Andes GEOG.
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Geografía
La cordillera de los A. es uno de los sistemas montañosos más importantes del mundo. Ocupa el borde occidental de América del Sur, entre los 11° latitud N y 56- latitud S. En ambos extremos se prolonga con una guirnalda insular: al N, por las islas Antillas que toman una dirección O-E a partir de Venezuela, y al S, por el Arco del Scotia que une Tierra del Fuego con la península Antártica pasando por las islas Georgias, Sandwich, Oreadas y Shetland del Sur. Su dirección general es N-S, a excepción de: una desviación oblicua que se encuentra en las latitudes de Perú meridional y de Bolivia. En este mismo sector se encuentra el ancho máximo de la cadena, 600 Km. entre el Chaco y el Pacífico. Todos los climas se suceden ’ a lo largo de ella, desde los tropicales y ecuatoriales hasta los subpolares, corregidos por el enfriamiento general que produce la altura y las influencias de las corrientes marítimas. Los A. constituyen una cadena geológicamente joven generada en su parte principal por movimientos orogénicos del Terciario superior y del Cuaternario. Grandes fracturas orientadas en el sentido de los meridianos permitieron el desplazamiento vertical de bloques que fueron solevantados a diversas alturas. Las cumbres actuales y las depresiones que las separan son, en gran parte, el resultado de la acción de esta tectónica diferencial de bloques. Aún en la actualidad muchas regiones andinas son sobresaltadas por la actividad volcánica o remecidas esporádicamente por la sismicidad. P. ej., la vertiente chilena de Núcleo Central (v.), clásica por sus temblores de tierra.1. El relieve. Los A. se dividen habitualmente en Septentrionales, Centrales y Meridionales.Los Andes Septentrionales. Comprenden el área situada entre el Caribe y las proximidades del Ecuador. En este sector el edificio andino se ramifica en tres unidades paralelas: cordillera Oriental, Central y Occidental, separadas por fosas longitudinales. Estas ramas montañosas, bien diferenciadas al nivel del mar Caribe se reúnen en las cercanías del Ecuador formando el Nudo de Pasto. La cordillera Oriental, o cordillera de Bogotá, que se prolonga en la de Mérida, está formada por un haz de pliegues que encierra un área de cuencas fluviales denominadas sabanas, como, p. ej., la sabana de Bogotá. El río Magdalena separa la cordillera Oriental de la Central. Esta última, llamada también cordillera de Quindío, y la Occidental o de Chocó, forman los flancos E y O de un gran arco de rocas ígneas macizas, a veces sepultadas por rocas volcánicas. Este arco sufrió un importante hundimiento de dirección N-S que generó una depresión de igual orientación. Dicha depresión se extiende desde Colombia a Cuenca (Ecuador) y está drenada en su sector septentrional por el río Cauca, afluente del Magdalena. Por esta razón, la disposición de los A. ecuatorianos es análoga a la de los A. colombianos meridionales. La cordillera de Chocó se continúa en la sierra Occidental y la de Quindío en la sierra Oriental o Real. Bordean esta depresión importantes volcanes nevados, como el Huila (5.750 m.), Tolima (5.620 m.), Chimborazo (6.272 m.), Cotopaxi (5.897 m.) y otros.Los Andes Centrales. Comprenden todo el sector que se extiende entre el sur del Ecuador hasta el norte de Argentina y de Chile. Su límite septentrional está marcado por el umbral de Jaén, serie de portezuelos que descienden desde los 3.000 m. y que constituyen la depresión mejor definida entre Colombia y Chile meridional. Hacia el S, los A. Centrales se presentan como una superficie amesetada y alta, recorrida por alineamientos montañosos y volcanes que encierran cuencas intermontanas. En el Perú septentrional, los ríos Santa y Marañón tienen en su curso andino trazados paralelos a la dirección de los pliegues y separan valles longitudinales bordeados por las cumbres de la cordillera Negra y de la cordillera Blanca. El Marañón corta la cordillera Oriental en forma de una garganta llamada Pongo de Manseriche. En la cordillera Blanca se yerge el Huascaran, 6.750 m., una de las cumbres andinas más impresionantes. Los A. de Huancayo y de Abancay constituyen uno de los segmentos más accidentados y preceden por el N al Altiplano, sector singularmente desarrollado, el más amplio de todo el edificio andino (600 Km. de ancho). Los A. son aquí totalmente áridos. La depresión central altiplánica tiene una altura media cercana a 4.000 m. y está bordeada por dos zonas de bloques solevantados. Sobre éstos se asientan enhiestos volcanes andesíticos que se aproximan o exceden 6.000 m. de altura. En la cordillera Marítima estos volcanes son el Misti, 5.855 m.; Sajama, 6.500; Ollagüe, 5.869; Llullaillaco; 6.723. La cordillera Oriental presenta en su alineación montañosa cumbres de