Arabia (yazirat Al-`aras) I HIST.
Categoria:
Historia
La historia antigua de A. está vinculada íntimamente a la de todos los pueblos de raza semita (v.) que, a partir del tercer milenio a. C. invadieron en tres oleadas sucesivas la actual Mesopotamia, Siria y el Asia anterior.1. Los árabes del Norte. A. representa la cuna común de estos pueblos. Según el Génesis (X, 26-29 y XXV), existían entre los árabes tres estirpes: la de Yógtan, la de Ismael -hijo de Abraham- y la de otro hijo del patriarca y reconoce su parentesco con los hebreos (v.). Los asirios (v. ASIRIA I), desde el s. xi al VII a. C., llevaron a cabo incesantes campañas para dominar a los salteadores del desierto o beduinos (v.), los cuales entraron en tiempos de Darío en la órbita del Imperio persa, con lo que llegaron a ponerse en contacto con la civilización mediterránea. Así nació el reino de los nabateos (v.), s. v a. C.-105 d. C., con capital en Petra (v.), que primero mantuvo estrechas relaciones políticas y comerciales con los seléucidas (v.) y luego con los romanos, que lograron someterlos. Al reino de los nabateos sucedió el de Palmira (v.) -Tadmor-, que se extendió hasta el Mediterráneo y alcanzó su auge con la reina Zenobia, quien controlaba incluso Egipto y Asia Menor y llegó a darse el título de Augusta. Sin embargo, en el a. 273 d. C., la reina fue derrotada por el emperador Aureliano y llevada cautiva a Roma. Otros reinos árabes de cierta importancia fueron los de los gass5n, en Damasco, los lajm, en la desembocadura del Éufrates y los kinda, en el Nad.2. El reino de Saba. Por lo, que se refiere a la A. Meridional, sus habitantes siempre tuvieron un carácter muy distinto al de sus hermanos del norte. A diferencia de ellos, que habían sido o eran nómadas, los árabes del sur eran sedentarios, crearon Estados importantes, como el de los mineos, sabeos y gatabani; tuvieron grandes ciudades-estados, como Sana’¿¡’ y Márib, donde se cultivaban plantas aromáticas (incienso y mirra), que se enviaban por caravanas a todo el mundo; pero que solían estar en guerras permanentes entre ellos. El más importante de estos reinos parece haber sido el de los sabeos (v.), que comerciaba con Mesopotamia, Egipto, Etiopía y con la India. Restos de canales y diques para enormes depósitos de agua, demuestran que sus habitantes supieron hacer fértil el desierto. Los griegos señalaban que el interior del país estaba lleno de bosques; la tala posterior contribuyó a que, lo que antes se denominaba la "A. Feliz" y "la Costa del Incienso", se convirtiera en lo que hoy es tierra .árida y desierta. Los sabeos eran hábiles navegantes, para quienes las costas de la India y del África oriental eran más familiares que las del Mediterráneo. De la India traían canela y valeriana de nardo; de Ceilán tejidos; y de Malaya, índigo y pimienta. Incluso se ha hablado de que, en el 985 a. C., llegó una expedición china a tierras sabeas. Concretamente esta posibilidad fue defendida por el historiador francés Pauthier en su libro Histoire des relations politiques de la Chine avec les puissances occidentales. Más seguros son los contactos con los países de las especias, situados en el E de la India y en Indonesia, ya que los navegantes griegos de la época helenística encontraron en esa zona numerosas bases árabes; nombres de localidades como Zabae, Sabana y Sabara parecen demostrar que aquellos puertos y factorías fueron fundados por sabeos. Un investigador holandés, J. C. Van Eerde, los ha llamado "los fenicios del océano Indico".Todo este comercio dio origen en Occidente a la leyenda que consideraba a la capital sabea, Márib, como una ciudad fabulosa. Hacia el 25 d. C. el emperador romano, Augusto (v.), que probablemente sobreestimaba las riquezas sabeo-árabes, concibió el proyecto de enviar un ejército a aquel territorio. La expedición al mando de Elio Galo fracasó, primero por las penalidades del camino y luego, por el ataque de los sabeos. Roma intentó vanamente rehabilitarse del fracaso y, así, el sur de A. continuó inaccesible para Occidente. El emplazamiento de la ciudad de Márib permaneció ignorado durante siglos. En 1765, una expedición danesa, dirigida por Karsten Niebuch, no consiguió dar con su emplazamiento. Cien años más tarde, la audacia de dos arqueólogos, Joseph Haley y Eduardo Glaser, que atravesaron