Aragón (región) HIST.
Categoria:
Historia
Al iniciarse los tiempos históricos, ocupan las tierras de A. tres grupos bien diferenciados: al NO, los vascones (v.), entre los que se encuentran los iacetanos (v.) de Jaca; los iberos, entre ellos los ilergetes (v.), situados en la izquierda del Gállego hasta el Ebro, y los edetanos (v.), en el Bajo A., río del cual toma nombre la región; y los celtíberos (v.), asentados fundamentalmente en el valle del río jalón.La penetración romana se deja sentir en tiempos de Escipión el Africano. Los caudillos ilergetes, Indíbil y Mandonio, se sublevan ante las contribuciones exageradas y Escipión los vence; las tierras aragonesas se incorporan a la España Citerior. Sertorio (v.), tras captarse la adhesión de los iberos, funda (76 a. C.) una escuela en Osca (Huesca), para hijos de nobles iberos, y crea un Senado de 300 miembros, lo que revela su talento político. Octavio, a su regreso . de la guerra cántabra, funda (19 a. C.) Cesaraugusta (v. ZARAGOZA ii), enclave de importancia estratégica y económica en el valle del Ebro. De la época romana es el templo in antis de Azaila (v.); pero son pocos más los restos arqueológicos romanos encontrados. Sin embargo, A. estuvo fuertemente romanizada, como lo prueban figuras como el poeta bilbilitano Marcial (v.) y Prudencio Clemente (v.), ya dentro de la literatura paleocristiana.La cristianización fue rápida. Es tradición popular la venida de Santiago el Mayor (v.) a Zaragoza, que en el 42 es ya sede episcopal (v. ZARAGOZA 111) y cuyo obispo se cuenta entre los 19 que acuden al conc. de Elvira (v.), en el 314. De la expansión del cristianismo es muestra la serie de mártires durante las persecuciones.En la invasión de los pueblos bárbaros, A. se ve libre de su primer empuje, ya que suevos, vándalos y alanos entran en España por Roncesvalles; cae, en cambio, bajo el dominio de los vísigodos (v.), asentados en Tolouse. En época visigoda, Zaragoza es, junto con Sevilla, una de las principales escuelas eclesiásticas, continuadora del pensamiento isidoriano, con S. Braulio (v.). Del condado al reino de Aragón. Destruida la monarquía visigoda (711) tras la batalla de Guadalete (v.), los árabes comienzan a extenderse por la península Ibérica. El territorio aragonés es conquistado por Muza, que somete todo el valle del Ebro (714). No es la ocupación efectiva, sino la sumisión y el reconocimiento’ de vasallaje lo que decide su dominio sobre la región. Las ciudades, concretamente Zaragoza, son tomadas por capitulación. Desde aquí, Muza envía a Táriq al Alto A., llegando probablemente hasta Huesca (V. HUESCA II). Los altos valles pirenaicos presentan mayor resistencia, manifestada en la oposición al pago de impuestos. Los límites de la conquista árabe quedan señalados por la línea que determinan las posiciones de Alquézar en Sobrarbe, Roda en Ribagorza y Ager en Pallars, al norte de las cuales no hay ocupación permanente ni, por tanto, reconquista propiamente dicha. A. es inicialmente una comarca reducida que apenas se extiende fuera del alto valle del río A., entre los Pirineos y la sierra de Guara, centralizada en la plaza de jaca. Los valles de Ansó, Hecho y Canfranc; los de Sobrarbe y Ribagorza; y, más al este el condado de Pallars (v.), apoyados por las guarniciones francesas, crecen y se desarrollan como núcleos antiislámicos.El establecimiento de los francos en Cataluña oriental determina que también ocupen Ribagorza y Pallars, que aparecen dominadas por Carlomagno (ca. 785) y que depende de los francos hasta que, en la segunda mitad del s. Ix, el triunfo del feudalismo permite su independencia de facto; así, hacia el 875, Ribagorza y Pallars constituyen un feudo autónomo, gobernado por el conde Raimundo I. De igual manera, el resto de las comarcas pirenaicas caen más o menos directamente bajo la órbita francesa: ya Carlomagno (v.), a cambio de que se le preste vasallaje, ayuda al gobernador musulmán de Zaragoza que intenta independizarse del emir de Córdoba; además, los franceses pretenden ocupar varias veces Huesca y controlan Jaca y el valle de Sobrarbe.Los Anales carolingios conservan el nombre del primer conde del territorio de Jaca, Oriol, que corresponde a fines del s. Ix. El naciente condado, que poco después, empieza a llamarse de A., emplazado entre los musulmanes españoles al