napoleón, los Orange, etc. Fue una transacción entre la burguesía liberal y las fuerzas sociales conservadoras. Para muchos católicos, significaba la independencia de la Iglesia, aunque fuese a costa de que también la obtuvieran para sus respectivas confesiones los disidentes religiosos en B., por lo demás irrelevantes en número. Así, para amplios sectores católicoliberales parecía el instrumento práctico y viable para realizar unos ideales ultramontanos. En Roma, sin embargo, fue acogida con reservas, y la enc. Mirar¡ vos de Gregorio XVI la condenaba implícitamente. Establecer relaciones entre esta Constitución y el innegable florecimiento religioso belga que se inicia bajo su égida fue uno de los grandes tópicos polémicos, en toda Europa, entre los católicos del s. XIX. De 1830 a 1847 católicos y liberales gobernaron de acuerdo. Fue una época restauradora y fecunda. En 1835, quedaba acreditado un nuncio en Bruselas. Aprovechando las nuevas libertades, se crea una tupida red de escuelas primarias y secundarias controladas por el clero, que será rematada por las Univ. de Malinas y Lovaina. Se multiplican las vocaciones para el clero secular y regular, se fundan o introducen congregaciones nuevas, se crean instituciones asistenciales bajo patronato eclesiástico, y surge un potente movimiento de misiones populares que recorre todo el país. Los prelados belgas, entre los que destaca Sterks, arzobispo de Malinas, ven un instrumento útil en la Constitución y protegen prudentemente el régimen político belga.La larga polémica entre católicos y liberales; tensiones entre católicos (18471919). Eh 1847, se rompió la concordia entre católicos y liberales. Éstos, organizados en el Congreso liberal de 1846, consiguieron la mayoría parlamentaria durante los periodos 184770 y 187884. Propugnaron una política de control estatal en los terrenos de la beneficencia y enseñanza, y de secularizaciones en diversos sectores de la vida pública: registro, cementerios, etc. La lucha periodística se hizo muy áspera. Los liberales reprochaban a los católicos que su adhesión a la Constitución era sólo táctica. Se apoyaban en las constantes declaraciones hostiles al "derecho nuevo" de los medios romanos, culminadas en el Syllabus. Los planteamientos doctrinales romanos daban la impresión, en efecto, de que las nuevas libertades se aceptaban sólo resignadamente, y como por otro lado los católicos belgas proclamaban su entusiasmo romano, las acusaciones liberales no parecían incongruentes.El pueblo belga sobresalió, en efecto, por su devoción al Papa. En B. se reclutó un nutrido contingente de voluntarios para los "zuavos pontificios" (v. ESTADOS PONTIFICIOS). También nació en B. la institución del "Dinero de San Pedro", consiguiendo muchos y generosos suscriptores. La Univ. de Lovaina defendió la infalibilidad papal; los obispos belgas, con el card. Deschamps, la votaron unánimemente en el conc. Vaticano I (v.). A esta tensión externa con los liberales se unieron polémicas violentas entre los católicos. De entre éstos, los conservadores o integristas (v. INTEGRISMO) defienden un concepto de Estado rígidamente confesional, mientras que los católicoliberales, que parecen desautorizados por la Santa Sede, son el grupo más dinámico y el que aporta soluciones más fecundas y viables. León XIII (v.), en marzo de 1879, pone fin a estas disputas con una alocución famosa: "La Constitución belga consagra algunos principios que Nos, como Papa, no podemos aprobar; pero la situación del catolicismo en Bélgica, después de la experiencia de medio siglo, demuestra que, en el presente estado de la sociedad moderna, el sistema de libertad establecido en este país es el más favorable a la Iglesia; los católicos belgas no sólo deben abstenerse de atacar a la Constitución, sino que deben también defenderla".De 1878 a 1884 volvieron al