Árbol CIENCIA
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Ciencia
Concepto y caracteres. Un á. es un vegetal leñoso con sólo un tallo principal que se ramifica al llegar a una cierta altura. Todos los componentes del reino vegetal están constituidos según unos tipos morfológicos denominados estructura protofítica, talofítica y cormofítica (v. ANATOMÍA I, 1); el tipo cormo es el más evolucionado y mejor adaptado para vivir en condiciones terrestres. Dentro de este tipo, las plantas que lo poseen pueden presentar tres grados diferentes de solidez y resistencia en los tallos: a) Cuando las plantas tienen en sus tallos pocos o ningún elemento duro que las ayude a sostenerse, alcanzan muy poca altura y realizan las funciones de su ciclo vital en un periodo de tiempo no superior a un año; este conjunto de caracteres define a las plantas de porte herbáceo (v. PLANTAS). b) Cuando la planta de estructura cormo presenta la base de sus tallos lo suficientemente reforzada con tejidos de sostén, tejidos leñosos, pero este refuerzo no llega a los extremos de las ramas, aparece un tipo de vegetal que ya es capaz de vivir al menos dos años; durante el primero no tiene órganos reproductores, y durante el segundo completa el ciclo vital con la aparición de flores y la formación de frutos y semillas; este tipo de planta recibe el nombre de sufruticosa. c) Si los órganos aéreos del vegetal están robustecidos por tejidos duros, por tejidos de sostén que le dan consistencia de madera, esta planta podrá vivir durante varios años soportando con facilidad vientos, lluvias y otros agentes atmosféricos que terminarían tanto con la vida de vegetales herbáceos como de sufruticosos; este tercer tipo de planta recibe el nombre de planta perenne.Arbustos y árboles. Las plantas que se han definido como perennes pueden ser á. o arbustos según su morfología. Dentro de los caracteres comunes, á. y arbusto difieren en el tipo de la ramificación que se produce en su.tallo, y en su tamaño y consistencia. Si desde la misma base del tallo aparecen ramificaciones en todos los sentidos, que adquieren además la misma altura, no destacando ninguna como principal, y al mismo tiempo son portadoras de yemas que serán capaces de repetir de nuevo este tipo de ramificación, siendo la planta del tipo denominado leñoso, se dice que su porte es arbustivo, o que es un arbusto. De esta morfología podemos citar el saúco, avellano, brezo, retamas, piornos, jaras, adelfa, té, café, canela, y también es citable como ejemplo el Erytroxilon coca, arbusto del Perú, de cuya corteza se extrae la cocaína, que durante muchos años ha servido al hombre como anestésico, ya que paraliza las terminaciones nerviosas; hoy está desplazado por compuestos de síntesis química como la novocaína. Si, por el contrario, la estructura del vegetal corresponde a la de un eje que crece un cierto espacio sin ramificarse, y sólo a partir de un momento determinado emite una ramificación, es decir, forma "copa", es una planta de porte arbóreo, o, lo que es lo mismo, un á. Dos tipos distintos de formación de copas pueden presentar los á. 1) Si el eje o tallo primario emite ramas secundarias a una cierta altura, pero continúa creciendo siempre y sobrepasa a estas ramas, que a su vez son origen de ramificaciones terciarias que no llegan tampoco a superarlas, y que originarán las de cuarto, quinto y sucesivos órdenes, nos encontramos ante un tipo de crecimiento que se denomina monopódico, y el tipo de ramas que va originando se dice que forman una ramificación racemosa. En este tipo de á. de ramificación racemosa se pueden incluir los robles (v.), arces, abetos (v.), cipreses (v.), pinos (v.), y en general todos los á. que muestran un contorno cónico en su copa. 2) El segundo tipo de formación de copa que puede tener un á. consiste en un eje principal que emite ramas laterales al mismo tiempo que termina su crecimiento por la aparición de una flor o por cualquier otro motivo, que provoca el que las ramas de segundo orden lo sobrepasen en longitud; ramas que a su vez son sobrepasadas por las de tercer orden a las que ellas mismas han dado origen; éstas