Argentina I GEOG.
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Geografía
1. Generalidades. Por sus dimensiones (2.791.810 Km2) se sitúa entre las 10 naciones más grandes del globo, la cuarta en América, y la segunda por su dimensión y sus habitantes en América del Sur, todo esto sin considerar los 965.314 Km2 de la Antártida sobre los cuales A. reclama su mejor derecho. A. ocupa el extremo meridional atlántico de Sudamérica. Tiene la forma de un triángulo cuyo vértice más agudo apunta hacia el Polo Austral. En toda delimitación predominan las fronteras naturales. Al O, la cordillera de los Andes la separa de Chile y Bolivia. Al E, sus costas están bañadas por el océano Atlántico desde el Río de la Plata hasta Tierra del Fuego. Al* N, los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Uruguay la separan de los otros Estados del Plata y de su vecino septentrional, el Brasil. Su dilatada superficie se extiende de N a S por espacio de 3.765 Km., desde las tórridas tierras tropicales de Jujuy (21’ 46’ S) hasta las estepas frías de Tierra del Fuego (55° 58’ S). En el sentido transversal su máxima extensión es de 1.215 Km. que separan las cumbres andinas de las costas atlánticas; en el extremo S alcanza sólo 150 Km. A pesar de su extensión, el relieve es homogéneo: el norte y el centro son vastas llanuras; el sur, una gran meseta. Ambas unidades se apoyan al occidente en la cordillera de los Andes. Más llamativo que sus formas son los rasgos del clima y, en particular, la franja diagonal árida que atraviesa el país como una bandolera, desde Catamarca, al pie de los Andes del NO, hasta Chubut atlántico, en la Patagonia. A ambos lados de esta diagonal árida, es decir, hacia el oriente en el N y hacia el occidente en el S, las precipitaciones aumentan progresivamente. El clima templado reina sobre más de 1/3 del territorio. Las lluvias aportadas por las masas de aire atlántico permiten el desarrollo de cultivos no irrigados en una extensa franja del territorio. A. tiene una indiscutible vocación agrícola que ha desarrollado desde el tercer cuarto del s. xix, orientándola a la ganadería y al cultivo de cereales con fines de exportación.El desarrollo de la producción agropecuaria fue paralelo a una importante expansión demográfica alimentada por una masiva inmigración europea que comenzó a mediados del s. xIx. Su población era de 27.022.531 hab. en 1979, pero su tasa de crecimiento tiende a disminuir (1,3%, 1970-76). La mayor parte de la población es urbana (83%), lo que deja extensas zonas casi vacías. La densidad media del país es de sólo 9 hab/Km2. Esta débil ocupación se entiende si se considera que A. es tan grande como toda Europa occidental y que la ocupación de un vasto sector del país es muy reciente. La llegada de capitales extranjeros y el esfuerzo nacional han permitido impulsar la industrialización. Los núcleos principales de industrias están en la región del Bajo Paraná y Río de la Plata. La procedencia de los capitales, lo reducido del mercado y la deficiente infraestructura hacen todavía frá= gil esta industria, pero ella ha permitido, junto a la agricultura, elevar el standard de vida de la población a índices muy satisfactorios comparados con el medio iberoamericano (US$ 600 per cápita en 1965).2. Bases físicas. Alargada de N a S, desde el trópico a las cercanías de las latitudes polares, enmarcada de E a O entre la cadena andina y el Atlántico, A. presenta una gran variedad de paisajes físicos que se pueden ordenar, grosso modo, en tres franjas: una franja septentrional, que incluye, de O a E, la alta meseta árida de la Puna argentina, los oasis tropicales que se dispersan a sus pies, el parque chaqueño con sus selvas en galería y la tupida selva Misionera. Una franja austral, ocupada al O por la montaña andina húmeda y boscosa y al E por la inmensa y desolada meseta Patagónica. Al centro, entre las dos franjas precedentes, la cordillera Andina remata del lado oriental en las Sierras Pampeanas orladas por fértiles oasis. Hacia el oriente se extienden las vastas y monótonas llanuras de la Pampa.A. Estructura. El cratón Sudamericano, es decir, el bloque continental de América del Sur con excepción de las cadenas montañosas, está dividido en dos partes (escudo Brasileño y macizo Patagónico) por una cadena de edad Paleozoica, orientada de NO a SE. Los testigos más importantes de esta cadena paleozoica emergen en la parte sur de la provincia de Buenos Aires con el nombre de sierra de la Ventana y sierra del Tandil. La