el Yemen disfrazados de beduinos, consiguió desenterrar las primeras inscripciones sabeas. Por fin en 1951 un equipo norteamericano de investigadores, bajo la dirección de Wendell Phillips, excavó la capital sabea, aunque hasta el momento los resultados para el conocimiento de la historia de este pueblo son mínimos.Durante los s. Iv y v d. C. esta zona fue disputada por persas y abisinios, siendo vencidos estos últimos. Ya en el s. vi existía un protectorado persa en el Yemen y en las costas árabes del golfo Pérsico, pero su antigua civilización urbana había decaído sin remedio de tal forma que el futuro de A. no iba a surgir de ella, sino de los nómadas del desierto.3. Los nómadas. Llevaban una vida austera, alimentándose de leche de camella, dátiles y granos que intercambiaban con los sedentarios. Vivían en clanes, rivales entre sí. En el clan, las mujeres hacían los trabajos domésticos, fabricaban todos los objetos de uso y cuidaban los animales. Los hombres llevaban una vida ociosa y guerrera: saqueaban el ganado de los clanes rivales, sin verter sangre, pues toda sangre derramada clama venganza, celebraban sus hazañas, e injuriaban a sus adversarios en interminables justas oratorias. Los árabes nómadas se consideraban libres por no admitir ninguna forma de Estado y, muy orgullosos, explotaban y despreciaban a los agricultores sedentarios. Más que una moral religiosa tenían un amplio código del honor y de la generosidad. Creían en un Dios supremo, Alláh, guardián de la fe jurada y padre de tres dioses estelares. Pero las divinidades ,más importantes eran los yinns, espíritus que poblaban la naturaleza, a los que se conjuraba mediante la magia y piedras santas que todas las tribus poseían.En el s. vi después de C. el tráfico comercial que unía el Yemen con Siria, a través de una pista caravanera, había hecho de La Meca una etapa obligada de esta ruta, situada en las proximidades del mar Rojo y en la encrucijada de las pistas Yemen-Siria y Yemen-Mesopotamia, y uno de los núcleos urbanos más importantes de la península, a pesar de la aridez extrema del lugar. Gobernada como una república, sus habitantes, los quraysíes, financiaban dos caravanas anuales gracias a un ingenioso sistema de crédito. Por la ruta comercial, los extranjeros se infiltraban en A. Algunas tribus judías vivían en los oasis del Hiyáz y los cristianos practicaban el comercio en pequeña escala; especialmente el del vino. De esta forma, las grandes corrientes comerciales, políticas y religiosas, que agitaban a las civilizaciones mediterráneas, tuvieron repercusiones en A. y la prepararon para recibir una religión de tipo monoteísta. Pero le faltaba todavía una ideología común, adaptada al modo de vida beduino. Mahoma se la iba a dar.4. El Islam. Mahoma (v.) n. hacia el a. 570 en La Meca (v). Influido por la religión judía y cristiana, comenzó a predicar en su ciudad natal sin éxito, marchando entonces a Medina, donde consiguió pronto un gran número de adeptos que lo convirtieron en jefe de la ciudad. Actuó entonces como reformador social y religioso, agrupando a la población de Medina en una estrecha comunidad para la cual se redactó el Corán (v.), al mismo tiempo código civil y libro santo. Afianzada la nueva religión (v. ISLAMISMO), estalló la guerra con La Meca, donde se habían refugiado ricos mercaderes judíos huyendo de las reformas de Mahoma. Éste, en el 630, la conquistó y, poco después, hacía lo mismo con la ciudad de Jaybar, donde se apropió los bienes de los hebreos que fueron expulsados de A. El Islam predicado por Mahoma satisfacía las aspiraciones sociales, místicas y monoteístas de las poblaciones urbanas. Por toda A. se adhirieron con entusiasmo las multitudes y una reacción de los árabes nómadas, entre los que el politeísmo era mucho más fuerte, quedó pronto sofocada. De esta forma, al morir Mahoma en el 632 todo el Hiyáz quedaba conquistado a la nueva religión, aunque no existiera aún ningún organismo común al pueblo árabe. El profeta gobernó por su prestigio personal sobre un conjunto inorgánico de agrupaciones sociales. El individualismo continuaba, aunque gracias a su genio unificador, los árabes adquirieron conciencia de sí mismos, salieron de la ignorancia y la anarquía, para preparar su entrada definitiva en la historia de la civilización.5. Abú