Atletismo
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Se ha especulado mucho acerca de si el a. es el deporte más antiguo. Es difícil precisar. Formas atléticas consideradas hoy deporte no eran tal hace siglos. Nunca en laAntigüedad estuvieron claros los límites entre deporte, caracterizado por algún sentido lúdico, y realidades como adiestramiento bélico, aprendizaje a luchar con el ambiente, etc. Indudablemente, el a. es muy antiguo: correr, saltar, lanzar, están además en la base de cualquier otro deporte. Ésta es la razón por la que se le ha llamado "deporterey". Sin defender a ultranza esta tesis, es menester aceptar su capital importancia dentro del mundo del deporte en general.
1. Significación. En un sentido genérico, a. puede considerarse como el conjunto de ejercicios competitivos basados en la natural aptitud del hombre para correr, saltar y lanzar, y las diversas técnicas aplicadas a todos e§tos ejercicios. En sentido específico, como modalidad o conjunto de modalidades deportivas, es conveniente señalar la diferente amplitud significativa de este concepto en diversos idiomas. En inglés atleta (athlete) puede significar todo deportista, y protagoniza el hábito competitivo originado del sportsman en general. En alemán atleta (Athlet) señala no solamente las modalidades basadas en la acción de correr, saltar y lanzar, sino también muchas de las radicadas en la fuerza. Por ello, para las primeras se emplea el término a. ligero (Leichtathletik). Lo mismo sucede en italiano, donde se emplea la expresión a. ligero (atletica leggera) . ~ A. pesado es el conjunto de ejercicios basados en la fuerza, entre los que se encuentran las diversas clases de lucha y, principalmente, el levantamiento de pesas o halterofilia. También en castellano se encuentra frecuentemente el uso literario del término atleta referido a todo el que se esfuerza deportivamente. Estas significaciones semánticas, conservadoras del origen griego (athlon), referente a todo competidor en los públicos agones, disculpan la persistencia en el Diccionario de la Real Academia Española (ed. 1970) de la acepción antigua: "el que practica ejercicios o deportes que requieren el empleo de la fuerza". El uso del término a. en el castellano actual es bastante concreto. Señala una faceta deportiva o deporte que comprende modos diversos de competición minuciosamente reglamentada dentro de sus variedades de carreras, saltos y lanzamientos en sus medidas, distancias y tiempos.2. Historia. Atletismo masculino. Se puede hablar con propiedad de dos épocas del a. claramente definidas: El a. antiguo se refiere a las competiciones de la Antigüedadclásica, principalmente a las que tenían lugar en los juegos panhelénicos: píticos, nemeos, ístmicos y olímpicos (v. OLIMPIADA). El a. moderno señala concretamente el movimiento competitivo iniciado a mediados del s. xlx, que se organiza, estructura y reglamenta a comienzos del s. XX, dando origen a la International Amateur Athletic Federation, y que alcanza su máximo prestigio al erigirse en el deporte fundamental de los modernos juegos Olímpicos. Entre ambas distanciadas épocas cabe más o menos hacer alusión a innumerables variedades de competiciones deportivas nacionales, locales, folklóricas (carreras, saltos, lanzamientos), que sufrieron alzas y bajas de todo tipo, pero que hasta finales del siglo pasado no se consideran incorporadas al movimiento internacional que especifica y vertebra el moderno a.
