Arabistas
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Cultura
ESTUDIO GENERAL. La Escuela de traductores de Toledo. España, por razones históricas ocupa un lugar aparte en el campo del arabismo medieval. Desde finales del s. x surge, alrededor del monasterio de Ripoll (v.) -donde estudió el que luego sería papa Silvestre II- un foco de traducciones al latín de obras matemático-astronómicas árabes que se difundirían por Europa: Geometrías Sphaera, Mensura Astrolabii, etc. Pero no se puede hablar de corriente cultural, ni de centro difusor, ni de auténtica influencia científico-literaria hasta la fundación de la llamada Escuela de traductores de Toledo (v.) que funcionó, en gran parte, gracias al papel de intermediarios -conocimiento del árabe y del romance- desempeñado por judíos procedentes de al-Andalus de donde huyeron ante la rigidez religiosa almohade. Desde Alfonso VII, bajo la dirección del arzobispo toledano Raimundo (1130-50) musulmanes, judíos y cristianos -estos últimos vertiendo del romance al latín- traducirán obras de Avicena (v.), Algazel (v.), Avicebrón (v.), etc., libros de astronomía, astrología y medicina. Los filósofos griegos, muy especialmente Aristóteles (v.), serán conocidos gracias a las versiones árabes y su estudio será tributario de las directrices impuestas por los estudios, comentarios y compendios de Algazel, Avicena y Averroes (v.), dando lugar a una nueva corriente filosófica: el averroísmo.La fama de esta Escuela provocará la llegada a España de numerosos extranjeros: Gerardo de Cremona, Hermann el Alemán, Miguel Scoto, Roberto de Ketton que, en 1143, hace la primera traducción latina del Alcorán, por encargo de Pedro el Venerable, abad de Cluny. Marcos de Toledo haría una segunda versión en el s. xiii, por mandato del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, quien redactaría más tarde Historia Arabum, una de las principales fuentes, gracias a su aprovechamiento de la obra de al-Rázi, para el conocimiento de al-Andalus hasta su conquista por los almorávides.El afán de conversión y Alfonso X. En el s. XIII pasa a primer plano otro de los principales motivos del arabismo hispano: el afán de conversión, que originará -por necesidades polémicas hay que estar bien documentado- el gran interés de diversas órdenes religiosas por la lengua, cultura y religión musulmanas. Tal es la causa que impulsa a su estudio a Raimundo Martín -autor de Vocabulista in arabgoo (Florencia 1871) y Pugio Íidei adversus mauros et judaeos-, a R. Lulio (v.) que creó en Mallorca en 1275, una escuela para la enseñanza del árabe a los predicadores y obtuvo del papa Honorio IV la fundación, en Roma, de un centro de estudios orientales. La influencia que ejercieron sobre dicho autor la cultura y la mística árabes ha sido estudiada por Julián Ribera (v.). Se dice que habría redactado en árabe, antes de verterlo al catalán, su Llibre del gentil e los tres sabis. Dentro de dicha línea está Pedro Pascual con su Impugnación de la secta de Mahoma.Pero el auténtico responsable de que el arabismo forme parte del acervo cultural hispano es Alfonso X (v.), que toma la decisiva resolución de encargar traducciones al romance. A él debemos la primera versión castellana del Alcorán, de obras de tanta influencia literaria como Calila e Dimna, Libro de los engannos et de los assayamientos de las mugeres, la Escala de Mahoma y los fuegos del ajedrez. Aparte de estas traducciones, Alfonso X aprovechará numerosos elementos del saber musulmán en su General Historia, Libros del Saber de Astronomía y en las Cantigas de Santa María. El conde Lucanor, del infante D. Juan Manuel (v.) y el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita (v.), vienen a confirmar esta penetración y simbiosis de la cultura oriental con la hispánica.En el s. xv, movido por el afán de proselitismo que informa el arabismo español durante dos centurias, Juan de Segovia redacta