Arquitectura III. Elementos Arquitectónicos. TECNOL.
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Tecnología
Son diversas piezas encargadas del armazón, forma y calidad estética de un edificio; piezas íntimamente trabadas entre sí hasta su perfecta unidad dentro del conjunto, que se consigue por fusión completa de los elementos o contrastando unos con otros, con entidad y valor propio. El espacio así limitado acusa formas externas e internas. Hay unos elementos arquitectónicos encargados de separar el volumen del ambiente que lo rodea, y otros internos de separación de plantas, de distribución, de sustentación, definidores de su aspecto y función interiores. Existen, por fin, otros de relación interna y externa: puertas y ventanas, así como los expresivos determinados por todos los anteriores, ordenados, valorados y acentuados por la decoración y ornamentación.1. Estructuras. Los elementos fundamentales son las estructuras (división y orden de las partes de un edificio); de su forma y empleo, según su propia índole y el sentido estético dominante, nacerán los estilos. Las formas primarias derivan de las cabañas, transformadas en piedra en las tumbas para darles perpetuidad, y que, desde su comienzo en el Neolítico, adoptan dos sistemas únicos estructurales: dintel (traducción de la cabaña con maderos hincados en el suelo y otros horizontales en ellos apoyados) y bóveda, falsa bóveda en realidad (fig. 1), inspirada también en la cabaña de palos hincados en una circunferencia trazada en el suelo y atados por sus otros extremos. Formas ambas llegadas hasta nuestros días y desarrolladas a lo largo de los tiempos. Las adinteladas de planta simple (rectángulos combinados) dan lugar a formas elementales prismáticas (fig. 2) cerradas por muros o abiertas en pórtico en todo el Mediterráneo (Egipto, Siria, mar Egeo). Donde abunda la piedra adquieren carácter monumental: Egipto, Grecia. Las bóvedas son, por el contrario, de países que carecen de piedras de grandes tamaños y maderas largas y resistentes. El único modo de salvar un vano largo es por medio de un arco, que por su forma caracterizará los diversos estilos. Si éste se mueve paralelamente a sí mismo dará lugar a la bóveda de cañón (fig. 3); girando sobre su eje vertical originará la cúpula (fig. 4). La limitación de la superficie disponible impone los pisos superpuestos, conocidos desde el Imperio antiguo egipcio, los cuales suponen la creación de otros elementos arquitectónicos nuevos: el entramado, resistente, horizontal y la escalera, los dos subsistentes en todo edificio de varias plantas. Cualquiera que sea el material empleado en el entramado horizontal (madera, losas de piedra sobre arcos, bóvedas planas, hierro laminado, hormigón armado), siempre dará un suelo plano de mayor o menor superficie, según la resistencia tolerada sin deformaciones, pero invariable de forma. Por el contrario, la escalera tiene tres maneras esenciales: tiro recto, ida y vuelta y caracol (que ya se daban en Egipto), utilizadas todas, incluso su forma monumental, en los diferentes estilos y periodos hasta las inmensas y teatrales del Renacimiento y del barroco.2. Elementos arquitectónicos de dintel. La composición de las plantas viene impuesta por el tipo de material disponible. Así dos planos a la misma escala de palacios en lugares diversos (fig. 5) dan la composición de rectángulos amplios en Nimrud, por disponer de los cedros del Líbano, y estrechos y largos en Cnosos, en donde sólo se utilizó madera corta y poco resistente. Por otra parte, las iglesias y casas del norte y centro europeos, de muros armados con medios troncos y plano típico de casa campestre de la Selva Negra, tienen tres naves separadas por muros y postes (el hogar al fondo del salón central, establos en ambos lados y dormitorios detrás); este tipo de planta es idéntico en traza y disposición a