En Grecia, 1.000 años antes de nuestra era, se celebran ya con tradicional prestigio competiciones verdaderamente atléticas. Tal se desprende de las descripciones homéricas en el libro 23 de la Ilíada. Una de las grandes incógnitas para los investigadores de la cultura griega en orden a la interpretación global de aquel mundo es el talante agonístico del griego. El agon o espíritu lúdicocompetitivo no parece estar lejos del moderno entendimiento del deporte. Pero hoy día, el deporte, en una cultura de arraigada tradición intelectualista, ocupa un lugar secundario. En el mundo griego, el agon no era secundario. Lo que más concretamente ha llegado del agon a nuestra cultura popular fueron los Juegos. Se sitúa en el a. 776 a. C. la carrera inaugural de los juegos Olímpicos. En el valle del Alfeo, provincia de Elis, de cálido y feraz soplo mediterráneo, el héroe local Corebo venció en la carrera del estadio (192 m.). Sin duda hubo competiciones anteriores, pero la primera de la que se tiene noticia registrada es ésta. Ella marca el comienzo del cómputo olímpico. Algunos años más tarde se introdujo la doble distancia diaulo (387 m.) y posteriormente el dólico (entre 7 y 24 estadios). Junto a las carreras, se lanzaban el disco, algo mayor y de bastante más peso que los 2 Kg. actuales reglamentarios, y el dardo; se competía en el pancracio (lucha abierta) y el pugilato, y se saltaba en longitud con ayuda de dos halteras. El máximo prestigio lo obtenía inicialmente el vencedor del estadio, que cedió el puesto en laureles al triunfador en el pentathlon o con junto de certámenes, considerado como el atleta más completo.En el transcurso de los 10 siglos bien cumplidos que duraron los juegos Olímpicos, se puede suponer la gran cantidad de variantes que fueron introducidas en el desarrollo de las pruebas, y la aparición, más o menos efímera, de nuevas modalidades, p. ej., la carrera con armadura, los certámenes femeninos, etc. De todas formas, la tradición impuso siempre su ley y las pruebas clásicas mantuvieron su prestigio. Entre los nombres de famosos vencedores, a quienes se les otorgaban grandes honores al regreso a su ciudad, cabe destacar al espartano Quionis, vencedor de varias pruebas a lo largo de cuatro Olimpiadas, del 668 al 656 a. C., aparte de análogas victorias en los juegos ístmicos, nemeos y píticos; a Astilo de Crotona, polivencedor del 488 al 480; a Leónidas de Rodas, cuyas consecutivas victorias en tres pruebas abarcan cuatro olimpiadas (1641-52), etc. En los juegos griegos no importaba tanto la marca cuanto la victoria. Conviene considerar que el prestigio del record por encima de cualquier otro triunfo es una reliquia contemporánea de la filosofía americana, que se impone en todos los órdenes de la vida, desde el científico al comercial, instaurando una especie de neopitagorismo en su moderna versión de la estadística. El record, como cualquier otro hecho mensurable, es lo que realmente vale en nuestra moderna catalogación. El estímulo de los antiguos era la victoria, no el record. No obstante, existen algunos datos sueltos acerca de sorprendentes marcas logradas por uno y otro atleta antiguo. Los 16,16 m. (62 pies olímpicos) realizados por el lacedemonio Quionis en la 29 Olimpiada, son, al parecer, conseguidos en un triple salto, según la documentada investigación de M. Piernavieja. Es un extraordinario salto, muy cercano al actual record mundial en el moderno a. Se han hecho igualmente cábalas acerca de las distancias logradas por los lanzadores del disco, pero sin que se hayan podido encontrar datos fehacientes. Entre las múltiples formas de competir en carreras, saltos o lanzamientos, características de cada país, solamente se puede considerar cercana a lo que a partir del s. XIX se va a considerar a. moderno, al pedestrismo (o pedestrianismo) que se desarrolló en las islas Británicas desde el s. XVII. Eran