lo serán por las de cuarto, y así sucesivamente se va formando una copa que proporciona al á. un típico aspecto de paraguas abierto. Este tipo de crecimiento recibe el nombre de simpodial y la ramificación que produce la copa se llama cima. A. de ramificación cimosa son el tilo, olmo, castaño (v.), olivo (v.), alcanforero, eucalipto.Origen y asociación. La evidencia obtenida mediante la Paleobotánica (v. FósILES i) lleva a los botánicos a pensar que las primeras plantas con semilla que aparecieron sobre la Tierra correspondían a un porte arbóreo. Eran plantas grandes, leñosas, de fuertes tallos lignificados, de las cuales se originaron las de porte herbáceo mediante una reducción en tamaño y consistencia de sus tallos, originadas quizá por un periodo en que las condiciones climáticas bajo las que vivían se hicieron adversas, la intensidad de radiación lumínica se hizo menor, quizá también decreció él número de horas de insolación y, en consecuencia, las plantas acortaron su periodo de crecimiento, adquiriendo aspecto herbáceo.Los á. de una misma especie, es decir, los que son capaces de reproducirse entre sí, casi nunca se encuentran en solitario, o si aparecen de esta forma es debido a la intervención artificial de la mano del hombre. Lo común es que se agrupen formando unidades de un solo tipo de á. o varios que presentan las mismas necesidades ecológicas. Estas agrupaciones conocidas con el nombre de bosques (v.), se encuentran repartidas por toda la superficie de la Tierra hasta el límite de vegetación marcado por el frío. El número de á. distintos que existen por toda la Tierra es incalculable; algunos alcanzan tamaños verdaderamente sorprendentes, como, p. ej., las especies del genero Sequoia, que llegan a medir más de 150 m. de altura y poseen diámetros de más de 7 m., en tanto que su edad se calcula aproximadamente en unos 2.000 años.Aportaciones y utilidad de los árboles en la vida del hombre. Madera. El principal motivo por el que los, á. han sido utilizados por el hombre desde los comienzos de la historia es su madera. Los á. son los únicos proveedores de este importante material que satisface numerosas necesidades de la vida diaria. Debido precísamente a esta necesidad de madera, se han extinguido en todo el mundo grandes zonas de bosques que suponían una fuente de riqueza. La Paleobotánica nos da cuenta de que el hombre del Neolítico, que ya conocía la Agricultura, fue el primero en desforestar algunas . regiones para dedicarlas a la producción de cultivos. Práctica que aún hoy se sigue llevando a cabo, de ’forma que la extensión actual de los bosques va decreciendo a un ritmo alarmante. En España constituye un ejemplo de ello lo ocurrido con la especie Taxus baceata, llamada comúnmente tejo. Es un á. que se daba por todos los montes de la Península, pero que, debido a tener una buena madera utilizable para muebles, ha sufrido una rápida desforestación hasta el extremo de considerarse hoy casi como una especie relíctica.El producto que conocemos como madera, es parte del tronco de los á.; este tronco lleva tejidos conductores que reparten el alimento a todos los puntos del vegetal, sistema equiparable al circulatorio humano, ya que hace a los jugos avanzar desde las raíces hasta la última hoja de la planta. Este conjunto de vasos conductores tiene que mantenerse efectivo constantemente, para lo cual sus elementos se renuevan gracias a un tejido embrionario que los repone a medida que envejecen. El conjunto de los tejidos de sostén y conductores que forman el tallo es la parte del tronco que se utiliza como madera. Cada especie vegetal tiene sus particularidades propias en la formación de estos tejidos, caracteres propios que dan como resultado la existencia de muy diversos tipos de madera. Todas las coníferas (v. FANERóGAMAS) por lo general, pino, abeto, cedro y ciprés dan un tipo de madera que se conoce como blanda; sus diferencias en consistencia, grosor, color, duración, resistencia a la humedad y al ataque de los hongos, hacen que exista una gran gama de maderas blandas Se conocen como maderas duras las procedentes del haya, el abedul, la encina, el