Argentina Iv. 2 HIST.
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Historia
6. Unionismo y federalismo. Los esfuerzos en favor de una Constitución fueron muchos. Hubo proyectos de Estatutos y de Constituciones en 1819 y 1826; pero todos fracasaron por una incomprensión entre Buenos Aires y las provincias. Por una parte, Buenos Aires era dueño del puerto, de la aduana y de sus rentas. Todas quedaban en poder y provecho de esta ciudad y su provincia. Las restantes provincias no recibían absolutamente nada. En cada una había un caudillo que temía la supremacía de Buenos Aires. Cada caudillo gobernaba paternalmente en su territorio. Una Constitución habría organizado un Congreso, establecido una presidencia y una capital y aprobado leyes: frenos para el poder sin límites de cada caudillo. Buenos Aires era odiada por rica, por poderosa y por querer dominar el país. Las provincias, a su vez, eran detestadas por los porteños y unitarios a causa de sus caudillos intratables y localistas. Las provincias no tenían más rentas que el pago de un impuesto a las carretas que entraban en su territorio. Morían de consunción. Las industrias locales no podían competir con las importaciones excelentes y económicas que llegaban del extranjero. Algunos políticos pedían que Buenos Aires distribuyese sus rentas entre las 13 provincias restantes. Buenos Aires respondía que había sostenido la guerra de la independencia y pagaba las relaciones exteriores. Entre tanto, el país vivía sin Congreso, sin Constitución, sin capital, sin leyes nacionales y sin unión, en guerra permanente de unas provincias contra otras por innumerables motivos. 1820 fue el año más dramático, pues las fuerzas de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe entraron en Buenos Aires e impusieron ciertas exigencias. Para colmo, el caudillo de la Banda Oriental, José Gervasio de Artigas (v.) había difundido sus proyectos de federalismo y había terminado por disgustarse con sus compañeros de ideales, especialmente con Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, que lo derrotó por completo y obligó a huir y refugiarse en el Paraguay, donde murió.Mientras el país se desangraba, San Martín preparaba el ejército de los Andes y obtenía las victorias de Chacabuco y de Maipú, que significaron el dominio de Chile y prepararon la conquista de Perú (v. PERÚ IV). Ésta se realizó entre 1820 y 1821, en que San Martín declaró la independencia de Perú el 28 de julio. La guerra contra los españoles, divididos y debilitados por sus ideas absolutistas ,, liberales, terminó virtualmente el 9 dic. 1824, en la batalla de Ayacucho. En Buenos Aires, gobernaba el general Martín Rodríguez. Su ministro de gobierno y relaciones exteriores era Bernardino Rivadavia, antiguo enemigo de Moreno y de Alzaga, al cual hizo ajusticiar indebidamente, delegado en Europa para buscar un rey y luego ferviente republicano. Rivadavia hizo una serie de reformas. La más criticada, por su regalismo, fue la eclesiástica. Fundó la universidad e impulsó la instrucción pública. El 23 en. 1825 el Congreso sancionó la Ley Fundamental que confirmó la unión de todas las provincias y dio al país el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata. Se abandonaba para siempre la designación dada en el Congreso de Tucumán, de Provincias Unidas de América del Sur. Fue reconocida la independencia de la república de Bolivia (v. BOLIVIA III), con lo cual el antiguo virreinato quedaba definitivamente desmembrado; se creó la presidencia de la república y se declaró a Buenos Aires capital del Estado argentino.En 1826, se aprobó la Constitución de la república A., nombre que terminó por prevalecer. Pero las provincias no aceptaron la Constitución. 33 uruguayos, dirigidos por Juan Antonio Lavalleja (v.), insurreccionaron la Banda Oriental y la proclamaron anexada a la A. Brasil declaró la guerra. El ejército argentino, mandado por el general Carlos de Alvear, venció al imperial de Brasil en Ituzaingó, el 20 feb. 1827, y la armada, dirigida por el almirante William Brown, derrotó a la brasileña el 11 jun. 1826 en Los Pozos y el 9 feb. 1827 en el juncal. En las negociaciones de paz, en Río de Janeiro, el enviado argentino Manuel José García, temeroso de que Brasil continuase la guerra y seguro de que las provincias no ayudarían a Buenos Aires, firmó la entrega de Uruguay (v. URUGUAY III) al Imperio. Esta