Bakr. La verdadera unidad política del territorio la consiguió Abñ Bakr (632-634), suegro de Mahoma; pero su realización fue trabajosa. Una parte considerable de la población de A. consideraba al Islam y a sus leyes como una insoportable coacción y aceptó como una señal de libertad la muerte de Mahoma. Si hubiera sido realmente un profeta -decían- no habría muerto. Diariamente regresaban a Medina los recaudadores musulmanes encargados de recibir el impuesto, a los cuales se había amenazado, viéndose obligados a huir. Los imitadores o parodiadores de Mahoma, Muslayna y Tuliyya arrastraban en tropel a sus partidarios. Por último los beduinos comenzaron a atacar a Medina.En medio de esta crisis Abú Bakr actuó con decisión y sangre fría. Levantó en pie de guerra a todos los habitantes de Medina, con lo que logró derrotar a los beduinos que estrechaban demasiado el cerco. Después derrotó a Tuliyya y a Muslayna. La represión que siguió fue terrible y Abñ Bakr dio la orden de extermirur sin piedad a los que habían combatido contra él. Después todos los que quedaron se sometieron. Cuando acabó el año. undécimo de la Hégira, A. entera proclamó el islamismo, reconociendo la autoridad del califa. Con él la burguesía mercantil, a la que pertenecía el mismo Abñ Bakr, utilizó el ardor místico y proselitista de la nueva fe monoteísta del pueblo en provecho de sus propios intereses económicos, lanzándolo a la conquista de territorios para el Islam. Las primeras conquistas fueron una serie de incursiones particularmente felices. Los ejércitos eran meras facciones de tribus heteróclitas, que conservaban sus jefes naturales y se movían a pie o sobre sus camellos y asnos. Los efectivos eran poco importantes: raramente más de 10.000 hombres que en ocasiones se enfrentaron con ejércitos de más de 40.000. No había táctica militar y la batalla se reducía a una serie de combates individuales. Los jefes mandaban de una manera autónoma sus cuerpos de tropas y, así, su ambición personal jugó un papel importante en la rapidez de las conquistas. El botín era repartido en el campo de batalla, de acuerdo con el Corán: cuatro quintas partes eran distribuidas entre todos los combatientes y una quinta parte adjudicada al representante del Profeta. Pero el aumento del botín condujo pronto a crear una oficina del ejército que centralizaba todo y pagaba los soldados y las pensiones a los guerreros y a sus familias.6. Las conquistas de `Umar (634-644). Designado como sucesor por Abñ Bakr, fue quien inició la política imperialista dictada por los intereses de las grandes ciudades de Medina y La Meca, que dependían del tráfico internacional cuyos puntos claves se encontraban en Mesopotamia, Siria y Egipto. Por eso, las primeras incursiones de conquistas fueron dirigidas contra Persia y el Imperio bizantino, ambos agotados por una larga guerra que acababan de mantener. Especialmente los persas se encontraban en un momento de extrema debilidad, ya que a la tremenda derrota que le había infligido Bizancio siguió un periodo de anarquía que estaba disolviendo el Estado. Hallábanse, además, profundamente divididos a causa de las persecuciones cometidas por el clero mazdeísta contra los cristianos nestorianos. Incapaz de resistir la invasión árabe, el rey Yezdeguerd III, después de intentar en vano conseguir ayuda de China, huyó. En el 642, toda Persia estaba ocupada.Apenas logrados sus primeros éxitos en Persia, Omar se volvió contra Bizancio. Allí, la situación interna también le favorecía. Por falta de recursos económicos, las provincias fronterizas de Siria sólo estaban protegidas por los árabes del reino Sasánida que, ganados por el Islam, abrieron las puertas a los invasores. Igualmente las provincias orientales hallábanse desgarradas por querellas sociales, religiosas y nacionalistas. Los campesinos de Siria y de Egipto, que eran tnonofisitas (v. MONOFISISMo), estaban en un crónico estado de insurrección contra los latifundistas de raza griega o helenizados, que eran católicos. Entonces estos monofisitas se sintieron más próximos al monoteísmo islámico, en el que veían tan sólo una de tantas sectas cristianas, que del catolicismo de sus explotadores. Por eso, después de la toma de la ciudadela de Bosra (634) y la derrota del ejército bizantino en las riberas del Yarmuk (636), Siria