la del templo llamado de la Esfinge (Imperio antiguo egipcio), aquí no por las exigencias de la madera, sino de los dinteles de granito, imposibles de armar con mayor longitud, y empleados en toda su brutalidad primaria de poste prismático y dintel de igual forma como elementos únicos arquitectónicos. Esta forma estructural ha de seguir en los templos griegos, basílicas paganas y cristianas, adquiriendo por su persistencia un valor simbólico. Este valor simbólico basta para su continuidad en las iglesias cristianas medievales, alejadas por entero de los sistemas adintelados. Conservan los soportes verticales, que ya no son piezas únicas, sino formadas de un núcleo al cual adosan columnas (románico, gótico, Renacimiento) lo que da lugar al pilar (si es exento) o a la pilastra (adosada a un muro). Todo el proceso siguiente ha de ser de pura estilización y embellecimiento. Del poste de madera o piedra pasan los propios egipcios a la columna y los griegos le dan forma definitiva afinándola y perfeccionándola, tanto en el orden dórico como en el jónico; los romanos aplican sus proporciones inmutables en sus tres elementos arquitectónicos: pedestal, columna (basa, fuste, capitel) y entablamento (arquitrabe, friso, cornisa). Las columnas y dinteles como tales sólo variarán en detalles en las etapas clásicas o renacentistas. Variantes accidentales de la columna son: la estípite, pilastra en forma de pirámide truncada con la base menor hacia abajo, al contrario de lo que era normal desde tiempos egipcios; la cariátide, sustitución del fuste de la columna por una estatua de mujer o de hombre (Grecia); figuras adosadas a los fustes: esta modalidad se da en dos regiones apartadas en tiempo y lugar: Egipto y el románico europeo.
3. Ordenaciones mixtas de arco y dintel. Su origen es romano, a causa del empleo simultáneo de arcos y b& vedas. No obstante su carácter mixto de dos elementos de sentido tan diverso, fue una de las creaciones más fecundas, pues sin duda por el grandioso efecto conseguido y la exigencia de arcos y bóvedas para soporte de pisos u otros elementos horizontales, fue aceptada sin reservas por todos los estilos posteriores.4. Elementos arquitectónicos externos de composición. Muros. En Egipto se consiguen a base de una superficie ataludada y recuadrada por baquetones y gola, llena de levísimos relieves policromados; en Mesopotamia por medio de enlucidos y trazados independientes de su material constructivo. Ambos caminos (en realidad uno) de disimúlo de juntas son permanentes y su efecto estético de unidad es igualmente seguido hasta nuestros días. Efecto diametralmente opuesto es el buscado con el muro armado (fig. 6); usual desde que los romanos emplearon el hormigón y el tapial, exagerando el despiezo que los griegos habían comenzado a destacar en las murallas de ciudades para exaltación de la idea estética de fortaleza. Este nuevo elemento, el almohadillado, tiene mil formas expresivas.. Todas consiguen el efecto propuesto en los muros; no así en arcos y en pilastras, aunque fueron utilizados en Roma durante el barroco. Los muros de materiales distintos nacerán del grupo anterior, pero destacando más la diversidad. El ejemplo más claro es el muro de ladrillo (tapial o adobe) reforzado con el empleo de piedra en las zonas resistentes: ángulos, zócalos, cornisas y recuadros de puertas y ventanas (palacios de Persépolis, s. VI a. C.). Los entramados de madera son de origen remotísimo (Oriente Medio) y su utilización en el Egeo (II milenio a. C.) ha tenido después empleo constante hasta el hallazgo de los materiales actuales (acero y hormigón). Sus formas son variadísimas con voladizos abiertos, cerrados con ladrillo, adobe o mampostería, o incluso enluciendo la totalidad. Su valor estético se acentúa con la cubierta pendiente nórdica. Otros contrastes estéticos en muros se producen a base de zonas