renuncia, hecha por un país triunfador, fue rechazada, con indignación, por el pueblo de Buenos Aires. Rivadavia renunció y la república quedó nuevamente dividida en provincias desunidas, sin un Gobierno nacional. El federal, coronel Manuel borrego, ocupó la gobernación de Buenos Aires y llegó a un acuerdo con Brasil sobre la base de la independencia de Uruguay. Así nació este nuevo Estado tapón entre A. y Brasil.Los unitarios, que deseaban la unión de las provincias y un Gobierno nacional, no se conformaron. El general Juan Lavalle, que volvía de Ituzaingó, se sublevó en Buenos Aires el 1 dic. 1828 y poco después fusiló a Manuel Dorrego. El general unitario José María Paz dominaba en el norte de A., pero en el Sur Lavalle fue derrotado y llegó a un acuerdo con el estanciero Juan Manuel de Rosas (v.), que disponía de fuerzas en la provincia de Buenos Aires, para elegir gobernador al general Juan José Viamonte, de excelente actuación en tiempos pasados. Pero Viamonte no pudo gobernar y la Junta de representantes de la provincia eligió gobernador a Juan Manuel de Rosas. P-ste exigió, para aceptar el cargo, "las facultades extraordinarias", es decir, autorización para gobernar a su "ciencia y conciencia", sin dar cuenta a nadie de sus actos y con todos los poderes legislativos, judiciales y ejecutivos. La provincia de Buenos Aires, con este acto que la historia no perdona, había renunciado a los ideales de libertad que habían dado nacimiento a la independencia y constituían la esencia de su nacionalismo.Mientras el general Paz triunfaba en el interior sobre Juan Facundo Quiroga, personaje de bárbaros procederes, pero que deseaba la organización del país, y terminaba prisionero, por un accidente, de los federales, Rosas ejercía su primer gobierno. Hizo exequias a Dorrego, decretó el uso obligatorio de una divisa punzó, impuso en las escuelas la enseñanza de la doctrina cristiana, obligó a los extranjeros a incorporarse al ejército, reanudó las relaciones con el Vaticano y en diciembre de 1832 insistió en rechazar su reelección, por lo cual fue elegido gobernador Juan Ramón Balcarce. En cambio, Rosas aceptó dirigir una expedición contra los indios en las llanuras patagónicas. La campaña del desierto no dio resultados prácticos, pues los indios se alejaban y luego volvían a sus lugares; pero permitió a Rosas disponer de un ejército poderoso con el cual imponerse en cualquier instante. R~lientras se hallaba lejos de Buenos Aires, sus partidarios, y en especial su mujer, Encarnación Ezcurra, hicieron una gran campaña en su favor.El 11 oct. 1833 hubo una revuelta en la ciudad que se llamó de los Restauradores. Balcarce terminó su mandato y fue elegido por segunda vez Viamonte. Su gobierno, bueno en muchos aspectos, no pudo impedir la fundación de la Sociedad Popular Restauradora o Mazorca, emblema de la espiga de maíz y de la unión de sus granos o integrantes, institución que perseguía a los no rosistas con ataques personales y la muerte. Viamonte tuvo que renunciar en junio de 1834 y fue elegido el Dr. Manuel Vicente Maza. El país seguía convulsionado. Los gobernadores de Tucumán y de Salta se hallaban en lucha. Maza encomendó a Quiroga que fuese a pacificarlos. Al volver de su largo viaje, en la provincia de Córdoba, en el punto denominado Barranca Yaco, fue asaltado y muerto junto con sus acompañantes. Rosas hizo una investigación y un proceso del cual resultaron culpables el gobernador de Córdoba, José Vicente Reinafé, y sus hermanos, además de los ejecutores materiales del crimen; pero la voz popular atribuyó la instigación del asesinato a Rosas y, en parte, al gobernador de Santa Fe, Estanislao López. Quiroga quería organizar el país, convocar un Congreso, fijar una capital, aprobar una Constitución, y todo esto no convenía a Rosas. Otros muchos detalles acusan a Rosas de esa instigación.La muerte de Quiroga conmovió al país. La Legislatura de Buenos Aires, integrada por rosistas, eligió a Rosas gobernador. Rosas renunció, pero terminó por aceptar, si se le otorgaba totalmente el poder público. Volvió a tener todos los poderes en sus manos y empezó su segundo gobierno el 13 abr. 1835. Inició el proceso, al cual nos referimos, por el asesinato de Quiroga; restableció la Compañía de Jesús, expulsada en 1767 y vuelta a expulsar por él, poco más tarde; se rodeó de bufones, como el "loco" Eusebio de la Santa Federación; persiguió