Árboles REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
1. Nociones generales. Este vegetal ha estado muy vinculado a la vida humana en la Antigüedad, no sólo bajo el aspecto material y utilitario, sino, sobre todo, en relación con su vida religiosa, aspecto bajo el que se estudia aquí precisamente. En efecto, en torno al á. se ha centrado una de las manifestaciones del espíritu religioso más antiguas y constantes. El á. entra, pues, de lleno dentro de los temas religiosos de la Antigüedad. La razón ha sido, sin duda, el ver en el á. una manifestación especial de la vida divina. A los ojos del hombre antiguo era el signo tangible de esa fuerza vital que late dentro de la naturaleza. Las fuentes de información con que contamos al respecto están constituidas por representaciones artísticas, como cilindros, relieves, grabados, y por testimonios escritos. Éstos son más escasos y de menor claridad y valor probativo. Pero en todas estas informaciones existe una gran vaguedad e imprecisión: los datos suelen dejar perplejo a quien los estudia; varían de una cultura o región a otra, no presentan una línea decidida. Todo esto hace difícil la obra de síntesis y obliga a ciertas generalizaciones que, en rigor, no responden siempre a todos y cada uno de los datos que nos ofrecen las civilizaciones antiguas.2. El árbol como objeto sagrado, y sus representaciones. El á., aun siendo reconocido como sagrado, no presenta siempre la misma concepción. Unas veces es un á. solitario, siempre verde o corpulento. En otros casos, se trata de un grupo de á. o bosquecillo sagrado, como el que existía en Aphaca, en Fenicia. Hay casos en los que se cuelgan del á. armas, vestidos, adornos, como el á. que llama la atención de Gilgamés (v.), o como ocurría con el dEt-anwát, á. de suspensión, cerca de La Meca (v.). Én otras representaciones, el á. ya no aparece bajo su forma normal, sino como geométrico o estilizado, difícil de precisar, pero donde todavía se puede reconocer un tronco que extiende simétricamente sus hojas. Finalmente, en muchos casos, no se trata de un á. natural, sino artificial: un poste o mástil expresamente tallado, como ocurría con la ’áserah que encontramos con frecuencia junto a los altares (v.).En casi todas las religiones (v.) antiguas se ha reconocido un carácter sagrado a ciertos á. Esto resulta particularmente claro, debido a la abundancia de testimonios, en todo el Oriente Medio, sobre todo en Mesopotamia, costumbre que también aparece en la Europa oriental y nórdica. Los muchos monumentos figurados que representan á. sagrados así como ciertas alusiones conservadas en textos religiosos no dejan lugár a duda. Este carácter religioso del á., tomado en general, aparece como algo común a todas aquellas religiones. Sin embargo, ya en concreto, aparece más o menos fuertemente expresado en las distintas religiones, orientado en diversas direcciones, con mayor o menor repercusión en la vida religiosa.3. El árbol como poseído de espíritu. En la etapa religiosa más antigua, encontramos algunos testimonios, aunque escasos, de la creencia en á. animados por los espíritus. Era la época de las concepciones polidemonistas, anteriores al politeísmo (v.), según las cuales los espíritus animaban las fuentes, las piedras, las montañas y los á. Tales espíritus (v.) eran gnomos y duendes más que divinidades propiamente tales, traduciéndose ahí la visión beduina del desierto que contempla cómo la naturaleza inmóvil cobra vida, mientras que sus elementos más característicos se personifican. A esta remota mentalidad pueden parangonarse los testimonios que se hallan en África occidental acerca de la función del á., del poste sagrado o de la piedra (v.) como soporte de los espíritus de los antepasados (v. ANIMISMO).4. El árbol como símbolo. A veces, el á. manifiesta su carácter sagrado en su valor simbólico, en lo que representa. Así, ciertas representaciones artísticas antiguas muestran algún á. determinado o sus ramas para simbolizar a determinada divinidad. Relatos mitológicos (v. MITo) de origen mesopotámico hablan de los á. como símbolos de la fecundidad, mientras que en la religión naturista de Canaán (v.) testimonian la fertilidad de la tierra. La confirmación más clara la encontramos en el hecho de que, en Fenicia, el ciprés estaba consagrado a Astarté (v.), mientras que, en Grecia y Roma, las principales divinidades tenían dedicado su á.: el pino estaba reservado