cordillera de los Andes bordea el sector occidental del cratón Sudamericano. Todo el sector andino situado al S de la Puna, árida y volcánica, hasta el estrecho de Magallanes aproximadamente, tiene una definida dirección N-S. Desde allí, una pronunciada curvatura la ordena en sentido NO-SE y la cordillera se relaciona con el arco insular de Scotia. Así, se distinguen claramente en la estructura argentina dos sectores: un área extracordillerana y la cordillera de los Andes.a. El área extracordillerana. Incluye las sierras Bonaerenses, el sector meridional del macizo Brasileño y el macizo Patagónico. Las sierras Bonaerenses están compuestas fundamentalmente de rocas intrusivas, metamórficas y eruptivas; comprenden el sistema de Tandil y el de la Ventana. La sierra de Tandil, que es la más septentrional, culmina a 524 m. de altura en el cerro La Juanita. La sierra de la Ventana es mucho más alta, culmina a 1.239 m. en el cerro Tres Picos. Estas dos serranías fueron levantadas en forma de compartimientos fracturados. Como resultado de estos esfuerzos orogénicos se generaron a ambos lados dos depresiones tectónicas, rellenadas posteriormente por materiales sedimentarios: la fosa del río Colorado, al S, y la fosa del río Salado, al N. El escudo Brasileño aflora en pequeñas extensiones en A. septentrional; como en Uruguay, está en su mayor parte cubierto por loess y limos de origen eólico y Edad Cuaternaria. El macizo Patagónico constituye el basamento de toda la A. meridional. Como el macizó Brasileño, es el resto de una vieja masa continental, en su mayor parte cubierto por potentes series sedimentarias. Bajo ellas se observan rocas graníticas, análogas a las que forman el basamento de la Pampa, y pórfidos que afloran localmente en la costa atlántica y en el territorio de Río Negro. Estos dos sectores del basamento antiguo testimonian una gran estabilidad a lo largo del tiempo geológico, porque las series sedimentarias del Primario, Secundario y Terciario que los cubren, se encuentran horizontales. Durante el Mesozoico y el Cenozoico estos dos macizos sufrieron la acción de grandes efusiones volcánicas de tipo basáltico, que cubren un vasto sector del macizo Brasileño y de la meseta Patagónica, e invasiones del océano, que se pueden observar en la zona del nordeste de Patagonia.b. El área cordillerana. La aparición de la cordillera de los Andes (v.), como unidad de relieve, corresponde en lo esencial a una tectónica diferencial de bloques que funcionó recientemente en el periodo plio-cuaternario. Sin embargo, la constitución y el comportamiento de la cordillera de los Andes no es similar en todos los sectores. Por ello es necesario diferenciar el tramo del extremo norte argentino; el sector andino principal, situado al centro, y la cordillera Patagónica, ubicada al S. Los Andes del extremo norte. La cadena andina ofrece su máxima anchura en Bolivia, entre los 18 y 20° de latitud. A la altura del Trópico de Capricornio, el sector SE de la Puna pertenece parcialmente a la A. El reborde oriental de esta meseta está compuesto por una serie de largas sierras que constituyen la Prepuna. Hacia el E se alzan los modestos relieves de las cadenas subandinas, moldeadas en sedimentos plegados en forma de largas estructuras regulares y paralelas, que desaparecen al E bajo los sedimentos chaqueños y al S a la altura de Tucumán. Los Andes del centro de A. La orogenia plio-cuaternaria pierde su amplitud transversal al S de la Puna. Al S del paralelo 28° los Andes se estrechan, al mismo tiempo que se refuerza la formación de una serie de depresiones tectónicas limitadas por fallas más o menos paralelas. Dichos hundimientos aparecen en la montaña como grandes surcos o depresiones de orientación submeridiana, rellenas por miles de metros de espesor de conglomerados, areniscas, etc. Estos rasgos permiten distinguir cuatro tramos, cuya extensión transversal e importancia aritmética se reduce grosso modo de O a E y de N a S. Estás cuatro tramos son: la cordillera del Límite, situada en el sector que sirve de frontera a Chile con Argentina; es la unidad andina de mayor extensión y es, además, divisoria de aguas. La cordillera Frontal. Se desarrolla paralela y próxima a la del Límite. Presenta la elevación mayor de América: el Aconcagua, de 6.959 m. Ambos tramos constituyen los denominados Andes Áridos. A partir de los 35’ de latitud comienzan los Andes de Transición que a los 39` se continúan en la sección andina patagónica. Hacia el este se disponen de