bárbaramente a los unitarios; la Mazorca aterrorizó la ciudad; la efigie de Rosas fue colocada al lado de los altares; decretó un "luto federal" de dos años por la muerte de su mujer, a la cual se llamó la "Heroína de la Federación"; hizo fusilar al sacerdote Vladislao Gutiérrez y a su compañera Camila O’Gorman, por haber huido juntos; protestó por la toma de las Malvinas por los ingleses, el 2 en. 1833, pero no envió ningún barco a expulsar a los invasores y ofreció las islas a Gran Bretaña a cambio del empréstito obtenido de la casa Baring Brothers; dejó a las provincias del Norte que solucionasen por sí mismas una guerra con Bolivia; invadió la república de Uruguay, para que sus enemigos unitarios no estuviesen tan cerca de Buenos Aires; y se alió al ejército del ex presidente Manuel Oribe (v.) que pretendía recuperar el poder. La intervención de un gobernador de una provincia argentina en un país extranjero, sin motivos, no agradó a otros gobernadores y pareció una injusticia a los uruguayos y a las naciones de Europa y América. Francia e Inglaterra, que se habían comprometido a asegurar la independencia de Uruguay, se vieron obligadas a establecer el bloqueo en la zona del Río de la Plata.La intervención extranjera en A. ha sido distorsionada en sus muchas interpretaciones. Se ha presentado a Francia y a Inglaterra como deseosas de establecer colonias en esta parte de América, dado que en ese tiempo las conquistaban en otras partes del mundo. Las más severas investigaciones no han hallado la más mínima prueba de que tuvieran esa intención. El primer bloqueo francés, de marzo de 1838 a octubre de 1840, se debió a las protestas de Francia por los ataques a residentes franceses, sus prisiones y la obligación de servir en el ejército, que no se imponía a los ingleses, etc. El segundo bloqueo, de septiembre de 1845 a julio de 1847, se debió a la invasión de Uruguay por las fuerzas de Rosas. Los franceses continuaron el bloqueo hasta junio de 1848. Montevideo resistió todos los ataques. Los intelectuales argentinos, en su totalidad, hasta los que, en un comienzo, habían creído en Rosas y elogiado sus primeros pasos, estuvieron en contra del dictador. Sólo escribió en su favor un italiano, del reino de Nápoles, antiguo masón y liberal traído por Rivadavia que, una vez caído éste, se puso a las órdenes de Rosas y, apenas derribado Rosas, pretendió servir a sus vencedores. Tenía cierta cultura y se llamaba Pedro de Angelis. Los escritores argentinos fundaron la Asociación de Mayo y luego, en Montevideo, se dedicaron a escribir en su contra. Eran los nombres ilustres de Sarmiento, Alberdi, Mitre, Rivera Indarte, Esteban Echeverría, los Valera, los Gutiérrez, José Mármol y otros muchos cuyas obras, en docenas de volúmenes, aún no han sido superadas en A.Rosas difundió el terror, las confiscaciones y las proscripciones. Quienes podían se trasladaban al extranjero. En Corrientes se levantó Berón de Astrada y fue degollado. En la provincia de Buenos Aires hubo una fuerte revolución con Castelli, Rico, Cramer y otros a su frente. El antiguo amigo de Rosas, el Dr. Manuel Vicente Maza, ex gobernador y presidente de la Legislatura y del Supremo Tribunal de Justicia, fue degollado; su hijo, fusilado. Lavalle emprendió una cruzada libertadora que terminó por fracasar. Las provincias del Norte se coaligaron contra Rosas, pero fueron vencidas por el uruguayo Oribe y otros jefes rosistas. El general Paz volvió a combatir a Rosas, pero, por complicaciones con la provincia de Corrientes, tuvo que retirarse después de magníficos triunfos. Puede decirse que no hubo una sola provincia argentina que, tarde o temprano, no se sublevara contra Rosas. El hecho es que todas ellas sufrían el aislamiento comercial que imponía el puerto de Buenos Aires: única entrada al país y única fuente de recursos que quedaban exclusivamente en Buenos Aires. Rosas, con la excusa de hacer respetar la soberanía nacional, impedía el comercio de las provincias con el exterior. Hasta llegó a colocar cadenas en el río Paraná, de orilla a orilla, para impedir que naves de otros países introdujeran comercio, riqueza, cultura y colonización. Estas cadenas, en la Vuelta de Obligado, fueron rotas, tras un combate heroico por ambas partes, por las fuerzas de Francia e Inglaterra que, sin ninguna intención de guerra, llegaron hasta Paraguay, a ofrecer mercancías y