un Alcorán trilingüe árabe, castellano y latino (v.), que no nos ha llegado. Bastante después, el Card. Cisneros (v.) publica su Biblia políglota complutense. En el s. xvi destaca la obra de Pedro de Alcalá Vocabulista arábigo en lengua castellana y Arte para ligeramente saber la lengua arábiga, fundamentales para el conocimiento del árabe hispano. En esta época se publica una serie de historias del reino de Granada, de su conquista y de las sublevaciones moriscas, las más importantes de las cuales son: la Guerra de Granada, de Diego Hurtado de Mendoza (v.) y, sobre todo, la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos, de Mármol Carvajal.Eclipse del arabismo hispano. Con esto termina el arabismo hispano propiamente dicho, que se va apagando ante el espectro del tribunal del Santo Oficio. Los moriscos se guardan de demostrar el más mínimo conocimiento de su lengua materna (cfr. las penetrantes páginas de D. Cabanelas en El morisco granadino Alonso del Castillo, Granada 1965) y los españoles que no se dediquen, por cuenta propia, a la destrucción y quema de libros arábigos, se guardarán mucho de que se pueda sospechar tengan la menor noción de aquella lengua y cultura. Esto ocurrió como consecuencia de la pública quema de obras musulmanas, por las que se llegó a ofrecer más de 10.000 ducados, llevada a cabo por el card. Cisneros y reforzada por la RO de 1511 de que "todos los libros moriscos que en cualquier manera tuvieren, así de ley de creencia é xara 6 sunna, como de medicina, 6 filosofia é corónicas é otros cualesquier libros arabigos, 6 los entreguen a nuestros corregidores o jueces de residencia... ". El infeliz que se topaba casualmente con algún mísero libro de cuentas anotaba, temblando, "tengo miedo no sea el malvado Alcorán" y no andaba muy descaminado, ya que "indicio vehemente de apostasía es para el Santo Oficio el encuentro en poder de cualquier morisco, de una breve cuartilla escrita en caracteres arábigos y poco o nada más se necesita para envolverle en un proceso..."El moderno arabismo español. Queda, pues, explicado el porqué no se puede volver al hablar de arabismo hasta mucho más tarde, hasta el reinado de Carlos III. Y aun entonces el monarca habrá de importar tales conocimientos, trayendo a España monjes maronitas. Entre ellos vendrá el justamente famoso Miguel Casiri, bibliotecario de El Escorial, autor de Bibliotheca Arabico-Hispana Escurialensis (Madrid 1760-70); Catálogo de voces castellanas que tienen su origen en el árabe (Madrid 1771), y de extractos en latín de la Ihcita y de la Lamha de lbn al-jatib (v.). Por aquel entonces, José Antonio Banqueri traduce el Libro de Agricultura (1751), del sevillano Ibn al-`Awwám, y Francisco Cañes redacta su monumental Diccionario Arábigo-Latino (Madrid 1787).
El factor determinante en el resurgir del arabismo no es la posible subida de sueldo y mérito para el ascenso que Carlos III promete a aquellos funcionarios que conozcan dicha lengua, como se ha venido afirmando tradicionalmente, sino la disminución de la vigencia y poder de la Inquisición, que Godoy pensaba suprimir. Todavía posteriormente, el erudito y bibliófilo Pascual de Gayangos (1809-97), fundador del moderno arabismo español, se formará esencialmente en París y Londres, antes de regresar, hacia la mitad de su vida, a desempeñar la cátedra de Lengua árabe en la Univ. de Madrid. Es autor de una traducción parcial del Nafh al-tzb de al-Magqari (v.): The History of the Mohammadan Dynasties in Spain (Londres 1840-43); Memoria sobre la autenticidad de la Crónica llamada del moro Ras¡ (Madrid 1850); de la edición de Leyes de Moros (Madrid 1853), y del Ta’raj iftitáh al-Andalus de Ibn al-Qñtiya (Madrid 1868), que traduciría J. Ribera.Etapa pre-científica. Paralelamente a estos estudios coexiste la etapa pre-científica, encarnada por la Historia de la dominación de los árabes en España (Madrid 182021) de José Antonio