como retos de velocidad entre dos personas, generalmente de noble estirpe, cuyas distancias oscilaban entre las 100 yardas y 2 millas.En un repaso histórico de carreras a pie no se pueden pasar por alto las competencias de las tribus de indios mexicanos de la Tarahumara, denominados rartmuris, palabra que en tarahumara significa corredor. Sus celebraciones están basadas en grandes carreras, por encima de los 100 Km., que realizan en equipos de dos personas, las cuales no se relevan, sino que corren conjuntamente. A la dureza del trayecto, realizado a través de colinas y valles, se añade la dificultad de encarrilar a ritmo, golpeándola con los pies, una bola que no debe de salirse de una rudimentaria pista de varios metros de anchura. Mientras uno conduce a golpes de pie la bola, el compañero descansa corriendo al lado. Es, probablemente, la más vigorosa tradición pedestre que se conserva actualmente.Puede situarse a mediados del s. xix el comienzo del a. moderno. En 1850 se fundó el primer club atlético en el Colegio de Exeter, en Oxford. En 1855 aparece ya un manual técnico para la enseñanza de la carrera (Training of men for pedestrian exercise, de R. Welsh). En 1864 se enfrentaban en el terreno atlético las Univ. de Oxford y Cambridge en un programa que comprendía carreras a seis distancias, saltos de altura y longitud. En 1866 tuvieron lugar los primeros campeonatos de Inglaterra. En 1876 los de Estados Unidos. En 1884 los de Canadá. En 1888 los de Francia. En España no se organiza un verdadero campeonato nacional oficial hasta 1917. Quizá la fecha más importante del moderno deporte amateur sea 1896, en que se celebra la primera edición de los juegos Olímpicos de la era moderna, creados por el barón Pierre de Coubertin (v.). Sus competiciones se desarrollaron en Atenas. El programa atlético comprendía 12 pruebas: 100, 400, 800, 1.500 m., maratón, 110 m. vallaá, peso, disco, saltos de altura, longitud, triple y pértiga. Pero hasta 1908, en los Juegos Olímpicos de Londres, no se celebraron competiciones con rango de verdaderos campeonatos mundiales. En 1913 se fundó la antes citada International Amateur Athletic Federation. Para esta fecha, muchos países europeos y americanos, y algún asiático, habían organizado, de una u otra forma, sus estructuras y competiciones atléticas. Surgen posteriormente nuevas organizaciones competitivas internacionales: Juegos del Extremo Oriente (1913), Campeonatos Sudamericanos (1919), juegos Centroamericanos y del Caribe (1926), juegos del Imperio Británico y Commonwealth (1930), Campeonatos Europeos (1934), Juegos Asiáticos (1950), Juegos Panamericanos (1951), Juegos Mediterráneos (1951), Juegos Iberoamericanos (1960), Juegbs Panafricanos (1962), etc. Toda esta floración de juegos internacionales, inspirados más o menos en el modelo de los Juegos Olímpicos modernos, no se concretan solamente al a., pero es esta modalidad deportiva la que se computa como central y más significativa en todos ellos.La todavía breve historia del a. moderno cuenta ya con hazañas dignas de ser resaltadas. Los griegos mitificaban a los grandes campeones olímpicos. En el a. contemporáneo también hay ya mitos. Sobre ello se han llenado ya muchas páginas con títulos tan sugestivos como el del libro de W. Humminger, Dioses, hombres y superhombres. En esta escueta reseña cabe citar a los grandes triunfadores en cada uno de los Juegos Olímpicos, entre los que destacan el fabuloso Melvin Sheppard, vencedor en 800 y 1.500 m. en la Olimpiada de 1908, en Londres; el célebre finlandés Kolehmainen, héroe de los juegos de Estocolmo, en 1912. De 1920 a 1928, abarcando los juegos de Amberes, París y Amsterdam, surge la figura estelar de Paavo Nurmi, el más notable atleta en la historia de Finlandia y uno de los grandes mundiales de todos los tiempos. Habrá que esperar a la aparición, en 1948, del checo Emil Zatopek, para