N a S la precordillera de La Rioja, San Juan y Mendoza y desde Tucumán hasta el centro-sur de San Luis y Córdoba las sierras Pampeanas.c. La cordillera Patagónica. En ella los movimientos verticales del sector central del edificio repercutieron en la zona subandina en forma de considerables cizallamientos. Al mismo tiempo que en el sector septentrional de la cordillera se producía el hundimiento de las cuencas plio-cuaternarias, en el S se desarrollaba un importante vulcanismo basáltico. Éste cubrió las partes más altas de la cordillera y desbordó sobre el cratón Patagónico, donde formó grandes extensiones basálticas amesetadas. Los volcanes propiamente dichos se encuentran en la cordillera misma e incluso en el sector antecordillerano (Lanín, 3.776 m.). La gran curvatura que exhibe la cordillera Andina en el sector austral, marca un notable, cambio en el estilo estructural. En el sector continental predomina la conjunción de los pliegues y la convergencia hacia el sector antecordillerano. Una sucesión de fallas diagonales provoca desplazamientos escalonados de los pliegues. En la isla Grande de Tierra del Fuego (v.), en cambio, predomina un sistema de fallas transversales que ocasiona el desplazamiento lateral de las estructuras más antiguas. Los rasgos morfológicos del fondo marino y diversas comparaciones tectónicas hacen pensar que existe, a través de todo el Pasaje de Drake, entre América del Sur y la península Antártica, un extenso sistema regional de fallas diagonales de rumbo NE. El arco de Scotia no sería así un arco propiamente tal, sino un conjunto de fragmentos de posición y relaciones tectónicas distintas, distorsionados y deslizados a lo largo de estas fallas.B. Relieve. En estrecha relación con los antecedentes estructurales aparecen dos unidades geomorfológicas: las montañas del O y las llanuras del E.a. Las montañas del O. Comprenden las siguientes divisiones principales:1) La Puna y su reborde oriental. La Puna es una altiplanicie ondulada que ocupa el ángulo NO del territorio argentino a más de 3.000 m. de altura. Constituye un enorme bloque formado por rocas cristalinas y sedimentos paleozoicos plegados, cubiertos por rocas volcánicas modernas. Todas las depresiones que se establecen entre las colinas son cuencas cerradas, cuyos fondos planos están tapizados por residuos salinos. Son las salinas o salares como los de Arizaro, Antofalla y Hombre Muerto. Todas las colinas están ahogadas bajo espesos mantos detríticos que indican la importancia de la fragmentación mecánica y el predominio absoluto de la aridez. En el borde oriental de la Puna algunas cumbres (nevados), como los de Laguna Blanca, Cachi, Chañi, llegan a 6.000 m. Este borde montañoso está limitado por profundos valles de régimen torrencial, bordeados por fantásticas cárcavas de formas y colores caprichosos. Hacia el O, la litología cambia. Aparecen en superficie lavas, tobas y conglomerados. De igual modo, todas las cumbres son volcánicas y se encuentran agrupadas en el límite con Chile (Socompá, 6.031 m., Llullaillaco, 6.723 m,). El reborde oriental de la Puna, o Prepuna, se extiende por el sur hasta la latitud del Aconquija. Comprende una serie de grandes macizos cristalinos orientados de N a S. más o menos soldados al altiplano andino. Estos macizos originan largas sierras separadas por estrechas fosas tectónicas, en las cuales se canalizan las quebradas. Al pie de la Prepuna, y dominando las llanuras del Chaco, se divisan otros relieves más modestos, elaborados en sedimentos plegados en forma de largas estructuras regulares y paralelas. Son las cadenas subandinas, muy bien desarrolladas al E de los Andes bolivianos y que desaparecen al S de Tucumán. Al S de Tucumán las largas sierras de la Prepuna se despedazan y forman las sierras Pampeanas.
2) Las sierras Pampeanas. Son un conjunto de cordones que rellenan el gran recodo de la Pampa interior situado entre la margen meridional de la Puna y las cordilleras y que se extienden por el sur hasta la estepa o pampa occidental. No forman una unidad coherente; a veces están separadas por amplias cuencas intermontanas que se denominan bolsones, o por cuencas de extensión más reducida desérticas y medanosas, los campos. Constituidas por una red de fracturas sumamente compleja, las sierras Pampeanas aparecen como un conjunto orográfico muy accidentado. Las sierras se elevan sobre laE Pampas que las rodean como islas en un mar; de esta disposición topográfica deriva su nombre genérico. Sus dimensiones son