abiertas, pórticos (en bajo) y galerías (en alto) en contraste con muros cerrados, según hemos ido viendo (fig. 2 y 4) y presenta toda su grandeza en los pórticos colocados delante de los muros que integran las fachadas del templo griego. Entre los pórticos, tanto adintelados como en arco, merecen especial mención los porches de calles, plazas y edificios importantes, existentes en civilizaciones anteriores a la griega.El color se emplea como elemento decorativo de los muros y es típico de países de luz abundante y clima cálido, circunstancias que permiten la vida fuera de lugares cerrados y al aire libre. Los tenues relieves, fuertemente coloreados, de los pilonos egipcios y los palacios asirios son tan gráficos y completos como debieran serlo las pinturas perdidas de los largos pórticos (stoas) griegos y las que quedan en Pompeya. Todavía más eficaces, por brillantes, son los mosaicos (v.) bizantinos (San Marcos de Venecia, s. xii, los principales) y la cerámica vidriada de Asiria (palacio de Sargón, 722705 a. C.). Esta cerámica vidriada se continúa en Persia (s. VI a. C.) y seguramente fue después traída por los árabes en forma de alicatados; del s. XVI son los azulejos que llegan a tapizar el barroco portugués en Oporto. El azulejo, mezclado con el ladrillo, reviste los fondos de los complicados entrelazos que cubren las fachadas (Seo de Zaragoza) y las torres mudéjares de Aragón, con temas geométricos para el ladrillo de origen almohade.Las iglesias románicas debieron tener pinturas en el exterior (se conservan en lo rumano bizantinizado, Arbore, s. XV). Otro modo es el esgrafiado, hecho con dos capas superpuestas de revoco de yeso sobre los muros, cada una de distinto color; se traza el dibujo y se pican las partes en las cuales debe quedar visto el color tendido en primer lugar. En España los hay por lo menos del s. XV (Arroyo de la Luz en Cáceres; Segovia, donde se continúan conservando los primitivos del Alcázar en la torre del homenaje, de Juan Guas, s. XV) y también en Italia. Otro tema decorativo de muros lo proporcionan las inscripciones. No todos los tipos son aptos para cubrir grandes zonas, siendo los de mayor efecto decorativo los jeroglíficos egipcios y las inscripciones árabes, aunque también se emplea este tipo de decoración en la Roma clásica y en el Renacimiento y épocas posteriores, sobre todo en obras de carácter conmemorativo. Otra forma de decoración la proporcionan los chapados o placados de mármoles de colores (Roma, románico y gótico toscano), así como también de piedras de coloración diversa, bien por hiladas y dovelas de arcos de color alterno, al modo bizantino, o mosaico esquemático, a: la romana, empleado igualmente con las rocas volcánicas de Francia (San Juan de Poitiers, Vezelay), llegando hasta Rumania.5. Plantas y cubiertas. Por la estructura y consecuencias de la planta sobre la cubierta, se distinguen en plantas axiales, de origen adinteladas (aunque después hayan de ir cubiertas por bóvedas), cuya procedencia se remonta a los templos egipcios, con plano cuadriculado para los postes, pilares o columnas, y los originariamente de cúpula (fig. 4). En ambos casos tendremos en consideración la no exigencia de la cubierta, por clima seco o templado, y la cubierta externa (tejado, empizarrado, enlosado, de gran pendiente motivada por la lluvia y la nieve), porque su importancia es tal, que alcanza rasgos dominantes en aspecto, formas y carácter. Con todas estas premisas se trazó el cuadro de la fig. 7: iniciado por la planta cuadrada, originaria de un cubo, con o sin cubierta destacada, en contraste con un cilindro de cubierta empinada (cubos de fortaleza); las dos bóvedas iniciales: cúpula y cañón, sin tejado protector; el tejado sobre un rectángulo y las formas simples características de Grecia y Roma (poco expresivas, por la no representación del pórtico). Le sigue