comprar productos. La política de Rosas puso al país al borde de la disgregación. Rosas había obtenido de los gobernadores de provincia la representación de las relaciones exteriores. Gobernaba como un presidente o un rey hasta que la provincia de Entre Ríos, harta de vivir en la miseria, como todas las demás, y de esperar inútilmente que el país estuviese en condiciones, como prometía Rosas, de tener un Congreso, una Constitución y una unidad, se pronunció en contra de Rosas, por obra de su gobernador, Justo José de Urquiza, el 1 mayo 1851.7. Congreso de Santa Fe. El general Urquiza, que había servido fielmente a Rosas, comprendió que la desorganización nacional, en provecho exclusivo de Rosas y del grupo porteño que lo rodeaba, sería eterna; buscó por ello la alianza de Brasil, que contribuyó con unos 4.000 hombres y un empréstito; organizó un ejército de 30.000 hombres, en el que también entraron unos pocos uruguayos; cruzó el Paraná y el 3 feb. de 1852 desbandó por completo los 22.000 hombres de Rosas en Monte Caseros. Rosas huyó a caballo, a Buenos Aires, se refugió en la casa del encargado de negocios de Gran Bretaña y en un bote llegó a una nave inglesa. Vivió hasta su muerte en Gran Bretaña, dedicado a trabajos rurales, y murió en Southampton el 14 mar. 1877, a los 84 años. La primera tiranía de A. había terminado. Urquiza entró en Buenos Aires. El 19 feb. 1852 hubo un gran desfile. Ajustició a unos mazorqueros asesinos y en días y semanas hizo lo que Rosas no había querido o sabido hacer en 20 años. Nombró a Vicente López y Planes, el autor del himno, gobernador provisional de Buenos Aires; recibió de las provincias la representación de las relaciones exteriores y reunió en la población de San Nicolás, el 29 de mayo, a diez gobernadores de provincia, que convinieron en reunir un Congreso en Santa Fe, nombrar un presidente constitucional y suprimir las aduanas interiores.En Buenos Aires no existía Rosas, pero existían los rosistas y los intereses que creaba el puerto. Los actos de Rosas parecieron dictatoriales. La provincia de Buenos Aires no quería perder la ciudad y que ésta se convirtiera en capital de todas las provincias, o sea, capital federal, ni repartir con todas las provincias los enormes ingresos de la aduana. La legislatura provincial, surgida de comicios libres, discutió el acuerdo de San Nicolás y terminó por rechazarlo. El gobernador López renunció. El 11 sept. 1852 estalló una revolución en contra de Urquiza. El general Paz fracasó en su misión de conseguir la adhesión de las provincias a la nueva causa de Buenos Aires, de una organización sin Urquiza. El coronel Lagos sitió a Buenos Aires, lo mismo que el almirante norteamericano al servicio de Urquiza, John Coe, pero los porteños sobornaron a Coe, se apropiaron de la escuadra, las tropas de Lagos desertaron y Urquiza volvió a su provincia de Entre Ríos. No perdió el tiempo. El Congreso se instaló en Santa Fe el 20 de noviembre y el 1 mayo 1853 sancionó la Constitución por tantos años esperada. Se hizo sobre un libro titulado Bases y un proyecto enviado desde Chile por el abogado argentino Juan Bautista Alberdi.El país quedó dividido entre la Confederación, que unía todas las provincias y Buenos Aires. Urquiza fue elegido presidente de la Confederación en las elecciones del 20 feb. 1854. Fundó colonias agrícolas, colegios y escuelas, nacionalizó la Univ. de Córdoba, envió comisionados al Vaticano, que creó la diócesis del Litoral; pero no pudo impedir choques con Buenos Aires. Hizo retirar en Cepeda al ejército mandado por Mitre (v.) y llegó hasta los suburbios de Buenos Aires. Un pacto firmado en San José de Flores el 11 nov. 1859 pareció asegurar la paz. La Constitución fue reformada. La capital siguió sin designar, con sede provisional de las autoridades en la capital de la provincia de Buenos Aires, o sea, en esta ciudad. El Dr. Santiago Derqui fue elegido presidente. En San Juan, una revuelta asesinó al gobernador José Virasoro, amigo de Urquiza, y subió al poder Antonino Aberastain, amigo de Mitre. El interventor designado por Derqui, Juan Sáa, hizo fusilar a Aberastain. Otras complicaciones, en las elecciones de diputados, provocaron la ruptura. Mitre, al frente del ejército de Buenos Aires, venció terminantemente a Urquiza en la batalla de Pavón, el 17 sept. 1861. Urquiza se retiró a Entre Ríos. Derqui renunció y Mitre quedó al frente