Artillería HIST.
Categoria:
Historia
1. Acepciones. Por llamarse antiguamente artilleros (del lat. ars, artis) a los herreros y carpinteros que trabajaban los ingenios neurobalísticós anteriores a la pólvora (v. ExPLOSivos) empleados en la poliorcética (arte de atacar y defender plazas fuertes), se llamaba a. a todas las máquinas y artefactos que hacían, y cuando empezaron a construir los primeros pirobalísticos, posteriores a la pólvora, se les llamó también a., voz que dejó de aplicarse a los anteriores, y empezó a llamarse artilleros a quienes los manejaban. Su perfeccionamiento exigió progresivamente estudios especiales, mayor participación de personas y una adecuada organización, , apareciendo nuevas acepciones de la voz, actualmente empleada para designar toda clase de máquinas y materiales necesarios en la pirobalística; ciencia y arte que estudian y enseñan su construcción, conservación, manejo y eficaz empleo; Cuerpo militar especialmente organizado e instruido para la utilización exclusiva de una determinada clase de armas de fuego, caracterizadas por su gran alcance, calibre y precisión de tiro, así como por su específica misión en la guerra, basada en la acción de conjunto y coordinación de sus fuegos. Y la voz artillero designa: al que tiene por profesión el estudio y manejo de todo lo referente a la a., y al que presta servicio en la a. del Ejército o de la Armada, el cual, en el acto de prestarlo para el funcionamiento de una boca de fuego, toma el nombre de sirviente.2. La artillería en los siglos XIV y XV. No pudo emplearse en los sitios de Zaragoza (1118) y Niebla (1247), difícilmer?e en Córdoba (1280) y poco posible en Gibraltar (1306), aunque así se haya afirmado, porque, si bien se ignora quiénes inventaron la pólvora, fueron los árabes los primeros en mencionarla (1240) y en aplicar, mástarde, sus propiedades a un arma de guerra. De ellos, a través de los musulmanes, pasó sucesivamente a Castilla, Aragón y a las demás naciones de Europa, mientras en España se construyeron las pesadas bombardas antes que las armas de fuego menudas, fuera de España ocurrió lo contrario y pudieron anticiparse en el empleo de las segundas. Desde luego, Mohamed IV de Granada llevó a. contra Alicante (1331), Alfonso XI de Castilla batió con máquinas de pólvora Tarifa (1340) y Algeciras (1342), y los aragoneses dispararon una bombarda montada en una nave (primer antecedente de tal uso) para defender la entrada del puerto de Barcelona atacada por la escuadra castellana (1359), la cual hizo lo mismo en sus naves frente a La Rochella (1371) y derrotó a la inglesa. Según Weygand, aunque es dudoso, los franceses utilizaron cañones de muy pequeño calibre en PuyGuillen (1338), siendo seguro, en cambio, que lo hicieran en Crecy (1346), pues documentos ingleses del año anterior prueban su envío a Francia. En Italia, pudo usarse en el sitio de Fiori (1358), y lo hizo Carranza contra los venecianos (1373).
Aunque tosca e imperfecta, y concebida al principio sólo para el ataque y defensa de plazas fuertes, su empleo se generalizó rápidamente, apareciendo incluso los tiros menores, truenos de mano o ballestas de trueno, en las tropas musulmanas de la batalla de Egea (1391), y disponiéndose en las Cortes de Toledo (1406) que se llevasen a la guerra de Andalucía seis lombardas y cien tiros menores. Era el precedente de la a. de campaña, destinada a acompañar al Ejército en sus desplazamientos; pero, a pesar del progreso que supuso la aparición de las primeras piezas de metal o fruslería (aleación de un 20% de estaño con cobre), más ligeras y transportables, como los ribadoquines, ya experimentados por los aragoneses en Siracusa (1410), ni Juan II de Castilla ni su hijo Enrique IV prestaron atención a la a.Fuera de España, los ingleses emplearon ya bastantes piezas en Berwick (1405); el ejército francés del duque de Orleáns disponía en 1411 de 4.000 (¿?) cañones y culebrinas, según Des Ursins, y Commises dice que Carlos el Temerario llevó 113 piezas a Grandson (1476), así como 10.000 (¿?) culebrinas los suizos que le vencieron en Morat, cifras muy exageradas, pero que denotan el creciente empleo de las piezas menudas. Igual ocurría en España, donde los Reyes Católicos llegaron a tener 300 a finales del s. XV, en la proporción de 20 por cada pieza gruesa, para evitar las dificultades ya experimentadas, pues para llevar al sitio de Loja (1486) menos de 100 piezas se necesitaron 2.000 carros, y ese mismo tren artillero, al seguir sobre VélezMálaga, no pudo avanzar algunos días ni 5 Km., y tuvo que dejar las piezas gruesas al pie de la sierra de Antequera. En alguna ocasión, como en la conquista de Málaga (1485), se habían llevado piezas muy livianas a lomo ’ de acémilas desde Ronda, primer antecedente de la a. de montaña, pero no podía prescindirse de las que ya acompañaban normalmente a los ejércitos Carlos VIII de Francia cruzó.los Alpes y recorrió Italia (1494) con 140 piezas de bronce sobre carruajes atalajados con caballos y se ideó un nuevo montaje sobre ruedas en el s. XVI.Las primeras piezas, de hierro forjado, bombardas o