a Neptuno y Cibeles, el laurel a Apolo, el álamo a Hércules (v.), el mirto a Venus (v.), la encina a Júpiter (v.), el olivo era el símbolo de Minerva (v.), etcétera.5. El árbol como morada de la Divinidad. El á. aparece también como morada o soporte de la Divinidad en distintas religiones. En estos casos, no se trata, en rigor, de un culto al á., sino que el culto está dirigido a la Divinidad que se suponía escondida en él. 1’a en las religiones primitivas encontramos el á. como lugar de residencia de los dioses. En el Oriente Medio es corriente encontrar á. determinados que eran venerados, no por ser propiamente dioses, sino por morar en ellos los dioses. Unas veces se trata del bosque sagrado: en un objeto de bronce, encontrado en un escondrijo de Elam, figura una ceremonia de culto en la que se ven algunos arbolitos simbolizando el bosque sagrado que acompañaba a los edificios de culto. Incluso en la Palestina actual, un grupo de á. señala con frecuencia el lugar de un waly musulmán, es decir, un lugar reservado a la Divinidad. En otros casos se trata de un á. solitario. Así, en varios cilindros de Mesopotamia, un genio alado se acerca al á. geométrico, que parece ser una palmera, teniendo en una mano una cestilla y en la otra una especie de piña; en otros, dos genios miran y se acercan a una palmera; en otros, el á. aparece detrás de algunos dioses, sobre -todo de la Luna y Venus. En la antigua Grecia, junto a la casa, se alzaba el á. sagrado, ante el cual se ofrecían sacrificios (v.) al dios del cielo y a los antepasados. A veces se le añadían imágenes; pero esto debe haber sido secundario, puesto que, con frecuencia, la imagen divina no hacía sino asociarse al á., ya de por sí sagrado. En Najla, los árabes creían que la diosa Al-`Uzzá residía en uno o varios á. de una especie mal definida. Incluso hoy, los árabes nombran a algunos á. manájil, es decir, "campamentos de seres sobrenaturales", ofreciéndoles sacrificios y suspendiendo de sus ramas trozos de carne.6. El árbol como accesorio del culto. El á. ha jugado un gran papel como accesorio en el culto de las antiguas religiones. Se dan casos en los que se duda si se trata realmente de verdadero culto al á.; pero, al no existir claridad, es preferible inclinarse a catalogarlo como accesorio del culto (v.). Unas veces, el á. señala el lugar del culto, por lo que hace las veces de santuario. Así, en la vida religiosa de Siria-Palestina vemos intervenir un elemento nuevo en el concepto de lugar sagrado: éste ya no es únicamente el templo, pues alcanza gran difusión el santuario a cielo abierto, situado junto al á., fuentes o en las alturas. Un á. concreto debe ese papel, como lugar de culto, bien a la veneración tradicional, bien a expresa manifestación divina, p. ej., al ser herido por un rayo, o a una consagración voluntaria. A partir de ese momento, el á., era inviolable y, a veces, se le cercaba con un muro o barrera que lo separaba de todo contacto profano; incluso quedaba dentro de un edificio a cielo abierto, como el olivo dedicado a Minerva en la Acrópolis de Atenas y el haya de Júpiter en Roma. Mucho más frecuente es encontrar el á. o las ramas junto a los altares en los monumentos artísticos o en las representaciones de escenas cúlticas. No es fácil precisar el papel exacto de esos á. en el culto, pero en algunos casos, su sentido general no se nos escapa. Así, en Fenicia, donde aparece con frecuencia en relación con el culto, el á. era asociado a las divinidades femeninas. La ’úserah o tronco tallado, que aparece frecuentemente junto a los altares en Fenicia y Palestina, era uno de los clásicos accesorios del culto y está en relación con la diosa del mismo nombre. Filón de Biblos parece que alude a un culto fenicio cuando pone juntamente los postes sagrados y las estelas; tales postes o palos estaban dedicados a Hypsuranios y a Usos.7. El árbol como objeto de culto. Éste es el paso más decisivo acerca del papel jugado por el á. en las religiones antiguas. Se ha discutido si realmente el á. ha sido tenido como divino y, por tanto, como objeto de culto. Sin duda que ha habido exageraciones, p. ej., respecto a las religiones de Canaán, donde se ha querido ver un culto al á., apoyándose en los textos de la Biblia. Pero tales textos aluden sólo a un culto que se practicaba debajo de los á. o junto a ellos, o bien a oráculos (v.) que se daban junto a algún á., sin que haya propiamente un culto al