poder encontrar a un rival con quien pueda compararse; los grandes aficionados, sobre todo los estudiosos del cómputo y la estadística, han sugerido en muchas ocasiones lo interesante que resultaría comparar a estos dos grandes corredores, los cuales nunca pudieron enfrentarse directamente en el estadio por pertenecer a diversas épocas. Zatopek, "la locomotora humana", suma a la victoria de 1948, en Londres, las tres medallas de oro en pruebas tan duras como 5.000, 10.000 y maratón en los Juegos de 1952, en Helsinki. Ambos fondistas, Nurmi y Zatopek, acapararon en sus respectivas épocas todos los records mundiales de largas distancias. La espectacular Olimpiada de 1936, en Berlín, se significó, sobre todo, por un hombre, considerado como el atleta probablemente más importante de todos los tiempos, el mulato americano Jesse Owens. Un año antes, en 1935, había batido en un solo día 6 records mundiales. En los Juegos de Berlín consiguió 4 medallas de oro; el record de 100 m. lisos, que estableció en 1935 en 10"2, duró casi 20 años, al igual que el record de longitud, establecido en la misma jornada.Los Juegos Olímpicos de 1956, en Melbourne, manifestaron a un atleta de significación excepcional, el lanzador americano Alan Oerter, que, de manera semejante a los antiguos mitos del olimpismo griego, como Quionis, etcétera, obtendría medalla de oro en lanzamiento de disco en cuatro Juegos Olímpicos seguidos (Melbourne 1956, Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968). No se puede olvidar al poderoso Wladimir Kutz, ganador de los 5.000 y 10.000 metros, al americano Glenn Davis, el pastor protestante Bob Richards, repetidor de su triunfo en pértiga de Helsinki, y, sobre todo, el potente norteamericano Parry O’Brien, el lanzador de peso más destacado de todos los tiempos, que repitió su victoria de Helsinki.En la Olimpiada de Roma destacaron los velocistas Armin Hary, alemán, y Livio Berruti, italiano,’ vencedores respectivamente de 100 y 200 m. En estos brillantes juegos aparece en forma vigorosa el neozelandés Peter Snell, vencedor en los 800 m., el cual batiría, dos años más tarde, cuatro records mundiales de la media distancia. Otro gran recordman que se impuso en esta Olimpiada fue el australiano Herbert Elliot, fácil ganador de los 1.500 metros, el cual llegó a poseer también importantes records mundiales. No se puede ignorar, en relación con los juegos Olímpicos de Roma, al polaco Joszef Schmidt, brillante ganador del triple salto, que ostentó, durante varios años, el record de dicha especialidad. En los Juegos romanos cabe hacer especial mención del etíope Abebe Bikila, uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos, a quien, en las carreras fuera de la pista, cabe comparar con Nurmi y Zatopek y con el inglés Gordon Pirie; Bikila volvería a repetir, en los siguientes Juegos Olímpicos, su victoria brillante en la maratón.En los juegos Olímpicos de Tokio, aparte de los anteriormente citados, varios atletas se incorporaron a las páginas gloriosas del a. mundial; así el negro americano Bob Hayes, potente ganador de los 100 m., el belga Gaston Roelants, vencedor en los 3.000 m. obstáculos y recordman de esta difícil especialidad durante varios años, el fabuloso saltador soviético Valery Brumel, el cual ostenta el record mundial de altura desde hace muchos años, con 2,28 m.En los Juegos de México, de 1968, un negro americano protagonizó la hazaña más destacada quizá del a. de todos los tiempos, la superación en medio metro del salto de longitud; se llamaba Robert Beamon; su nombre no ha vuelto a destacar en pruebas posteriores. Otro héroe de los juegos de México fue el saltador americano Richard Fosbury, medalla de oro e instaurador de un nuevo y sorprendente estilo. Los nombres de los negros americanos Tommie Smith y Lee Evans (200 y 400 m.), de los keniatas Hezakieh Kipchoge Keino y Nabiba Neftali