Arauacos HIST.
Categoria:
Historia
Los a. o arawak constituyen una población indígena americana con amplia distribución geográfica. El concepto a. hace referencia a un cierto número de grupos étnicos, lingüísticamente afines. Su foco de origen se considera situado en torno a las cuencas del Orinoco y del río Negro. Se trata de un habitat tropical lluvioso, y en éste es donde los a. han producido sus formas de cultura peculiares. Sus migraciones y adaptaciones a otras áreas representan variantes de su patrón original.Debido al carácter migratorio de su agricultura continental y a la presión agresiva de sus vecinos, los. a. se expansionaron más allá de las cuencas que constituyeron sus poblamientos más arcaicos. Así, en el momento del descubrimiento europeo, el a. podía encontrarse en diferentes partes de Sudamérica. Por ej., había poblaciones a. en la Florida, al N, y en Paraguay, al S; y, asimismo, en la desembocadura del Amazonas, al E, y en ciertas partes orientales del Perú y Bolivia, al Occidente. Sin embargo, a la llegada de Colón las concentraciones más definidas de grupos a. se manifestaban en las Antillas mayores. Fue precisamente en las Bahamas y en el norte de Cuba y de La Española donde Colón estableció sus primeros contactos con los indígenas americanos, y éstos, a su vez, eran a. A finales del s. xv, pues, el área focal de la cultura a. más desarrollada eran las grandes Antillas, aunque su cronología arqueológica más antigua está situada en la región de los bosques tropicales de Sudamérica. Teniendo en cuenta que el idioma a. es amazónico, el área tropical parece ser su centro de difusión.En el momento del Descubrimiento, los a. más característicos vivían, por tanto, en las Antillas mayores, y aunque había cinco grandes grupos localizados en Trinidad, Puerto Rico, La Española, Cuba, Jamaica y las Bahamas, lo cierto es que los más numerosos y culturalmente más avanzados, eran los taíno, población mayoritaria en Puerto Rico y el extremo oriental de Cuba. Los taíno son, pues, el grupo de habla a. más definidamente característico a los efectos de su evolución cultural y de su posición histórica. Son, por tanto, los que serán objeto de nuestro interés aquí.Caracteres somáticos y asentamiento. De acuerdo con las descripciones hechas por los cronistas de Indias, los taíno eran un grupo étnico de gran inteligencia y de anatomía esbelta, talla media, frente elevada, cabello lacio y negro, labios finos, nariz aplanada, cabeza más bien ancha y malar alto, así como barbilampiños, de cutis cobrizo y psíquicamente emocionales.Los taíno solían ocupar las regiones elevadas del interior, principalmente los valles cultivables. Sus poblamientos podían consistir en aldeas constituidas por la reunión de varias familias, pero también por grupos de 1.000 hasta 3.000 individuos. La estructura de los poblamientos era más bien irregular, pero en todos ellos encontramos una o dos canchas para jugar a la pelota, juego semejante al balonvolea donde los contendientes, situados unos frente a otros, y separados por una línea divisoria central, golpeaban con la mano o con el pie una pelota de goma evitando que ésta tocara el suelo, pues de lo contrario cometían falta. Cada poblado disponía de un templo y estaba gobernado por un jefe. Las viviendas eran de dos clases: 1) el llamado bohío, generalmente constituyendo la casa típica de los jefes, de forma rectangular y edificada en madera, con remate triangular, provista de techo de paja, cañas y hojas de palma, y con un patio frontal, el batey; y 2) el caney o vivienda de los comunes, de forma circular, techo cónico y tamaño más pequeño, de una sola habitación, y edificada con materiales semejantes a los empleados en la construcción del bohío. Algunos bohíos eran ocupados por varias familias emparentadas. Estas casas se amueblaban de manera muy sencilla. Disponían de hamacas de algodón tejido en forma de red, usadas para dormir, y colgadas de dos palos; calabazas y cestos colgando del techo; y aparejos de caza y pesca, así como armas personales pendientes de