de la nación. Las elecciones de 1862 dieron el triunfo a Mitre, como presidente, y Marcos Paz como vicepresidente. El poder de Urquiza había terminado y empezaba la era de Mitre.El nuevo presidente, historiador ilustre, numismático, lingüista, poeta, novelista y periodista, además de general y técnico en artillería, fue el constructor de la A. moderna. El país progresó en todos los sentidos; pero una revolución en Uruguay y la consiguiente intervención de Brasil, que veía sus fronteras violadas a cada instante por los combatientes de ambos bandos, determinaron al presidente de Paraguay, Francisco Solano López (v.), a declarar la guerra al Imperio de Brasil. López pidió a Mitre autorización para cruzar con su ejército las provincias y territorios argentinos y atacar a Brasil en puntos vitales. Un permiso semejante habría convertido de hecho a la A. en aliada de Paraguay. Mitre se negó y López invadió la provincia de Corrientes y se llevó a Asunción los barcos anclados en el puerto. Luego declaró la guerra. A. se vio impulsada a la guerra para recuperar su provincia y detener un ejército mandado por el teniente coronel Juan Estigarribia que avanzaba hacia Buenos Aires. El 1 mayo 1865 firmó un tratado de alianza con Brasil y Uruguay. La guerra llamada de la Triple Alianza (v.) duró cinco años. Mitre se puso al frente del ejército aliado. Hubo combates terribles, como el de Estero Bellaco, del 2 mayo 1866; el de Tuyutí, del 24 del mismo mes, en que los paraguayos perdieron 14.000 hombres y los aliados 4.000; Yataití Corá y Boquerón. El 12 sept. 1866, Mitre y López se encontraron para tratar la paz. Mitre exigió a López su renuncia; pero López se negó y la guerra continuó. En el ataque a Curupaití, bombardeado inútilmente por las naves brasileñas, el ejército aliado sufrió una inmensa derrota. Mitre tuvo que volver a Buenos Aires para dirigir la represión de las montoneras traidoras que se habían levantado en algunas provincias en favor de Paraguay. Curupaití y Humaitá fueron vencidas. López resistió siete días en Lomas Valentinas, del 21 al 27 dic. 1868. Otro triunfo aliado en Angostura y toma de Asunción el 1 en. 1869. Entre tanto, en A., las elecciones dieron la victoria al escritor y sociólogo Domingo Faustino Sarmiento (v.), el cual asumió el cargo el 12 oct. 1868. López se atrincheró en Cerro Corá, dispuesto a una resistencia suicida, después de haber fusilado a un hermano, maltratado a su madre y cometido otros actos inconcebibles; fue muerto por soldados brasileños el 1 mar. 1870. A. solucionó sus límites con Paraguay por medio del fallo del presidente de los Estados Unidos, Rutherford B. Hayes, el cual favoreció a Paraguay.8. Capitalidad de Buenos Aires. Urquiza murió asesinado por hombres de Ricardo López Jordán en su palacio de San José el 11 abr. 1870. Sarmiento, que se había reconciliado con Urquiza, persiguió a los asesinos. Su gobierno se distinguió por el desarrollo de la instrucción pública. Su obra administrativa y social fue enorme. Al final de su gobierno tuvo que reprimir una revolución de Mitre el 24 sept. 1874. Los mitristas sostenían que había habido fraude en las elecciones que dieron el triunfo al Dr. Nicolás Avellaneda, brillante escritor y orador. Avellaneda realizó un buen gobierno. En 1876 encomendó al general julio Argentino Roca una campaña contra los indios del desierto. La campaña culminó en 1879 y significó la solución definitiva del problema indígena y el fin de los malones que arrasaban estancias y pueblos enteros. Cuando se aproximaron las elecciones, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, jurista eminente, Dr. Carlos Tejedor, hizo una revolución para alcanzar la presidencia. La revolución fue vencida y el presidente Avellaneda aprovechó la ocasión para hacer declarar por el Congreso a la Ciudad de Buenos Aires capital federal de la república el 21 sept. 1880. La capital de la provincia pasó a ser capital de todas las provincias. Un pleito secular, fuente de innumerables guerras civiles, se solucionó para siempre. El campeón de la prédica en favor de la capitalización de Buenos Aires había sido el Dr. Juan Bautista Alberdi. De 61 puede decirse que dio a la A. su Constitución y su capital.9. Conservadores y radicales. Elegido el general Roca, el país entró en una era de enorme progreso y riqueza. Se votó la ley del Registro civil y la enseñanza laica. Las relaciones con