Aragón (región) GEOG.
Categoria:
Geografía
Se trata de una gran región cuya personalidad se debe a la peculiar evolución histórica del cuadrante nordeste de la península ibérica. A., constituida por las provincias. de Huesca (v.), Zaragoza (v.) y Teruel (v.), tiene 47.650 Km2 y 1.212.369 hab. en 1986 (912.711 hab. en 1920, 1.100.481 en 1958, 1.118.421 en 1969). Densidad: 25,5 hab/Km2, muy inferior a la media española; además la mitad de la población de A. se concentra en la ciudad de Zaragoza (v), con más de 600.000 hab. en 1990. La depresión del Ebro se sitúa en la parte central de la región, separando los conjuntos montañosos de los Pirineos (v.) y el Sistema Ibérico (v.) e introduciendo un poderoso elemento de contraste. No hay, pues, una unidad natural que dé razón de ser a esta gran región. A. se prolonga transversalmente de N a S cabalgando sucesivamente, una alta cadena alpina, una fosa de topografía compleja y unos macizos de cumbres aplanadas. El nombre y ser de A. tienen su origen en el primitivo condado que abarcaba el territorio de los Aragones, es decir, los altos valles pirenaicos de Hecho y Canfranc recorridos por el Aragón Subordán y el río Aragón propiamente dicho. Aquí se constituyó el núcleo, inicialmente defensivo, de la población cristiana refugiada ante la invasión árabe. A partir del s. x comenzó su expansión, ampliando sus dominios a los vecinos condados pirenaicos primero, y a los amplios horizontes del valle del Ebro después, para terminar, al final del s. xil, por completar sus fronteras actuales, en la llamada Extremadura aragonesa de la provincia de Teruel.La concreta personalidad histórica de A. se perdió en el s. XVIII, pero ha pervivido en la mentalidad de sus gentes, y obra como un vínculo supraprovincial, reforzado por el área de influencia de la ciudad de Zaragoza (v.), que desde su centrada posición regional, controla y organiza la actividad del antiguo reino.1. El medio físico. Ya hemos señalado la ausencia de unidad natural. En realidad son tres las unidades sobre las que se asienta A.: el Pirineo al N, la Depresión Central y el Sistema Ibérico al S. Todo ello es debido al dispositivo estructural del territorio que adquiere sus grandes líneas directrices durante el plegamiento alpino de la Era Terciaria. La orogenia pirenaica tuvo como consecuencia la creación de la cordillera y el hundimiento de la depresión del Ebro, que se produjo sincrónicamente, como un efecto de compensación. El lado ibérico sufrió también los efectos de la orogenia reaccionando con formación de pliegues y facturas, por influencia del zócalo herciniano. La fase de erosión y de sedimentación subsiguiente a la tectogénesis completó el cuadro, rellenando la depresión del Ebro con los derrubios procedentes de las zonas montañosas marginales. El relleno sedimentario de la depresión comenzó en el oligoceno, antes de que hubiese cesado del todo la orogenia y terminó en el mioceno con la deposición de los yesos y calizas en las áreas centrales, todo ello en régimen endorreico. La instalación de la red hidrográfica exorreica tuvo lugar al comienzo del plioceno, iniciándose la fase de morfogénesis sobre los elementos de la Depresión Central, que dio lugar al variado relieve que nos ofrece, donde se contraponen las altas plataformas estructurales, testigos del antiguo relleno, y los valles fluviales con sus terrazas y glacis.La estructura marca y colorea todos los demás factores del medio físico. En primer lugar, el clima está condicionado por el carácter de cubeta cerrada más que por la circulación general de la atmósfera. Las lluvias quedan retenidas en los contornos montañosos, donde se alcanzan volúmenes de precipitación bastante notables (por encima de los 1.000 mm. anuales) sobre toda la cordillera Pirenaica; en cambio en la Depresión Central las lluvias disminuyen muy rápidamente desde los bordes al centro, donde existe un verdadero enclave semiárido con precipitaciones en torno a los 300 mm. anuales. Éstas se distribuyen de forma irregular, predominando sobre todo en la primavera. Las inversiones térmicas son frecuentes en invierno, y es igualmente un efecto de cubeta con estancamiento de aire frío en el centro y formación de nieblas de irradiación, mientras que los márgenes mantienen una elevada insolación. El comportamiento térriiico es, pues, continentalizado, con una amplitud anual que supera los 18°. El viento es también una secuela del relieve, puesto que la diagonal del Valle del Ebro, entre el Cantábrico y el Mediterráneo, encauza y dinamiza el viento, en cuanto se forma una borrasca en el Mediterráneo. La barrera pirenaica le imprime una turbulencia horizontal que dirige el viento de NO a SE, cualquiera que sea la dirección