S y los católicos francos al N, viven azarosamente. Mientras sus condes, los Aznar, se apoyan en Francia para pervivir, la familia musulmana de Banú Qasi (v.), gobernador de Tudela que había extendido sus dominios a Zaragoza y Huesca, se alía con los Arista navarros, representantes de la tendencia antifrancesa. Sometidos temporalmente a Navarra en la época de lñigo Arista, los Aznar recobran su independencia con Galindo Aznárez; pero por poco tiempo. El rey de Navarra García Sánchez (925-970) casa con Andregoto Galíndez, hija del conde de A. Galindo II Aznar, y así incorpora el condado aragonés a su reino. Más adelante (1018), Sancho III el Mayor -de Navarra (v.) conquista también Ribagorza y Sobrarbe. Todo el territorio aragonés cristiano queda en manos navarras, mientras Zaragoza está dominada por los Banñ Hásim, sucesores de los Banñ Qási, que buscan la independencia respecto a Córdoba. A la muerte de Almanzor (1002) comienza a desmembrarse el califato de Córdoba (v.) y se forman una serie de taifas (v.), de los que, en suelo aragonés, encontramos dos muy destacados: Zaragoza y Albarracín.Durante los s. viii al x, el territorio aragonés cristiano es una vasta red de extensas explotaciones rurales, entre las que destacan las fortalezas de los grandes señores laicos y los monasterios eclesiásticos, como el de S. Juan de la Peña (v.). Pero tenemos muy pocas noticias en todo lo referente a la repoblación, organización y régimen económico de A. en este tiempo. A. aparece como reino, en 1035, a consecuencia del testamento de Sancho III el Mayor de Navarra, quien, siguiendo el concepto patrimonial que los reyes de aquella época tienen de la monarquía, considerándola como propiedad personal, entrega el condado de A. a su hijo natural Ramiro, con el título de reino, y los condados de Sobrarbe y Ribagorza (v.) a su hijo Gonzalo.Mientras se estructura con sus características ~nstitucionales, A. se va ampliando. La anexión de Sobrarbe y Ribagorza (1037) y la conquista de Benabarre por Ramiro I, inicia su engrandecimiento. Sus sucesores se lanzan hacia el S y conquistan los baluartes islámicos: Pedro I (1094-1104) ocupa Huesca (1096) y Barbastro (1101); Alfonso 1 (1114-34), Zaragoza (1118) y otras plazas del valle del Ebro. Su sucesor Ramiro II (1134-37) desposa a su hija Petronila con Ramón Berenguer IV (v.), conde de Barcelona, cuyo matrimonio (1137) da pie a constituir la confederación catalano-aragonesa, en 1164; y, tras la anexión de Baleares (1232) y Valencia (1238) por Jaime 1 (v.), se completan los Estados de la Corona de A. V. ARAGÓN (HISTORIA MEDIEVAL).La unión con Castilla. A. se une a Castilla con el matrimonio de Fernando II de Aragón (v.) e Isabel 1 de Castilla (v.), aunque la unión es sólo dinástica y subsisten las instituciones propias de cada reino. La unión legal, plena y definitiva, no se produce hasta Carlos 1 (v.); y, poco después, en Madrid, se crea un Consejo de Aragón para todos los asuntos referentes al antiguo reino, del que se segrega el Consejo de Italia en 1555. Durante el s. xvl, al perder toda intervención decisiva en las emp%esas de la monarquía, A. padece una gran inestabilidad social -rivalidades nobiliarias, levantamientos contra los señores feudales, bandidaje, etc.- y un explicable sentido de oposición a los intentos uniformadores de Castilla. Este proceso de belicosa agitación se polariza en el caso de Antonio Pérez (v.), que acentúa la inestabilidad, agravada por la intervención de Felipe II, la entrada en A. de un ejército real y la ejecución del Justicia Mayor, Juan Lanuza, sin formarle proceso (1591). Sólo en las Cortes de Tarazona (1592), se produce una reestructuración institucional en la que, manteniéndose el régimen foral, se acentúa la integración de A. en la monarquía española.A. sufre, como otras regiones españolas, la expulsión de los moriscos (v.) decretada en 1610 y que produce un gran vacío de población, en la que representan un 16%; es compensada, en parte, gracias a la afluencia de inmigrantes franceses. Por lo demás, a lo largo del s. xvli existe una creciente identificación con los intereses del Gobierno central, como lo prueba la postura adoptada con motivo de la sublevación de Cataluña (1640-59, v.). En la época de los Borbones (v.), se realiza la definitiva asimilación de A. En la guerra de Sucesión (v.), se enfrentan Felipe de Aiijou y el archiduque Carlos. Pues bien, la Corona de A. apoya a este último. Cuando se produce la victoria de Felipe de Anjou en Almansa (1707), la causa del archiduque Carlos está prácticamente perdida y los antiguos reinos de A: ven desaparecer sus prerrogativas, sobre todo con el Decreto de Nueva Planta, dictado el mismo año, en que A. y Valencia pierden sus fueros. En 1710, Felipe V toma Zaragoza.A partir de 1711 se acentúan las medidas centralizadoras del gobierno de Felipe V (v.), durante cuyo reinado A. pasa a ser una provincia más, sobre todo al incorporarse su Consejo al de Castilla y al introducirse el pago de ciertos impuestos castellanos como las alcabalas y otros. Con los siguientes Borbones, y especialmente en la época de Carlos III, se realizan importantes obras, como la construcción del canal imperial (1788), básico para el regadío aragonés. El reformismo de Carlos III se apoya en A. en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza y en una pléyade de políticos o intelectuales: Aranda (v.), Roda, los Azara, Piquer, Luzán (v.) y Pignatelli. Un aragonés brilla desde fines del s. xvui, Goya (v.).Aragón contemporánea. Al comenzar el s. xLx, la guerra de la Independencia (v.) repercute hondamente en A., que combate ardorosamente contra los franceses: Zaragoza resiste dos sitios, en 1808 y 1809, en los que se inmortaliza Agustina en A. A lo largo de los s. xix y xx, se pueden distinguir en A dos zonas de distintas posiciones políticas: una enclavada en Zaragoza y el valle del Ebro, de actitud revolucionaria, que se adhiere prontamente a la sublevación constitucional iniciada por Riego en Las Cabezas de San Juan (Sevilla), en 1820; otra localizada en el Pirineo y Alto A., que representa el reducto de posiciones tradicionales y conservadoras y se convierte en el refugio de guerrilleros absolutistas. Cuando, al morir Fernando VII en 1833, estalla la guerra carlista, el Bajo A. es escenario de la lucha e incluso hay frustrados intentos, por parte de Cabrera, de tomar Zaragoza. La tensión se mantiene hasta la Restauración, en la que se proyecta la reconstrucción económica (transformación de la agricultura, iniciación de regadíos, fomento de la industria); es la época de Joaquín Costa (v.).Poco después, en las primeras décadas del s. xx, los problemas políticos se mezclan con los sociales y la situación se agudiza; A., y especialmente Zaragoza, se convierten en un fuerte reducto del anarco-sindicalismo, que domina su vida laboral e incide en la política, especialmente de 1931 a 1936, durante la segunda República española (v.), ocasionando la paralización de las actividades económicas. La tensón desemboca en el Movimiento Nacional (v.), durante el cual A. se ve atravesada por un largo frente militar desde los Pirineos a la sierra de Albarracín. Padece los momentos más duros de la guerra: tercera de las grandes ofensivas republicanas en el sector de Teruel (v. TERUEL II); batalla del río Alfambra; gran ofensiva de A., que rompe el frente de Belchite hacia Caspe y Alcañiz; penetración hacia el Maestrazgo. Tras la guerra, el balance es descorazonador. La pérdida de vidas y los muchos pueblos arrasados traen la ruina económica. Pronto comienza la reconstrucción, expresada en la inauguración del pantano de Yesa y del canal de las Bárdenas (1959) y en el desarrollo industrial, sobre todo de Zaragoza. Con la Constitución de 1978 (V. ESPAÑA iv), A. se constituye en Comunidad Autónoma (16 ag. 1982) con capital en Zaragoza; las primeras elecciones autonómicas se celebran en mayo 1983. V. t.: ARAGÓN (HISTORIA MEDIEVAL).M. T. BENJUMEA PINO.
BIBL.: M. ALMAGRO y oTRos, Prehistoria del Bajo Aragón, Madrid 1956; A. BELTRÁN, La Edad de los metales en Aragón, Zaragoza 1955; J. GALIAY, La dominación romana en Aragón, Zaragoza 1946; A. GIMÉNEZ SOLER, La Edad Media en la Corona de Aragón, Madrid 1950; J. M. CASAS TORRES, J. M. LAcARRA y F. ESTAP$, Aragón. Cuatro ensayos, Zaragoza 1960; MARQUÉS DE PIDAL, Historia de las alteraciones de Aragón durante el reinado de Felipe 77, Madrid 1862-63; 1. Ásso, Historia de la economía política de Aragón, Zaragoza 1947; A. UBIETO ARTETA (dir.), Historia de Aragón, 12 vols., Zaragoza 1981-85; A. CANELLAS LóPEZ, Aragón en su historia, Zaragoza 1980.
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