Antigua, Edad VI LIT.
Categoria:
Literatura
Delimitación del concepto. El concepto de E. A. en literatura es amplísimo. Podría abarcar desde el primer documento escrito hasta que la consolidación del cristianismo cambia fundamentalmente los comportamientos literarios, haciendo aparecer ese fenómeno histórico que se llama tradicionalmente Edad Media. Pero aunque es cierto que la Humanidad ha conservado durante muchos siglos una especie de "literatura hablada", parece oportuno fijar los orígenes de esta época en el momento en que la frágil palabra queda fijada casi con mayor resistencia sobre un modesto papel o pergamino, que sobre la madera o el hierro. Y si este concepto se extiende a las culturas asiáticas, cuya relación con el mundo occidental puede limitarse a una influencia más o menos transmitida, se amplía de tal manera la idea de E. A. en la 1., que difícilmente se podría condensar en breves líneas.Acaso sea más oportuno, para la mentalidad occidental, fijar la E. A. en los mismos comienzos de lo que se denomina mundo clásico. Por otra parte su importancia aumenta si se considera que la vigencia del mundo clásico no se limita a ser un resto arqueológico, más o menos admirado, sino que a partir del 1400, conscientemente o no, y por encima de las protestas de independencia de los escritores, por ignorar su presencia, la tradición antigua gravita de tal modo sobre el mundo occidental que es muy difícil cambiar los gustos estéticos, elaborados sobre aquellos profundos y primitivos sellos. Grecia tanto como Roma se convierten de este modo en las metas a seguir, bien para ser imitadas o combatidas. Cabe añadir que entre estas dos culturas, los hallazgos del mundo heleno no pudieron ni siquiera ser superados por los propios vencedores romanos, que, triunfantes en el esfuerzo bélico de las armas, fueron vencidos en los duros combates del pensamiento.Grecia. La épica. Con Homero (v.) se abre un espléndido periodo literario en el que es muy difícil separar el mundo de los dioses y el de los seres humanos. Su portentosa creación de la epopeya nace orlada en un mundo maravilloso, en el que los dioses son casi humanados y sus acciones se mueven en un tejer y destejer pasiones. Héroes, semidioses, habitantes todos del Olimpo presentan sus instintos primitivos brutales, pero también la nobleza de unos sentimientos, que, en plena concordancia con la naturaleza, aún eran delicados, tiernos y nobles. Este es el caso de las dos grandes epopeyas con las que se abre el periodo: la Ilíada y la Odisea. Dejando al margen las opiniones de la crítica sobre la existencia real de Homero, incluso sobre los problemas planteados por los llamados poemas cíclicos, lo que atrae de estos relatos épicos son esas virtudes de sus héroes: la valentía de Aquiles y Héctor, su sentido de la dignidad y el honor; la astucia de Ulises; la belleza de Nausica, etc. Tales fueron las calidades de estas epopeyas que se puede decir, que todas imitaron a las primeras, y que se limitarían después a cambiar los nombres de los protagonistas de unas aventuras que, no por ser repetidas, perdían menos fuerza expresiva.Lírica. Pero en el mundo antiguo no todo es épica; la historia se produce junto a la expresión del más profundo lirismo y se condensa en la intensidad de las pasiones de la tragedia y en la hondura psicológica y humorística de la comedia. Los nombres de Safo (v.), cantora del encendido amor; los poemas inflamados de ardor bélico espartano de Tirteo; la dulce elegía moral y social de Solón (v.) y Minnermo, son toda la expresión de un proceso que culmina en la poesía de Arquíloco (v.), creador de un nuevo lirismo satírico, acondicionado al ritmo del yambo, y que es el espíritu más sonoro de los preludios báquicos de Alceo (v.) y de la oda ligera y campesina de Ánacreonte (v.). La lírica, complicada por un sistema extenso de poemas, de tono oficial y de recitación coral, será el principio de la máxima expresión de la cultura griega: esto es, del arte dramático. Entre los poemas de un Píndaro (v.), aristócrata y conservador, que cree en la inspiración divina de la poesía, que acumula de forma soterrada, en sus elogios a los hombres, un absoluto respeto religioso, y el nacimiento del teatro, hay muy pocas distancias. Como dice P. Van Tieghem: "La tragedia nació en Ática a principios del s. vi a. C.; salida del ditirambo (himno en honor de Dionisos), fue constituyéndose poco a poco en género autónomo, como consecuencia de la exclusión parcial del canto, de la extensión de las partes dialogadas, de la eliminación del bufón y de la adopción, en cuanto a argumentos, de todas las leyendas divinas o heroicas".Dramaturgia. Desde unos orígenes remotos, que limitan con la propia mitología, hasta la aparición de Esquilo (v.), Sófocles (v.) y Eurípides (v.), probablemente medió una amplia era de ensayo dramático. Debió existir una impericia que todavía es perceptible en Esquilo. Su obra es pobre en acontecimientos y casi se prescinde de la acción vital; su arte radica en concentrar en un cuadro dramático, más que un ensayo psicológico, el interés moral de un problema, y los coros tienen todavía, en su primitivez, otorgado un gran papel. Agamenón, Las Coéforas, Los siete