Aragón (región)
Categoria:
Cultura
LENGUA. Determinación histórico-geográfica. El dominio lingüístico del dialecto aragonés, derivado del latín con influencias del castellano, se restringe actualmente a algunas hablas de los valles pirenaicos de Huesca, si bien rasgos dialectales persisten en el resto de la región, en las cuencas altas y media del Ebro, y de los ríos levantinos Mijares y Segura. La situación geográfica, entre el castellano y el catalán, ha determinado el freno de su expansión.La extensión del catalán, más allá de sus demarcaciones políticas (comarcas de Ribagorga, Llitera, Baix Cinca y Matarranya) se explica como consecuencia del enfrentamiento entre una lengua vehículo de cultura y una forma dialectal, favorable siempre a la primera; la presión del castellano, por otro lado, que arranca de su papel preponderante en la Reconquista y se hace definitiva al convertirse en lengua universal, relega en la actualidad el aragonés a habla rural, a la vez que provoca la regresión de la frontera lingüística del catalán, pues hace tres siglos éste llegaba hasta Monzón y Albalate de Cinca, poblaciones, hoy, de habla castellana.Frontera con el catalán. Por el sector oriental, el límite catalonoaragonés es indeciso al norte de Benabarre (territorios liberados de los árabes desde el s. xi) debido a la fuerza de los dialectos de la época prerromana (vascos, ceretanos, ilergetes, ribagorzanos, pallareses). El Alto A., dado que la frontera de la Hispania romana se fijó en el Ésera, estuvo abierto a la influencia vasca, reflejada en rastros fonéticos como la diptongación de la ó y é tónicas breves. Sin embargo, al S de Benabarre el límite lingüístico es bien definido: se corresponde con la expansión de la Reconquista por las riberas del Esera y del Cinca. Según A. Griera, "con la conquista de los pueblos de la Litera hasta Peralta y Tamarite por parte de los condes de Barcelona y Urgell, y más tarde con la conquista de Lérida (1149), Fraga, Torretne, Mequinenza, Velilla y Zaidín por Berenguer IV, y la conquista de Monzón y los otros pueblos de la ribera del Cinca, por Pedro IV de Aragón, tenemos explicado el origen histórico de la frontera lingüística de hoy" (La frontera catalanoaragonesa, Barcelona 1914, 30).El establecimiento de la frontera del aragonés con el valenciano en Castellón ha sido estudiado por M. Sanehis Guarner en El habla de Aguaviva de Aragón, "Rev. de Filología Española" XXXIII, 15-65. En ese territorio, el aragonés fue impuesto desde principios de la Reconquista (ca. 1240) y se mantuvo gracias a la influencia del obispado de Segorbe. (Para el trazado de la frontera lingüística v. M. Alvar, El dialecto aragonés, Madrid 1953, 144.)Límite con el castellano y el vasco. En cuanto a la influencia castellanizante, cabe citar la recibida como consecuencia de la orientación de la Península hacia Toledo durante el periodo visigótico, época en la que se produce un cierto proceso de igualación entre los dialectos hispánicos; el aragonés experimenta la palatalización de la 1- inicial (Iloza, cazo). En la etapa de la corte en Asturias, el influjo del castellano es sensible únicamente en el Bajo A., debido al aislamiento del Alto, por motivos políticos, zona que se abre a otras influencias, como la proveniente de Gascuña (allí -11 > -t) que provocará la palatalización de la -11- intervocálica hasta su dentalización (cfr. W. D. Elcock, De quelques affinités phonétiques entre l’aragonais et le béamais, París 1938). El empuje del castellano será progresivo y especialmente acusado a partir del s. XIII, y es a últimos del s. xv y principios del xvi cuando se precipitará el proceso castellanizador (cfr. B. Pottier, L’évolution de la langue aragonaise á la fin du Moyen rige, Bulletin Hispanique LIV).
En la Rioja, zona de transición, se aprecian ciertos rasgos arcaicos, propios del aragonés frente al castellano, especialmente en la Rioja Baja que históricamente ha gravitado hacia el sector aragonés (la diócesis de Calahorra, sufragánea de Zaragoza hasta 1574, y Alfaro, perteneciente al obispado de Tarazona). Por ello, la 11- inicial todavía se atestigua en Alfaro en 1272, mientras que en la Rioja Alta había pasado a j desde la segunda mitad del s. xl.Navarra marca la frontera por el sector occidental debido a la fuerza del vasco; ello se aprecia en el mantenimiento o pérdida de la f inicial, pues el aragonés, según Alvar, no ha sufrido el proceso prerromano f->h-.Frontera con el francés. La divisoria de los Pirineos enmarca el aragonés por el norte, si bien han existido factores unitivos desde el punto de vista lingüístico, a ambos lados de la cordillera: el sustrato ibérico, y las relaciones humanas, sea por la afluencia de francos a la península para repoblación durante la Reconquista, sea por la dependencia política de los reyes aragoneses respecto al Mediodía de Francia, o también por el contacto humano debido a la transhumancia. En cuanto a la base ibérica, es perceptible en topónimos hasta el río Noguera Pallaresa, como la desinencia -berra (nuevo) en Xavierre y Echeberri, y se refleja en rasgos fonéticos y morfológicos como la tendencia a añadir ar- o er- a los vocablos con r- inicial (arreguir, reír); este sustrato determinó en el Alto A. una mayor resistencia al latín (cfr. A. Kuhn, El aragonés, idioma pirenaico, Madrid 1950). La afluencia de francos en la repoblación aragonesa, especialmente en el s. XII, se refleja sobre todo en la toponimia (Lemoges, Mez) y la onomástica: en las formas transpirenaicas de los nombres personales; en apellidos propios del sur de Francia (en los Establimentz, leyes municipales de Jaca, aparecen como apellidos Tolosa y Bañeras de Bigorra), y en la formación específica de apellidos que se propagó, y que consistía en añadir al nombre personal el topónimo de origen, antepuesto por de, ya que ese dato caracterizaba mejor que el linaje, p. ej., Raúl de Mez (cfr. M. Alvar, Variedad y unidad del español, Madrid 1969, 117). Se registran nombres incluso de Bretaña, Languedoc, Normandía y Lorena, pero se calcula que en un 66% eran procedentes de Occitania.Rasgos lingüísticos del aragonés. Uno de sus caracteres más generales responde a la ley de la neolingüística referente al arcaísmo de las áreas más extremas; es decir, su carácter arcaizante en relación al castellano; conserva, p. ej., la forma del posesivo lurFonética. Acentuación. Es característica del aragonés, como ocurre en el gascón, la aversión al acento esdrújulo: se pronuncia catolico.
