Arabismos
Categoria:
Cultura
A. son las palabras o expresiones árabes usadas en otro idioma. La estancia de árabes, sirios y berberiscos en la península Ibérica, desde el a. 711 hasta la toma de Granada, en 1492, ya fue lo suficientemente prolongada para que un gran número de palabras referentes a la medicina, agricultura, matemáticas, astronomía, instituciones, usos y costumbres de los hispanomusulmanes, pasaran a las lenguas castellana, portuguesa y catalana. Pero, además los moriscos continuaron residiendo en los reinos de Castilla, Aragón, Valencia, Murcia y Andalucía hasta pocos años después de 1609, y los inventarios de bienes y actas notariales redactados en este periodo han registrado un valioso repertorio de a.Catálogos de arabismos. El más antiguo diccionario de a. es el Compendio de algunos vocablos arábigos introducidos en la lengua castellana, publicado en Granada en 1585 por F. López Tamarid, racionero de la catedral de la citada ciudad; más tarde, B. J. Aldrete incluye una interesante lista en su obra Del origen de la lengua castellana (Roma 1606). Los primeros estudios se limitan a inventariar todas las palabras de origen árabe y en este sentido sigue siendo fundamental la obra de dos arabistas, R. Dozy y W. H. Engelmann, Glossaire des mots espagnols et portugais dérivés de l’arabe (2 ed., Leyden 1869). Aspectos parciales más especializados ofrecen los estudios de, B. E. K. Neuvonen, Los arabismos del español en el siglo XIII (Helsinki 1941) y Los arabismos de las Cantigas de Santa María ("Bol. de Filología", 12, 1951, 291-352).Un nuevo punto de vista es el que adopta A. Steiger al presentarnos los a. a la luz que proyectan los sonidos del hispanoárabe y de los dialectos árabes norteafricanos; su Contribución a la fonética del hispano-árabe y de los arabismos en el ibero-románico y el siciliano (Madrid 1932) sigue siendo fundamental. Pero el catálogo de a. no es todavía lo completo y depurado que se quisiera; los archivos peninsulares siguen ofreciendo documentos con a. interesantes y, por el contrario, nuevos estudios discuten el origen árabe de ciertas palabras como faluca (especie de barco), ¡aloque (viento sudeste), etc.Ámbito de los arabismos. Palabras compuestas. Topónimos. Los a. se refieren a términos científicos, ya que la ciencia árabe estaba mucho más avanzada que en Occidente, pero también los hay pertenecientes al lenguaje de la vida diaria, objetos de casa, de la calle, de los caminos, de la vida campesina. Muchos a. llegaron, a fines del primer milenio, hasta los reinos cristianos del norte, llevados por los mozárabes escapados de las persecuciones de los almorávides (1090) y de los almohades (1146). Esto explica que en un inventario aragonés figuren almigara (batidera) y !ayec, ayec! (¡cuidado, cuidado!), y que solamente se conserve en Galicia alferga (dedal), que persiste en los dialectos árabes del norte de África. El influjo mozárabe fijó palabras desaparecidas en el resto de la Península. Por el contrario, muchos a. sólo se conservan en las hablas meridionales, en Andalucía (añeclí, almud, alcuza, marjal, alcarcil) o en el sur de Portugal. En Alentejo se dice ceifa, alqueire, en cambio en Trás-os-Montes, segada y decreua.El árabe vivió mucho tiempo en contacto con las hablas peninsulares y ello produjo la mezcla de palabras árabes con otras romances, o con terminaciones romances: beticambra, baticambra (letrina), palabra que se dice en el fuero de Teruel, proviene del árabe bayt (casa) y el latín camera; sorcasana, del ár. surg (grama) y del lat. sana, que se encuentra en un glosario mozárabe (M. Asín Palacios, Glosario de voces romances registradas por un botánico anónimo hispano-musulmán, siglos XI-XII, Madrid-Granada 1943). En la toponimia o nombres de lugar, abundan tales formas híbridas: así, Guadalupe, del ár. wád y del lat. lupus; Guadalhorce, del ár. wád y del latín f orf ex.A los pocos años de la ocupación islámica, los ríos, montes, pueblos y lugares de la Península recibieron nuevos nombres árabes. Los topónimos o nombres de lugar de origen árabe son muy numerosos (J. Vernet Ginés, Toponimia arábiga, en el t. I de la Enciclopedia Lingüística Hispánica, Madrid 1956, 561-578): Almarchal, Marchal, Almarjal, Almarjen, que proceden del ár. mary (prado); Guadalquivir, Guadalajara, Guadalupe, cuyo primer elemento deriva del ár. wád (río); Arrábida, Rápita, que provienen del