á. Tampoco en Mesopotamia puede afirmarse que los á. representaran a los mismos dioses. Entre los árabes, es cierto que podría pensarse en un culto a la palmera de Nayrán; pero el testimonio no es muy fidedigno. También se ha argüido por la epigrafía de la Arabia meridional, que indicaría que los dioses habrían sido primitivamente plantas, puesto que efectivamente llevan nombres de plantas; pero también se puede dudar de esto. Se concluye, pues, que el culto al á. no ejerció gran influjo sobre los semitas (v.). No obstante, debe hacerse constar que algunas representaciones artísticas parecen sugerir ún culto al á., mientras que los cereales, p. ej., el trigo, aparecen con la indicación de divino, incluso cuando es cuestión no de un dios del trigo, sino del trigo mismo. El problema se presenta diferente en Egipto (v.), donde se creía que los á. eran divinos, por lo que se les rendía un culto. Se les ofrecían higos, racimos, legumbres, agua. En Biblos, de influencia egipcia, los textos egipcios señalan la presencia de un dios, HayTau, que se metamorfoseó en abeto. También en la Frigia era importante el culto al á., culto que está ligado al de Attis. En esta región y en Grecia, corría el mito de dioses que se transformaron en á. y de á. que se transformaron en dioses. En las culturas micénica y minoicocretense aparecen asimismo huellas de culto al á. Una plaqueta votiva de bronce, encontrada en la cueva de Psicro, representa una escena cultual: entre otras cosas, aparece un adorador ante un á. contenido en un recipiente. Otras representaciones de á. completos, que aparecen en escenas cultuales, dejan pocas dudas respecto a su culto.8. El árbol con propiedades extraordinarias. Desde los tiempos más remotos, se ha creído en propiedades maravillosas de ciertos á.: así, eran el remedio que repara las fuerzas, que da juventud, que cura, etc.; hasta la sombra misteriosa de los á. ejerció su encanto, y se creyó oír, en el soplo del viento en las ramas, una voz misteriosa. Algunos casos particulares aclararán mejor este punto. En las religiones primitivas, encontramos el á. cósmico, que era un poste cultual, símbolo del primer á. creado con anterioridad a la tierra, según algunos mitos, y sobre el cual la Divinidad apoya su mano para sostener al mundo. El caso típico lo encontramos en el famoso "á. de la vida". Se trata de una antigua representación oriental, muy extendida, particularmente en Babilonia, y que entrará incluso en la Biblia (v. PECADO I, 2). Se creía que en algún lugar oculto crecía una planta, cuyos frutos aseguran para siempre la vida a quien coma de ellos. Otra propiedad de algunos á. es que junto a ellos se administraba justicia, idea que encontramos repetidas veces en el mito ugarítico de Aqhat y en la misma Biblia. Se acudía a otros á. en busca de oráculos, como prueban los nombres que se daban a ciertos á., p. ej., "encina del instructor o adivino". En las leyendas indias, se habla de á. "antropóginos", que son engendradores de hombres. En la Ramayana se cita el "á. de la ambrosía", que tiene parte de antropógino y parte de cosmogónico: él es el á. fecundante’ por excelencia.9. Valoración. Resulta, por tanto, evidente el gran papel que ha jugado el á. en las religiones no cristianas. El hombre se asusta instintivamente ante todo aquello que le excede y que escapa a su control, viendo por dicha razón en ello una fuerza superior y misteriosa, incluso un ser divino. Esto mismo ocurrió al hombre antiguo respecto al á. Pero faltos aquellos hombres de un verdadero _ sentido de valoración de los fenómenos de la naturaleza, la cual sólo será aportada por la Revelación cristiana, no supieron situar al á. en su lugar, dentro del complejo que integra el universo. V. t.: FERTILIDAD 11; NATURALEZA, CULTA A LA; CULTO; SACRIFICIO.J. GARCÍA TRAPIELLO.
BIBL.: Z. MAYANI, L’arbre sacré et le Rite de 1’Alliance chez les anciens Sémites, París 1935; N. PARROT, Les répresentations de l’arbre sacré sur les monuments de Mésopotamie et d’Élam, París 1937; H. DANTHINE, Le palmier-dattier et les arbres sacrés dans 1’iconographie de l’Asie Occidentale ancienne, París 1937; M. J. LAGRANGE, Etudes sur les Religions Sémitiques, 2 ed. París 1905, 168-180; G. WIDENGREN, The King and the Tree of Life in ancient Near Eastern Religions, Uppsala 1951; M. BUBER, Der Baum der Erkenntnis, "Theologische Zeitschrift" 7 (1951) 1-8.
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