la Santa Sede estuvieron interrumpidas desde 1884 hasta 1900. La educación recibió grandes impulsos. En 1886 le sucedió su concuñado, el Dr. Miguel Juárez Celman. Su gobierno coincidió con una euforia comercial y económica que encontró la crisis mundial de 1890. Hubo gran cantidad de quiebras; se produjo el pánico en la Bolsa; el pueblo protestó en manifestaciones; Leandro Alem, tribuno, poeta y periodista, fundó la Unión Cívica Radical que organizó una revolución armada. Juárez Celman logró dominarla, pero tuvo que renunciar a la presidencia y le sucedió el vicepresidente, Dr. Carlos Pellegrini, fundador del Banco de la Nación, de la Caja de Conversión, del jockey Club, de la Escuela Superior de Comercio, del Museo Histórico Nacional, del Jardín Botánico y del jardín Zoológico. En 1892 entró a gobernar el doctor Luis Sáenz Peña, hombre de talento, pero de carácter difícil, que tuvo que hacer frente a la presión política del partido radical, fundado por Alem y dirigido, después de su suicidio, en 1896, por su sobrino, Hipólito Yrigoyen (v.).Entre 1895 y 1898 fue presidente el Dr. José Evaristo Uriburu. El país vivió una época de abundancia y se inauguraron los edificios de la Facultad de Medicina y del Museo de Bellas Artes. Roca volvió a ser elegido en 1898.. Gobernó hasta 1904 y solucionó definitivamente la cuestión de límites con Chile (v. CHILE III). Fue sancionada la ley del servicio militar obligatorio y se tomaron medidas de expulsión contra los primeros anarquistas que llegaron al país y empezaron a colocar bombas. El Dr. Manuel Quintana gobernó de 1904 a 1906. Tenía 80 años. Los ferrocarriles se extendieron grandemente, la inmigración y la riqueza aumentaron. A su muerte le sucedió el vicepresidente, de 45 años, Dr. José Figueroa Alcorta. El Congreso quiso obstaculizar su acción gubernativa, pero 61 lo cerró y el público aplaudió la medida. Reformó la marina de guerra, que fue la primera de América del Sur, hizo frente a los atentados de los terroristas y presidió los festejos del centenario de la independencia, en 1910. A ellos concurrió, en representación del rey de España, Alfonso XIII, la infanta D.a Isabel.El 12 oct. 1910 comenzaron a gobernar el presidente Dr. Roque Sáenz Peña y el vicepresidente Dr. Victorino de la Plaza. Sáenz Peña, hijo del ex presidente Luis Sáenz Peña, había combatido como voluntario en Perú, en la guerra contra Chile, y era hombre de gran talento. Comprendió que las aspiraciones del partido radical, tendentes a implantar el voto obligatorio, libre y secreto, eran justas y logró la promulgación de la ley electoral en febrero de 1912. Las primeras elecciones de diputados dieron el triunfo al partido radical en 1914. Las segundas elecciones, para presidente, llevaron al poder a Hipólito Yrigoyen, jefe del partido radical. El país tenía entonces unos ocho millones de hab., de los cuales millón y medio vivía en Buenos Aires. Antes de estos hechos, en 1914, murió Roque Sáenz Peña y le sucedió el vicepresidente V. de la Plaza. Tanto él como Yrigoyen mantuvieron neutral la república durante la I Guerra mundial. El radicalismo transformó la política y desplazó a los partidos conservador, demócrata progresista y socialista. Fue muy discutido por la extraña personalidad del presidente y tuvo que hacer frente a huelgas obreras, algunas muy serias como la llamada Semana trágica del 9 al 12 en. 1919. No obstante, el país siguió avanzando en su riqueza y en su cultura.A Yrigoyen sucedió, el 12 oct. 1922, el Dr. Marcelo T. de Alvear, del partido radical, pero de principios conservadores. Su gobierno mereció grandes elogios por sus grandes obras. Las elecciones de 1928 llevaron otra vez a la presidencia a Hipólito Yrigoyen. El viejo presidente había cambiado mucho y estaba rodeado por otra gente, muy inferior a la de su primera presidencia. Su gobierno coincidió con la crisis mundial de esos años. Los desaciertos fueron graves. En las elecciones de renovación de la Cámara de diputados triunfaron ampliamente los socialistas. El pueblo estaba cansado de conservadores y de radicales yrigoyenistas. El 6 sept. 1930 estalló una revolución dirigida por el general José Félix Uriburu, hombre de cultura y de sanas ideas. El gobierno de Uriburu salvó al país de muchos desastres y convocó elecciones el 8 nov. 1931. Triunfó el general e ingeniero Agustín P. Justo, que empezó a gobernar el 20 feb. 1932. Su