pudo ser conquistada con increíble facilidad. En Jerusalén, los judíos, perseguidos desde el reinado de Heraclio, aclamaron a los árabes como libertadores (643). Con igual facilidad pudo tomarse Egipto: el general `Amr, descontento al no ser nombrado gobernador de Siria, llevó por su cuenta y riesgo sus tropas hacia el Nilo entrando en Alejandría el 641, entre la alegría de la población monofisita.A los motivos de carácter religioso, que explican la rapidez con que los árabes se labraron un imperio, hay que añadir el hecho de que los invasores no eran destructores (el incendio de la biblioteca de Alejandría es una leyenda). En realidad, en los primeros tiempos, sentían una gran indiferencia hacia las civilizaciones que sometían: se contentaban con explotarlas, dejando funcionar, en su provecho, las antiguas administraciones y los antiguos impuestos. Por otro lado, las estrechas relaciones comerciales que sirios y egipcios venían manteniendo desde siglos atrás con A. les impedían ver en ella una potencia verdaderamente enemiga. De este modo entre los a. 628 y 643, Medina (v.), capital de A., se convirtió en la capital de un Imperio qué se extendía desde el mar Caspio a Cirenaica.7. El problema sucesorio. A pesar de estas portentosas conquistas, la comunidad islámica conservaba el mismo carácter que en tiempo de Mahoma. No había sido creado ningún Estado. El califa debía su poder a su prestigio. Los conquistadores se habían hecho sedentarios en las ciudades por fraccionamiento de las tribus. Los vencidos pagaban los impuestos, los vencedores los protegían: dos sociedades se habían superpuesto sin mezclarse. El califa nombraba un gobernador omnipotente en cada provincia conquistada y llevaba un género de vida similar al que siempre había conocido A. antes de su expansión. Los primeros califas eran ante todo religiosos, pareciendo ser su función principal la de presidir el culto, edificar con sus costumbres a los piadosos habitantes de Medina, recibir las quejas, escuchar los consejos y vivir modestamente a imitación del Profeta. Pero la simplicidad extrema de este gobierno a lo beduino no bastaba para dirigir el Imperio árabe y la crisis estalló a la muerte de Omar, ya que ninguna ley establecía la transmisión de poderes y el califato no era hereditario ni, a decir verdad, electivo.En A. aparecieron dos tendencias dispares, representadas cada una por un yerno del profeta: `Ali, el místico, reunió en torno suyo al elemento propiamente árabe y devoto; `Utmán, por el contrario, de una piedad más abierta, quería preocuparse ante todo de la expansión territorial y del Imperio, con lo que A. pasaría a ocupar un segundo plano. De momento, se impuso `Utmán que fue nombrado califa (644-656). Éste contó con la ayuda de la aristocracia de La Meca (v.), incorporada tardíamente a la religión mahometana, más por oportunismo que por convicción. Por otra parte, grandes masas de gentes se convirtieron al islamismo, porque ello les evitaba pagar los tributos. En consecuencia, los ingresos disminuyeron notablemente y el malestar cundió cuando grupos de veteranos acudieron ante el califa para protestar de su política. Los creyentes le acusaban de renovar las antiguas prácticas paganas. Censurábanle que reservase su confianza a los Mu°áwiya, a los Marwán, a los Walid y a los Banli Sá°ida enemigos del profeta o hijos de sus enemigos. Le reprochaban también que prodigase los empleos y el dinero del Tesoro entre sus parientes. `Ali y sus amigos, después de algunas tentativas para atraerse al califa, rompieron en absoluto con él y se pusieron de acuerdo con los descontentos de Egipto y del Irak. Como consecuencia, multitudes armadas cayeron Bien -pronto sobre Medina con la intención de destronar o de matar al califa. Por fin, `Utmán fue asesinado por un cristiano persa (656) y el poder pasó, con `Ali, al partido de los piadosos (656-661).Sin embargo, Mu’áwiya, gobernador de la gran ciudad mercantil de Damasco, se negó a reconocer a `Ali. Y el Islam quedó dividido en dos sectas hostiles, que desgarraron el mundo musulmán durante siglos: los chiíes patriotas, devotos, cuyo centro era La Meca, y los jarichíes, rebeldes imperialistas, que dominaban en Damasco. Por otro lado, `!