Anouilh, Jean
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Biografía GER
Dramaturgo francés contemporáneo. Es, juntamente con Giraudoux y con los directores teatrales del Cartel, uno de los artífices del extraordinario renacimiento teatral que Francia ha conocido en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.Biografía y clasificación de su obra. N. en Burdeos el 23 jun. 1910, después de estudios truncados de Derecho y de un fugaz empleo en una agencia de publicidad, se hace secretario del actor y director Luis louvet, acontecimiento que decidirá definitivamente su vocación dramática. En 1932 estrena su primera obra, L’Hermine (El Armiño), pero ya desde los 19 años sus intentos teatrales habían dado nacimiento a la serie de sainetes de Humulus, de los que conocemos Humulus le muet (Humulus el mudo), donde se aprecia claramente el sentido de su inspiración y estilo: un adolescente que no puede pronunciar más que una palabra al día, va haciendo acopio de ellas con el objeto, no de cumplimentar a su abuela, la vieja duquesa, sino de dar las gracias a los criados o de esbozar tímidamente su primera declaración amorosa. Esta trayectoria de menosprecio y burla de determinadas conveniencias sociales la va a seguir A. en el resto de su fecunda producción dramática, que él mismo ha dividido en Piéces Noires (piezas negras): El armiño (1932), Le Voyageur sans Bagage (El viajero sin equipaje), 1937; La Sauvage (La salvaje), 1938; Eurydice (Eurídice), 1942; Antigone; (Antígona), 1944; Médée (Medea), 1953. Piéces Roses (piezas rosas): Le Bal des Voleurs (El baile de los ladrones), 1938; Léocadia (Leocadia), 1939; Le Rendez-vous de Senlis (La cita en Senlis), 1941. Piéces Brillants (piezas brillantes): L’Invitation au Cháteau (La invitación al castillo), 1947; La Répétition oú l’Ainour puni (El ensayo o el amor castigado), 1950; Colombe (1951); y Piéces grincantes (Piezas chirriantes): Ardéle ou la-Marguerite (Ardele o la margarita), 1948; Ornifle ou le courant d’air (Ornifle o la corriente de aire), 1955; etc.En realidad, esta clasificación es un tanto arbitraria aunque responde un poco a la diversa dosificación que de lo negro, rosa, brillante y chirriante, A. introduce siempre, con inigualable maestría, en todas y cada una de sus obras. Su temática y su universo dramático son de los más coherentes y constantes del teatro actual y pueden resumiese así: es necesario rehusar la felicidad si hay que pagarla al precio de concesiones a la hipocresía y a la mediocridad del ambiente social y familiar. En la lucha entre el mundo de los puros y el de los corrompidos, los primeros están representados en la mayoría de los casos por jóvenes exigentes e intransigentes que se rebelan ante una galería anouilhiana - siempre repetida- de padres tiránicos y parásitos, de hombres de poder, o de representantes de la fauna trivial de salones encopetados, de ambientes de teatro o de orquestas de café provinciano... De un modo u otro todos ellos repiten, en nombre de sus propios principios de autenticidad, la frase de Antígona: "le suis la pour dire non".Problemática de su teatro. La fidelidad de A. a los mismos planteamientos escénicos durante más de 30 años tiene su contrapartida en la creciente acusación de excesiva facilidad que por parte de determinados sectores de la crítica se le ha hecho últimamente, sobre todo después de algunas obras - Ornille (1955), Pauvre Bitos (Pobre Bitos), 1956; La Grotte (La Gruta), 1961-, donde los elementos repetitivos eran más flagrantes y el nihilismo aún más chirriante. Por otra parte, su teatro, destinado en un principio "a turbar el implacable sueño de las buenas gentes" (P. de Boisdeffre, Métamorphose de la Littérature, II, París 1950, 166), ha perdido su fuerza agresiva ante un público que va al teatro de antemano condicionado por las reiteradas manifestaciones de una misma problemática.Sea como fuere, y aun reconociendo la existencia de algunos títulos que nada añaden a su gloria, lo cierto es que el teatro de A. es una de las más vigorosas protestas contra la vulgaridad y el egoísmo de este mundo. Detrás de sus efectos cómicos brillantes o de sus sarcasmos francamente cínicos hay un trasfondo de amargura y patetismo plenamente conseguido. Su virtuosismo en cuanto a la técnica dramática y al manejo de los recursos escénicos es sencillamente extraordinario. En este aspecto de hombre de teatro hay una indiscutible superioridad de A. con relación al conjunto de dramaturgos franceses, llegados en general al teatro desde otros horizontes literarios; su genio escénico le emparenta con tres de los más grandes autores teatrales - Moliére, Marivaux, Mus. Set - que ha tenido Francia.El mito clásico y los temas históricos. Capítulo aparte merecen los enfrentamientos de este autor con el mito clásico y con los temas históricos. Su contribución a la revitalización de los grandes temas griegos llenándolos de resonancias contemporáneas es una de las más vigorosas y personales en un capítulo donde, sin embargo, no escasean los aciertos: en Eurídice, el mito órfico se transforma en un poético idilio entre un violinista de café y una actriz de segundo’orden. En cuanto a Antígona - hermana de sus restantes heroínas en su testaruda negación de la felicidad -, su puesta en escena el 4 feb. 1944 por André Barsacq, con vestuario moderno, creó escuela en este tipo de representación.En L’Alouette (La Alondra), 1953, y en Becket ou I’Honneur de Dieu (Becket o el honor de Dios) son las figuras de Juana de Arco y de Tomás Becket respectivarnente las que realizan el enlace entre la historia y el personal genio de A. Si ya en la primera de estas obras algunos críticos creyeron ver una ampliación de su inspiración, unida a una ternura sin reservas del autor hacia su heroína, a Becket o’ el honor de Dios se le puede dar sin discusión alguna el calificativo de obra maestra. El drama de la amistad entre Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra, y Tomás Becket, a quien hace nombrar arzobispo primado de Canterbury, va adquiriendo perfiles de densidad trágica a medida que este último comienza "a amar el honor de Dios". No son sólo los aciertos del diálogo, la magistral pintura de la evolución interior de Becket, sino escenas como la entrevista de ambos héroes en la playa - donde un viento glacial simboliza el destino de su amistad- o la del asesinato final, los que hacen alcanzar a A. una fuerza y una trascendencia dramáticas raramente observadas en él en anteriores ocasiones. Son, pues, muchas las circunstancias que permiten esperar todavía un enriquecimiento de su teatro que desde los primeros momentos de la interesante renovación dramática de los años 30 ha llenado y continúa llenando con singular acierto los escenarios franceses. M. el 7 oct. 1987 en Lausana.FRANCISCO L. HERNÁNDFZ.
BIBL.: A. NICOLL, Historia del teatro mundial, Madrid 1964; l. GUERRE5tO ZAMORA, Historia del teatro contemporáneo, Barcelona 1961; A. MAUROis, De Gide a Sartre, Barcelona 1968; H. GIGNOUX, J. Anouilh, París 1947; R. DE LuppÉ, Anouilh, París 1959; J. ANOUILH, Teatro, 6 vol., Buenos Aires 1952-1966.
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