Aranjuez GEOG.
Categoria:
Geografía
Ciudad castellana emplazada a orillas del río Tajo, poco antes de su confluencia con el Jarama, es un verdadero oasis entre las secas tierras de Castilla la Nueva, pues la abundancia de agua proporciona un ambiente de frescor permanente y su conveniente aprovechamiento convierte el paraje en un fértil y frondoso bosque. Su maravilloso emplazamiento explica la importancia que ha tenido en la Historia de España. Al comenzar la Edad Moderna A. pertenecía a la Orden de Santiago, cuyos maestres habían construido allí un palacio, al NE del actual Palacio Real, que no se derribó hasta 1739, a pesar de que sufrió terribles incendios en 1660 y 1665. Cuando los Reyes Católicos, para fortalecer el poder real, incorporaron el Maestrazgo de Santiago a la persona del rey -política que también siguieron con las demás órdenes militares-, el lugar pasó a la corona, siendo residencia de Isabel la Católica en varias ocasiones. Y a partir de entonces fue lugar de descanso regio. Carlos I acudió a 61 con frecuencia para satisfacer su afición a la caza, realizándose a partir de 1535 algunas edificaciones para los criados.Establecida la capitalidad en Madrid, A., solamente a 47 Km. de distancia, se benefició de ello. Felipe II lo convirtió en uno de sus lugares favoritos de descanso, y procuró embellecerlo. No sólo se preocupó de acrecentar la zona de riegos, sino que decidió en 1561 construir un palacio más fastuoso que el existente. Encargó la obra a los arquitectos J. de Toledo (v.) y J. de Herrera (v.), que unos años más tarde comenzarían el más célebre palacio de El Escorial; ambos trazaron el edificio y comenzaron las obras, pero después intervinieron sucesivamente otros arquitectos en los siguientes reinados hasta que lo acabó J. Gómez de Mora (v.), al mismo tiempo que se agrandaban y embellecían los jardines circundantes. Otra decisión importante de Felipe II fue la prohibición de vivir en A., para lo que se expropiaron y derribaron las casas particulares existentes, y sólo la corte podía residir allí, de forma que los que acudían a ella tenían que hospedarse hasta en Ocaña, a 16 Km. Esta prohibición fue renovada por Felipe III en 1617 y por Felipe V en 1722. A lo largo del s. XVII, con los llamados Austrias (v.) menores, A. fue un sitio de recreo muy frecuentado por los reyes, que ampliaron y arreglaron considerablemente los jardines.Pero fue con la nueva dinastía de los Borbones cuando A. alcanzó su máximo esplendor. Fueron ellos los que pensaron en completar el palacio, para lo que hubo que derribar el viejo palacio maestral, buscando en todo la más aparatosa magnificencia; intervinieron en las obras varios arquitectos, especialmente el italiano Santiago Bonavía (v.), que trataron de ajustar el estilo del conjunto al del palacio construido por Felipe II. Al mismo tiempo, Fernando VI levantó la prohibición de residencia y encargó a Bonavía el trazado de la nueva villa, con plazas y calles a cordel, y en la plaza principal la iglesia de S. Antonio. El mismo rey incitó a los nobles de su corte a la construcción de mansiones en ella, verdaderos palacetes neoclásicos. Sabatini (v.), arquitecto de Carlos III, terminó el Palacio Real, auténtico museo de tesoros artísticos: espléndidas porcelanas de la fábrica del Buen Retiro, magníficas pinturas de los grandes maestros, sobre todo de Ribera y Lucas Jordán, y valiosísimos frescos. El refinamiento francés y la sobriedad éspañola forman una curiosa combinación, que se aprecia en sus varios salones y cámaras privadas. Y alrededor de él, jardineros traídos de Francia. moldearon uno de los mejores jardines de estilo francés que existen, cuya profusión de fuentes de nombres mitológicos procuraron trabajo a los decoradores y escultores de la época. Carlos IV, que ya de príncipe comenzó el llamado jardín del Príncipe, a lo largo de la calle de la Reina y al S del Tajo aguas arriba, dedicó gran atención a A., construyendo un nuevo palacete, llamado Casa del Labrador, y las fuentes de dicho jardín, ya que las del Parterre son más bien del tiempo de Fernando VII. A todo lo largo del s. XVIII, la corte hacía larga jornada de primavera en A. -la de verano era en el palacio de La Granja y la de otoño en el de El Escorial-, en la que acompañaban a los monarcas los ministros, la nobleza, las embajadas, la burocracia, etc. Hacia 1800 se calculaba que la ciudad, con unos 6.000 hab. en tiempo normal, sobrepasaba los 20.000 cuando llegaba la corte. A principios del s. xix ocurrieron en A. sucesos de mayor relieve. El 18 en. 1805 Carlos IV firmó allí el tratado de A., por el que se refrendaba la alianza con Napoleón en su lucha contra Inglaterra, a quien España había declarado la guerra hacía poco; por este tratado ambas marinas debían ponerse de acuerdo para intentar el desembarco en las Islas Británicas. La derrota de Trafalgar (v.) volatilizaría el proyecto. Pero aún más trascendencia tuvieron los sucesos conocidos bajo el nombre de "motín de Aranjuez" (v.) de marzo de 1808, antesala de los cruentos años que siguieron y de todos sus acontecimientos políticos. Durante la guerra de la Independencia (v.), el general Venegas, cuando avanzaba sobre Madrid, alcanzó en agosto de 1809 en los alrededores de A. una victoria sobre las tropas francesas, en cuyo recuerdo se instituyó en 1816 la llamada "Condecoración de Aranjuez". Fernando VII siguió frecuentando estos parajes, lo mismo que Isabel II, que todavía mantenía la tradición de las jornadas de primavera, aunque ya muy reducidas con relación a las del Antiguo régimen y sólo circunscritas a la Casa Real y lo palatino. Durante la epidemia de cólera que sufrió la .ciudad ef 1885, Alfonso XII, a pesar de encontrarse ya bastante enfermo, visitó a los coléricos, contrariando la política meticulosamente sanitaria de su Gobierno; como recuerdo de este rasgo existe una estatua del rey en una plaza popular.A partir de 1890 cesaron las jornadas de la corte en A., que desde entonces mantiene una vida similar a la de cualquier otra ciudad castellana: de su esplendor de antaño queda la continua afluencia de turistas que en todo el año, pero especialmente en primavera y otoño, quieren visitar el Palacio Real y sus maravillosos jardines. En la actualidad tiene unos 28.000 hab.L. LOBO MANZANO.
BIBL.: E. TORIO Y MoNzó, Aranjuez, Madrid s. a.; J. HESSE, Aranjuez, Madrid 1959; INSTITUTO D£ ESTUDIOS DE AD9IINISTR4cIÓn LOCAL, Aranjuez, Madrid 1955.
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