nogal, el eucalipto, el roble y el álamo, todas ellas de uso muy común y frecuente. Como maderas exóticas se consideran la caoba, palo de rosa, ébano y teka, que debido a su escasez y estricta localización en muy pocos países alcanzan un elevado precio.Carbón. Además de la madera, los á., producen carbón (v.); combustible que en la industria moderna está siendo sustituido por otros elementos de mayor rendimiento o, lo que es más importante, de más bajo costo; pero tendrán que evolucionar aún mucho las fuentes de energía no naturales antes de que el uso del carbón quede al margen de la vida del hombre. El carbón de madera o vegetal se obtiene por la combustión incompleta de la madera en atmósfera que contenga muy poco aire y, por tanto, muy pobre en oxígeno, dificultándose así una combustión completa. Ello se consigue haciendo montones apretados de madera dura que se cubren por completo con tierra. Por la parte inferior del cúmulo resultante se le prende fuego y se deja que tenga lugar la combustión incompleta de la madera.Látex y resinas. Muchos á. además de los vasos conductores de la savia que recorren toda su anatomía, poseen células secretoras de diversas sustancias. Algunas plantas poseen células secretoras tubulares que originan una materia fluida de aspecto lechoso blanquecino que en sentido amplio se denomina látex. Mencionemos por su importancia el que se origina en los llamados vasos laticíferos del tronco de un á. de los trópicos, Hevea brasiliensis, muy abundante en las selvas amazónicas, aunque no es exclusivo de esta especie, y en otras sin afinidad taxonómica puede encontrarse un tipo de jugo parecido. Del látex se fabrica en la industria el hule, la goma de mascar, las gomas de borrar lápiz y numerosos productos líquidos que recubren los tejidos de una capa impenetrable al agua, por lo que se usan en la fabricación de impermeables (v. CAUCHO Y GOMAS). Otro tipo similar de producto de secreción vegetal es el que se produce en un á. del género Acacia, de la que se fabrica la goma arábiga y numerosos pegamentos. Entre los productos fósiles de secreción vegetal se encuentra el ámbar, tan apreciado en nuestros días y que fue producido en tiempos prehistóricos por una conífera del Báltico. El ámbar ha prestado una gran ayuda a la Biología porque muchos animales, en su mayoría insectos de épocas geológicas remotas, se han conservado en su interior formando el ámbar en torno a ellos una especie de molde que reproduce todas sus estructuras, y que es el fósil que ha llegado a nuestros días, gracias a la protección de la resina, que impide el paso del aire. El pino y otros á. de la familia de las coníferas producen en su tronco un jugo -resina en sentido amplio-, muy rico en aceite de trementina, el cual se extrae mediante profundos cortes en el tronco, que dejan al aire los vasos por donde circula; una vez que al interesar en el corte los vasos, la resina comienza a manar, se canaliza su salida y se recoge mediante recipientes colocados al pie del á. Esta resina proporciona por destilación el aguarrás y la colofonia, productos que se utilizan en la fabricación de pinturas y barnices (v. RESINAS).Otra serie de productos de origen vegetal útiles al hombre que radican en la madera son: papel, rayón, plásticos y corcho. El análisis químico de los componentes de la madera da por resultado que está formada en una gran proporción por un polímero llamado celulosa (v.) que mantiene en la actualidad un gran número de industrias, entre ellas las dedicadas a fabricación de papel, de fibras sintéticas textiles, de materias plásticas, etc.Pulpa de papel. Triturando la madera y sometiéndola a procesos químicos que destruyan en grado conveniente parte de la lignina que contiene, y que la dotan de una excesiva dureza, se logra que las fibras se separen y aclaren entre sí lo suficiente para formar una trama blanda que, sometida a la acción de mordientes y blanqueadores, queda transformada en una pasta de la que se obtiene desde el más fino papel transparente hasta el más grueso y poco refinado de diversas aplicaciones en la vida cotidiana.Rayón. Con este nombre se conocen unas