muy diversas y varían de las pequeñas lomas rocosas hasta las importantes sierras nevadas. Estos macizos, como las sierras del NO, están formados por rocas metamórficas intruidas por batolitos graníticos. Las sierras de San Luis y de Córdoba constituyen los cordones más orientales de estas serranías. A lo largo de 600 Km. desde Ambargasta en el N, hasta Comechingones, en el S, representan el resultado del diastrofismo pliocuaternario sobre los materiales cristalinos del zócalo. A lo largo de fracturas ordenadas de N a S los esfuerzos orógénicos lograron levantar estos materiales y llevarlos, como en el caso de la sierra de Achala, a casi 2.500 m. de altura. Al O de las sierras de Córdoba se encuentran las salinas más extensas y los bolsones más áridos de la A.3) Los Andes de San Juan y Mendoza. Al S del paralelo 27°, la Puna desaparece como unidad de relieve. Entre esa latitud y las nacientes del río Agrio (Neuquén), la cordillera de los Andes se individualiza como una triple hilera de cumbres, burdamente paralelas, en que se distinguen: al O, la cordillera del Límite, frontera entre Argentina y Chile, que posee las más altas cumbres americanas (Aconcagua, 6.959 m., Tupungato, 6.800 metros, Mercedario, 6.770 m.). Al centro, la cordillera Frontal, separada de la precedente por un estrecho y largo surco por el cual corren los ríos de los Patos, Tupungato y Tunuyán superior. Al E, la precordillera de La Rioja, San Juan y Mendoza, faja montañosa, larga y angosta, que se prolonga hasta la latitud del río Diamante dejando en contacto directo la cordillera del Límite con el piedemonte. Al O de la precordillera se dilatan los bolsones de Rodeo, Iglesia, Calingasta y Uspallata, en una extensión de 370 Km. hasta el S del río Mendoza.4) La Cordillera Patagónica. Forma un solo tramo montañoso desde las fuentes del río Agrio (38° S), hasta Tierra del Fuego. A diferencia del sector norte, carece de una línea de encadenamiento principal. Más aún, al S presenta una completa disección por valles transversales de origen glaciar. Desde Neuquén hacia el S, los Andes pierden altura rápidamente y sólo el Lanín (3.776 m. 39° 30’S) emerge notablemente. Luego, desde el Tronador (3.554 m. 40° S) hasta el lago Buenos Aires, la línea de cumbres se mantiene notablemente uniforme, cercana a 2.000 m. Este tramo precede al último sector de cumbres relevantes de la cordillera Patagónica, que se extiende entre los lagos Buenos Aires y Argentino. Situados en su mayoría en territorio chileno, sólo el San Lorenzo (3.706 m.) y el Fitz Roy (3.375 m.) se encuentran en la línea de la frontera. Por su posición en latitud, más que por su altura, los rasgos del modelado glaciar se imponen a partir del lago Aluminé (390 S). Refuerzan este modelado un rosario de lagos de represa glaciar cuyas aguas abrieron amplios valles en las mesetas atlánticas. Otros, como el San Martín y el Buenos Aires, drenan hacia el Pacífico. La cordillera Fueguina, que se encuentra en la Isla Grande de Tierra de Fuego, es sólo una modesta barrera montañosa (monte Martial 1.450 m.). Comprende una serie de cordones orientados de O a E, que prolongan hacia el Atlántico la cordillera Darivin, perteneciente a Chile.b. Las llanuras del este. Constituyen una amplia unidad geomorfológica que se extiende, en el eje de los paralelos, entre 22° y 40’ S, y, en sentido transversal, desde el pie de la cordillera Andina hasta el borde de la meseta Brasileña. En general, las llanura$ del E configuran una región monótona donde las diferencias son más de orden vegetacional y climático que topográfico. En ellas se incluye la llanura boscosa del Chaco, la Pampa y las superficies onduladas de la Mesopotamia.1) El Chaco (v.). Al N del río Salado (300 S), la llanura chaqueña se inclina regular y lentamente de O a E. Al pie de las cadenas subandinas del noroeste, los limos y arenas que la constituyen presentan una superficie ligeramente accidentada por la entalladura de las aguas que provienen de la montaña pero, más al E, la llanura es extremadamente horizontal. Gran parte de los ríos intermitentes se infiltran en los limos poco después de abandonar la montaña, otros alimentan charcas tapizadas de arcillas o pantanos colonizados por vegetación herbácea (cañadas, esteros). De estos cursos de agua sólo el Pilcomayo y el Bermejo logran atravesar el Chaco en forma permanente. Esta unidad topográfica aparece como un paisaje semiárido debido a las características filtrantes de los suelos que la constituyen y a la pobre pendiente