ár. ribát (conventos fortificados); Alvorge, Alvorge, Purchil, del ár. bury "torre". Muchos topónimos ilustran sobre las formas de vida, organización civil, militar y prácticas religiosas. Revisten especial interés los que testimonian el fervor religioso de los mozárabes, esto es, los cristianos que quedaron en territorio ocupado por los árabes: Alcanecia, Alcainga, del ár. al-kanisa (la iglesia); Alcunecia, del ár. al-kunaysa (la iglesuela); Alcañiz, Alcains, del ár. al-kanú is (las iglesias); Aldeire, del ár. al-dayr (el monasterio).Arabismos en la sintaxis y en el significado de las palabras. Muchas palabras y expresiones españolas se arabizaron en su significado, así casa significó `habitación o cámara dentro de una casa’ y `ciudad’, como el ár. dár; acero, `filo aguzado’ y `energía, fuerza’, como el ár. dukra; aguanafa, `agua de azahar’, empleada en Murcia (catalán, aiguanaf) es una traducción parcial del ár. má’ al-nafha `agua de olor’, de donde procede el francés eau de naf fe; los verbos amanecer, anochecer se usaban impersonalmente, como en latín, pero el influjo árabe hizo que se extendiera el empleo personal en frases como: Don Pedro amaneció en Madrid.Se ha notado que la mayoría de las palabras árabes que llegaron a Italia y a toda Europa a través de Sicilia, penetraron sin el artículo árabe: italiano zucchero, francés sucre, alemán Zucker, mientras que las que pasaron a través de España lo hicieron con el artículo unido o aglutinado: español azúcar, portugués azúcar. Se han querido explicar las formas sin artículo como procedentes de la transmisión oral, . en tanto que llevan artículo las palabras tomadas del lenguaje escrito. Pero el fenómeno es algo más complejo, pues en español, como en las hablas bereberes, coexisten las formas árabes con y sin artículo: bereber Imenun (melón), lebtix, al lado de abettix. Se ha interpretado como si la ausencia del artículo apuntara a la esencia genérica del objeto, mientras que su presencia tiende a destacar una determinación cuantitativa.La influencia del árabe en la fonética y morfología castellanas parece ser en conjunto de poca importancia, en algunos nombres geográficos: Saetabis > Xátiva; Saramba > Xarama, y en señalados nombres comunes: xarab, xarope. En morfología, también el influjo árabe es muy limitado; sólo figura el sufijo -i: jabalí, Alfonsí, tetuani, ceutí.Hasta hace poco tiempo se ha negado el influjo de la sintaxis y de la estilística árabes en la lengua castellana, pero tras una acertada y cuidadosa comparación de -textos se ha notado que en español y en portugués, y no en otros idiomas románicos, el verbo ocupa una posición inicial en la frase, como en árabe. Por otra parte se ha demostrado (D. Alonso, "ínsula", 7, 1952) que la técnica descriptiva árabe ha dejado huellas bien precisas en el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita, al mismo tiempo que el traductor del libro árabe Calila y Dimna tuvo que luchar con las dificultades que por entonces ofrecía la joven lengua castellana y aprender a ver y relatar una historia escuetamente, en sus rasgos esenciales y sucediéndose los acontecimientos de forma lineal. Este sencillo medio expositivo dio a la prosa castellana la confianza necesaria para el pleno desarrollo de sus posibilidades, para el dominio seguro de la sintaxis; después, don Juan Manuel pudo construir sus nuevos periodos, más complejos y artísticamente más ricos. (A. Hottinger, Kalila und Dimna, Berna 1958.) En pleno s. xvii todavía podemos encontrar una serie de coincidencias temáticas, de contenido de la imagen, paranomasias, juegos con nombres propios entre la poesía arábigo-andaluza y la poesía gongorina (D. Alonso, Estudios y ensayos gongorinos, Madrid 1955, 31-65).La literatura castellana orientó los a. hacia sus dos polos de realismo e idealismo; las palabras más bajas y viles enriquecieron el habla de la germanía, la prosa realista, la novela picaresca; así perduraron alguacil, alcaide, macabro, hacino, mezquino, gandul, alcahuete; por el contrario, los a. de aspecto culto y de contenido elevado enriquecen la poesía española con sus afiligranados conceptos, colorido brillante y suntuoso, música verbal. En este grupo están: alcázar, aljófar, ajorca, azafate, alcatifa, alfaquí, alfanje, alquicel, arrayán, almíbar, adarve.I. MARTÍNEZ RUIZ.
BIBL.: La citada en el texto.
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