Conde. "No todo lo que escribió Conde, ni mucho menos, es disparatado; pero hay en su obra muchos errores, y los no-arabistas no están en condiciones de distinguir lo bueno de lo malo; por tanto, no deben hacer uso de su obra; entre los arabistas dudo mucho que haya uno que se atreva a aceptar, por la sola autoridad de Conde, una noticia que le iüterese para sus trabajos y que él mismo no haya encontrado en los autores árabes." F. Codera, Decadencia y desaparición de los almorávides, Zaragoza 1899, 11-12. S. Estébanez Calderón, gran amigo de Gayangos, representa el arabismo literario y romántico, heredero de la tradición de Diego Hurtado de Mendoza y Ginés Pérez de Hita.Arabismo hispano contemporáneo. Francisco Codera y Zaidín (1836-1917), aventajado discípulo de Gayangos y su sucesor en la cátedra, sobresalió especialmente por lo concienzudo, meticuloso y preciso de su labor histórica; citaremos: Tratado de numismática arábigo-española (Madrid 1879), Decadencia y desaparición de los almorávides de España (o. c.) y Estudios críticos de historia árabe española (Zaragoza 1903-17), en que recoge, refundiéndolos, artículos suyos desperdigados en diversas revistas. A él se debe el haber iniciado, en su propia casa y haciendo de tipógrafo, la extraordinaria labor de la edición de la Bibliotheca Arabigo Hispana, que había de continuar J. Ribera (1858-1934), catedrático de Zaragoza y posteriormente de Madrid, autor de audaces teorías que marcaron nuevos rumbos en el terreno de la literatura, instituciones y -aunque más discutibles- de la música medieval; a 61 se debe el comienzo en España del estudio de la historia cultural musulmana. Merecen destacarse Orígenes del justicia Mayor de Aragón (Zaragoza 1897), la edición y traducción de Historia de los jueces de Córdoba de al-Jullarú (Madrid 1914), El cancionero de Abencuzmán (Madrid 1922) y muchos artículos recogidos en Disertaciones y opúsculos (Madrid 1928). Discípulo y sucesor suyo fue Miguel Asín Palacios (1871-1944, v.), cuyos estudios de filosofía y mística son fundamentales. Característica suya, clave de todas sus obras, es el respeto y sincero afán de perfecta comprensión con que aborda los problemas musulmanes y sus extraordinarias dotes pedagógicas.Asín fue, asimismo, el creador, en 1933, de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid, y de su rev. "Al-Andalus". Ángel González Palencia (1889-1949), discípulo de Asín y sucesor de J. Ribera en la cátedra, incansable investigador de los fondos del Archivo Histórico Nacional, literato e historiador, es autor de: Historia de la España musulmana (Barcelona 1925), Historia de la literatura arábigo-española (Barcelona 1928), su monumental Los mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIII (Madrid 1926-30), El Islam y Occidente (Madrid 1931), El arzobispo D. Raimundo y la escuela de traductores de Toledo (Barcelona 1942) y El catálogo de las ciencias de Alfarabí (Madrid 1932). El sucesor de M. Asín fue su discípulo predilecto Emilio García Gómez (1905), máxima figura del arabismo hispano contemporáneo, director de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid, desde la muerte de A. González Palencia hasta 1958, en que fue destacado a Bagdad como embajador. Lo mejor de García Gómez es su extraordinaria facultad de captación y transmisión, sea en verso o en prosa, de la literatura y, muy especialmente, de la poesía arábigo-andaluza. Ha escrito: Un cuento árabe, fuente común de Abentofail y Gracián ("Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos" 1926), Poemas arábigo-andaluces (Madrid 1930), Ibn Zamrak, el poeta de la Alhambra (Madrid 1942), Un eclipse de la poesía árabe en Sevilla: la época almorávide (Madrid 1942), Libro de las banderas de los campeones de Ibn Sa’id al-Magribi (Madrid 1942), El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba (Madrid 1952), Las jarchas romances en la serie árabe de su marco (Madrid 