Ángeles REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Antiguo Testamento. Revelación progresiva. La palabra á. proviene del griego y significa etimológicamente "mensajero". El A. T. habla con gran frecuencia de ellos, aunque no siempre designándolos con ese vocablo: los seres que denominamos con el nombre genérico de á. reciben variados nombres en el texto original hebreo del A. T. Dios ha ido revelando por etapas todo cuanto quería enseñarnos. Esas etapas están marcadas, en la pedagogía divina, que se adecúa en parte al estado cultural y aun psicológico del hombre receptor de la Revelación. No podemos olvidar que los. hombres que, bajo la llamada divina, constituyen el pueblo de Israel, provenían del politeísmo, y que luego éste rodeó a Israel a lo largo de su historia. De ahí que Dios deba ante todo reforzar el monoteísmo, negando la existencia de otros dioses fuera de Yahwéh (p. ej., cfr. Ps 115, 4 ss.; Is 43, 11; etc.). Lógicamente la Revelación sobre los á. es, en un principio, parca, haciéndose más amplia cuando el monoteísmo está bien asentado.Superación del politeísmo. Esa corrección del politeísmo es aprovechada por Dios para revelar la realidad angélica. Así se advierte en textos bíblicos que conservan tradiciones antiquísimas, que pueden hacer referencia a creencias politeístas luego corregidas. Así, en Gen 6, 1-14 se habla de los "hijos de Dios" (o "de los dioses"), de los hombres. Estos béne ha’élohim nos son conocidos por Ps 29, 1; 89, 7; Dt 32, 8.43; Iob 1, 6; 2, 1; 38, 7. Aparecen también en la literatura religiosa ugarítica (v. UGARIT) que ha podido influir en la manera de expresarse el pensamiento religioso de Israel. En las más antiguas tradiciones, los béne ha’élohim aparecen como dioses de los pueblos (cfr. Dt 32) y se los describe como sometidos al poder del Altísimo, a cuya fuerza no pueden resistir, etc. (cfr. Dt 32, 8 y 37 s.). Siglos más tarde, cuando se lleva a cabo la reinterpretación de los salmos 29 y 89, los béne ha’élohim son de nuevo presentados como seres sometidos a Yahwéh (cfr. Iob 1, 6, y probablemente 2, 1; 38, 7). Éste es también el sentido de la redacción del ya citado texto Gen 6, 1-4. Los traductores griegos de la Biblia comprenden los béne ha’élohim en el sentido de á. El texto de Gen 6, 1-4 es interpretado, por la . epístola de judas, en la época neotestamentaria, como incluyendo una referencia a los á. caídos (Ids 6; 2 Pet 2,4) (V. DEMONIO).. El hombre politeísta, con el que convivía Israel en su infancia y aun anteriormente, en su prehistoria de Pueblo de Dios, veía tras los fenómenos de la naturaleza, de la vida, etc., fuerzas superiores que, al no reducirlas a un único Dios, las consideraba dominadas, protegidas o personificadas en divinidades. Todas las divinidades estaban reunidas en el panteón bajo la supremacía de un dios que los semitas del oeste conocían bajo el nombre de É1 (v. SEMITAS II). La Revelación divina no suprime de golpe este politeísmo circundante, sino que hace comprender poco a poco a Israel que Él es Yahwéh y que si bien hay otros espíritus no son sino criaturas suyas que le están subordinadas.Pero no se piense que sólo así procedió la revelación de los á. Sería una concepción excesivamente simplista. Lo que se ha dicho es uno de los elementos, uno de los caminos, si se quiere, por los que Israel es llevado al conocimiento de los á. Existen también otros, reconocibles . todavía en la literatura bíblica. P. ej., la figura del malák Yahwéh o makik élohim como se le designa a veces. Malúk es el mensajero, la palabra que más se acerca a nuestro á. De hecho se traduce "á. de Yahwéh".Mensajeros de la divinidad. El "mensajero de X" (nombre de una divinidad) es un concepto conocido en la literatura ugarítica de mediados del segundo milenio a. C. Así el rey divinizado Keret envía sus "mensajeros" al rey Pbl pidiendo su hija en matrimonio. Y el dios del mar envía sus "mensajeros" para reclamar de la asamblea de los dioses, reunidos