inicial del mismo. Así se forma el cierzo, frío y violento, cuya frecuencia e intensidad se deja sentir en toda la Depresión Central.Estas condiciones climáticas se reflejan fielmente en la vegetación, constituyéndose un marcado contraste entre la Depresión Central y las montañas marginales. Éstas se revisten de un abundante manto vegetal, que en las laderas orientadas al N son de hayedos y abetares (Pirineo). Los pinares son la nota dominante (pinus silvestres y laricio), alternando con quegigales en las zonas más bajas. En el centro la degradación vegetal es manifiesta y la estepa de tomillo, romero y esparto domina grandes extensiones; sólo en las muelas y en los piedemontes quedan relictos de antiguas formaciones forestales de pino alepo y carrascas (quercus illex).La red hidrográfica, adquiere una grandiosa simplicidad al acoplarse perfectamente a la cubeta. El río Ebro (v.) inscribe su curso en la parte más deprimida de la Depresión Central, más próximo al margen ibérico que al pirenaico, y avena todos sus derrames fluviales. Del Pirineo descienden los grandes ríos que tienen su cabecera en la divisoria de la cordillera; el Aragón, Gállego y Cinca, que le aportan un volumen de caudal considerable en buena parte procedente de la fusión de las nieves invernales; otro grupo de ríos más modestos, el Arga y Alcanadre, con cabecera en las Sierras Exteriores, completan el conjunto. Por su orilla derecha los pobres ríos ibéricos, Huecha, Jalón, Huerva, Aguas, Martín, Guadalope y Matarraña, apenas enriquecen su caudal. Algunos territorios quedan sin avenar formando pequeñas áreas endorreicas como las lagunas de Bujaraloz, sobre las calizas y yesos de la Depresión Central, y la laguna de Gallocanta, alojada en una depresión del Sistema Ibérico.El balance que presenta el medio natural no resulta positivo en líneas generales para el establecimiento y actividad del hombre, al menos comparativamente con otras regiones españolas. La montaña resulta excesivamente fría, ,sin espacios suficientes para la agricultura y obstaculiza la vida de relación. La Depresión Central es árida y desabrida para una ocupación del suelo continua y rentable;el problema del agua es un desafío constante a sus habitantes. Los suelos incrementan más la rudeza del medio; sólo las vegas de limos fluviales o las áreas llanas donde afloran margas y arcillas terciarias se muestran acogedoras; pero la dominante son los yesos masivos del centro, los afloramientos de calizas desnudas o los suelos detríticos excesivamente pedregosos. Sin embargo, A. está muy bien situado en el cuadrante nordeste de la Península, siendo una zona de paso obligado en las direcciones Cantábrico-Mediterráneo y Cataluña-Centro, que han hecho la fortuna de la ciudad de Zaragoza. El poblamiento y los modos de utilización del suelo se han acomodado a los contrastes del medio natural cuajando en regiones homogéneas sobre cada una de las grandes unidades que ofrece la estructura.
2. Comarcas. Las comarcas pirenaicas. El Pirineo aragonés comparte con el leridano el sector central de la cordillera, es decir, su porción más compacta, bravía y ancha, aquella en la que el carácter de muralla se ofrece más netamente. Las crestas fronterizas sobrepasan los 3.000 m. de altura y tienen sus puntos culminantes en el Monte Perdido (3.355 m.) y Aneto (3.404), con un solo puerto viable todo el año, Somport, en el valle de Canfranc. Las alturas descienden hacia el S en las llamadas Sierras Interiores (Alanos, Peñablanca, Peña Telera) que aún rebasan los 3.000 m. y en las Sierras Exteriores (Santo Domingo y Guara), con 1.500-1.600 m.Sólo una depresión longitudinal cuyo mejor exponente es la Canal de Berdún, recorrida por el río Aragón de E a O, interpuesta entre las Sierras Interiores y Exteriores, aligera la montaña abriendo un amplio corredor que facilita la circulación. En esta depresión se encuentran los mejores enclaves agrícolas (cereales, plantas forrajeras y pequeñas huertas), explotados desde núcleos de población pequeños que tienen como centro comarcal la ciudad de jaca, capital del antiguo reino de A. y obispado pirenaico, que mantiene una cierta actividad por su posición estratégica en el Pirineo (11.107 hab. en 1965).A dicha depresión longitudinal pirenaica descienden una serie de valles transversales a la -orientación de la cordillera, cada uno de los cuales constituye una pequeña unidad comarcal. De O a E se suceden los valles de Ansó, Hecho, Aragües, Canfranc, Tena, Broto, Pineta y Benasque. La vida de montaña tiene aquí su pleno exponente con un predominio absoluto de la actividad ganadera trashumante, que explota los ricos pastos de altura en verano, la actividad forestal y, más recientemente, la explotación