1965) y Anales palatinos del califa al-Hakam II (Madrid 1968).El actual director de la Escuela de Estudios Árabes es Jaime Oliver Asín (1905), extraordinario filólogo y romanista autor de Historia del nombre "Madrid" (Madrid 1959), de excelentes estudios toponímicos y de valiosos trabajos sobre moriscos. Finalmente, hay que citar a Leopoldo Torres Balbás (1888-1960), arquitecto, conservador de la Alhambra, maestro indiscutido de la arqueología y urbanismo hispano-musulmán, autor de la extraordinaria Crónica arqueológica de "Al-Andalus" desde 1934. La escuela catalana se ha dedicado preferentemente al estudio de las ciencias matemático-astronómicas, a ella pertenece José Millás Vallicrosa, autor de interesantes artículos en catalán y de Estudios sobre Azarquiel (Madrid 1943-50) y Las traducciones orientales en los manuscritos de la biblioteca catedral de Toledo (Madrid 1942), labor que continúa su discípulo Juan Vernet Ginés. En Granada destaca Luis Seco de Lucena, autor de numerosos artículos sobre la historia de los nasríes; Darío Cabanelas, que ha escrito Ibn Sida de Murcia, el mayor lexicógrafo de Al-Andalus (Granada 1966), jacinto Bosch Vilá, autor de Historia del imperio almorávide (Tetuán 1956) e Historia del Albarracín musulmán (Teruel 1959). En el arabismo docente merecen citarse además los catedráticos Elías Terés Sadaba (Madrid), autor de excelentes trabajos sobre genealogías y poesía arábigo-hispana; el polifacético Fernando de la Granja (Zaragoza); Joaquín Vallvé -geografía histórica- y Pedro Martínez -filología y lexicografía.Arabismo extrauniversitario. Contiguo a este arabismo ha coexistido siempre otro, extrauniversitario, que ha producido figuras de importancia. Francisco Simonet, autor de los eruditos: Descripción del reino de Granada (Madrid 1880), Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes (Madrid 1889) e Historia de los mozárabes de España (Madrid 1867), que por el intemperante partidismo y fanatismo militante anti-árabe que la caracteriza obliga a la sistemática revisión de los datos alegados. Eduardo Saavedra: La Geografía de España de Idrisi (Madrid 1881-89), Estudio sobre la invasión de los árabes en España (Madrid 1892). El historiador Mariano Gaspar Remiro, fundador de la "Rev. del Centro de Estudios Históricos" de Granada, autor de Historia de Murcia musulmana (Zaragoza 1905); Antonio Prieto Vives: Los reyes de taifas; estudio histórico-numismático de los musulmanes españoles en el siglo V de la Hégira (Madrid 1893); Maximiliano Alarcón: Lámpara de príncipes de Abu Bakr al-Turtuchí (Madrid 1931) y Documentos árabes-diplomáticos... Corona de Aragón (Madrid 1940); Francisco Pons Boigues, autor del fundamental: Ensayo bio-bibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo-españoles (Madrid 1898); Isidro de las Cagigas: Los mozárabes (Madrid 1947); Los mudéjares (Madrid 1948); José A. Sánchez Pérez: Partición de herencias entre los musulmanes del rito malequí (Madrid 1914); Compendio de álgebra de Abenbeder (Madrid 1916) y Biografías de matemáticos árabes... en España (Madrid 1921). En el campo del derecho están Salvador Vila: Abenmoguit, formulario notarial (Madrid 1931); José López Ortiz, autor de La recepción de la escuela malequí en España (Madrid 1930) y Derecho musulmán (Barcelona 1932).Entre los historiadores destaca la ingente labor de Ambrosio Huici Miranda, autor de Historia política del imperio almohade (Tetuán 1956), editor de El anónimo de Madrid y Copenhague (Valencia 1917) y Al-Bayán al Mugrib (a. 537-665 y 1135-1256) (Tetuán 1963), e incansable traductor de Crónicas árabes de la Reconquista (Tetuán 1953). Asimismo hay que mencionar el trabajo realizado por C. Sánchez Albornoz (v.), autor de En torno a los orígenes del feudalismo, II; Fuentes de la historia hispano-musulmana del siglo VIII (Mendoza 1942) y El "Ajbar Machntua" cuestiones historiográficas que plantea (Mendoza 1944); y los nuevos