Temu (1.500 y 10.000 m.), del etíope Mamo Wolde, sucesor de su compatriota Bikila en la maratón, pueden ser destacados y adscritos a la historia de los héroes olímpicos del a. Entre los grandes atletas que han llegado a ser mito, poseedores durante muchos años de records mundiales, pero que no tuvieron la fortuna de saborear la miel del triunfo olímpico, destacan el ruso Igor TerOwanesian, el francés M. Jazy, y, sobre todo, el australiano R. Clarke. TerOwanesian se considera como el más importante campeón de triple salto de todos los tiempos, poseedor durante muchos años del record mundial de la especialidad. Jazy, que ha ostentado varios records mundiales, es considerado como uno de los mediofondistas de más clase de todos los tiempos. Las hazañas de Clárke pueden parangonarse a las de los varias veces citados Nurmi y Zatopek.Atletismo femenino. Hace su aparición en los Juegos Olímpicos de 1928, en Amsterdam. Entre las triunfadoras se debe destacar a la holandesa F. BlankersKoen, ganadora de cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Londres (1948), a la australiana Betty Cuthbert, vencedora en tres pruebas en Melbourne en 1956, a la negra americana Wilma Rudolph, "la gacela negra", vencedora de los 100 y 200 m. en la Olimpiada de Roma, y, sobre todas ellas, a la rumana Yolanda Balas, ganadora del salto de altura en Roma y Tokio, y poseedora desde hace varios años de un dificilísimo record mundial (1,91).Atletismo español. En la historia del a. español, no ha surgido todavía ningún atleta que obtuviese una medalla de oro en Juegos Olímpicos ni batiese un record mundial. Entre los numerosos atletas notables en competiciones internacionales, cabe destacar a Moncho Rodríguez, que poseyó durante largos años el record nacional de 400 m. lisos; a Constantino Miranda, finalista en 3.000 m. obstáculos en la Olimpiada de Londres en 1948; y, ya en los últimos tiempos en que el a. español ha progresado notablemente, a los finalistas Luis Felipe Areta (Tokio y México), Ignacio Sola (Tokio y México), Luis María Garriga (Tokio y México) y Alvarez Salgado (México).Atletismo iberoamericano. El a. iberoamericano cuenta con varios nombres importantes. Así, los argentinos Zabala y Cabrera, ganadores respectivamente de la maratón de 1932 en Los Ángeles y 1948 en Londres; el cubano Figuerola, que igualó el record mundial de 100 m. y obtuvo en Tokio la medalla de plata; el mexicano Martínez, cuarto clasificado en México en las pruebas de 5.000 y 10.000 m.; y, sobre todo, el brasileño A. Ferreira da Silva, que triunfó rotundamente en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956), y cuyo record mundial de triple salto (16,56) se mantuvo durante muchos años en el ranking mundial.3. Modalidades. Este deporte puede dividirse en dos grandes modalidades: campo y pista. Con esta misma expresión, "campo y pista", es denominado precisamente este deporte en muchos países sudamericanos. En ambas modalidades hay gran variedad de distancias y medidas. 1) En pista se considera como programa reglamentario el estructurado por la International Athletic Amateur Federation, y aceptado ya por el Comité Olímpico Internacional para los Juegos Olímpicos. Comprende:Carreras lisas: 100, 200, 400, 800, 1.500, 5.000, 10.000 y maratón (42.195 m.).
Carreras con vallas: 110, 400, 3.000 (más bien obstáculos que vallas propiamente dichas) m.Saltos: altura, pértiga, longitud, triple. Lanzamientos: peso, disco, martillo, jabalina. Carreras de relevos: 4X100 y 4X400.Prueba múltiple: decatlón (100, 400, 1.500 m. lisos, 110 m. vallas, altura, pértiga, longitud, peso, disco y jabalina).Marcha atlética (20.000 y 50.000 m.).El registro oficial de plusmarcas mundiales admite todavía actualmente las siguientes distancias:Carreras lisas: 110, 220, 440, 800 yardas; 1, 2, 3, 6, 10, 15 millas; 1.000, 2.000, 3.000, 20.000, 25.000, 30.000 m.; una hora de carrera.