de los abundantes recursos hidráulicos mediante centrales hidroeléctricas, situadas sobre todo, en los altos Cinca, Esera y Gállego, que proporciona el 80% de la energía eléctrica producida en el Valle del Ebro y que está en constante expansión (en obras el aprovechamiento del valle de Canfranc). La disponibilidad de energía explica la creación del complejo industrial de Sabiñánigo (8.562 hab. en 1965), basado en la electrometalurgia y electroquímica, y el de Monzón, fuera ya de la Cordillera con las mismas características. Más recientemente se han superpuesto a estas actividades la turística, que se halla en un periodo inicial. Todo ello, sin embargo, no es capaz de frenar la constante emigración que despuebla los valles.Las comarcas de la Depresión Central. A la angostura pirenaica suceden hacia el S los amplios horizontes de la Depresión Central, con una anchura superior a los 130 Km. No se crea, sin embargo, que se trata de una región homogéneamente deprimida y llana, sino todo lo contrario. La disección morfogenética cuaternaria ha originado un relieve variado en el que se yuxtaponen tres grandes tipos de formas: los piedemontes, llanadas de pie de montaña sembradas de depósitos detríticos; las muelas centrales, altos relieves tabulares de posición interfluvial como son el Castellar (777 m.) entre el Arba y el Gállego, Alcubierre (822 m.) entre el Gállego y Alcanadre, la Muela de Borja entre el Queiles y el Huesca, La Muela (627 m.) entre el Jalón y el Huerva, y la Plana de Zaragoza (862 m.) entre el Huerva y el Aguas. Entre las muelas, extensas llanadas inclinadas hacia los ríos, formadas por glacis y terrazas y amplios afloramientos de yesos y margas, constituyen el tercer tipo.La compartimentación comarcal tiene en cuenta esta ordenación. Los somontanos (piedemontes) forman la margen más externa de la Depresión Central en contacto con los primeros espolones montañeses. Su posición marginal les confiere una mayor pluviosidad (más de 500 mm. anuales) y un cierto alivio en la continentalidad térmica (la amplitud anual desciende a los 15°-16°). El Somontano Pirenaico se desarrolla entre los ríos Gállego y Cinca, en una franja de marcada personalidad, con un poblamiento en pequeñas aldeas y un sistema de explotación agrícola basado en un policultivo de tipo arborícola: olivares, almendro, viñedo, que en algunos sectores está siendo transformado en cerealista. Pequeñas huertas regadas por los embalses construidos en las sierras exteriores completan el panorama. Huesca y Barbastro se disputan la hegemonía sobre el Somontano. La primera es capital de provincia y centro administrativo, tenía en 1968 26.785 habitantes; la segunda, en las proximidades del Cinca, es centro comercial importante y cabecera del sector oriental (12.790 hab.).El Somontano Ibérico es más seco, pero mucho más variado puesto que se dispone en alvéolos bien delimitados. El más occidental de ellos forma la comarca de Tarazona-Borja, con un policultivo con base en el olivar y viñedo y las vegas del río Queiles y Huecha. La ciudad de Tarazona (12.084 hab.), sede de un obispado y pequeño centro industrial es su indiscutible capital. A continuación sigue el Somontano de La Almunia, con eje en la salida del río jalón al llano y repitiendo las características ya señaladas. El Campo de Cariñena, un poco más al SE, al pie del enérgico relieve de la sierra de Algairén, carece de agua para el riego y dispone de extensos mantos detríticos que han permitido la instalación de un viñedo, casi en régimen de monocultivo. Pasada la divisoria de los páramos calcáreos de Fuendetodos, se entra en la región del Bajo Aragón, en el que el Somontano Ibérico adquiere una tonalidad más meridional y el contraste con la montaña se hace menos violento. La nota destacada es el cultivo del olivar, que cubre una superficie de 35.000 Ha. aproximadamente, tratado en pequeñas explotaciones. Los ríos Aguas, Martín, Guadalope y Matarraña entretienen unas pequeñas, pero ricas vegas. Alcañiz, la segunda ciudad de Teruel por su población (10.035 en 1960), rige toda esta comarca y dispone de industrias de refinación de aceite, conservas y materiales de construcción.Contrastando con los somontanos, las áreas centrales de la Depresión se articulan en torno al Ebro y sus grandes afluentes Arba, Gállego, Cinca, jalón y Huerva. En este sector es donde se deja sentir con mayor presión el problema del agua, que se constituye en elemento vital para la actividad agraria y cuya búsqueda y aprovechamiento anima una de las mayores empresas de colonización de España. La violenta oposición entre regadíos y .secanos es la nota dominante y unificadora de las comarcas de las Cinco Villas, Violada, Monegros, Bajo Cinca y