igual categoría: Salcantay, 6.271 m; Ausangate, Illampú, 6.362 m. Estas altas montañas se conectan con la llanura amazónica por medio de abruptas laderas conocidas con el nombre de Yungas, sector que corresponde al límite de la montaña. La parte septentrional de la depresión central es una de las más pobladas de Bolivia. Allí se encuentra La Paz (v.). Hacia el S se hace más desértica. El sector N está ocupado por el lago Titicaca (v.), de aguas dulces y cierta profundidad; el sector S, por el lago Poopó (v.), de aguas fuertemente saladas y de muy poca profundidad. El tramo que separa ambos lagos está accidentado por colinas andesíticas, oblicuas a la orientación general de la depresión. En la parte más meridional, la sequedad caracteriza un sector de tierras altas sembradas de salinas.Los Andes Meridionales. Al sur de Tucumán, la montaña parece despedazarse. El bloque de la Puna se disuelve en la vertiente argentina en una serie de sierras de dirección submeridiana que descienden progresivamente hacia el S, encuadrando bolsones que se ensanchan y se hunden en la llanura argentina. La sierra de Córdoba es la última de las sierras Pampeanas que se une de manera manifiesta a los A. Al sur del desierto de Atacama en Chile, y hasta las islas de Tierra del Fuego, los A. se estrechan paulatinamente a medida que disminuye el número y el ancho de los cordones más o menos individualizados que bordean su flanco oriental. Así, los A. deChile y Argentina se pueden describir como una sola cordillera que culmina en la latitud de Santiago de Chile. En este sector el edificio andino no es más que una alta y angosta muralla. Angosta, porque sólo 130 Km. separan las llanuras argentinas de la Depresión Central chilena. Alta, porque en 200 Km. seis cumbres se elevan a más de 6.000 m. al sur del Aconcagua (6.959), punto culminante de las dos Américas. Los pasos de todo este sector son muy altos y se empinan sobre los 4.000 m. Los que se sitúan al sur del Tinguiririca, en cambio, son en su totalidad inferiores a 3.000 m, y sólo dos cumbres se elevan a 4.000 m. (Planchón y Peteroa). Este cambio en el vigor de la altura coincide también con un importante límite climático. Los A. situados al norte de Santiago son totalmente áridos, los que se sitúan al sur son áridos sólo al este, mientras que la fachada contraria se hace cada vez más húmeda. Al sur de Santiago los A. pierden paulatinamente vigor. Más allá del paralelo 39 se transforman en una de las regiones más húmedas del mundo que conserva la impronta de una poderosa actividad glacial. Los A. Patagónicos se dividen en una serie de macizos aislados surcados por una red de valles transversales y longitudinales que se copian sobre un enrejado de fracturas ortogonales. Algunos de estos valles cortan totalmente la masa montañosa y drenan una parte de la vertiente oriental. De allí nacieron fundamentalmente los problemas limítrofes entre Chile y Argentina, que fueron sometidos al arbitraje de la Corona británica. Los A. patagónicos culminan en el monte San Valentín (3.876 m.) y conserva las mayores áreas de glaciares que existen en América del Sur. Los campos de ventisqueros suman 24.000 Kmz, incluidos los hielos de la cordillera Darwin, en Tierra del Fuego.
2. La glaciación. La acción de los glaciares cuaternarios ha dejado su huella en casi toda la extensión de la cadena andina y particularmente en la Patagonia (v.). Allí los hielos continentales de la última época geológica comprometieron una amplia zona del piedemonte argentino. Del lado chileno llegaron al mar. El área de modelado glacial disminuye hacia las latitudes medias. Al N del paralelo 39 desaparecen definitivamente los glaciares extracordilleranos y los lagos de represa glacial sobre la llanura. La impronta del hielo queda reducida a los valles intramontanos. La línea de equilibrio de los hielos se encuentra actualmente a 1.100 m. en la Patagonia continental, sube a 3.000 m. en el Tinguiririca y a 4.200 m. en el Nevado Juncal, adyacente al Aconcagua. Desde allí hacia el O, sólo persisten minúsculos glaciares locales que desafían la sequedad del clima. En los A. del Perú, los heleros son importantes y se prolongan hasta los confines de la montaña andina en el mar Caribe. La cordillera Blanca y la de Huayhuash (10010’-10030’ latitud S) abarcan 1.000 Km2 de hielo y el límite inferior de las nieves permanentes varía entre 4.500 y 4.100 m. En el Ecuador, el Chimborazo (6.310 m.) y el Cotopaxi (5.950 m.) tienen todavía glaciares radiales que miden hasta 3 Km. de largo. En Colombia, la cordillera Central y la Sierra Nevada de Cocuy conservan algunos glaciares que tienen su límite inferior a 4.500 m. En la Sierra Nevada de Santa Marta, Cordillera Oriental, los hielos descienden a 4.300 m. Los últimos glaciares andinos se encuentran en la Cordillera