gobierno fue uno de los mejores desde los tiempos de Mitre, Sarmiento y Roca. Embelleció la ciudad de Buenos Aires, fomentó la alta cultura, hizo grandes edificaciones, etc. Dejó en 1938 la presidencia al Dr. Roberto M. Ortiz, ya enfermo, aunque joven, que murió en 1940.Se hizo cargo del gobierno el vicepresidente, el profesor de Derecho y Dr. Ramón S. Castillo. Con él volvieron los elementos conservadores que prepararon una elección impopular. Castillo, además, se empeñó en conservar la neutralidad de A. frente a la opinión general del país que era contraria al nazismo y al fascismo. En el ejército, dominado por fuerzas germanófilas, se incubó una revolución que estalló el 4 jun. 1943. El ejemplo de 1930 daba sus frutos. Jefe del movimiento fue el general Arturo Rawson. A los pocos días, un movimiento interno lo sustituyó por el general Pedro Pablo Ramírez, que se vio forzado a romper las relaciones diplomáticas con Alemania y Japón. Otra conspiración de cuartel llevó a la presidencia al general Edelmiro J. Farrell.10. Peronismo. En este tiempo empezó a destacarse en la Secretaría de Trabajo y previsión el coronel Juan Domingo Perón (v.). Sus fallos eran siempre favorables a los obreros y contrarios a los patronos. Las masas obreras empezaron a vitorear su nombre. En sus campañas demagógicas lo acompañaba su mujer, una ex artista de teatro. Fue detenido en la isla de Martín García; pero una imponente manifestación popular exigió su liberación el 17 de octubre. Por fin, las elecciones del 24 feb. 1946 lo llevaron a la presidencia. Había triunfado un partido nuevo, formado eón hombres y mujeres de todas las tendencias, que veían en el nuevo conductor a un hombre que aumentaba constantemente los sueldos, que atacaba a las clases cultas y que promovía una división profunda en el pueblo argentino.La época peronista es demasiado reciente para ser juzgada por la Historia. Pero a veces la Historia, lejos de los acontecimientos, fundada tan sólo en documentos oficiales e informada por testimonios interesados, puede hacerse una idea muy distinta de lo que fue la verdad. Los discursos del presidente y su mujer se encuentran en todos los diarios argentinos y en libros y en el futuro no podrán desmentirse sus incitáciones a la violencia, al odio contra los ricos y cultos y a la persecución de los no peronistas. La más insignificante delación de un empleado o de una persona de servicio bastaba para llevar a la cárcel a sus patrones. Profesores eminentes, jefes de museos y departamentos científicos fueron sustituidos por personas sumamente inferiores. La inflación no se detenía. Los aumentos continuos de salarios disminuían rápidamente el valor de la moneda. El tesoro de la nación, el más rico de América después del de los Estados Unidos, se agotó en una propaganda exagerada y desapareció en forma que coincide con las fortunas que tienen ciertas personas en el extranjero. La división de pobres y ricos, que jamás había existido en A., se hizo profunda y terrible. El país conoció lo que nunca había conocido: el odio de clases. El Gobierno pareció favorecer en un principio a la Iglesia. Más tarde insultó y persiguió a los sacerdotes. El edificio de la Curia y las principales iglesias y conventos de Buenos Aires fueron incendiados. También se destruyeron con el fuego los clubs más aristocráticos, que poseían bibliotecas y obras de arte valiosas, y las sedes de los partidos políticos no peronistas. Los escándalos de todo género y los discursos enloquecidos hicieron la vida imposible.11. Revoluciones posteriores. El 16 sept. 1955 el general-católico Eduardo A. Lonardi encabezó una revolución.Se combatió en muchas ciudades. Perón se refugió en una cañonera paraguaya, se fue a Asunción y luego a Caracas, Panamá, Santo Domingo y finalmente a España. En 1973 volvió a A., donde murió el 1 jun. 1974. Otros magnates de las finanzas salieron del país con sumas enormes. El general Lonardi fue sustituido al poco tiempo por el general Pedro Eugenio Aramburu. Era vicepresidente el almirante Isaac E Rojas, que había sublevado la escuadra y contribuido decisivamente a la caída de Perón. El general Valle preparó una revolución, pero fue fusilado junto a otros conspiradores. Un retorno del peronismo (v. JUSTICIALISMo), en esos momentos, habría significado un caos en el país.Las elecciones del 23 feb. 1958 dieron el triunfo al Dr. y prof. Arturo Frondizi (v.). Hizo una buena presidencia, pero algunos elementos militares lo hicieron prisionero. Frondizi no renunció. Gobernó como presidente, con el apoyo militar, el vipresidente Dr. José María’ Guido. Unos generales querían eliminar toda reacción peronista, pero lo impidió el general Juan Carlos Onganía, de origen italiano, que convocó elecciones libres el 7 jul. 1963. Los radicales volvieron al poder con el médico Dr. Arturo H. Illia. El nuevo Gobierno se apresuró a anular los contratos petroleros con compañías extranjeras. La medida, aparentemente nacionalista, fue un grave error, pues el país no podía prescindir de esas colaboraciones. Hubo que comprar petróleo en el exterior y dejar perder el propio. Otros desaciertos políticos dieron origen a una revolución, cuya fecha exacta de estallido empezó a conocerse meses antes y que se concretó el 28 jun. 1966 con la toma de la sede del Gobierno y la invitación al presidente de irse a su casa. Jefe de la revolución fue el general Juan Carlos Onganía.El nuevo Gobierno tuvo sus aciertos al suprimir o modificar profundamente la ley de alquileres, que prohibía el aumento de los mismos mientras la inflación alcanzaba límites increíbles. El valor del peso se modificó adecuándolo a las circunstancias y la economía se fortaleció. En cambio, suprimió los partidos políticos y algunas universidades, mientras movimientos populares de estudiantes comunistoides y elementos obreros causaban enormes destrozos en las ciudades de Córdoba y Rosario en 1969, sin ninguna razón y sólo por el placer de destruir. Así, J. C. Onganía es derrocado el 18 jun. 1970 por el teniente general Alejandro Lanusse, quien nombra presidente a Roberto Livingston, que a su vez es derrocado por los militares el 24 mar. 1971. Estos nombran nuevo presidente a A. Lanusse, quien convoca elecciones libres a la presidencia de A., aunque se opone a que Perón entre en el país. Sin embargo, las elecciones celebradas el 11 mar. 1973 las gana el peronista Héctor Cámpora, quien asume la presidencia el 25 mayo 1973 y dimite antes de dos meses, el 13 julio; así prepara el camino para la vuelta a A. de Perón. En efecto, tras un mandato interino del también peronista R. Lastrivi, presidente de la Cámara de los Diputados, Perón gana los nuevos comicios celebrados el 12 oct. 1973. Pero durante su mandato, que duró hasta su muerte (1 jun. 1974), Perón con su demagogia no pudo resolver, contra las esperanzas de gran parte del pueblo, los graves problemas que el país tenía planteados. Le sucedió, de acuerdo con la Constitución, su esposa, vicepresidente, M.a Estela de Perón, a quien se le sumaron, a los problemas heredados, la creciente desunión de su partido, además de la corrupción administrativa. Por lo que el inevitable golpe de Estado, que era un secreto a voces, se materializó el 24 mar. 1976 y llevó a la presidencia de la nación al general J. R. Videla.Entre tanto, A., con más de 25 millones de hab., de los cuales cerca de nueve viven en Buenos Aires y sus alrededores (el Gran Buenos Aires), es uno de los países más cultos, ricos y de mayor renta por persona del continente americano. El petróleo y las minas se explotan con intensidad. La red de carreteras aumenta constantemente, la producción científica, artística y literaria sobresale en América. Crecen las líneas de aviación, vapores y coches, aunque no las ferroviarias. Varias poblaciones superan hoy los 250.000 hab. A. tiene pendiente dos asuntos internacionales: la recuperación de las islas Malvinas, que ocupa Gran Bretaña, y el conflicto del canal de Beagle con Chile. V. t.: AMÉRICA IV, 1; INDIOS; HISPANOAMÉRICA II Y 111.ENRIQUE DE GANDÍA.
BIBL.: J. B. LAFONT, Historia de la Constitución argentina: colonia, revolución, independencia, Buenos Aires 1935; J. L. ROMERO, Las ideas políticas en la Argentina, México-Buenos Aires 1946; R. LEVENE, Argentina desde la constitución nacional hasta nuestros días, en Historia de, América, X, Buenos Aires 1947; V. GUERRERO, Alem, Buenos Aires’ 1951; E. PALACIOS, Historia de la Argentina, 1515-1938, Buenqs Aires 1954; V. D. SIERRA, Historia. de la Argentina, Buenos Aires 1956-57; G. G. LEVENE, Historia argentina. Panorama costumbrista y social desde la conquista hasta nuestros días, Buenos Aires 1964; E. DE GANDÍA, Historia de las ideas políticas en la Argentina, Buenos Aires 1966.
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