un cubo con exedras en las cuatro caras y cúpula, esquema de lo bizantino, en oposición a las trazas rectangulares anteriores. Después está la planta basilical romana (v. SASÍLICA), que multiplica los ábsides, con o sin crucero; perdurará durante todo el románico, y dará lugar a los dos tipos esenciales de catedral gótica, francés e inglés, con la variante de la simbólica instalación de torres.La casa romana (atrio, peristilo y torre de vistas) es una estructura homogénea de los tipos basilicales (fig. 8). Una planta compleja típica es el monasterio de El Escorial (v.), de traza reflejada en la cubierta, que resulta, en consecuencia, tan llena de accidentes como la planta. La planta de las termas de Caracalla es también un buen ejemplo de traza complicada, en oposición a las simples salas o trazados basilicales. En éstos es único el eje de composición; en las termas los ejes son dos, perpendiculares; y así podríamos continuar en las disposiciones radiales, ramificadas, etc., de las plantas, innumerables por sus diversos destinos, estructuras y disposiciones. Así en teatros, dominará la sala (también el escenario, si está dispuesto para tramoya compleja); en una biblioteca, la sala de lectura sobre los almacenes de libros y oficinas, etc. Pero el final será consecuencia de la suma y buena disposición de los diversos locales. Comoclaros ejemplos de planta simple y compleja, pero impuesto el tema obligado de la cúpula, tenemos la fig. 9, que inicia una cúpula simple de solución, ya no romana, sino románica (San Pedro de Cervera), y la 10, de anillo (Vera Cruz, de Segovia), emparejados a las bizantinas sobre planta cuadrada reiteradas a partir de los s. I-XX, primero simples (con o sin naves laterales) y luego complejas por suma de elementos arquitectónicos iguales. Otro tipo es el de cúpula central combinada con exedras e inscrita en un cuadrado. Según los respectivos tamaños de cúpula y exedras en los últimos casos se traducirán en cubierta según elementos dominantes o serán también allí meras sumas accidentales de elementos arquitectónicos semejantes. Como elemento persistente alcanza máxima importancia el nicho, la exedra de los romanos, al fondo de una sala de recepción (basílicas y termas) o incluso aislado, como símbolo de la grandeza imperial (Adriano, en el llamado estadio de Domiciano). Al fondo de las basílicas persiste como ábside en todo el arte cristiano y es característico del templo interna y exteriormente. La cubierta en terraza, en su forma primaria de maderos, consta de una estera y encima tierra bien apisonada (deahí su nombre); las modernas poseen cámara de aire, aislantes, etc., pero con el mismo nivel de remate horizontal. El tejado de mármol frecuente entre los griegos, losa de piedra de teja plana o curva (árabe), tiene siempre poca pendiente e influye poco en los elementos de planta. Por el contrario la cubierta de gran pendiente (nórdica), tiene que adaptarse a todos los accidentes de la planta, dándoles un relieve de gran expresión. Pueden ser vistas en el interior las armaduras, dando las normas elementales de techo plano (llamado en español alfarje), que puede ir enriquecido con casetones, tallas, pinturas, dorados, etc. El artesonado (v.), típicamente musulmán y mudéjar, con faldón y nudo, en general muy decorado, aparece en horizontal siempre, a diferencia de las armaduras francesas típicas, pensadas en principio para no ser vistas. Cuando se ven, quedan revestidas de tablas, como bóvedas de madera, con los tirantes y piezas verticales aparentes. Los países sin madera larga y con roble abundante, han de utilizar al máximo las piezas curvas, ya en combinaciones graciosas (cottages ingleses) o monumentales (gran sala de Westminster) (fig. 11). Otros modos de cubrir, la mansarda francesa, p. ej., son típicos de países o estilos demasiado precisos para su inclusión en este lugar.