fibras que no son sino derivados químicos de la celulosa (en general ésteres) obtenidos al dar un diámetro conveniente al producto resultante de la disolución de la celulosa por procedimientos adecuados. Una vez que la celulosa está transformada en un éster (uno de los más comunes es el acetato de celulosa) se puede pasar a través de una matriz con orificios de diversas secciones, obteniéndose así finos hilos que al entrelazarse forman las fibras de rayón, producto que aun siendo una elaboración del hombre está íntimamente ligado al reino vegetal por su componente básico, la celulosa.Plásticos. La primera de todas las sustancias que en la actualidad se denominan plásticos debido a sus cualidades, fue al parecer el celuloide, obtenido hacia 1869 como un producto derivado de la celulosa y cuya elaboración consistía básicamente en el tratamiento de ésta con ácido nítrico, nitrato de celulosa que se sometía a posteriores reacciones químicas. A pesar de sus grandes ventajas en la industria de esos años, tenía el inconveniente de ser fácilmente inflamable, desventaja que ha sido ya subsanada en la elaboración de los modernos plásticos, pero aun con semejante inconveniente ha sido uno de los productos de más amplios horizontes en su utilización que el reino vegetal, a través de la madera, ha brindado al hombre.Corcho. Otro elemento importante en economía que brindan los á. es el corcho (v.); este producto es la corteza seca y desprendida del alcornoque (v.) Quercus suber.Es un tejido que al desprenderse está ya muerto, sin actividad en el protoplasma celular, y en el que todas las células están rellenas de aire, condición por la que es un material ligero, aislante de los ruidos y de la humedad, y además capaz de flotar en el agua por el conjunto de cámaras de aire que forman sus células.Farmacia. Aunque hoy día la aportación de los á. en Farmacología está muy restringida, han sido de gran utilidad para el hombre en otros tiempos. La quinina se ha utilizado desde muy antiguo en la lucha antipalúdica (v. PALUDISMO); se obtiene de la corteza de un á. del Perú denominado Cinchona of ficinalis, que es á. perennifolio (v. ANATOMÍA I, 1), cuya corteza lleva varios alcaloides (v.) en los que reside el poder de la lucha antipalúdica. Este á. desconocido en Europa, se incorporó a la Farmacología del Viejo Continente gracias a las expediciones españolas al continente americano. Al principio se le llamó á. de la quina, y en el s. xvIII, Linneo lo denominó con el nombre genérico que tiene en la actualidad, recordando así que gracias a la quina curó la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú.Otras utilidades. Junto a estos beneficiosos aspectos, hay que considerar el importante papel que desempeñan en la dieta de la humanidad los á. de frutos comestibles (v. I, 2), fuentes de un gran número de vitaminas y de principios básicos en la alimentación, á. muy diferentes todos ellos entre sí y muy desigualmente repartidos en las distintas regiones de la Tierra. Tienen también los á. la propiedad de purificar el aire viciado de las grandes ciudades, papel de repoblación y contribución al enriquecimiento de zonas despobladas; la función ornamental que algunos desempeñan, etc.; facetas que contribuyen a considerar a estos vegetales como fuente de bienestar y riqueza para la humanidad. V. t.: BOSQUE; PLANTAS; FANERóGAMAS; MADERA, INDUSTRIA DE LA; PAPEL; RESINAS.2. ÁRBOLES FRUTALES. Generalidades. Cuando por medio del viento, los insectos u otras causas, un grano de polen (v.) se pone en contacto con el estigma de una flor (v.), emite aquél un tubo polínico a través del estilo hasta llegar al ovario, donde se produce la fecundación (v.) de la flor, transformándose ésta y adquiriendo las características de cada tipo de fruto (v.). Cuando la flor sin ser fecundada se transforma en fruto, los primordios seminales no se convierten en semillas, o bien éstas resultan estériles. Este fenómeno se conoce con el nombre de partenocarpia. Los frutos así formados tienen un elevado valor comercial. Con carácter de permanencia en la variedad, en diversos países se está estudiando la manera de conseguir