Gobierno los liberales, y plantearon la batalla en el terreno de la enseñanza, con especial violencia. Durante cinco años estuvo ausente el nuncio de B. León XIII procuró apaciguar los ánimos. La reacción católica fue vigorosa. Bajo un gobierno hostil, consiguieron levantar escuelas privadas en más de 2/3 de los ayuntamientos, y crear puestos para un 63% de la población escolar. Desde 1878, los católicos se presentan unidos en un partido único federativo. En,1884, vuelven a obtener la mayoría, sin perderla hasta 1919. Multiplicaron las instituciones asistenciales especializadas, hasta dar una fisonomía típica al catolicismo belga. Éste, al observador extranjero, aparece hasta antes del conc. Vaticano II (v.) como un mundo cerrado, estructuralmente robusto, autosuficiente y muy clerical.Desde 1919 la Iglesia belga consiguió encontrar un modus vivendi en la etapa removida por la "revolución política" con notable éxito; no obstante, tendrá graves dificultades para asimilar la "revolución social", desencadenada por el desarraigo de su medio tradicional de grandes masas de campesinos, atraídos por el rápido y brillante proceso de industrialización del país. Las masas obreras industriales, sobre todo en Valonia, se emancipan de la tutela eclesiástica y militan en el partido socialista primero y más tarde también en el comunista. Hasta 1900, los dirigentes católicos no se decidieron a fundar sindicatos obreros; cuando lo hicieron les dieron un tinte muy confesional. El sufragio universal en sus modalidades de 1919 dará a los socialistas una gran fuerza. Hasta el fin de la II Guerra, mundial, el partido liberal será el árbitro de la situación política. Desde 1947, los católicos vuelven a formar parte constantemente de Gobiernos de coalición, hasta nuestros días. Los católicos belgas reaccionan frente al nuevo problema social organizando vigorosamente la Acción Católica (v.) y creando procedimientos pastorales nuevos como la JOC, fundada por mons. Cardijn (v.). A este problema se debe añadir la tensión creada dentro del mundo católico entre valones y flamencos, recientemente agravada. B. ha influido poderosamente en todo el mundo católico. Desde el punto de vista doctrinal y científico, a través de su Univ. de Lovaina. Desde el punto de vista pastoral y social, a través de sus Congresos de Malinas y de Lieja, y de la personalidad de prelados muy notables, como Sterkx, Deschamps y Mercier (v.). Y desde el punto de vista misionero, dando uno de los contingentes más numerosos de misioneros con que cuenta la Iglesia, entre ellos el popular y venerado P.Damián.Situación actual. La Iglesia en B. cuenta con una archidiócesis, MalinasBruselas, erigida en 1559 con el nombre de Malinas (MachliniensisBruxellensis) y siete diócesis sufragáneas: Amberes, erigida en 1559, suprimida en 1801 y restablecida en 1961 (Antverpiensis); Brujas, erigida en 1559, suprimida en 1801 y restablecida en 1834 (Brugensis); Gante, erigida en 1559 (Gandavensis); Hasselt, erigida en 1907 (Hasseletensis); Lieja, erigida en el s. iv (Leodiensis); Namur, erigida en 1559 (Namurcensis), y Tournai, erigida en 1146, después de haber tenido una existencia efímera en el s. vi (Tornacensis).R. GUTIÉRREZ NIETO.
BIBL.: H. PIRENNE, Bibliographie de 1’histoire de Belgique, 3 ed. Bruselas 1931; E. DE MOREAu, Histoire de 1’Église en Belgique, 5 vol., Bruselas 194552 y 2 suplementos; H. HAAG, Les origines du catholicisme libéral en Belgique, 17891839, Lovaina 1950; A. SimtóN, Le Cardinal Sterkkx et son temps (17921867), Wetteren 1950; fo, Le partí catholique beige, 18301954; M. BEcQuE, Le Cardinal Deschamps, Lovaina 1956; V. MALLINSON, Power and Politics in Belgian Education, 18151961, Londres 1963; A. BRYS, Comment est conpu et organisé le Mouvement ouvrier chrétien en Belgique, Bruselas 1960.
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