enfoques que el discutidísimo libro de Américo Castro, España en su historia, cristianos, moros y judíos (Buenos Aires 1948), han obligado a adoptar. Antes de concluir no se puede olvidar la labor efectuada en el poco explorado terreno de la filosofía por Manuel Alonso, sobre Averroes, al-Farabi, Avicena y Algazel, proseguidos por Miguel Cruz Hernández y Salvador Gómez Nogales. V. t.: SEMITISTAS.II. REVISTA "AL-ANDALUS". Por ley de 27 en. 1932, se crearon dos centros de investigación árabes en Madrid y Granada. El órgano de dichos centros es "Al-Andalus, revista de las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y Granada", cuyo primer tomo vio la luz en 1933 siendo directores Miguel Asín Palacios (v.) y Emilio García Gómez (v. l). Desde 1945, a raíz de la muerte de Asín, E. García Gámez quedó como director único (desde su traslado al Oriente Medio, como embajador, la dirección real corre a cargo de Elías Terés Sádaba).De hecho, "Al-Andalus" cubre un campo más amplio por cuanto recoge los estudios elaborados en Barcelona y Zaragoza, habiendo sido además el órgano de los hebraístas hasta la creación de "Sefarad" (v.). A partir de 1952, la Escuela de Granada ha quedado un poco al margen al crearse la "Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos de la Universidad de Granada". Desde 1953, la "Rev. del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid" -actualmente "Rev. del Instituto de Estudios Islámicos de Madrid"- ejerce una acción paralela, si bien con especial preferencia hacia los estudios realizados por los arabófonos. "Al-Andalus", ahora dependiente del CSIC, es el mayor exponente de las investigaciones hispano-musulmanas. Sale en dos fascículos anuales, estructurados con arreglo a las Secciones que componen la Escuela: 1 a Historia de las ideas y de las ciencias. 2.11 Historia política de los musulmanes españoles. 3.5 Derecho e instituciones musulmanas. 4.a Filología y literatura árabes. 5.11 Estudios marroquíes y dialectología. 6.a Arte y arqueología árabes.
En esta revista se han publicado gran parte de los artículos sobre filosofía árabe de M. Alonso Alonso: !¿¡dilíes y alumbrados, obra póstuma de M. Asín Palacios; artículos sobre agricultura y geografía de C. E. Dubler; la inmensa mayoría de los artículos de E. García Gómez, especialmente los referentes a jaryas y muivassahas; colaboraron M. Gómez Moreno, A. González Palencia, E. Lévi Provengal: Les mémoires de `Abd Alláh, dernier rol ziride de Granada; La toma de Valencia por el Cid, según las fuentes musulmanas; La "Description de Z’Espagne" d’Ahmad al-Rázi; D. Griffin, Los mozarabismos del "Vocabulista" atribuido a Ramón Martí; F. Hernández Jiménez, Estudios de geografía histórica; F. Mateu y Llopis, Hallazgos numismáticos musulmanes, los artículos de M. Ocaña Jiménez sobre epigrafía; J. Oliver Asín, Quescus en la España musulmana; S. M. Stern sobre las muwassahas; H. Terrasse sobre arqueología y arte; E. Terés Sádaba, Linajes árabes en Al-Andalus; y la extraordinaria e ingente labor de L. Torres Balbás que llena la sección sexta.V. t.: I.P. CHALMETA CENDRÓN.
BIBL.: M. S. CARRASCO URGoiTi, El moro de Granada en la literatura, Madrid 1956 y las biografías de M. ALONSO, "AlAndalus" (1966); M. AsíN, "Al-Andalus" (1944); "Arbor" (1944); F. CODERA "AI-Andalus" (1950); P. GAYANGOS, "Al-Andalus" (1963); A. GONZÁLEZ PALENCIA, "Al-Andalus" (1949); J. RIBERA, "Al-Andalus" (1934); J. A. SÁNCHEZ PÉREZ, "Al-Andalus" (1958); L. TORRES BALBÁS, "Al-Andalus" (1960); I. M. Ruiz MORALES, Relaciones culturales entre España y el mundo árabe, "Rev. del Instituto de Estudios Islámicos", Madrid 1959-60; M. MANZANARES DE CIRRE, Los estudios árabes en España en el siglo IX, Michigan University 1958’; M. DE ESPALZA, Bibliografía general árabe e islámica en España (1960-64), "Bol. de la Asociación Española de Orientalistas", II, 1966, 131-175.
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