bajo la autoridad de Él, al dios Baal. No parece, pues, que sean los autores sagrados o el pueblo de Israel quienes crean este concepto para salvaguardar la trascendencia divina. Una vez más, la pedagogía divina aprovecha los elementos de que dispone. la cultura ambiente. Y sirven, es cierto, en algunos casos para preservar la trascendencia de Yahwéh, tan difícil de soportar al pueblo de dura cerviz. El mensajero de una divinidad es distinto de la divinidad misma. Y así los textos distinguen perfectamente entre Yahwéh y su mensajero o á. Es el caso de Ex 33, 2: "Yo mandaré delante de ti un ángel que arrojará al cananeo, al amorreo..." (es cierto que en este caso ladistinción puede provenir de la fusión de dos textos). En Num 22, episodio de Balaam (v.) hay un texto antiguo, relativo al adivino Balaam, donde la divinidad no interviene directamente sino por medio de su á. En Gen 24, 7, el á. es claramente distinguido de Yahwéh, que envía a aquél para acompañar al siervo de Abraham que se encargará de traer a Rebeca. En Gen 46, 16, Jacob parece distinguir entre Yahwéh y el á. que le ha salvado. Muy clara aparece la distinción en Ex 14, 19; 23, 20; Num 20, 16. De esa forma nos encontramos ante textos en los que se afirma que Yahwéh, Dios de Israel, reina no sólo en Israel, sino fuera de sus fronteras, y ejerce su dominio sobre los otros pueblos por medio de sus emisarios. Las divinidades de que hablan otros pueblos son reducidas a la categoría de malak.En otros casos, quizá en otra etapa, las divinidades son declaradas barridas por el poder de Yahwéh. Éste pudiera ser tal vez el origen de la expresión "á. de Yahwéh", pero para designar al mismo Yahwéh y no a un mensajero suyo. En Gen 16, 7 ss. se le aparece a Agar el á. de Yahwéh, pero el vers. 13 identifica al á. con Yahwéh. Algo similar ocurre en los casos narrados en Gen, 21, 17 ss.; 22, 11 ss.; 31, 11 ss.; Idc 2, 1 ss.; etc.Generalmente, el á. de Yahwéh aparece como un ser benéfico, portador de un mensaje agradable al hombre. Su actividad, cuando existe, va marcada también con el mismo signo dé la bendición. A veces están encargados los á. de misiones desagradables, son los á. malos (v. DEMONIO).La corte celestial. La antiquísima idea preisraelita, de los reyes divinizados y del dios-rey pudo servir de peldaño para la ascensión de la mente hebrea hasta la concepción de Yahwéh-Rey rodeado de una corte. El acceso al palacio-templo de los reyes asirlos estaba custodiado por toros alados con rostro humano, que hoy pueden contemplarse en el British Museum de Londres. Proporcionaban al que entraba la impresión de misterio, la sensación de lo sagrado; y prolongaban la distancia entre soberano y súbdito. Su nombre karibu sugiere una relación terminológica con los kerub (im) hebreos. Cuando el autor sagrado piensa en la expulsión del Paraíso (v.), en el hombre alejado de la presencia de Dios, coloca a la entrada del Vergel (v. PARAÍSO) un querubín que señale con su presencia la separación entre lo sagrado y lo profano (Gen 3, 24; Ez 28, 14). Los querubines, siempre ligados estrechamente a la presencia de Dios, sirven a Yahwéh de montura (Ps 18, 11), arrastran su carro (Ez 1, 4, y 10, 1 ss.) y sostienen su trono, con lo que el querubín adquiere tal importancia que se convierte en uno de los nombres o títulos de Yahwéh: "el que está sentado sobre los querubines" (2 Sam 6, 2; 1 Sam 4, 4; Ps 80, 3; 99, 1; 1 Cron 13, 6).Las serpientes (v.) constituyeron siempre un misterio para los hombres antiguos e inspiraban cierto sentido de lo sagrado. Según Num 21, 6: "mandó entonces Yahwéh contra el pueblo serpientes venenosas (serafim) que los mordían, y murió mucha gente". En aquel momento, perteneciente al éxodo, el Pueblo se encontraba en el desierto. Cuando en el s. vii a. C. pasan los ejércitos de Asaradón por el mismo lugar vuelven a encontrar estos reptiles y no dejan de impresionar al cronista, que los describe de color verde, alados y con doble cabeza. Del