-Visa, la viuda de Mahoma, tampoco prestó obediencia al nuevo califa y se sublevó en Mesopotamia. `Ali atacó primero a ésta, la venció y la hizo prisionera. Después se dirigió contra Mu’awiya y logró derrotarle en la batalla de Siffin (657), junto al Éufrates. Pero los soldados de Mu’awiya colgaron ejemplares del Corán en las puntas de las lanzas y las tropas de `Ali se detuvieron para no destrozar el libro sagrado. Mu’áwiya pidió entonces un arbitraje que, mediatizado por él, falló en contra de `Ali. Éste fue asesinado poco después y Mu’áwiya fue elegido califa (661-680). Con 61 empieza por tanto una nueva dinastía, la de los Omeyas (v.), durante la cual A. pierde su condición de centro del Imperio y se traslada la capital a Damasco (v.).8. El imperio musulmán. Mu’áwiya transformó el califato, electivo hasta entonces, en institución hereditaria y, bajo él y sus descendientes, se organizó el Estado. El califa (v. CALIFATO) era un señor absoluto que se preocupaba mucho más de la guerra que de sus deberes como jefe de los creyentes. Así, por Occidente se conquistó el Magrib y, en el 680, se alcanzaba el océano Atlántico; en el 698, Cartago, que pertenecía a Bizancio, cayó en manos de los árabes y, en el 711, Táriq, que había cruzado el estrecho de Gibraltar, derrotaba al rey visigodo de España, D. Rodrigo (v.), y el país entero cayó en manos de los musulmanes rápidamente (v. CóRDOBA, EMIRATO Y CALIFATO DE). Por Oriente, se cruzó el Indo, llegando hasta Lahore; se conquistó Sind y la Tranxosiana y allí los árabes entraron en contacto con los turcos, algunos de los cuales se sometieron y se convirtieron; en el Tíbet tenían una frontera común con China, que estaba en plena anarquía en aquel momento.Al quedar A. cada vez en un lugar más secundario, se produjeron las protestas de los chiíes que conservaban, en La Meca, la pureza de la fe primitiva, y no veían con agrado que el centro del Islam derivara hacia Persia, donde los califas sufrían el influjo religioso iraniano. El resultado fue una nueva guerra civil de base religiosa, en el curso de la cual, la dinastía de los Omeya desapareció asesinada, ocupando el poder una nueva familia, los `Abbásíes (v.), oriundos de la provincia persa de jurasan. Con éstos iba a prevalecer en el Imperio la influencia persa y Damasco fue abandonada como capital, siendo sustituida por Bagdad (v.).Con los `Abbásíes, el Imperio dejaba de ser árabe para hacerse musulmán y A. perdió para siempre su papel predominante. La dinastía duró cinco siglos, pero sólo el primero, de 750 a 833, fue grandioso. La civilización musulmana alcanzó entonces su apogeo y Bagdad se convirtió en la ciudad más importante del mundo sobre todo durante el reinado de Hárñn al-Raid (786-809). Sin embargo, la misma inmensidad del Imperio y su abandono del Mediterráneo y Occidente por el Oriente fueron la causa de su ruina. Las lejanas provincias comenzaron a llevar una vida prácticamente independiente. En las fronteras montañosas del Irán los turcos permanecían extraños al califato y en el interior las revueltas populares de Persia y sobre todo las luchas religiosas entre los chiíes y los jarichíes, que se habían separado de la ortodoxia musulmana, privaron a Bagdad de todo poder efectivo. Así, la dinastía de los Fatimíes (v.), pertenecientes a una secta de los chiíes, fundaron en El Cairo un califato rival del de Bagdad que a fines del s. x dominaba Egipto, toda África del norte y Siria, pero que, a pesar de su esplendor, duró poco ya que perdieron África del norte y, al intentar recuperarla en 1050, lanzaron contra ellas a tribus árabes acantonadas en Egipto, los Banú Hilál, que arruinaron el territorio. Decadentes los Fatimíes, fueron arrojados del Nilo por los turcos (v.). Por estas mismas fechas (1050), el mundo musulmán se encontraba fragmentado en pequeñas unidades políticas y religiosas y, en 1055, los turcos selyucíes (v.) invadieron el Imperio y se apoderaron de Bagdad; pero ya los árabes habían jugado su papel en la historia del mundo. Mientras la Europa bárbara dormitaba durante esos siglos, los musulmanes mantuvieron el comercio con el Extremo Oriente, relevando a Bizancio. Después, el oro musulmán se introdujo en Europa, reanimando los intercambios. El Mediterráneo se convirtió en un lazo entre dos civilizaciones, no en un obstáculo, y transmitida por los conquistadores, la filosofía griega, a la que se añadió la ciencia árabe, provocó