Campo de Zaragoza. El secano está dedicado en casi su totalidad al monocultivo cerealista triguero en régimen extensivo de año y vez, con bajos rendimientos en muchas ocasiones aleatorias (cada 5 años suele haber una buena cosecha). Las tierras en barbecho alimentan una ganadería lanar que complementa la agricultura. Las explotaciones son de tipo medio y permiten una intensa mecanización, cada vez más necesaria por la falta de brazos. Todo ello no soporta una elevada población, y así los secanos son auténticos vacíos demográficos con núcleos de población muy aislados entre sí; la densidad de población desciende por debajo de los 20 hab/Km2 en la comarca de Monegros.Los regadíos permiten la multiplicación de los rendimientos y la ampliación del horizonte de trabajo al enriquecerse la gama de cultivos y sus rotaciones. Junto al Ebro la densidad de población alcanza los 100 y los 120 hab/Km2; dicha población vive en pueblos emplazados predominantemente en el contacto entre la franja regada y el secano. Los regadíos tradicionales se localizan en los márgenes del Ebro, Huerva y Gállego inferior. Tienen un origen árabe, pero su definitiva ampliación fue obra de los s. XVI-XVIII, periodo de construcción del Canal imperial terminado en 1784, con una longitud de 90 Km., que aseguró el riego de más de 30.000 Ha. en la orilla derecha del Ebro. Los regadíos modernos corresponden a una grandiosa concepción, pergeñada por la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927 y todavía en curso de ejecución. El plan consiste en la puesta en regadío de 230.000 Ha. al N del Ebro, mediante el aprovechamiento integral y combinado de las aguas de los ríos Aragón-Gállego-Cinca, que se unirán entre sí por los canales de Las Bardenas (80.000 Ha. de regadío), Monegros (100.000 Ha. de regadío) y Cinca (50.000 Ha. de regadío), que toman sus aguas respectivamente de los embalses de Yesa, Sotonera y El Grado.Las comarcas del Sistema Ibérico aragonés. La mayor parte de la provincia de Terriel y un tercio de la de Zaragoza están incluidas en el sector central y meridional del Sistema Ibérico, montañas de tipo medio, poco compactas, con numerosos corredores y depresiones y con un clima mediterráneo fuertemente continentalizado. El Moncayo al N (2.316 m.), y los macizos de Albarracín (1.921 metros), Gúdar (2.024 m.) y Javalambre (2.020 m.) al S, baten el récord de sus alturas y representan el tipo genuino de moles pesadas, deformadas por movimientos de gran radio de curvatura, en las que la impresión de montaña sólo se adquiere en las estrechas y profundas foces de los ríos que las disecan.El valle del jalón, cruzando transversalmente toda la estructura, en un sector donde aflora el zócalo paleozoico, vertebra una serie de comarcas que tienen su base económica en las vegás fruteras del río y de sus afluentes, Ribota, Manubles, Aranda e Isuela. La depresión de Calatayud-Derroca, de carácter longitudinal y rellenada con sedimentos miocenos, recorrida por el bajo Jiloca, completa el cuadro comarcal. Junto a las vegas hay secanos pobres, pero cuya posición abrigada permite un policultivo de base olivarera o vitícola. Calatayud (17.253 hab.), organiza y rige toda esta región; con un buen emplazamiento en las orillas del Jalón, es etapa obligada en la ruta Madrid-Zaragoza. Hacia el S la disección fluvial ha sido menos intensa y se penetra en el dominio de las altas parameras turolenses, arrasadas por la superficie de erosión finipontiense, a 1.000 m. de altura media. Se trata de regiones de monocultivo cerealista y ganadería ovina designadas con el nombre de Campos, Campo de Bello, Daroca, Visiedo. Sólo la ranura del Jiloca medio y superior, los valles del Guadalaviar y Alfambra y alto Turia, introducen un elemento de variedad y concentran la población, con sus pequeñas vegas frías predominantemente remolacheras que alimentan la azucarera de Santa Eulalia. Más al S las serranías cubiertas de pinares, escasamente pobladas, con una actividad ganadera relicta y con un cierto porvenir turístico. Los únicos focos de actividad se organizan en torno de los yacimientos de lignito en el sector de Utrillas y valle del Guadalope, con una producción de medio millón de t. que se transforman en energía en las centrales termoeléctricas de Escatrón, Aliaga y Escucha, y las minas de hierro de Ojos Negros y Bezas cuyo mineral se exporta a Vizcaya y al extranjero.S. MENSUA FERNÁNDEZ.
BIBL.: 1. M. CASAS TORRES, F. ESTAPÉ y J. M. LACARRA, Aragón. Cuatro Ensayos, 2 vol., Zaragoza (cuatro estudios, uno histórico, otro económico y dos geográficos); J. M. CASAS TORRES, El Valle del Ebro, en Geografía de España y Portugal, IX, Barcelona 1967.
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