frutos sin semilla. Hoy día se establecen dos grupos de esterilidad para los frutales: la que proviene de la degeneración de la flor, y la que tiene por causa la mala formación de la semilla y de los frutos. Los casos más frecuentes de improductividad en frutales son debidos a esterilidad masculina por anormalidad de la célula nuclear del grano de polen. No obstante también intervienen otros factores, por tanto no se puede atribuir únicamente la esterilidad a una falta de fecundación debida a una mala polinización.Cultivo y multiplicación. El cultivo de la tierra, fundamentalmente en los primeros años de la vida del á., contribuye de una manera eficaz a la buena marcha de la vegetación y facilita el desarrollo del á. El abonado, el marco de plantación, el injerto bien realizado, la poda, el aclareo de la flor y el fruto, y en general toda clase de labores complementarias, ayudan a que la vegetación sea normal y armónica, a todas luces indispensables para conservar la potencia floral y la mayor longevidad posible en estado productivo. El patrón o portainjerto tiene una marcada influencia sobre la productividad del á. frutal. Los parásitos ejercen sobre las flores y los frutales una acción nociva de considerable importancia, no sólo por los trastornos de índole vegetativa que pueden ocasionar, sino también por atacar directamente a la flor, destruyéndola total o parcialmente (v. FITOPATOLOGÍA).Una flor se dice que es autofecunda cuando es fecundada por su propio polen; este fenómeno se denomina autofecundación; si la fecundación no es realizada por el propio polen se denomina polinización cruzada. En los frutales es frecuente el fenómeno denominado autoesterilidad consistente en que el polen de una variedad determinada no sirve para fecundar las flores de los á. de esa misma variedad. El polen de la mayor parte de las especies frutales es transportado de unos á. a otros por los insectos, mientras que la acción del viento o de otros agentes, como el agua, los pájaros, el hombre, etc., es muy limitada. Los insectos polinizadores más útiles son las abejas (v.).Los procedimientos de multiplicación llamados artificiales tienen por objeto la formación de nuevos individuos que tengan exactamente los caracteres de la planta madre y den, por consiguiente, los mismos frutos. El acodo es la operación mediante la cual se hacen desarrollar raíces a una rama del á. a multiplicar, poniéndola en condiciones favorables para la emisión de las mismas. Separada solamente y replantada en seguida, esta rama da un nuevo vegetal semejante a la planta madre. Se dice que se ha hecho un acodo. El acodo en aporcado se emplea para obtener las plantas del membrillero, del manzano paraíso, del dulcillo, destinadas al injerto del manzano y del peral. Algunos á. f. producen retoños subterráneos que surgen a cierta distancia del tronco y emiten naturalmente raíces adventicias. Estos brotes subterráneos se llaman renuevos. El guindo, ciertos ciruelos, el avellano y el frambueso, producen renuevos.El esqueje consiste en la separación de la planta madre en partes que tengan raíces, llamadas esquejes, las cuales son replantadas por separado y dan, cada una, un nuevo vegetal que posee los caracteres de la planta madre. El esqueje se emplea en ocasiones para multiplicar las groselleras, casiseros e higueras. Al plantarse en determinadas condiciones las ramas de algunos á. y arbolillos frutales emiten raíces y forman en seguida plantas distintas que tienen todas las características del á. o arbolillo que ha suministrado la rama. Se llama estaca a la rama empleada. La multiplicación por estaca es un procedimiento rápido. Se emplea corrientemente en las vides, el grosellero, el casisero, la higuera y el membrillero. Más raramente, también en el manzano dulcillo y en el manzano paraíso. El injerto (v.) es la operación que consiste en fijar una yema a una rama de un á. frutal o no, que le servirá de soporte, y cuyas raíces le proporcionarán alimento. La planta soporte se llama sujeto, portainjerto o patrón, y la parte que en ella se fija, injerto. El injerto, resultado de la operación es, pues, la asociación