un despertar intelectual en la Europa de la Edad Media.Por lo que se refiere a la península Arábiga propiamente dicha, a partir del a. 800 aproximadamente, los califas perdieron su poder sobre ella, con lo que en las zonas más aisladas del territorio hubo una porción de pequeñas dinastías independientes. En la mayoría de ellas hubo surafá’, jerifes, es decir, descendientes de `Ali; tales fueron entre otros, los hásimíes, que reinaron sobre La Meca (1063-1200) y los sucesores de Qatada, desde 1200 en adelante. En el Yemen se sucedieron, y a veces gobernaron simultáneamente, tres dinastías: ziyádíes nayahíes y sulayhíes, desde el s. Ix hasta el 1175, en que los ayyúbíes conquistaron toda la A. del sur. A éstos siguieron los rasúlíes (1231) y, después, los táhiríes, que se sostuvieron en el trono hasta la conquista del país por los osmanlíes (1517).9. Organización social y administrativa. La creación del Imperio musulmán, sobre todo a partir de la dinastía Abbasí, supuso un desarrollo de la administración que hasta entonces había sido embrionaria. En las ciudades, se establecieron corporaciones de artesanos y mercaderes que se encontraban al mando de un Síndico. Los cristianos y los judíos también estaban agrupados legalmente. Por encima de las autoridades cristianas y judías se encontraba el cadí, asistido por secretarios y una policía de mercados y costumbres, que administraba la ciudad. Dirigiendo las provincias estaban los gobernadores, cuya misión primera era enviar el tributo a la capital y dirigir el ejército. Para ingresar en la milicia se requería ser musulmán, libre, mayor de edad y estar sano de cuerpo y espíritu. Sobre todas las autoridades locales y provinciales se encontraba el Califa (v. CALIFATO), cuyo poder era absoluto y que gobernaba con la ayuda de un visir (primer ministro) y varios diu?anes (Ministerios).Socialmente no existía una verdadera aristocracia o clase privilegiada, ya que todos los súbditos eran iguales ante el Califa, su señor absoluto. Toda esta organización imperial apenas afectó a los árabes que quedaron en la península Arábiga. Allí toda la vida social y política siguió girando en torno a las tribus. Mahoma no destruyó con su predicación el espíritu tribal y la base de la tribu continuó siendo la familia; familia monógama, ya que por lo regular, a pesar del permiso coránico, el árabe solamente tomaba una mujer. Por otra parte, la mujer árabe nómada gozaba de una libertad y respeto que, en cambio, no tenían las mujeres de la ciudad y del Imperio. El ideal era tener el mayor número posible de hijos, lo que daba importancia a la familia sobre otras familias parientes. Así se formaba la tribu que, cuando era fuerte y rica, reunía a su alrededor otras tribus más débiles. A pesar de la desarrollada vida económica del Imperio musulmán, sobre todo a partir de los Omeyas, las tribus propiamente árabes se mantuvieron al margen del gran comercio y se contentaron con proveer de camellos a las caravanas de los mercaderes de Damasco o Bagdad.En definitiva, se puede decir que el islamismo no influyó de una forma decisiva, en cuanto a las costumbres, en la península Arábiga. Así, las sentencias judiciales se continuaron pronunciando según el Derecho consuetudinario, si bien es cierto que dicho Derecho concordaba con las leyes islámicas en la medida en que éstas se fundaban sobre aquél. V. t.: SEMITAS; ISLAMISMO; MAHOMA; OMEYAS; IABBASfES; FATIMÍES; CALIFATO.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: C. HUART, Geschichte der araber, Leipzig 1915; A. MuRSEL, Arabia Petraea, Viena 1908; D. S. MARGOLIOUTH, Islamismo, Barcelona 1930; C. HUART, Histoire des Árabes, París 1912; GAUDE FRAY DEMOBYNES, Le monde musulman, París 1931; T. ARNOLD y A. GUILLAUME, El legado del Islam, Madrid 1958; A. GONZÁLEZ PALENCIA, El apogeo dei poder F de la civilización de los musulmanes hasta el s. X, en Historia Universal Gallach, Barcelona III; H. L. GOTTSCHALK, El Islam: Su origen, su evolución y su doctrina, Madrid 1962; J. P. Roux, L’Islam en Occident. Europe-Afrique, París 1959;, J. SAUVAGE, Introductzon á 1histoire de lOrient musulman. 1959;, 1. de bibliographie, París 1961; E. DE ZAMBAUR, Manuel de généalogie et de chronologie pour 1’histoire de I’Islam, Bad Pyrmont 1955.
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