lombardas, constaban de la caña y del servidor o recámara, unidos entre sí, y ambos a un rígido afuste de madera, por gruesas cuerdas o cadenas. Se llamaban grandes, medianas y pequeñas según su calibre, y su longitud era siempre 12 veces éste. Durante el s. XV, además de algunos nuevos tipos especiales, la bombarda trabuquera, más corta de lo normal y con recámara cilíndrica de menor calibre, y el mortero o pedrero, derivado de ella pero muy corto, de una sola pieza, recámara abocinada y tiro casi vertical, para aligerar las piezas y lograr mayor alcance, se redujeron progresivamente los calibres, aumentando la proporcionalidad de la longitud, y aparecieron, sucesivamente, la bombardeta, el pasavolante, el ribadoquín, la cerbatana y el medioribadoqüín o mosquete de orejas, así como otros tipos de medidas arbitrarias: esmeriles, mosquetones, espingardones, sacabuches y lagartijas, todos los cuales pueden considerarse una incipiente a. de campaña.Otras armas de fuego aparecidas en el s. xv son: los órganos, casi un precedente de la ametralladora, consistente en un carretón con tres bocas de fuego que disparaban sucesivamente metralla gruesa, y los cortaos o compagos, del tipo de las bombardas trabuqueras pero de tiro vertical, empleados en los trabajos de minas y disparados a distancia por medio de un estrecho tubo lleno de pólvora y acodado en el cebo de la pieza. Todas estas armas lanzaban proyectiles esféricos, de piedra, bolaños, para los calibres mayores, de hierro forjado, pelotas, para los medianos, y de hierro emplomado, bodoques, para el ribadoquín y demás piezas de menor calibre; se cargaban por la boca, avanzacarga, quedando el. proyectil en contacto del taco troncocónico de madera blanda que cerraba la recámara, recipiente de la pólvora. Ésta, negra y con humo, de la fórmula seis, as, as (proporción del salitre, carbón y azufre), debía pesar 1/9 del proyectil y ocupar 3/5 de la recámara, prendiéndose con un hierro al rojo, brancha, aplicado al oído, cebado con otra pólvora más fina y viva. Los morteros disparaban también saquillos de guijarros y proyectiles huecos cuya carga interior inflamaba una yesca encendida por la misma llamarada del disparo, precedentes de la metralla y de las granadas.La puntería se hacía a ojo, elevando el perno de apoyo de la boca del arma, para el alcance, que llegó a 5.000 pasos con el pasavolante de balas de ocho libras, y con ayuda de unas referencias, joyas de puntería, desde mediados del s. xv, para la dirección. La velocidad de tiro llegó a cuatro disparos por hora cuando las piezas de metal que iban sustituyendo a las de hierro forjado, totalmente desechadas en el s. xvi, se enforraron (1495) y se redujeron los vientos, u holguras entre la bala y el ánima, a rellenar con paños encerados, anuncio del futuro entubado.La fabricación de las piezas, cuyos precios constituían casi una progresión geométrica en función del peso de la bala, y de las pólvoras fue libre y, sin poder señalar lugares, pues la dificultad del transporte obligó a producirlas cerca de donde fueran a utilizarse, llegó a permitir su exportación hasta que los Reyes Católicos la prohibieron (1488). Dichos monarcas, al otorgar a Ramírez de Madrid (1482), con carácter permanente y título de capitan del a. española, un mando ejercido hasta entonces, desde 1342, con distinta amplitud, reflejada en sus titulaciones, capitán mayor de los trabucos y engeños castellanos, maestre del a. de Navarra, maestro de las bombardas de Aragón, encargado del a. para el sitio de Setenil, cte., abrieron un nuevo periodo de la historia de la a. española.3. La artillería en los siglos XVI y XVII. Conquistada Granada, la a. española tomó impulso al llegar maestros franceses y alemanes, que con técnicas modernas, empleodel hierro colado y fundición en una sola pieza, respectivamente, permitieron reducir los pesos conservando los calibres. Por influencia de la organización gremial, se llamó oficiales de a. a los polvoristas o petarderos, fun, didores, herreros, cte., de la corona en las recién creadas Casas de maestranza, Fundiciones y Molinos de pólvora, destacando entre éstos el de Granada, fundado por los musulmanes. Ya en el s. XVI, se logró mayor ligereza y movilidad de las piezas montándolas sobre ruedas de madera reforzadas con hierros, sucesivamente macizas, de cubos y de radios, y al introducir los muñones de las cañas, que permitieron apoyarlas sobre cureña, llegándose a la forma y silueta clásicas durante más de tres siglos. Pero, aunque comenzó a configurarse la a., organizada y con misión táctica definida, como una de las Armas que integraron el Ejército, reglamentada en la Ordenanza de las Guardas (1503), y todo su personal y material quedó sometido a la inspección y fiscalización del capitán de la a., mosén San Martín, nombrado en 1505 proveedor y veedor general de la a., con 280.000 maravedís de sueldo anual y funciones primordialmente admnistrativas y organizadoras, este periodo se caracterizó por la arbitrariedad y fantasía en la fabricación y denominación de las piezas, así como por la desorganización que reinó en muchas etapas.
