Arquitectura IV. Materiales Arquitectónicos. TECNOL.
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Tecnología
Los m. empleados para y en la construcción de edificios se dividen en estructurales, funcionales y decorativos, siendo factible llegar a otros subgrupos por fusión de éstos. Los materiales estructurales son aquellos que sirven de esqueleto o armazón del edificio, pudiendo quedar expresados al exterior o embellecidos por otros más ricos o decorativos. En este grupo se encuentran, los leñosos, pétreos, cerámicos, y a ellos se han incorporado recientemente los aglomerados y metales. Los funcionales sirven a la utilización o función del edificio. Los más importantes son: los cobertores, es decir, los que cubren los edificios, como la teja, el aluminio, la pizarra, en general la cerámica y otros productos naturales o artificiales, asfaltos, derivados de la madera y fibrocementos. Los específicamente útiles, o sea, los que forman las divisiones interiores, ladrillos, bloques o mamparas de vidrio, madera, metal y yesos, así como los necesarios para crear accesos y que forman las escaleras o los forjados y pavimentos de los pisos, como el amianto virilo y otros tradicionales. Los de cerramiento del edificio, sean cerámicos, pétreos, metálicos o vidrios. Por último pertenecen a este grupo los de servicios, más conocidos arquitectónicamente como instalaciones. Todos los metales, aglomerados y los plásticos, resinas, neoprenos, etc., que se usan hoy día aúncon cierta timidez, se utilizan en fontanería para grifos, conducciones, bajantes o evacuaciones, recipientes, aparatos sanitarios, etc. La electricidad necesita de conductores metálicos, debidamente protegidos y de mecanismos y aparatos que la transformen. Metales y plásticos cumplen perfectamente su función. También se incluye en este subgrupo la calefacción, y hoy, puesto que su empleo se está haciendo general, los acondicionamientos de aire. Recientes investigaciones sobre el tema que nos ocupa nos llevan a intuir que, en el futuro, los derivados de los nuevos materiales resolverán gran parte de los problemas, que ahora se plantean arquitectos y fabricantes.
Los materiales que llamamos decorativos son los que enriquecen, y en último término embellecen, er conjunto de elementos estructurales y útiles del edificio. Nos encontramos en un ciclo histórico de la a. que tiende a la sinceridad de las formas, buscando en ellas la belleza. Un periodo que podríamos titular antibarroco. Es indudable que los materiales decorativos han perdido importancia, refugiándose en los interiores. Chapados, revestimientos pétreos y otros materiales nobles se siguen haciendo en exteriores; sin embargo, las piedras ricas, maderas de calidad en forros y entarimados buenos, metales excelentes, cerámicas y policromías se encuentran en general dentro de los edificios.Si los materiales están por su uso muy ligados a los sucesivos estilos históricos, cabe considerar que también están condicionados a especiales características climatológicas, geográficas e incluso humanas. La sensibilidad del hombre, aun hoy que se está estandarizando, ácepta o rechaza elementos o materiales que le gustan o le disgustan, muchas veces debido a una decantación de esencias tradicionales.Historia. El hombre primitivo, por puro instinto animal, buscó refugio en cuevas o protecciones naturales, que, en virtud de su inteligencia, fue transformando lenta, pero brillantemente. Para esta transformación contó, en principio, con dos materiales: piedra y madera. El primero tendrá siempre sobre el segundo la ventaja de su inalterabilidad y presentación, lo que le convertirá durante siglos en material noble por excelencia. Y aunque un tercero, el barro amasado con paja y secado al sol, pronto se incorporó a los anteriores, nunca dejará de ser considerado, a pesar de su extendidísima utilización por su facilidad de producción y escaso costo, como un material deleznable. La intuición del ser humano le lleva a construir en piedra sus edificios y monumentos perdurables. De ella están construidos dólmenes y tumbas prehistóricas, porque el hombre lleva latente dentro de sí, desde su creación la idea de Dios o Ser Supremo, y de la vida en el más allá. Tiene, por tanto, que construir para Él con materiales que, dentro de las reconocidas incapacidades humanas, se acerquen lo más posible a la idea de eternidad. Idea que cumplen los materiales pétreos, en los que todos los conceptos tradicionales están sufriendo transformaciones insospechadas hasta hace unos años. Los egipcios conocieron esta servidumbre y volcaron sus energías, a costa de grandes sacrificios, en la extracción, acarreo y labra de enormes bloques que, procedentes de Asuán, llevaron a Luxor y a Menfis, para sus templos y tumbas. ¿Qué mejores ejemplos que las pirámides, las tumbas del Valle de los Reyes o el templo de Karnak? Igualmente, casas señoriales y recintos cívicos serán más adelante construidos en piedra, pero nunca hasta el s. xvin tendrán ni la importancia ni la riqueza de los templos.Otras civilizaciones, por sus características geográficas y climatológicas, han tenido que prescindir de la piedra. Éste es el caso de los pueblos lacustres que empleaban leña en sus construcciones, y