desierto trae el Pueblo esta tradición de los seraf im (cfr. Is 30, 6; 14, 29), que más tarde son representados en el Templo de Jerusalén. El reformador Ezequías suprime las reproducciones de significación idolátrica. Pero antes Isaías usa su nombre para describir la corte de Yahwéh. En efecto, Isaías dice acerca de la visión que provocó su vocación:"... vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime... Había ante él serafines; cada uno tenía seis alas; con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con las otras dos volaban..." (Is 6, 1 ss.). Entre la tradición de Números y la de Isaías, la Revelación ha progresado de manera sustancial. Del elemento primitivo queda su carácter de guardián e instrumento de la divinidad (Is 6, 6: "Pero uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón encendido..."), fuerza de la muerte y de la vida, purificación (Is 6, 7). Los serafines tienen en común con los querubines el ser miembros de la corte real de Yahwéh.Espiritualidad de los ángeles. Al llegar el exilio (s. vi a. C.) Dios ha proporcionado a Israel la Revelación, e Israel por su parte ha respondido con la fe en un estricto monoteísmo, que está ya tan firmemente radicado que no tiene peligro de contagio por el politeísmo circundante. La angelología no sólo tiene ya puestos sus fundamentos, sino que se puede desarrollar ampliamente.El profeta Ezequiel habla en el cap. 9 de seis espíritus encargados por Dios de destruir todo lo que no ha sido marcado por un escriba vestido de blanco. Algunos han querido ver una relación, al menos verbal, entre ese texto y algunas tradiciones iránicas (v. MAZDEÍSMO), pero no es claro; en cualquier caso Ezequiel los describe como espíritus a las órdenes de Dios. Con el profeta Zacarías la Revelación continúa progresando en el sentido de poner de manifiesto la espiritualidad de los á.; Zacarías habla en efecto mucho de ellos, y a partir de la quinta visión (Zach 4, 1 ss.) declara que el á. tiene como misión interpretar los signos y las visiones. Queda absolutamente claro que los á. no son fuerzas cósmicas, sino realidades espirituales.El gusto por la apocalíptica sirve de vehículo a la revelación de la existencia de multitudes de á. que pueblan los espacios celestiales. El libro de Daniel habla de miles de millares (Dan 7, 10). Son seres inteligentes que explican a Daniel sus visiones. Algunos detentan poderes divinos, como Gabriel (Dan 7,. 10), cuyo nombre significa "fuerza de Dios" (v. GABRIEL ARCÁNGEL, SAN), o como Rafael, "medicina de Dios", que aparece en el libro de Tobías (V. RAFAEL ARCÁNGEL, SAN), o como príncipes que rigen los destinos de los pueblos, como Miguel lo es de Israel v. MIGUEL ARCÁNGEL, SAN) y el innominado príncipe de Persia lo es de este país (Dan 10, 8 ss.). La trascendencia de Dios queda perfectamente marcada; lo indica el mismo nombre de Miguel, Mi-ka’-El: "¿Quién como Dios?".Literatura apocalíptica apócrifa. La época inmediatamente anterior y posterior al N. T. se caracteriza por unas preocupaciones apocalípticas referentes al horizonte de la vida del hombre y de su visión del cosmos. La literatura apocalíptica va toda ella dirigida hacia la expresión de las maravillosas. intervenciones de Dios en un futuro más o menos lejano. Dominados por el desconocimiento que del futuro tienen estos autores, usan un lenguaje en el que las imágenes se suceden sin interrupción y aun se yuxtaponen,, lo que da a sus descripciones un sabor de misterio que es, sin duda, una de las primeras intenciones de los cultivadores del género apocalíptico (V. APOCALIPSIS II). Profundamente persuadidos de su fe en un solo Dios, principio creador de todas las cosas y conservador de las mismas, incluso director de la historia humana, los apocalipsis apócrifos le hacen intervenir de manera espectacular, rodeado en toda ocasión de multitudes de á. que son los depositarios de la fuerza divina, de los poderes divinos que se extienden a todo el cosmos, y encargados