Carreras de obstáculos: 120, 220, 440 yardas; 200 m. Carreras de relevos: 4X110, 4X220, 4X440, 4x880 yardas; 4 X 1 millas; 4 X 200, 4 X 800, 4 X 1.500 m.Las medidas por yardas y millas prevalecen en países de lengua inglesa, pero ya dichos países aceptan cada vez más las distancias marcadas por medidas métricas.2) En campo no existen distancias reglamentarias. La variedad de terrenos haría imposible la homologación de distancias y, consecuentemente, de marcas válidas permanentemente. Por eso, en la modalidad de crosscountry (campotravés) no existen records. La prueba considerada internacionalmente como el campeonato mundial de campotravés es el llamado Cross de las Naciones, que se corrió por primera vez en 1903. Cada año se corre esta importante prueba en distintas ciudades dentro de los países con más tradición en esta modalidad. Junto a esta carrera, existen otras pruebas clásicas en el calendario de cross, tales como el Cross de Mami (Bélgica), el Intercondados (Inglaterra), el Mar del Plata (Argentina), la espectacular San Silvestre en Río de Janeiro, y, en España, la veterana Jean Bouin, en Barcelona, y el relativamente reciente pero ya famoso Cross de Lasarte (San Sebastián).4. La pista de atletismo. Es una instalación con muchas y muy precisas exigencias, tanto en la calidad del material como de medidas. La pista estrictamente reglamentaria es la que mide 400 m. de cuerda. La medida del contorno de la pista se medirá a 30 cm. del bordillo interno de la misma. Existen otras medidas reglamentadas de 375, 350 y 300 m. La pista ideal debe tener un radio único de 39,70 m. hasta el bordillo interior (parte del que da a la pista), cada curva (a 30 cm. de dicho bordillo) medirá 125,66 m. y cada recta 74,34 m. O bien puede tener también 37 m. de radio único en igual forma, que (a 30 cm. del bordillo interior) dará un desarrollo de 117,18 m. cada curva y 81,82 m. cada recta. La anchura de la. pista no será menor de 7,32 m., con 6 pasillos de 1,22 m., mínimo y 1,25 m. máximo cada uno, siendo aconsejable 7 pasillos; su linde interior irá provisto de un encintado de cemento, madera u otro material apropiado que sobresalga de la pista 5X5 cm.Es trascendental para la buena práctica del a. la calidad de la superficie de la pista, que debe ser: a) de una firme resistencia; b) elástica; c) no alterable por las condiciones climáticas (que sea permanente); d) que drene fácilmente las aguas de lluvia; e) de poca resistencia a la entrada de los clavos de la zapatilla del atleta; f) económica en su mantenimiento.Se compone de tres capas: 1) inferior, de un espesor de 20 a 25 cm.; 2) intermedia o elástica, de un espesor de 8 a 10 cm.; 3) superior, de un espesor de 5 a 7 cm. La capa inferior es de grava o carbonilla muy gruesa, cascotes limpios de polvo, escoria grande y cantos de río rodados; la capa intermedia o elástica es de carbonilla mezclada con tierra arcillosa "granulada"; la capa superior es de polvo de carbonilla mezclado con tierra arcillosa o de ladrillo en una proporción de un 10 a 20%. A partir de 1965, se han comenzado a construir pistas de a. de especiales materiales plásticos que han dado origen a diversas modalidades: rubkor, tartán, plastán, recortán, etc. En el estadio Olímpico de México, en el que tuvieron lugar las pruebas de a. de los Juegos Olímpicos de 1968, se empleó el tartán, al parecer con importante éxito. Sin embargo, está en discusión la ventaja o desventaja de estos materiales no ya en el rendimiento del atleta, sino en su desgaste fisiológico y funcional cuando se entrena habitualmente sobre dicho material.Dentro de la gran variedad de pruebas atléticas (carreras lisas y con obstáculos, saltos, lanzamientos), el terreno preciso usado para cada una de ellas está minuciosamente determinado. Entrar en los detalles de todos ellos llevaría a una extensión que rebasa las intenciones de este artículo (en los gráficos que se adjuntan pueden observarse los detalles precisos y la gran exigencia a que se ha llegado en este campo).5. Reglamentación. Dada la gran variedad de pruebas es muy amplia y compleja. Abarca todo tipo de precisiones acerca de cada una de las competiciones, salidas, cómputo