junto a las piezas menudas del s. XV, aparece el falconete, de retrocarga y recámara de tipo de alcuza, sujeta por una cuña de hierro, y sus variantes, los versos, muy ligeros y transportables, montados sobre un trípode rígido, de madera, cuyos pies se apoyan en unas pequeñísimas ruedas. Sobre ruedas de gran diámetro aparecieron: las de gran longitud y largo alcance, para ofender al enemigo (dragón o doble culebrina, culebrina, media culebrina, sacre, esmeril, áspid, pelícano, basilisco, pasamuros, gerifaltes, cte., agrupados en ordinarios o de tanto por tanto, reforzados, sencillos, bastardos y extraordinarios); de mediana longitud, para batir murallas (cañón, medio cañón, tercio de cañón o tercerola, cuarto de cañón, despertador, siflante, rebufo, crepante, berraco, cte., agrupados en aculebrinados y bastardos según su longitud, mayor en los primeros); y cortas, contra las naves, del tipo mortero (obús, morterete, pedrero, petardo, parafuso, cte.), y tiro curvo, dispuesto alguno, el trabuco, para el lanzamiento de proyectiles huecos.Como portátiles aparecieron la espingarda de llave, el arcabuz (de mecha, de serpentín y de llave de rueda), la escopeta de retrocarga y el mosquete del s. xvu. Piezas únicas y famosas de este periodo fueron el serpentín de 80 libras, de Málaga; los doce pares de Francia, y su réplica española, los doce apóstoles, de 45 libras. El tiro de metralla se inició en 1515, para la defensa de las brechas. El empleo de cartuchos de pólvora permitió aumentar la velocidad de tiro a ocho o diez disparos por hora, y la puntería se perfeccionó en alcance y dirección, con el empleo del nivel y la escuadra. La pieza se inclinaba al enterrarse más o menos la cola de pato del afuste, si la caña carecía de muñones, o tomando a éstos como eje de giro. Las .bombas, ya lanzadas sobre aire (1553), se perfeccionaron en el transcurso del s. XVII, época en que el ejército español empleó por primera vez a. de montaña en el sitio de Cassal de Monferrato (1630) y el obús con bomba cilíndrica en Neerwinden (1693).La reorganización iniciada por los Reyes Católicos y continuada por Cisneros, la impulsó el Emperador, que dictó (1525) la Segunda Ordenanza de Guardas y creó los tenientes, para que no fuese indispensable la presencia del capitán en las batallas y pudiese atender más a la administración y organización de la a. Comenzó a estudiarse la técnica artillera en la Nuova Sciencia de Tartaglia (1537) y se crearon varias escuelas de a., incluso en Milán, donde también se estudiaban las obras y fortificaciones, a cuyos técnicos, que empezaron a llamarse ingenieros, se les apartó del mando de las tropas por ser generalmente extranjeros. En 1541 se nombró el primer capitán general de la a., Pedro de la Cueva, cuyas atribuciones y deberes se desarrollaron en la Instrucción de Augusta (Augsburgo) de 1551, auxiliado por tres tenientes del capitán general de la a. Pero la organización no cubría aún las necesidades de las campañas y para cada una de éstas era preciso preparar su tren de campaña de a. durante uno o dos años.Felipe II señaló (1572) distritos artilleros a los tenientes, impulsó la creación de nuevas escuelas de a., incluso en Palermo, fundiciones, fábricas de pólvoras y maestranzas y logró que a finales del s. xvi la a. empezase a parecer un Cuerpo organizado militarmente, cuyos mandos (ingenieros tracistas y gentiles hombres artilleros) tenían a sus órdenes, jerarquizados, a condestables, artilleros, minadores, gastadores (zapadores), contadores, pagadores, mayordomos y oficiales (obreros). Sevilla adquirió gran importancia con su fábrica y su maestranza y en ella se fundaron (1575) dos escuelas de a., una de ellas la Escuela de Artillería para la carrera de las Indias, por la Casa de Contratación (v.), a causa de haberse independizado la a. embarcada del capitán general de la a., en 1571, pero ambas se refundieron (1593) al cesar tal situación.Durante el