de dos plantas que viven en común sin perder su individualidad. El arraigo de un injerto es la soldadura del injerto al sujeto; esta soldadura pone en comunicación, cuando es completa, el leño y el liber de los dos individuos. Para obtener un injerto es necesario que haya afinidad entre las partes. Esta afinidad resulta de cierta analogía de estructura anatómica, de nutrición y de vegetación.Los árboles frutales en España. En España las áreas más apropiadas para la producción de frutos cítricos y otros frutos mediterráneos, son las que poseen un riesgo relativamente bajo de heladas en el litoral meridional de Andalucía y Levante, utilizando las amplias zonas que se indican en el cuadro situado arriba de página.Sin embargo, y debido a su generalmente alto rendimiento por hectárea, puede alcanzarse un aumento sustancial en la producción de frutos con sólo un aumento relativamente pequeño en el área cultivada. En lo que respecta a las frutas exportables, tales como agrios, melocotones, albaricoques y peras, se ha registrado un considerable incremento en la producción debido a la rápida expansión de la superficie dedicada a estos productos. Ahora bien, debido a que un número considerable de estos á. no están en la etapa de máxima producción, los rendimientos medios no han reflejado dicho aumento. El incremento correspondiente de los rendimientos que cabe esperar en los próximos 10 años, según vayan madurando los á. jóvenes, sugiere la necesidad de seguir una política cautelosa con respecto a nuevas plantaciones, con el fin de evitar problemas de mercado. No obstante, es mucho lo que se puede hacer para mejorar las normas del cultivo de los frutales y la ordenación de las plantaciones, tanto con el fin de incrementar el rendimiento, haciendo más eficaces la protección y el riego y otros cuidados, como para reducir el coste de dichas operaciones. En este caso, como en el de los cultivos anuales, la producción por hectárea y el rendimiento neto de las explotaciones bien manejadas, es con frecuencia bastante superior al promedio (v. cuadro al pie de página).En resumen, según el informe de la FAO, el progreso depende especialmente de una política ordenada de precios y de una mejora en el sistema de distribución, con una ordenación de la producción que sólo puede llevarse a efecto con una política de precios, teniendo en cuenta la oferta y la demanda, considerando desde un punto de vista conjunto los mercados interior y exterior.La producción de frutas del Mercado Común supuso durante 1965, 1966 y 1967, en millares de toneladas, lo siguiente:Países1965 1966 1967
Alemania ... ... ... ...1.1551.5351.897
Francia ... ... ... ... ...2.3522.3302.450
Italia .. ... ... ... ...8.5709.7168.950
Holanda ... ... ... ...508543582
Bélgica ... ... . . ... ...265299359
Luxemburgo ... ... ...91013
Total ... ... ...12.859 14.433 14.251
De esta producción total de frutas, la tercera parte representa la de manzanas, cuyo volumen de comercio no cesa de aumentar. El carácter perecedero de las frutas hace que su comercialización presente unas dificultades específicas difíciles de resolver en numerosos casos. V. t.: FRUTO;INJERTO; TRASPLANTES (BOTÁNICA).
3. ÁRBOLES FORESTALES. Se denominan á. f. aquellos que forman masas espontáneas o artificiales que tienen una utilidad, bien por sus productos o bien por los beneficios que de su presencia se derivan directa o indirectamente. Por extensión, reciben también este nombre cuando aparecen aisladamente.Especies principales. Los á. f. pueden considerarse incluidos en dos grandes grupos, con características básicas diferentes: coníferas y frondosas.En la actualidad, las coníferas (v. FANERóGAMAS) están representadas por más de 500 especies, distribuidas principalmente en las zonas templadas del Hemisferio boreal. Se caracterizan por sus óvulos desnudos (gimnospermas), rodeados de escamas, dispuestos generalmente en inflorescencias cónicas que dan lugar a una infrutescencia de tipo estróbilo, también llamado cono o piña (v. FLOR Y FRUTO), exceptuándose algunas especies como los tejos -Taxus- y los enebros y sabinas -Juniperus- cuyo fruto es de tipo bacciforme. Las