En traza han ido apareciendo ya las bóvedas fundamentales, incluso en sus particularidades (cañón, fig. 3, arista, cúpula con y sin tambor), quedando por analizar la de mayor complejidad: la de crucería. La fig. 12 indica el esquema de conjunto, con sus bóvedas armadas de nervios, grandes ventanales entre los machones, contrarrestados los empujes por los arbotantes (detallados con su decoración encima), apoyados a su vez en los estribos, que valen al mismo tiempo de contrafuertes a las naves bajas. La fig. 13 da el esquema de trazado y la regularización de los espacios entre nervios, que ha de llenar la plementería apoyada en ellos, según superficies regladas, engendradas por líneas rectas apoyadas en sucesivos puntos de los nervios curvos. El trazado inicial simple se presta mucho a toda clase de complicaciones, ordenadas en la figura según líneas horizontales. En la primera, tras el trazado simple va el de terceletes (nervios que parten de los ángulos) y ligaduras (nervios que parten del centro), multiplicando su número las otras dos. La segunda es la serie alemana (sin nervios diagonales) hasta las de retícula. Van en la tercera las estrelladas, de nervios rectos y curvos. Y en la última las de terceletes y su consecuencia en las inglesas "de trompa", o de abanico.Bóvedas y cubiertas modernas. Las técnicas de acero laminado, y, sobre todo, de hormigón, al crear bóvedas y unirlas a impermeabilizantes o forros adaptados a su forma y sin protección auxiliar, crean otros elementos no sometidos a las reglas precisas de cargas y empujes de las arquitecturas históricas, que determinan nuevos aspectos, indicados en esquemas y en los expresivos croquis de Mendelshon, de bóvedas plegadas, colgadas, laminares, de gran novedad y posibilidades tanto técnicas como estéticas (fig. 14).6. Puertas y ventanas. El problema técnico viene dado por la resistencia del dintel, cargado por el triángulo equilátero del muro superior (fig. 15). La solución es la descarga, dejando el hueco (relleno con una piedra en Micenas). Multiplicando dinteles (gran pirámide de Keops) o con la general del dintel o arco de descarga bien oculto (panteón de Roma) o acusado (palacio de Diocleciano en Spalato); elemento éste, seguido ya sin interrupción y que da lugar a los tímpanos románicos y góticos y a la puertaventana (catedrales de Burgos y Reims), dejando vacío el espacio sobre el dintel. Componen ambos elementos arquitectónicos, además de los dichos, las ¡ambas (piezas laterales, enterizas o con despiezo); el umbral en el suelo de la puerta y la peana o alféizar de la ventana. La puerta, dintel o arco es elemento capital en todos los estilos y a ellos corresponden sus particularidades. Lo mismo sucede con las ventanas, que han de cerrarse con carpintería o cristal y dar lugar a las ventanas partidas por maineles, llenos sus arcos de tracerías en el gótico y de ricos cierres de madera en todos los palacios. Se dan algunas soluciones parciales de acortar el dintel en la Edad del Bronce; en tiempos medievales aparecen las ménsulas bajo el dintel.7. Torres y cimborrios. Son también elementos arquitectónicos de gran carácter. Las torres para campanas (iglesias, torres de reloj) o para llamar a la oración con la voz (alminares), van unidas a,la dignidad del templo. En otros casos son como emblemas de dominio (municipios flamencos e italianos), de señorío (torres fuertes de casas aisladas), de fortaleza (torreones y torre del homenaje de los castillos), siempre gran elemento de expresión, nacido por lo menos desde Rávena, para las iglesias (s. vi) y anterior en mucho flanqueando las puertas asirias (s. ix a. C.), con otro elemento, puertas entre torres, continuado en las de ingreso a las ciudades y castillos hasta el s. xvi. Unidas las torres al cimborrio (cuerpo cilíndrico que sirve de base a la cúpula), caracterizaron el templo cristiano desde la dominación visigoda (textos de Mérida y Córdoba, restos de cimborrio en San Pedro de la Nave, Quintanilla de las Viñas y casi completo enSanta Comba de Bande) y sin interrupción por tanto en templos románicos, góticos (las flechas o agujas en éstos acentúan más su importancia), renacentistas o barrocos (también exaltado su remate de manera prodigiosa: Compostela, Santa María la Redonda en Logroño; iglesia de Montserrat, en Madrid; Giralda de Sevilla, sobre un alminar del s. xii). La decoración interna, como el resto de las formas privativas de cada estilo, se hallarán en éstOS (V. ROMÁNICO, ARTE; GÓTICO, ARTE; RENACIMIENTO V; etc.).
F. IÑIGUEZ AL.YECH.
BIBL.: R. ATKINSON y H. BAGENAL, Theory and Elements of Architecture, Londres 1926; J. V. EGLE, Forme e stili in Architettura, Turín 1966; B. FLETCHER, A History of Architecture on the Comparative Method, 8 ed. Londres 1928; J. BELCHER, Essentials in Architecture, Londres 1920; A. CHoisy, Histoire
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