s. xvti se reconstruyó la fábrica de pólvoras de Granada, que voló en 1618, y se fundó la de Murcia (1623), comprándolas en 1647 la Real Hacienda, que ya había adquirido la fábrica de a. de Sevilla en 1634, y en 1630 volvió a independizarse la a. embarcada, bajo el mando de un teniente general de la a. de la Armada. A pesar de ello y de conservarse, por la inteligencia y valor de sus hombres, la justa fama de la a. española, alcanzada en dos siglos de continuas guerras, mientras Gustavo Adolfo de Suecia organizaba baterías de a. de campaña, ligera, y agregaba cañones a los regimientos de infantería hasta llegar a la proporción de tres piezas por cada 1.000 hombres, mientras Luis XIV de Francia fundaba el primer Cuerpo permanente y especial de A., el s. xvii fue de penuria, decadencia y desorden para la a. española, sólo parcial y temporalmente contenidos por las reformas de Felipe IV (1633) y por la junta que se hizo cargo de las funciones del capitán general de la a. (165565), como puso de manifiesto la desaparición de las escuelas de Burgos y de Sevilla (1625), el languidecimiento de las demás, aunque se abriese la de Bruselas, y el impago de los devengos del personal.4. La artillería desde el siglo XVIII. Cuando la reforma de Felipe V (1710) creó el Regimiento de Real Artillería de Campaña, las escuelas prácticas de a. y Bombas y las teóricas de Matemáticas y Fortificación, la A: se mostró ya con una organización y un carácter verdaderamente militar, como una de las Armas integrantes del Ejército, con misión táctica definida y creciente importancia que se tradujo en un ininterrumpido progreso y perfeccionamiento del que sólo se señalan aquí los principales jalones. En 1743 ya se habían reducido los tipos de las piezas a cañones (de 24, 16, 12, ocho y cuatro libras) y morteros (de 12 y ocho pulgadas); en 1761, separándose de la a., de la que formaban parte, se creó el Cuerpo de Ingenieros, y un año después, por el Reglamento del nuevo pie, nacían el Real Cuerpo de Artillería, con inspector general propio, y la Compañía de Caballeros Cadetes, base del Colegio de Artillería, establecido en el Alcázar de Segovia, más tarde llamada Academia de Artillería.La a. a caballo apareció por primera vez (1777) en el Río de la Plata, anticipándose España a Federico II de Prusia, genio militar del siglo cuyas directrices eran copiadas por todos los países, y en 1783 quedaron delimitadas, por su finalidad, la a. de costa, plaza, sitio y campaña, comprendiendo esta última tres modalidades: montada, a caballo y de montaña, con sólo cañones cortos, de 12, ocho y cuatro libras, y obuses recamarados de seis pulgadas. Comenzó a usarse el alza y se generalizó el cartucho, que reducía el tiempo empleado en la carga. El Príncipe de la Paz, director y coronel general del Real Cuerpo de Artillería, fundó (1803) el Real Museo Militar de Artillería e Ingenieros, que luego, siendo ya s41o de a., se estableció (1841) donde hoy continúa con el nombre de Museo del Ejército. Por entonces, el nuevo genio militar del siglo, Napoleón, concibió la organización de una a. divisionaria y de una a. de reserva, a emplear ésta en los momentos decisivos de las batallas.La guerra de la Independencia dio ocasión a que la a. española prodigase hechos heroicos, cuya cima ocupan los capitanes Daoíz y Velarde. En 1818 se inventó la cápsula fulminante, aplicada en a. al estopín de fricción. Sin embargo, el pequeño efecto y la escasa precisión de las piezas seguían limitando su empleo; pero la solución llegó, en 1854, con el logro del ánima rayada, empleada por primera vez en Crimea y que España utilizó ya en su campaña de Marruecos (1860). La innovación permitía aumentar los alcances, mejorar la puntería y emplear proyectiles alargados de mayor peso y potencia. Constituyó un descubrimiento revolucionario que, unido a la consecución de la retrocarga, de la pólvora sin humo (1865), de las espoletas de doble efecto