de Mérida, Venezuela.3. El volcanismo. Otro fenómeno cuaternario que ha influido grandemente en la elaboración del relieve andino actual es el volcanismo, que se presenta organizado en tres distritos. En ellos permanecen centros activos que forman parte del Círculo de Fuego del Pacífico. El núcleo más pequeño del volcanismo andino cuaternario se extiende entre 20 latitud N y 40 latitud S e incorpora las montañas del sur de Colombia, Ecuador, Perú central y meridional. Un umbral de 40 de longitud separa este núcleo del segundo distrito que comprende un extenso territorio de 200 de latitud entre la Cordillera Occidental Peruana y la latitud de Huasco aproximadamente (290 latitud S). El sector septentrional presenta áreas de relleno volcánico pequeñas e intermitentes. 11stas se amplían al S, logrando su mayor desarrollo transversal en la latitud del lago Titicaca. El tercer núcleo compromete todo el sur de la cadena andina desde la latitud de 350 hasta el Hielo Patagónico. Sin embargo, este sector no tiene ni la importancia ni la continuidad de aquél.4. El clima y la vegetación. Los esquemas locales andinos son muy intrincados a causa de las variaciones de latitud, altura, exposición a los rayos solares y a los vientos húmedos. En la zona tropical, las variaciones de precipitación y la gradación de temperatura son mucho más regulares que en las regiones extratropicales porque las temperaturas a baja altura son menos contrastadas. Las variaciones diarias de temperatura en Quito (2.850 metros) oscilan entre 10 y 130, mientras que la amplitud anual es de 0,80. Las temperaturas son sensiblemente las mismas en todas las laderas porque el sol nunca está lejos de la vertical a mediodía y los valles no tienen sombra. En altura, la temperatura se hace cada vez más fría creando estratos isotérmicos. En los A. Septentrionales se denomina tierras calientes al estrato inferior, tierras templadas al sector situado entre 1.000 y 2.500 m. en las latitudes más bajas. Por último, las tierras rías se encuentran allí donde la temperatura desciende bajo 180 en término medio.En los A. Septentrionales la vegetación ofrece una muestra completa de variedades intertropicales. El bosque denso, opulento y húmedo, cubre las dos ramas externas de las Sierras y se reparte al interior del sistema montañoso en bandas separadas por formaciones xerófitas bajas o de altura. Las sabanas y las formaciones tropicales secas se alojan principalmente en las fosas intermontanas del sector caribe. En los A. ecuatorianos y colombianos la selva higrófila inferior es reemplazada en altura por estratos montañosos intermedios que hacia 3.0004.000 m. de altura dejan paso a los páramos arbustivos y a los pajonales herbáceos. En las fosas longitudinales del Magdalena y del Cauca y en las cuencas interandinas reinan las estepas espinosas. Explican esta organización tan original el ordenamiento del relieve en sierras y depresiones y su disposición casi perpendicular a los vientos alisios del NE. En los A. Centrales, entre el Ecuador y el Trópico, aparece la aridez. Ésta rompe la simetría del sector septentrional andino. El sector occidental costero, a 5° del Ecuador es absolutamente árido (desierto de Sechura). El área oriental e interior (valle del Marañón) es, en cambio, dominio de la selva amazónica impenetrable. Entre ambos puntos la distancia es de sólo 200 Km. A medida que nos desplazamos hacia el S la aridez occidental progresa en forma paulatina hasta invadir totalmente el edificio andino a la altura del Trópico de Capricornio. El sector de Guayaquil y el desierto de Sechura marcan el límite septentrional de la diagonal árida que atraviesa América del Sur desde las latitudes ecuatoriales hasta las costas de Río Negro, en el Atlántico Sur. La altura y la latitud degradan las formaciones vegetales. La Montaña, o selva amazónica, permanece vigorosa hasta la latitud de Santa Cruz (8° latitud S) ocupando toda la ladera oriental. Luego se reduce progresivamente y desaparece en los A. de Tucumán.En altura, la Montaña pasa, hacia 2.500-3.500 m. a una formación densa, de pequeños árboles, especie de matorral arborescente. Es la Ceja de Montaña, que corona o cubre totalmente las cumbres andinas. Por otra parte, la aridez hace progresar hacia el S las formaciones xerofíticas que generan paisajes muy abiertos. Son las estepas de altura como el pajonal ecuatoriano, los páramos septentrionales, la Puna y los tolares, que se extienden, según su exposición y altura, entre los 3.500 y 5.000 m. Estas características vegetacionales se explican, en pri. mer lugar, por la presencia de depresiones interiores abrigadas, aisladas de los vientos húmedos. En segundo lugar, por la existencia de una franja de altas presiones subtropicales, características por la sequedad del aire descendente. En