transversal de su relieve.2) La Pampa (v.). Está formada por depósitos sedimentarios limo-arenosos de origen eólicq que configuran una amplia superficie llana de aproximadamente 700.000 Km2. Rompen la monotonía de esta llanura dos grupos serranos de discreta importancia situados al NE y N de Bahía Blanca: las sierras de Tandil y de la Ventana. Diversos rasgos topográficos, hidrográficos y vegetacionales permiten distinguir en ella cuatro sectores: La Pampa ondulada, situada al NE de la provincia de Buenos Aires y S de Santa Fe, sector de colinas suaves, bajas y alargadas. La Pampa deprimida, que corresponde a la depresión tectónica del río Salado, y que se caracteriza por la presencia de frecuentes charcos y bañados. La llanura interserrana, situada entre los cordones de Tandil y Ventana; y la Pampa occidental, que es el sector más extenso, y que limita hacia el interior con las sierras Pampeanas. Hacia el SO se puede distinguir el Monte, sector diferenciado por la aparición de un matorral más o menos denso y xerófito.3) La Mesopotamia (v.). Aguas abajo de la meseta de Misiones, los ríos Paraná y Uruguay encierran la llanura pantanosa de Corrientes y las colinas onduladas de Entre Ríos. En la primera, predominan las aguas estancadas (esteros y, lagunas, 20.000 Km2), separadas por ondulaciones arenosas cubiertas por una densa vegetación. La segunda se presenta como una sucesión de lomas bajas y monótonas, labradas en materiales sedimentarios, que desaparecen luego bajo los aluviones del Paraná.4) La meseta Patagónica. Está compuesta por un conjunto de superficies tabulares u onduladas que se desarrollan al S del río Colorado, transversalmente; éstas se escalonan, con un desnivel medio cercano a los 1.500 m., entre la cordillera Patagónica y el Atlántico. Allí limitan con una línea de acantilados que forman una muralla prácticamente ininterrumpida. La mayoría de estas mesetas están cubiertas por una capa de cantos rodados (rodados patagónicos), con frecuencia cementados, que son los restos de aluviones arrastrados por las aguas de fusión del pleistoceno, cuyos materiales más finos han sido transportados por la deflación eólica. La continuidad N-S de las mesetas se encuentra interrumpida por algunos valles profundos y amplios que desciendén de los Andes hacia el Atlántico, como son los del Negro, Chubut, Deseado, Santa Cruz, Gallegos, etc.C. Clima. En el sentido de los meridianos, A. se dilata entre 21° y 56° lat. S. Comprende entre estas dos latitudes desde los climas tropicales, que reinan en el extremo norte, hasta los climas fríos y secos de la Patagonia. La aridez se insinúa constantemente en ese extenso territorio, pero el clima templado, muy semejante al clima chino, cálido y húmedo en verano, húmedo en invierno, impera sobre la cuarta parte del país.a. Las presiones y los vientos. Dos centros tropicales térmicos dominan la circulación de las masas de aire en A.: el anticiclón del Atlántico Sur, situado aproximadamente entre 30° y 45° S, y el centro ciclónico del Amazonas. En el S del Hemisferio reinan las bajas presiones subpolares provocadas por el choque de masas de aire subtropical con las coladas de aire marítimo polar que provienen del Polo Sur. Las diferencias de los valores barométricos, que se establecen entre los dos centros tropicales amazónico y atlántico, hacen que los vientos penetren en la A. desde el NE y su intensidad sea proporcional a las diferencias de temperaturas entre el continente y el océano. Estas diferencias son más amplias en verano porque el gradiente intensifica sus efectos. Los vientos que transportan masas de aire tropical cálidas y húmedas, son los causantes de los días sofocantes de verano que sufre el norte argentino. En las provincias del interior al viento seco y cálido que proviene del O se le llama zonda. Las masas de aire austral traen aire polar marítimo húmedo. Algunas de estas masas de aire, provenientes del SO, se elevan sobre los Andes Patagónicos y penetran en A. rumbo al N; soplan con ímpetu sobre la Pampa y llegan incluso hasta el Gran Chaco. Son los llamados vientos pamperos que provocan bruscos descensos de temperatura en verano. Durante el invierno algunas coladas polares penetran por el extremo S de América Meridional y fluyen hacia el N y NE. Sobre el Atlántico, al NE de la Patagonia, la masa adquiere humedad y llega al norte de A., Paraguay y Uruguay como un viento fresco y portador de lluvias. Es la sudestada.b. Las temperaturas y las precipitaciones. Las isotermas de