a tiempos y a percusión, cte., desencadenó un ritmo vertiginoso de sucesivo empleo de tipos y modelos de piezas de a. que comenzaron a superarse en potencia destructora, en gigantismo de calibres y en alcances insospechados que afectaron a la táctica de las batallas e incluso a la concepción estratégica de las guerras.La organización del Arma de Artillería sufrió paralelamente continuas y hondas modificaciones, haciéndose precisas las columnas de municiones y los parques móviles de campaña por la velocidad de tiro lograda y la densidad de fuego exigida. Goniómetros y telémetros perfeccionaron y abreviaron las operaciones de puntería. La aparición de los carros de combate en los campos de batalla y de la aviación de bombardeo en los techos aéreos, comporta la de la a. anticarro y a. antiaérea, con su exigencia de mayor poder perforante en los proyectiles y mayor velocidad angular para la puntería contra blancos de rápido desplazamiento. Aparecen el radar (v.), que anticipa la localización de objetivos, y los sistemas de puntería automática, a cuyo servicio se pone la técnica electrónica (v.), los proyectiles teledirigidos, el misil, etc. La energía nuclear (v.) se utiliza en la a. táctica, en las cabezas atómicas de los proyectiles.5. Clasificación. Desde 1936 hasta hoy, la a. se clasifica por su misión, en: a. de costa. Subclasificada por el calibre: menor (hasta 140 mm.), secundaria (140 a 209) y gruesa (intermedia, 210 a 279, y primaria, desde 280). En España se ha desarrollado el material más antiguo, quedando los Vickers 381/45, 305/50 y 152,4/50, y se han introducido el radar, para localizaciones y corrección del tiro, y los antiaéreos Krupp 88/56, como antilanchas. Para el futuro se preconizan los misiles superficiesuperficie, dado que su empleo por las escuadras hace impotente a la a. de costa clásica, costosísima, inmóvil y de alcance limitado.Artillería antiaérea (AAA). España dispone de cañones pesados 90/50, automáticos ligeros 40/70, ametralladoras múltiples 12/70 y misiles superficieaire (sa), de 35 Km. de alcance y techo medio y bajo. La AAA convencional tuvo que sustituir su material pesado con misiles sa, pero no el ligero, más eficaz para techos inferiores a 200 m., por su gran velocidad de tiro y angular. Al desarrollo de la AAA ha contribuido el radar para localizaciones y guía de misiles. EE. UU. dispone de misiles hasta de128 Km. de alcance y techo de 70 Km. y proyecta un antimisil para interceptaciones hasta 700 Km. y techo de 100 Km. La URSS los tiene de 150 y 50, y proyecta los antimisiles.
Artillería de campaña (a. de c.). Iniciada en la II Guerra mundial la continua aparición de armas nuevas, y en paralelo con los avances tecnológicos, la a. de campaña dejó de estar en inferioridad respecto a carros de combate y aviación, al lograr añadir a sus ventajas de continuidad, precisión e indiferencia ante las condiciones atmosféricas, alcances de 32 Km. con piezas 175/60 y proyectil de 65 Kg., extraordinaria movilidad (a. autopropulsada y a. aerotransportada), potencia, con los cohetes (v.), y posibilidad de entrada en fuego eficaz directamente sin fase de corrección de tiro, por medios electrónicos. En España, la a. de campaña, autopropulsada, motorizada y de montaña, por haber desaparecido las a. montada y a caballo, está organizada tácticamente en baterías, grupos, agrupaciones y brigadas, de obuses, de 105/26, 105/14, 105/23, 155/23 y 203/26, cañón de 122/46, susceptible de adaptar cabeza atómica, y lanzacohetes de 216, 300 y 381 mm.V. t.: ARMAS; EJÉRCITO; ARTILLERÍA.M. LUENGO MUÑOZ.
BIBL.: J. ALMIRANTE, Bosquejo de la historia militar de España, Madrid 1923; F. BARADO, Museo militar, Barcelona 1889; N. GONZÁLEZ SIMANCAS, Historia de los Cuerpos del Ejército español, Madrid 1910; D. MONTAÑÁ, 600 años de artillería, Barcelona 1942; J. VIGÓN, Historia de la artillería española, Madrid 1947.
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