perchas puestas en las paredes. Los jefes añadían a estos enseres taburetes esculpidos en madera o piedra, los dujos, destinados a ceremonias. Asimismo, había plataformas de madera para almacenar alimentos, montadas sobre cuatro palos. Cada casa tenía, por lo menos, un cemi: idolito, generalmente esculpido en madera o en piedra, representando a un antepasado o a un espíritu importante.Vestido y ornamentos. Los varones iban generalmente desnudos. Las mujeres llevaban un delantal púbico cuyas dimensiones variaban según su estatus social. Así, p. ej., este delantal era de mayor tamaño para las casadas que para las solteras. Además las mujeres de rango superior llevaban falda, incluso hasta los tobillos. Uno y otro sexo, para resguardarse de la lluvia, empleaban hojas de palma. Ambos sexos se pintaban el cuerpo en las ceremonias públicas, empleando para ello colores vegetales y aplicándose dibujos representando a sus cemis. Se deformaban la cabeza desde niños y se agujereaban nariz y orejas para de este modo poder colgarse ciertos adornos. Éstos consistían en collares y objetos de piedra, hueso, concha, cuentas y de oro; en cada caso adoptaban la forma de sus cemis. Los guerreros comunes llevaban en la frente discos de piedra semejando figuras antropomorfas, y los jefes se ponían láminas de oro con figuritas de cemis. Como símbolo jerárquico usaban pendientes, los guanin, fundidos en oro y cobre, probablemente importados de Sudamérica. Las esposas de los jefes se colocaban turbantes y trenzas con cintillos dorados.Economía. La vida económica de los a. se basaba en la agricultura y, secundariamente, en la caza, la pesca, la minería, y un pequeño intercambio comercial que llegaba hasta el N de Sudamérica. Cada familia trabajaba una parcela que se transmitía por sucesión matrilineal. Empleaban diversas técnicas, entre otras, el regadío, pero la más común era el aprovechamiento de la humedad de los suelos y el desbosque por roza. Sus cultivos más importantes eran la yuca y la patata, pero además el cacahuete, el frijol y el maíz de grano blando. La yuca era de la llamada amarga o venenosa, cuyo jugo extraían por medio del tipití o bolsa alargada, colgada de un árbol, sobre la cual ejercían presión para exprimir los trozos de yuca y quitarles el veneno. La yuca constituía la base del pan o casabe, su alimento principal. También consumían ají y otras plantas, pero en menores cantidades. Comían carnes de caza y de pesca, para lo cual acorralaban y aporreaban a los animales; asimismo, deslumbraban a éstos empleando antorchas. Pescaban con redes y con sedal y anzuelo; utilizaban arpones, cestos y represas. Tenían dos animales domesticados: el loro y el perro.Sus principales industrias eran las del tejido de fibras de magüey y de algodón, así como otras fibras vegetales. Tejían en forma de red. Tenían alfarería que decoraban a colores y con figuras zoomorfas, antropomorfas y geométricas. Labraban la piedra y la madera. Con aquélla producían cuchillos, hachas, recipientes y cemis decorados con dibujos. Con la madera hacían recipientes incisos y relieves asimismo zoomorfas, antropomorfos y geométricos. Conocían la metalurgia del martillado del oro. Sus objetos de oro parece que los adquirían de Sudamérica, lo mismo que los de plata. Elaboraban, además, idolitos, amuletos y espátulas de hueso y objetos de concha: máscaras y adornos. El transporte dependía, básicamente, de piraguas hechas con troncos que ahuecaban por medio de fuego. Algunas de estas piraguas tenían capacidad para 70 y hasta 80 personas. Se prefería el transporte por mar al terrestre. No se conocía la vela. La carga por tierra se hacía por medio de cestos apoyados sobre la espalda. El agua la llevaban en grandes calabazas.Organización social. El matrimonio se celebraba previa una compensación económica, o un regalo, hecho por el novio a los padres de la mujer. Ésta era llevada a vivir al poblado de su esposo. Los nobles practicaban la poligamia, o sea, se casaban con varias mujeres, pero una de ellas se consideraba la principal. Contaban