Vocalismo. En rasgos generales coincide con el castellano, aunque se acusa tendencia a una mayor abertura en las vocales trabadas. La característica apócope de -e y -o finales, Menéndez Pidal y Lapesa la atribuyen a una espontánea propensión; a ella se añadirían el empuje de la oleada de gente ultrapirenaica en la reconquista del valle del Ebro, y el del catalán, especialmente bajo la influencia de los reyes catalanes (1137-1410). La -o también puede pasar a -e, como porche fuente > fuande > fuan > fan, perceptible en topónimos como Fanfría); la o también diptonga ante "yod": uello < oculu.Consonantismo. Conserva las oclusivas sordas intervocálicas (acacharse), pero se hacen sonoras tras nasal (fuande). Conserva la i derivada de los grupos kt y It (muito < multo). El grupo mb > m, como en catalán (umbilicus > melico). Mantiene los grupos pl-, c1- y flsin palatalizar (flama), pero palataliza ly, g’1 (palla < palea), y sc y scy en s (asada < asciata). Además de este último, otro fonema peculiar respecto al castellano es la s alveolar africada sorda.Morfología. El aragonés tiende a conservar el género latino (la fin), y a dar doble terminación a los adjetivos invariables (jovéna). El artículo es o y lo < illum. Usa las formas co y zo, procedentes de ecce y hoc. En la conjugación verbal tiene importancia la analogía, y cabe destacar la conservación de b en los imperfectos de indicativo (partiba).Sintaxis. Extiende el uso de los pronombres yo y tú a los casos oblicuos (para tú) y conserva el participio de presente activo (fazientes).Léxico. Los elementos prerromanos son términos modestos del vocabulario rural (segalla, cabra inferior a un año). Entre los vocablos comunes con las hablas galorrománicas cabe citar los derivados del celta (agranio) y del latín (rumigare). Las comunes con el catalán abundan en las áreas de tránsito, consecuencia de la mutua interpenetración.Manifestaciones literarias. El latín vulgar, debido al arcaísmo lingüístico de A., pervive más allá del s. xii. Del s. x111 datan los textos más antiguos con rasgos aragoneses, si bien ya se apreciara en ellos los castellanismos: cabe destacar en la épica el poema Roncesvalles, y en la lírica, Razón de Amor, así como los textos hagiográficos poetizados de Santa María Egipciaca y Reyes d’Orient. Del s. xlv son la Crónica de Morea, obra histórica de J. Fernández de Heredia (1310-96) y el Poema de Yu!puf, que se ha considerado obra principal de la literatura aljamiada (v.). Se aprecia la disminución del elemento dialectal en un verso de Marcuello (s. xv) en que aparece la forma fenojo como dialectal, sin advertir la j castellana (cfr. T. de Campillo, El Cancionero de Pedro Marcuello, en Homenaje a Menéndez Pelayo I, Madrid 1899). En el s. xviii se produce un auge del elemento literario tradicional, cuyas creaciones se recogen en la prensa, y en las expresiones de los escritores costumbristas. En el s. xx destacan el dramaturgo D. Miral y el poeta V. Méndez Coarasa.Estudios. Aunque J. de Valdés (v.) patentizó ya la existencia del dialecto aragonés, la investigación en sentido actual arranca de J. Costa (v.), quien lo considera habla de transición entre el castellano y el catalán. En oposición a esta teoría se sitúan Morel-Fatio y su discípulo Saroihandy, descubridor de las hablas vivas pirenaicas. Los caracteres esenciales de éstas son fijados por A. Kuhn en Der Hocharagonesische Dialekt (Leipzig 1936).Entre los recientes lingüistas no citados en el texto, cabe señalar a Navarro Tomás, G. Rohlfs, A. Badía (Contribución al vocabulario aragonés moderno, Madrid 1948), y F. Lázaro Carreter (El habla de Magallón, Madrid 1945), entre otros.J. BUTIÑÁ JIMÉNEZ.
BIBL.: Además de la citada en el texto, consúltese M. ALVAR, Atlas lingüístico y etnogrdfco de Aragón, Sevilla 1963; A. ZAMORA VICENTE, Dialectología Española, 2 ed. Madrid 1979, p. 211-285; F. NACoRE, Gramdtica de la lengua aragonesa, Zaragoza 1979.
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