enero y julio se presentan ordenadas en forma oblicua al trazado de los paralelos. De NE a SO, las líneas de igual temperatura disminuyen de valor paulatinamente; todas presentan una fuerte inflexión en el sector andino. Casi 20° de temperatura separan en julio y enero las medidas del norte chaqueño de las temperaturas de Tierra del Fuego. A pesar de su latitud, el sector austral no presenta temperaturas extremas; la influencia oceánica suaviza las diferencias entre el verano y el invierno. En el norte, en cambio, el Gran Chaco aparece como un núcleo que, junto con el interior de la Pampa, presenta las mayores amplitudes térmicas anuales. Pero, más que las temperaturas, son los valores del agua caída los que permiten caracterizar el territorio argentino. Entre dos franjas de humedad abundante (sobre 1.000 mm.), estrechas y alargadas al NE de Misiones y en el SO andino patagónico, la semiaridez atraviesa el territorio desde las altas tierras de la Puna hasta Tierra del Fuego. El área húmeda deficiente (menos de 250 mm.) se dispone como una bandolera en la nación argentina; surge de esta disposición una doble disimetría. En A. del norte y del centro las precipitaciones disminuyen regularmente de E a O con la sola excepción del frente oriental de la sierra de Aconquija; en A. meridional, por el contrario, las lluvias son abundantes al O y disminuyen hacia el Atlántico. Esta original ordenación de las lluvias tiene su explicación en las condiciones de la circulación atmosférica. Los vientos se desplazan de O a E en las altas latitudes y en sentido contrario en las bajas latitudes.D. Vegetación. En estrecha relación con el ordenamiento y el valor de la humedad, la vegetación presenta en A. dos áreas de población densa que se degradan paralelamente al descenso de la humedad. Una de ellas es el bosque cordillerano andino-patagónico, extendido en el SO. En el extremo norte predominan las formaciones vegetales de tipo subtropical; en la meseta de Misiones y el noreste correntino se encuentra la selva densa. Ésta obtiene su vigor de abundantes precipitaciones (1.000-1.500 mm. anuales) acompañadas de altas temperaturas. Es un bosque compuesto de ejemplarés gigantes, que llegan hasta 40 m. de altura; bajo ellos se estratifican niveles de árboles menores, de arbustos y de hierbas. Lianas, epifitos y helechos gigantes completan los elementos de una rica variedad florística. Entre los árboles más característicos se encuentra el lapacho (recoma curialis), el cedro (Cedrela brasiliensis), el timbo (Enterolobium timboura), el llex paraguayensis, árbol productor de la yerba mate. En el nordeste de Misiones, donde las heladas se hacen sensibles, las Araucarias forman bosques notables por su densidad y altura. Hacia el Paraná y el Paraguay, las selvas en galería, compuestas por especies similares a las de la selva Misionera, prolongan este dominio a lo largo de los cursos de agua. Hacia el N y el O, en el Chaco, los bosques bajos, ralos o cerrados, alternan con otros más altos o con pampas de gramíneas; es el dominio del bosque xerófito y de las sabanas. La variedad florística se degrada hacia el occidente a medida que disminuye la humedad; sin embargo, desde que se alcanzan los primeros contrafuertes (sierras), se entra nuevamente en la selva densa. El frente montañoso húmedo, reforzado por lluvias de tipo convectivo, determina una franja estrecha de selva serrana, de gran belleza, que no trepa más allá de 2.500 m de altura. Allí abundan el laurel (Phoebe porphyrica), el sebil (Piptadenia macrocarpa), el lapacho Jebulia avellanedae) y otras especies matizadas con abundantes epifitos. Las sierras que continúan al O y la Puna, se caracterizan en cambio, por tener floras raquíticas, degradadas por la sequedad y el frío.Esta degradación es válida para todo el sector cordillerano hasta 40° S aproximadamente. Sobre la Puna algunos cojinetes de llareta (Azorella yareta) se elevan hasta 5.500 m., pero es el pasto ichu (Stipa ichu) el más frecuente en las laderas serranas. En el extremo austral, un recorrido en sentido CE muestra una degradación más rápida e importante que la de las latitudes tropicales. Los bosques de lluvias de la Patagonia occidental desbordan sobre el sector montañoso argentino a partir de los 40° de latitud. Al S del paralelo 38° aparecen en las laderas expuestas al E bosques de Araucarias adaptadas a pequeñas heladas y a cierta humedad. Sucede a estas coníferas hacia el S el bosque perennifolio de tipo pacífico. En las latitudes más