de las llegadas, procedimientos de medición, tanto de tiempo como de distancias, etc. La International Amateur Athletic Federation reedita con las variaciones pertinentes cada dos años la nueva reglamentación internacional de a. En esta publicación oficial se recogen todos los detalles referentes a todos los aspectos citados. Una serie de artículos reglamenta también lo referente a directores y oficiales de las reunions atléticas, jueces y árbitros, cronometradores, jurado de apelación, jueces de salida y sus adjuntos, anotadores de vueltas, delegados de campo o jefes de pista, agrimensor oficial, etc. Igualmente, la prohibición y uso de drogas, las medidas y pesos válidos en cada categoría, la solución de los empates, el procedimiento de reclamaciones, las condiciones para la homologación de records mundiales. Los materiales para cada una de las pruebas deben ser de características muy definidas, con el peso y medidas perfectamente delimitados. Igual sucede con los puntos de llegada, los testigos, los tacos de salida, etc. La reglamentación vigente está editada por el Instituto Nacional de Educación Física y Deportes y la Real Federación Española de Atletismo en 1970 (v. bibl.).6. Valor educativo. Correr, lanzar, saltar, luchar fueron medios necesarios para vivir durante largos años. En el contacto de unos hombres con otros, en la confrontación entre grupos humanos, en la discriminación individual dentro de un mismo grupo, la mejor ejecución de estos actos llegaba a tener importacia vital. Hoy estas acciones físicas no tienen la trascendencia de antaño. Hoy el espíritu humano señala al cerebro tareas menos circunscritas a las actividades locomotrices. Sin embargo, el hombre sigue siendo también cuerpo; si pretendiese prescindir de él, se mutilaría a sí mismo. Ciertas crecientes características de la vida moderna inducen a reconsiderar el importante papel que la salud y la armonía física van a desempeñar. La agitación nerviosa y emotiva, el sedentarismo con su secuela de disfunciones posturales, la progresiva desadaptación al esfuerzo, se convierten en amenaza para la salud física y mental del hombre. El ejercicio físico aparece como un antídoto higiénico_ de primera magnitud. De ahí la importancia en general de las prácticas de esfuerzo físico. El a. se basa en las formas naturales del ejercicio físico. A esta característica sustancial se añade el aspecto de gran juego colectivo en que se han convertido las modernas confrontaciones atléticas, con sus valores psicológicos y, sobre todo, sociológicos. La competición atlética gira en torno a un esencial afán de superación: de un adversario, de la propia limitación física, de un obstáculo. Indudablemente este anhelo de superación puede estimular al hombre contemporáneo, generalmente distendido en las fórmulas hechas, en las mecanizaciones laborales, en las posturas estandardizadas, las cuales rebasan ya el mundo organizado del trabajo para invadir incluso los ámbitos del recreo y la expansión. La competición atlética reglamentariamente desarrollada tiene ciertas exigencias: amplio terreno, organización compleja y gran cantidad de personas vinculadas a ella. Pero produce uno de los más bellos y variados espectáculos. He ahí otro importante aspecto formativo del a.: su natural y espectacular belleza competitiva.JOSÉ M. CAGIGAL.
BIBL.: Obras generales: R. BOBIN, Athlétisme pour tous, París 1967; G. BRERA, Atletica leggera, Milán 1964; A. CALLIGARIS, Atletica leggera, Milán 1967; D. CANHAM, Deportes atléticos, Barcelona 1956; P. W. CERUTTY, Schoolboy athletics, Londres 1963; J. COROMINAS, Medio siglo de atletismo español, 19141964, Madrid 1967; G. H. G. DYSON, Principes de mécanique en athlétisme, París 1965; T. ECKER, Championship track and field by 12 great coaches, Englewood Cliffs 1966; P. ESCAMILLA, De Atenas a Roma (Historia breve del atletismo olímpico), Madrid 1960; FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ATLETISMO, Técnica y didáctica del atletismo, Madrid 1969; G. LuKE, Coaching high school track and field, Englewood Cliffs 1963; J. P. MORTENSEN, Técnicas del
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