Arcadia (movimiento Literario) ARTE
Categoria:
Arte
Movimiento que surgió en Italia a finales del s. XVII como reacción contra las exageraciones barroquistas. Pretendió desterrar de las artes y, sobre todo, de la literatura el "mal gusto" y la artificiosidad mediante el retorno a la sencillez temática y la pureza de sentimiento de las épocas clásicas, para lo que consideró el bucolismo como el cauce más idóneo. Sus ideas -en oposición al hedonismo barroco-, eran filosófico-morales, además de estéticas. Así, se imitó a Teócrito (v.) y a Virgilio (v.) entre los antiguos; de los más modernos fueron preferidos Sannazaro (v.) y Torcuato Tasso (v.).En el decurso del movimiento arcádico se distinguen dos periodos. En el primero, abates, científicos y filósofos se reunían en el palacio de la ex reina Cristina de Suecia (v. SUECIA Iv), recién convertida al catolicismo. Allí se fundó, en 1656, la Acad. de la Cámara, dedicada al estudio de las ciencias morales, a la que pronto acudieron muchos poetas. De acuerdo con el espíritu de la Contrarreforma, se tuvo por esencial el valor moralizador de la poesía y se intentó reemplazar la exaltación pasional del s. xvi por un contenido fundamentalmente didáctico, erudito y sublime. El interés de esta primera época -con frecuencia altisonante y retórica- se centra en las innovaciones métricas, en la libertad de versificación y en la importancia dada a la sonoridad de los vocablos. Entre sus representantes cabe citar a Gian Battista Zappi (1674-1734), Vincenzo da Filicaja (1642-1707) y Francisco Red¡ (1626-98). El segundo periodo se caracteriza por la aceptación de las normas del racionalismo (v.) francés, triunfante también en Italia, que tendía a someter formas y emociones a las exigencias primordiales de la verosimilitud y de la naturalidad.En 1689 muere la reina Cristina. El 15 oct. 1690, 14 literatos de los que se reunían en sus salones crearon una nueva academia: la de los arcades o A., cargada de reminiscencias clásicas. El ’éxito fue apoteósico. Cada ciudad constituyó su academia, cada poeta compuso sonetos y canciones (estrofas preferidas por los arcades) en los que un mundo pastoril se movía con gracia cortesana y profesaba un amor frívolo y sensual. Ni los acontecimientos políticos de finales del s. XVIII, ni la exaltación emocional de los románticos propiciaban la apreciación de una literatura basada en lo exquisito y en lo superficial. Por eso, el s. xix no vio en la A. más que el último grado de un proceso degenerativo comenzado en el Barroco.Sin embargo, la A. produjo efectos positivos, ya que se logró eliminar el retorcimiento marinista (v. MARINO, GIAMBATTISTA), consiguiendo una poesía equilibrada y elegante, gracias a la exacta selección de los vocablos. La crítica reciente, especialmente a partir de B. Croce (v.) estima que la A. fue el punto de partida de una renovación métrica y estilística que modificó la sensibilidad italiana posterior, sobre todo en lo relativo al paisaje y su valoración. También debe mencionarse el significado social que se ha atribuido al movimiento de la A.: representa una evasión de la realidad mediante el artificio poético de la creación de un mundo idílico, en el que la autoridad de la aristocracia del seiscientos es sustituida por la igualdad de los hombres, colocados en idénticas circunstancias poéticas. En este sentido, cabe considerar la A. como precedente de la transformación social que desembocaría en las radicales ideas de la Revolución francesa.En este segundo periodo destacaron Paolo Rolli (16871785), Innocenzo Frugoni (1692-1768), introductor de los versos sueltos, Aurelio di Giorgi Bertolá (1759-98), Jacopo Andrea Vittorell¡ (1749-1835) y, especialmente, Pietro Trapassi, Metastasio (v.). La acumulación de imágenes y el énfasis retórico, opuestos a la contención y mesura de la A. originaria, señalan el final del movimiento, que tuvo su duración hasta los últimos años del S. XVIII. V. t.: POESÍA BUCÓLICA.C. ALONSO BLANCO.
BIBL.: G. L. MOCALLERo, L’Arcadia, I, Florencia 1953; R. ScxIPPISSI, L’Arcadia, en Orientamenti Culturali, Letteratura Italiana. Le Correnti, II, Milán 1956, 505-556; B. CROCE, La letteratura italiana nel Settecento, Bar¡ 1949.
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