de una misión divina ad casum, o más o menos continua, como puede ser el gobierno de una nación, de un grupo, de los individuos en particular. La literatura apócrifa veterotestamentaria (V. APÓCRIFOS BíBLICOS) es rica en referencias angélicas. Espíritus invisibles (Testamento de Leví 4, 1; 2 Bar 51, 11) provistos de seis alas (Enoc 51, 1; 2 Enoc 19, 6; 21, 1) y varios ojos (Enoc 51, 1) son descritos generalmente como jóvenes revestidos de luminosidad, con- semblante ardiente como el fuego (Enoc 17, 1; 2 Enoc 19, 1-4). Su número es incalculable (Enoc (50, 1; 71, 9; 4 Esd 6, 3; 2 Bar 21, 6; 56, 14; 59, 11).Este ejército celestial se encuentra perfectamente jerarquizado en dos categorías fundamentales: a) los á. superiores,, que viven cerca de Dios, conocen sus secretos designios, celebran y comparten. el reposo sabático con Dios (Jubileos 2), le acompañan siempre, incluso en sus teofanías, y le representan en la tierra, Celebran continuamente la liturgia celeste (Jubileos 30, 18). Se encargan de comunicar a los hombres, casi . a cada instante, la voluntad divina y la manera de llevarla a cabo (Jubileos 3-4). b) Los á. inferiores juegan un modesto pero eficaz papel. Encargarlos del funcionamiento de los elementos del mundo, fenómenos naturales como el viento, nieve, escarchas, frío, calor, truenos, etc., "cuatro miríadas de ángeles provistos de seis alas cada uno, conducen diariamente al Sol y a la Luna" (2 Enoc 11). No observan el sábado para no paralizar la vida sobre la tierra (jubileos 2; 2 Enoc 12; etc.). Fundado en la apocalíptica, el rabinismo llegará a una verdadera casuística sobre los á.Nuevo Testamento. Este es el panorama que precede y en parte prepara el N. T. En él encontramos la enumeración de las diferentes categorías de á.: arcángeles (1 Thes 4, 16; Ids 9), querubines (Heb 9, 5), tronos, dominaciones,, principados, potestades (Col 1, 16) y virtudes (Eph 1, 21). Estos textos, pertenecientes al corpus paulinum, manifiestan preocupación por el problema de las crisis religiosas de la Iglesia primitiva que unos llaman gnosis y otros judaísmo esotérico: si S. Pablo habla de los á. se debe, más que a una preocupación directa por ellos, a su deseo de mostrar que la redención de Cristo es universal, cósmica. Ésta es la preocupación o interés fundamental del N. T.: la persona de Cristo y su obra. Por otra parte, los evangelios nos refieren que Jesús, de origen celeste, tiene tratos íntimos con estos seres celestes también (Mt 4, 11; Le 22, 42), que ven a Dios y son custodios de los hombres (Mt 18, 10; etc.). Acompañarán al Hijo del Hombre en su Parusía (v.) (Mt 25, 31; 2 Thes 1, 7), serán los ejecutores del Juicio Final (Mt 13, 39.49; 24, 31). Están al servicio de Cristo, quien podría pedir a su Padre una intervención angélica (Mt 26, 53). Son inferiores a Jesús, siempre en cuanto Dios, pero con un nuevo título después de la MuerteResurrección (Eph 1, 20 ss.; Col 1, 16), porque también ellos le están sometidos.Aparecen también los á. con el oficio consagrado por todo el A. T. o en su acepción primigenia de mensajero, como es el caso del arcángel S. Gabriel en el’ anuncio hecho a Zacarías (Le 1, 11 ss.) y a Nuestra Señora (Le 1, 26 ss.); el del á. que comunica a los pastores el nacimiento del Salvador (Le 2, 9 ss.) y al que se le une una multitud de á. (Le 2, 13 ss.); y los que anuncian la Resurrección de Jesús (Mt 28, 5 ss.; etc.). En Act 1, 10 ss. se citan "dos varones vestidos de blanco" (obsérvese la conexión con Ez y Dan) que anuncian a los Apóstoles la futura venida de Cristo. Hasta ese momento ayudan al arcángel S: Miguel en su lucha contra Satanás (Apc 12, 1-9). En Apc 4, 8 ss. se describen, en una visión muy similar a la de Is 6, como liturgos celestes cuya acción está íntimamente conectada a la de la Iglesia peregrinante.Para el tema de la caída o pecado. de los á. malos, V. III; DEMONIO; MIGUEL ARCÁNGEL, SAN.J. L, CUNCHILLOS YLARRI.
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