hojas son casi siempre aciculares o escamiformes, y persistentes; las únicas coníferas que pierden la hoja en invierno son los alerces -Larix y Pseudolarix-, el ciprés calvo -Taxodium distichum- y la ílietasequoia glyptostroboides. El tronco es recto y continuo hasta la copa, circunstancia particularmente apreciable en los abetos (v.). Sus maderas son más o menos resinosas, sin vasos conductores, y provistas en cambio de traqueidas (células aisladas, tubulosas).Las frondosas comprenden un elevado número de especies; se distinguen de las coníferas por sus óvulos encerrados en un ovario (angiospermas) que se transforma posteriormente en fruto. Son generalmente latifolias y caducifolias (hojas anchas y caedizas); en climas cálidos y húmedos la hoja suele persistir durante todo el año. El tronco es menos recto y su ramificación muy irregular. Son los á. productores de madera de mejor calidad.Tamaño, longevidad y rapidez de crecimiento. Son éstos caracteres relacionados íntimamente entre sí. Entre las coníferas de mayor talla destacan las sequoias (Sequoia sempervirens y Sequoiadendron giganteum), el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii), la picea de Sitka (Pitea sitchensis), el abeto de Vancouver (Abies grandis), y el Pinus lambertiana, entre otros, que pueden alcanzar alturas próximas a los 100 m., e incluso superarlas. Entre las especies españolas, las tallas mayores corresponden a los pinos laricio (Pinus nigra) y silvestre (P. sylvestris), que pueden llegar a los 40 m. Las frondosas de mayor tamaño se encuentran en las especies del género Eucaliptus, entre las cuales destaca el E. regnans que alcanza los 120 m. En España, los á. más altos son robles (v.), castaño (v.), haya, chopo (v.) y olmo.La longevidad varía mucho, desde á. que no viven un siglo (sauces y chopos) hasta los que perduran varios (robles, pino, abetos y hayas) o sobrepasan incluso el milenio (Sequoia). La rapidez de crecimiento suele ser inversamente proporcional a la longevidad. Existen especies que en pocos años -entre 10 y 20- alcanzan el desarrollo que permite su explotación -especies de crecimiento rápido: chopos, eucaliptos, pino insigne-, mientras que otras, especies de crecimiento lento, necesitan alrededor del siglo para su corta (robles, pinos, abetos).Según su utilidad, los á. f. constituyen bosques (v.) llamados productores, protectores y recreativos. La superficie forestal de España se eleva a 27.656.000 Ha. (1967), de la que está poblada de á. f. algo más de la mitad.Bosques productores. Son aquellos que tienen interés por los productos que de ellos se obtienen: maderas, resinas, jugos, corcho, taninos, productos de destilación, frutos, etc. La madera, que es el producto de mayor importancia, es utilizada en la industria de muy distintas maneras: en forma de rollizo, para apeas de minas, postes y pilotes. Las industrias de aserrío emplean generalmente troncos de grandes dimensiones, transformándolos en tablones, tablas, tablillas, etc., que a su vez son materia base para otras industrias como las del mueble, embalaje, construcción, decoración, etc. Las piezas de grandes dimensiones pueden también desenrollarse, proporcionando láminas utilizadas en la industria del chapado; las maderas de dimensiones menores o los restos de otras industrias proporcionan la celulosa, materia prima para la fabricación de pastas y papel por procedimientos mecánicos, químicos y semiquímicos (v. I, 1). También sirven estas maderas para la fabricación de tableros de partículas y fibras.Los á. f. más explotados por su madera son en España: el haya (Fagus sylvatica), el castaño (Castanea sativa), los robles (Quercus robur principalmente), el nogal (Juglans regia), el chopo (Populus sp.), el olmo común (Ulmus minor) y el plátano de sombra (Platanus hybrida), entre las frondosas. Los pinos (v.) (Pinus sylvestris, pinaster, nigra, halepensis y radiata), pinabete (Abies alba) y abeto de Douglas, entre las coníferas. La producción anual española supera los 5.000 millones de m3 (1960-70). Las demás producciones son de menor importancia en términos absolutos y forman parte de un mercado actualmente