la ascendencia por línea materna y los individuos emparentados por la sangre formaban un linaje.Los a. estaban políticamente agrupados en territorios gobernados por jefes hereditarios. Éstos distribuían su poder en subjefaturas distritales y en cacicazgos locales que, en cada caso, tenían un cierto carácter despótico. Cada jefe local estaba a cargo del almacenaje de alimentos, de organizar las actividades económicas y ceremoniales, y de atender a los huéspedes del poblado. Los jefes podían exigir contribuciones económicas y prestaciones militares a sus subordinados. A su muerte, les sucedía algún hijo de una hermana mayor, y, en su defecto, los hermanos. Había casos en que la jefatura podía ser heredada por su propio hijo e incluso por una mujer, pero esto último ocurría sólo en casos excepcionales.La sociedad estaba formada por nobles, plebeyos y esclavos. Estos últimos eran producto de la guerra. Los jefes y los nobles decidían la política de guerra. Cada grupo social se mantenía separado a efectos matrimoniales. Eran básicamente pacíficos, pero practicaban la guerra defensiva contra los caribes (v.). También eran proclives a las luchas derivadas de venganzas familiares, o de agravios inferidos a sus jefes, o por cuestiones de límites y otras disputas, sobre todo por mujeres. Si bien las guerras eran llevadas a cabo por los hombres, se conocen casos de mujeres guerreras en la isla de Santa Cruz.Las guerras de los taíno no solían ser victoriosas, pues generalmente eran superados por la mayor agresividad de los caribes. A diferencia de éstos, los a. no practicaban el sacrificio humano, ni tampoco el canibalismo. En sus guerras solían emplear como armas el lanza-dardos, la jabalina, piedras y porras. Se conocen casos de jefes que usaban arco y flecha.Religión. La religión de los a. constituía una combinación de espíritus a los que rendían culto privado y público los hechiceros en los templos de la comunidad. Los cultos principales eran dedicados a los cemis, espíritus de antepasados o de fuerzas tutelares. Esta religión se dedieaba, pues, a la adoración de espíritus o almas de personas y animales. También encontramos en ésta los goeiz o espíritus de las personas vivas. Eran también importantes los opia o espíritus de las personas difuntas. Los goeiz eran muy temidos por cuanto podían abandonar el cuerpo de un vivo y causar grandes daños. Cuando moría una persona, el goeiz se convertía en opia y pasaba a vivir a una especie de Paraíso, pero también visitaba a los vivos y podía perjudicarles. Los cemis, por otra parte, representaban ser espíritus dotados de extremado poder. Sin embargo, este poder podía ser controlado por medio de ceremonias adecuadas. En este sentido, cada familia tenía un cemi, por lo menos, aunque los más poderosos eran los que formaban parte de la propiedad de los jefes. La importancia de estos cemis puede valorarse por el hecho de que eran objeto de adoración pública en días especiales. Asimismo, los huesos de ciertos difuntos se guardaban como fetiches y, a veces, los encajaban en cemis de madera. Había cemis representando temas que habían sido objeto de visiones o de sueños. Por lo general, los cemis tenían su propia historia, una personalidad definida y cualidades específicas de poder. Eran consultados para augurios agrícolas, de caza y pesca, pero también para curar enfermedades y para controlar el tiempo. Para pedir su apoyo se ayunaba y tomaba rapé, formas éstas de obtener comunicación sobrenatural. Cada cemi recibía alimentos. Por añadidura, se transmitían de padres a hijos por medio del sistema de herencia.C. ESTEVA FABREGAT.
BIBL.: P. GARCÍA VALDÉS, La civilización taína en Pinar del Río, Cuba, La Habana 1930; R. HERRERA FRITOT, Culturas aborígenes de las Antillas, La Habana 1938; I. ROUSE, The arawak, The circumcaribbean tribes, IV, Washington 1963, 507-546; 1. H. STEWARD, Handbook of South American Indians, vol. 4, Washington 1963; íD, The Antilles, The circumcaribbean tribes, t. IV, Washington 1963, 1-41.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.