la de otros como los caldeoasirios, que en la región del Éufrates y el Tigris usaron sistemáticamente el ladrillo y la cerámica vidriada, de los que quedan buenos ejemplos en el Louvre (v.) y en el British Museum (’v.). Es interesante destacar que Grecia, cuna de la civilización y de la arquitectura occidental, comenzó construyendo sus edificios en madera. Este sistema constructivo se refleja claramente en sus órdenes arquitectónicos (v.), dórico, jónico y corintio, que no son sino la transposición en piedra de primitivas formas leñosas. Roma, heredera espiritual de Grecia, no se limitó a repetir disposiciones ya clásicas, sino que, además, por su expansión, manejó con soltura en obras utilitarias, el conocido ladrillo. Arcos y nervios de ladrillo le servían de encofrado perdido, llenando las plementerías o huecos que quedaban, con un nuevo material que usó brillantemente; el hormigón de cementos naturales y cales hidráulicas. La Cloaca Máxima, los Foros, y el Panteón de Roma son buenos ejemplos de estas felices soluciones. Las invasiones bárbaras dieron al traste con todo ello y tendrá que llegar la a. gótica para conseguir un nuevo ideal, por medio de atrevidísimas estructuras pétreas, que a veces ponían en peligro la propia estabilidad del edificio; el triunfo del espíritu sobre la materia. Más tarde en las magníficas cúpulas renacentistas y en las soberbias construcciones barrocas y neoclásicas se seguirán utilizando los materiales ya conocidos.En la segunda mitad del s. XIX aparecen dos materiales que revolucionarán la a. Se trata primero del hierro y posteriormente del hormigón armado. Una de las primeras grandes obras con estructura metálica fue el famoso Crystal Palace de Londres, construido por Joseph Paxton en 1851. La forma normal de empleo de este material es en perfiles obtenidos por laminación, forja o fundición, ensamblados por medio de tornillos o roblones y en la actualidad casi siempre por soldadura. Este material se hace imprescindible en construcciones de cierta altura, por su gran resistencia y su elevado límite elástico, ya que reduce las secciones de trabajo notablemente y tiene además la ventaja de su rapidez de montaje. Rapidez que no tiene el hormigón, pero que al unirse al hierro, formando el llamado hormigón armado, goza de mayores cualidades de duración y adaptación. Monnier demostró en 1867 sus virtudes basándose en que, por una parte, el hormigón resiste magníficamente a la compresión, pero no a la tracción y que, por otra, el hierro se comporta bien ante la tracción, pero en formas esbeltas no resiste la compresión. Posteriormente Hennebique construyó un edificio de hormigón armado en elementos verticales (soportes), horizontales (vigas) y superficiales (losasde pisos). Probablemente uno de los mayores avances de las técnicas de la construcción sea el logro del hormigón pretensado, que comprende a los pre y postensados, así como a los comprimidos. Sometiendo al hierro, que el hormigón llevará en su interior, a una tensión, al ponerse en carga, se consigue anular parte del esfuerzo contrario, por lo que las secciones se reducen notablemente. En túneles y obras especiales se está utilizando mucho el sistema llamado Gunitado, que consiste en proyectar hormigón fino sobre una malla metálica, lo que da un resultado impermeable y resistente. Por último también es muy empleado, entre otros pGr Nervi, el sistema denominado Ferrocemento, que consiste en recubrir con mortero de cemento una tela metálica, produciéndose losas y superficies desarrollables de gran resistencia y ligereza. Estos tipos estructurales permiten una enorme diafaneidad, muy acorde con los deseos de luz, que se puede dominar perfectamente dados los adelantos de la industria del vidrio. A ello también ha ayudado el progreso de las técnicas del aluminio y sus derivados, todo lo cual ha trans’ formado completamente el concepto de fachada. Por último los modernos plásticos, resinas, neoprenos y policloruros resuelven juntas y cubriciones, como las ya populares cúpulas radar.
Hispanoamérica ha usado los materiales conocidos en España, siendo de destacar el éxito que allí tiene el adobe y lo abundante de sus excelentes maderas. En España es vigente todo lo comentado anteriormente, con las consiguientes diferencias regionales. Cataluña y Levante emplean con facilidad y soltura los materiales cerámicos; en Galicia, en cambio, donde abunda el granito, los edificios son de piedra, material muy apropiado para climas lluviosos. En algunas zonas escasas de piedra, como Tierra de Campos y Aragón, ha proliferado el mudéjar (v. MUDÉJARES II), uno de los estilos arquitectónicos más personales e interesantes, en el que el ladrillo es elemento primordial.E. MARTINEZ TERCERO.
BIBL.: F. CHUECA GOMA, Historia de la arquitectura española, Edades Antigua y Media, Madrid 1965; ID, Invariantes castizos de la Arquitectura española, Madrid 1947; F. E. KIDDER, Manual del arquitecto y del constructor, México 1959; LE CORBUSIER, Vers une architecture Nouvelle, París 1938; J. SoTo HIDALGO, Enciclopedia de la construcción, Madrid 1960; D. SuGRAÑES, Tratado completo, teórico y práctico de Arquitectura y Construcción, Barcelona s. a.
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