en baja. El Pinus pinaster es, en España, el mejor productor de resina (v.); hay unos 18 millones de pinos en resinación. El alcornoque (v.) -Quercus suber- proporciona el corcho (v.) con la corteza de su tronco; España es uno de los primeros países productores. Por sus frutos deben mencionarse el pino piñonero (Pinus pinea), la encina (v.) -Quercus ilex-, el castaño (v.) y el nogal. Las antiguas producciones de taninos, combustibles y otros productos de destilación, han perdido importancia.Bosques protectores. Ejercen una marcada influencia sobre el régimen hidrológico, sobre el suelo y sobre el clima. Los á., cuya superficie foliar puede llegar en las coníferas hasta 16 6 17 Ha. y en las frondosas hasta siete u ocho Ha. por hectárea arbolada, retienen el agua de lluvia en una proporción que se aproxima en ocasiones al 40%, retrasan su llegada al suelo y su velocidad de caída; al mismo tiempo, sus restos protegen el suelo, al acumularse sobre él y sus raíces aumentan su permeabilidad hasta profundidades grandes, permitiendo la infiltración del agua de lluvia y su almacenamiento en las capas freáticas. Circunstancias todas que entorpecen el proceso erosivo, impiden la formación de grandes torrentes y contribuyen decisivamente a la regularización del régimen hidrológico. La cubierta forestal y los sistemas radicales contribuyen eficazmente a la fijación y sujeción de las tierras, evitando deslizamientos y el empobrecimiento del suelo por pérdida de la materia orgánica que contiene su capa superior. También es importante el papel que los á. f. representan en el control de la erosión eólica, tanto directamente en la sujeción de las dunas, como en la protección de cultivos; formando cortinas cortavientos, la reducción de la velocidad del viento puede llegar a ser muy grande y de ordinario varía entre el 20 y el 50%.La acción sobre el clima es de carácter local, limitada casi exclusivamente al recinto que ocupan los á. f. La temperatura interior es ligeramente más baja en verano y más alta en invierno -uno o dos grados- que la exterior, pero también puede darse el caso opuesto, como en los bosques mediterráneos donde la inmovilización del aire hace que-la temperatura, en verano, sea mayor dentro que fuera de ellos. La evaporación disminuye considerablemente; no hay datos suficientes para pronunciarse sobre la pretendida influencia del arbolado sobre las lluvias; la velocidad del viento puede llegar a ser 30 ó 40 veces menor. En resumen, las masas de á. f. modifican de manera importante las circunstancias del clima, aunque sólo sea en su interior.Bosques recreativos. El crecimiento demográfico de las ciudades, su condición cada vez más alejada de la Naturaleza, y el hecho de la mayor accesibilidad a las zonas naturales, ha dado un nuevo sentido a las masas forestales: el de acoger a los ciudadanos en sus épocas de ocio, proporcionándoles un espacio lleno de valores estéticos y ambientales, de los que carece la ciudad. Esta nueva vertiente de la utilidad de los á. f. tiene cada vez más importancia y, en consecuencia, se van concretando ya nuevas directrices que afectan a los tratamientos silvícolas y a la localización y planificación de su uso. V. t.: BOSQUE; FANERÓGAMAS; ABETO; PINO; ROBLE; ENCINA.A. LÓPEZ LILLO, A. PÉREZ-MARSÁ HERNÁNDEZ.
BIBL.: L. PARDÉ, Les coniféres, París 1955; íD, Les feuilles, París 1943; M. LAGUNA, Flora forestal española, Madrid 1883-90; P. COCHET, La forét, París 1963; A. L. LILLO y A. RAMOS, Valoración del paisaje natural, Madrid 1969; J. M. FERRER y M. RoDRíGUEZ DE LA ZUBIA, Nuestros árboles forestales, Madrid 1968; E. GUINEA y C. VIDAL Box, Parques y jardines de España. Árboles y arbustos, Madrid 1969. BIBL.: P. GRISVARD, La poda de los árboles frutales (peralmanzano), Madrid 1967; B. JUSCAFRESA, Árboles frutales. Cultivo y explotación comercial, Madrid 1966; J. R. TISCOR.NIA, El arte de podar frutales, Buenos Aires 1967; S. PONTAILLER, Les arbres fruitiers, Périgueux 1969; C. E. BR.4NZATI y A. RIccI, Manuale di frutticultura, Bolonia 1969; U. Tosco, 11 commercio ortofrutticolo, Turín 1969.
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