contra Tebas, son piezas vivas de su arte. A diferencia, Sófocles, más que un moralista o un pensador, es un esteta. Contempla como un escultor las imágenes de los héroes antiguos a los que se deleita en pintar. El sentido humanista de su obra hace perder un tanto aquella "fiereza" representativa de Esquilo, pero centra más el drama en una línea antropocéntrica irreversible. Así, Ayax, Edipo Rey, Antígona, pueden ser obras menos "teológicas", menos impulsadas por el destino, pero capaces de dibujar personajes cuyo comportamiento escénico puede compararse con el de los propios seres humanos. Este proceso se agudiza y culmina en Eurípides. La humanización de sus personajes se llega a trocar en él en una amargura desengañada, en la que incluso lo tradicional religioso, tan vital en el hombre primitivo, casi llega a desaparecer. Sus criaturas de Electra, Medea, Alcestes, confieren un papel primordial a las pasiones del amor, con todo su primitivo furor; a los vicios y virtudes humanos. No hay una preocupación ni por lo convencional social, ni por la técnica, sino sólo por todo aquello que sea un reflejo del alma humana atormentada.La tragedia cierra con él un espléndido ciclo que no volverá a abrirse hasta el Renacimiento, porque ni la misma Roma podrá emular a sus dominados griegos. Sólo el hispano-romano L. A. Séneca (v.), aplicando a sus héroes la dureza y la grandiosidad de sus doctrinas estoicas, logrará poner en boca de sus personas dramáticas sentencias profundas que harán gala de un conocimiento ciertamente profundo del alma humana. Las comedias de Aristófanes (v.) y Menandro (v.), de Plauto (v.) y Terencio (v.) serán unas secuelas excesivamente cortesanas, reflejos de la vida de la ciudad de la sátira, de las costumbres greco-romanas y vehículo expresivo del anecdotario histórico del momento. Las nubes, Las avispas, La paz, siempre serán ejemplos de buenas pinturas de caracteres, de verbosidad satírica y bufa, campo en el que la fantasía más extraordinaria tendrá su mejor acción.Es tal la riqueza de la cultura literaria de esta E. A., que si estos autores nombrados han sido ejemplos a lo largo de la historia, igual papel cumplen sus filósofos, sus historiadores y geógrafos, que parecieron anteceder con sus mentes científicas a una época muy cercana a la actual.Periodos romano y helenístico. Roma, heredera de esta gran manifestación de saber, supo aunar en sus oradores, como Cicerón (v.), en historiadores como Salustio (v.) y César (v.), todo el gran caudal de Heródoto (v.), Tucídides (v.) y Jenofonte (v.). Pero acaso la personificación más preclara de este mundo antiguo, especialmente por sus repercusiones posteriores en el Renacimiento, sea Virgilio (v.), cuya sólida cultura, simbiosis de oratoria, filosofía, ciencia y 1. será la mejor expresión del mundo romano. Las Bucólicas y Geórgicas, y su poema épico Eneida le otorgan el papel de maestro de creadores de tipos humanos, por la calidad de los sentimientos, por la delicadeza de expresión y por la sublime utilización armónica de los metros. Hablar de Virgilio es citar el precedente de Dante (v.) y de tantos otros que crearán en el Renacimiento (v.) y Barroco (v.) los que se llaman "poemas épicos eruditos". Junto a él, Horacio (v.), el autor de Odas y Epodos, de las famosas Epístolas que alumbrarían todo el clasicismo posterior. Una luz que no sólo reluce por sus consecuencias, sino por los propios valores que posee en la densidad y sutileza de expresiones, en vocabulario, en combinar lo heroico con lo íntimo, con tal categoría que roza el más depurado preciosismo. Ovidio (v.) cierra la tríada, especialmente con sus Metamorfosis, lujo de una mitología que toca la interpretación de un materialismo nuevo, envuelto en la más depurada poesía.Los nombres de Tito Livio (v.), de Lucano (v.), de Petronio (v.), cubren el registro de una riqueza inconmensurable que se proyecta en su decadencia hasta la época llamada helenística, que en Grecia limita con el Imperio romano, y en éste con el advenimiento del cristianismo. Es cierto que éste aún se incluye en la época clásica, pero es más problemático que Suetonio (v.) y sobre todo Tertuliano (v.), Lactancio (v.), Marcial o Juvenal (v.), puedan ser considerados como autores clásicos. La E. A. había perdido su centro romano y andaba ya dispersa por los aledaños del imperio. Pensar en la fuerza que aportarían las nuevas naciones no era nada inverosímil. La sabiduría clásica, al fin y al cabo, necesitaba en su estilo literario, en sus temas, en su moralidad y en su finalidad, una nueva savia que sólo podía proceder de los pueblos bárbaros, que no vendrían a destruir Roma y su mundo, sino a recoger la antorcha para un tipo nuevo de hombre que surgirá en la Edad Media. V. t.: CLASICISMO.M. RUIZ LAGOS.
BIBL.: M. DE RIQUER y 1. M. VALVERDE, Historia de la Literatura universal, I, Barcelona 1968-69; A. HAuSER, Historia social de la literatura y el arte, I, Madrid 1964; W. NESTLE, Historia del espíritu griego, Barcelona 1962; 1. ALSINA, La literatura griega clásica, Barcelona 1964; G. HIGHET, La tradición clásica. Influencias griegas y romanas en la literatura occidental, México 1954.
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