altas toma el relevo el bosque de hojas caducas compuesto de lengas (Nothofagus pumilio) y ñires (Nothofagus antarctica). El rápido decrecimiento de la humedad hacia el Atlántico hace variar aceleradamente los rasgos de este bosque higrófilo. Desde el pie de la cordillera, la vegetación arbórea cede campo a la vegetación herbácea y arbustiva, o a la estepa de especies xerófitas adaptadas para resistir la falta de agua y la acción del viento. Allí se mezclan el matorral de arbustos bajos y espinosos como la mata negra y el calafate (Berberis heterophylla) y los pastos duros conocidos con el nombre genérico de coirón. Entre estas dos franjas se sitúan la Pampa y la Meseta. La Pampa constituye en sí misma una provincia fitogeográfica, una pradera caracterizada por una vegetación de gramíneas cerrada y uniforme. Casi 300 especies de gramíneas y algunas dicotiledóneas han sido recolectadas allí. Los árboles no existen en este dominio herbáceo. Hacia el interior, en relación con el decrecimiento de las precipitaciones, sucede al-campo abierto de la Pampa, una faja xerófita arbustiva denominada Monte, que se extiende hasta el pie de la cadena andina.E. Suelos. En todo el sector de las planicies argentinas, los suelos generados sobre las rocas del sustrato y sobre los finos sedimentos de loess presentan diferencias en relación con la posición geográfica y climática local. En el nordeste la dominante climática húmeda y cálida provoca una fuerte descomposición de la materia orgánica y una importante migración de la sílice. Quedan en superficie sólo los hidróxidos de hierro y aluminio, que caracterizan los suelos de tipo laterítico llamados pedalfers. Hacia el S, desde las provincias de Santa Fe y Entre Ríos y hasta la latitud de Bahía Blanca, se extienden los suelos de tipo pradera. En ellos las condiciones de temperatura y humedad son insuficientes para producir un importante lavado de la sílice y para destruir la materia orgánica. Por su color y menor porcentaje de materia orgánica, se distinguen los suelos rojizos de la zona de Santa Fe y Entre Ríos, de aquellos denominados suelos negros, situados al sur de Santa Fe y en la provincia de Buenos Aires. Ambos tipos presentan excelentes calidades agrícolas. Hacia el oriente, las planicies sometidas a una marcada aridez poseen suelos de tipo pedocal, cuyo rasgo fundamental es la acumulación de carbonato de calcio o profundidades variables que dependen de la importancia de la aridez.Los suelos del noroeste chaqueño hasta la provincia de Córdoba son rojos y viran hacia el S a pedocales pardos hasta el sector de Bahía Blanca-golfo de San Matías, e incluso al tipo castaño en las inmediaciones de la sierra de la Ventana. En las llanuras del norte y del centro argentinos existen también suelos que sufren un desagüe imperfecto, inundaciones o erosión. De ellos los más característicos son los que se generan en los bañados. Son de color oscuro, ricos en bases y en materia orgánica. Son los que se encuentran ampliamente desarrollados en las inmediaciones de la Mar Chiquita, p. ej. Los suelos de la Patagonia deben ser clasificados como suelos grises de desierto; la sequedad del clima, así como la acción desecadora y erosiva del viento, que sopla en forma permanente, favorecen la destrucción in situ de los materiales del basamento. La evolución posterior es pobre y los suelos son esqueléticos. Sólo al S del río Chico de Santa Cruz, el aumento de la humedad favorece el mejoramiento de la calidad edáfica. Los suelos aumentan su contenido en humus, evolucionando a suelos castaños e incluso al tipo de suelo negro o chernosiem (v. SUELO).F. Hidrografía. Las aguas corrientes en A. escurren preferentemente hacia el Atlántico. Sólo una estrecha franja, de 900 Km. de largo, situada en los Andes australes entre los 40° y 51° S, drena hacia el Pacífico. Además de estas dos orientaciones predominantes, pero desiguales, un área considerable del territorio carece de desagüe; más de un millón y medio de Km2, casi la mitad de la superficie total del país son arreicos. Quedan bajo esta categoría la Puna, la mayor parte del Chaco, las sierras Pampeanas y sus sectores adyacentes, el sector del río Negro y el norte de Chubut.a. Los ríos de la vertiente atlántica. Constituyen al N el gran sistema hidrográfico del Río de la Plata cuyo régimen es de tipo tropical. Su trazado es longitudinal, compuesto de dos colectores principales: el Paraná (v. PLATAPARANÁ, Río DE LA), y el Paraguay. Este sistema hidrográfico, después del Amazonas, es el de más importancia en América del Sur. La hoya hidrográfica del Río de la Plata representa, agua arriba de Rosario, una superficie de 2.340.000 Km? y un gasto medio de 16.300 m3 por año, medido en Corrientes. Las cabeceras de sus afluentes colectan aguas en un radio medio superior a 1.000 Km. en las montañas de Bolivia (Pilcomayo, Bermejo) y en la meseta brasileña del sur (Paraná, Paraguay, Uruguay). En el estuario del Río de la Plata se reúnen las aguas del Paraná y del Uruguay. En la Patagonia, los ríos de la vertiente atlántica se organizan como un sistema hidrográfico, fuertemente influenciado en sus regímenes por la fusión de la nieve. Los trazados son paralelos entre sí y atraviesan la meseta patagónica profundamente encajonados y recibiendo pocos afluentes (Colorado, Negro, Chubut, Deseado y Gallegos). Además de estos dos grupos, quedan aún por catalogar un grupo de arroyos que se originan en la sierra de Tandil y de la Ventana y que desembocan también en el Atlántico (Quequén Grande, Cristiano Muerto, Quequén Salado, etc.). En la Isla Grande la Tierra del Fuego los ríos drenan hacia el Atlántico y son de muy pobre caudal.b. Los ríos que desembocan en el Pacífico. En la Patagonia, la línea de la frontera entre A. y Chile no coincide con la línea divisoria de aguas entre el Atlántico y el Pacífico. Esta última se encuentra desplazada hacia el oriente. La cordillera Patagónica conserva también importantes huellas de la acción erosiva de los glaciares cuaternarios, responsable de la presencia de un rosario de lagos de origen glacial situados al S del lago Nahuel Huapi (Buenos Aires, San Martín, Argentino, Viedma) y de fiordos, antiguos valles glaciares invadidos con posterioridad por el mar, que penetran hasta el corazón de la zona subandina oriental. Por estas entalladuras profundas de la cordillera Patagónica se escurren hacia el Pacífico importantes caudales. El lago Buenos Aires desagua por medio del importante río Baker; el lago San Martín tiene como río emisario el Pascua. uno de los de mayor caudal en Patagonia.c. El área endorreica. A la diagonal árida quc atraviesa A. se superpone una zona de escurrimiento anárquico y endorreico. Sólo algunos ríos alóctonos la atraviesan rompiendo la continuidad de algunas áreas más o menos bien individualizadas. La Puna argentina constituye un sector sin desagüe, elevado, recorrido por cordones pelados y cubierto de detritos. Esta altiplanicie es un dominio seco que registra menos de 200 mm. de precipitaciones; incluso la nieve escasea en las más altas cumbres cercanas o superiores a 6.000 m., en donde permanecen sólo neveros aislados. Las pobres precipitaciones y la fusión de la nieve generan pequeños cursos de agua intermitentes, la mayoría de los cuales drenan hacia cuencas cerradas y salobres, los salares (Árizaro, 2.500 Kmz, Pocitos, Rincón, Hombre Muerto, Antofalla). El Chaco es una llanura árida, cubierta de un matorral xerófito, el Monte. Las dificultades del escurrimiento se deben más a la permeabilidad del suelo, favorecida por la escasa pendiente transversal, y a la mala distribución de la lluvia, que a la insuficiencia de ésta (1.200-600 mm/año). Los ríos que salen de las sierras del oeste desfavorecidos por la escasa pendiente meandrean y se pierden. Sólo dos modestos caudales, el Pilcomayo y el Bermejo, logran alcanzar el río Paraguay después de un recorrido superior a 1.000 Km.La región de las sierras Pampeanas y sus comarcas adyacentes comprenden numerosos ríos que se originan en las montañas y que, aunque caudalosos, pierden sus aguas en lagunas salobres, o se infiltran en terrenos arenosos que atraviesan en dirección del Paraná, al que no alcan. zan a llegar. Son los ríos Dulce, Colorado o Abaucán, Belén, del Valle, Primero, Segundo y Quinto. La Pampa Central se encuentra sembrada de centenares de lagunas saladas o dulces, a veces rodeadas por dunas (Atreucó, Salina Grande, Trenel, etc.); se encuentra además atravesada por cañadas, es decir, por depresiones largas, cauces fluviales drenados sólo estacionalmente. La zona patagónica, comprendida entre el río Colorado y los ríos Chalía y Chico, posee además de aquellos ríos que desembocan en el Atlántico, otros que no alcanzan a llegar al océano, como sucede en Chubut. Más aún, existe una serie de arroyos que desembocan en cuencas interiores cerradas, como son aquellas qué se encuentran en la cuenca de Cari Laufquen Grande (Río Negro).R. SANTANA AGUILAR.
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