tercer lugar, por la Corriente fría de Humboldt que estabiliza y enfría cerca de la costa masas de aire que impiden el paso de los vientos marinos húmedos hacia el continente. Por último, estas características vegetacionales se explican por la existencia de importantes cantidades de materiales volcánicos muy permeables que no retienen el agua y favorecen la sequedad.En los A. Meridionales se puede distinguir el sector subtropical y los A. templados y fríos. El sector subtropical (23-38° de latitud S) se caracteriza por su extrema aridez y por la inversión de la disimetría con relación a los A. Centrales. La vertiente occidental aparece aquí con mayor vegetación que la vertiente oriental. Las estepas de altura se hacen cada vez menos importantes hacia el S. En la vertiente del Pacífico. Luego del desierto rocoso del norte, toma fuerza el matorral arbustivo y espinoso que se organiza en franjas longitudinales, como el relieve. Al S del paralelo 35 el matorral es reemplazado paulatinamente por el bosque de Nothofagus, que trepa muy cerca del límite de las nieves permanentes y se ensancha hacia las latitudes australes. La vertiente atlántica es seca desde Córdoba hasta el paralelo 38. Al N, los bolsones encuadrados por las sierras Pampeanas se encuentran fuera de la influencia del aire húmedo que podría venir ocasionalmente desde el E. En el sector meridional, los vientos del O descargan su humedad sobre la vertiente occidental y se descuelgan en el sector opuesto de la montaña como flujos de foehn, secos y calientes. Más allá del paralelo 38, aparecen en las laderas del E bosques de araucarias, relacionadas con un medio seco.Los A. templados y fríos se extienden entre el paralelo 38 y Tierra del Fuego. Sus paisajes vegetales son muy simples y están caracterizados por la humedad. En la vertiente del Pacífico domina el bosque austral de Nothofagus, bosque de hojas perennes, impenetrable, con epifitas y sotobosque de lianas, bambúes y helechos. Este bosque se alimenta de abundantes precipitaciones que arrastran hasta el frente occidental de los A. patagónicos los vientos bravos del O. Su límite en altura se encuentra a 1.800 m. en el N y a 450 en Tierra del Fuego. Su factor limitante es el frío que conduce al establecimiento de selvas preclimax características por su riqueza en especies caduciformes (Nothofagus Anctartica, N. Pumilio). En este caso la caída del follaje en invierno, elimina una superficie enorme de transpiración cuyas exigencias de agua no pueden ser suplidas por el suelo escarchado. La vertiente oriental es igualmente dominio del bosque, que al N se presenta perennifolio de tipo pacífico, y al S de hoja caduca compuesto de lengas y ñires cediendo lugar en dirección E a la estepa de gramíneas de la Pampa subárida.5. Población. Antes de la llegada de los españoles, existían en los A. dos importantes centros de civilización: el Imperio Inca (v. INCAS), constituido por los quechuas (v.), extendido entre el Ecuador y Chile central, y el pueblo chibcha (v.), que ocupaba la cordillera Oriental de Colombia. El primero de estos dos grupos había logrado su máxima expansión territorial en el s. xii d. C. La conquista española no alteró profundamente la distribución de la población indígena, más bien se copió sobre los marcos antiguos porque los sectores bajos de las montañas, las tierras calientes, eran climas excesivos para los conquistadores venidos desde regiones mediterráneas.La población andina actual permite distinguir tres áreas de ocupación muy desigual: en el extremo N, los A. venezolanos sólo tienen un reducido número de habitantes. Un 16% de la población, mientras que el área costera reúne más del 60%. En cambio, a partir de Colombia, los A. Septentrionales y Centrales son áreas que cobijan fuertes densidades de población. Este rasgo es totalmente contrapuesto a los de Chile y Argentina, en el tramo meridional de la cadena andina. En estos dos países la población de las montañas es insignificante. Esta diferencia de ocupación es la que permite catalogar a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia como países andinos. Colombia concentra en el sector montañoso el 78% de sus habitantes; Ecuador, el 55,4%, con densidades medias que oscilan entre 31,5 y 67,7 hab/Kmz, aunque paradójicamente esas tierras ofrecen menores recursos agrícolas que los sectores bajos. En el Perú, la Sierra constituye el 26% del territorio y alberga el 60% de la población. Bolivia presenta una notable disimetría entre la región amazónica baja y casi vacía y la alta depresión andina donde se aglomeran los habitantes. Por último, las altas tierras andinas de Argentina y Chile carecen casi totalmente de habitantes. Algunos indígenas de origen quéchua viven en el Altiplano dedicados a cultivos precarios y a la cría de auquénidos (llamas y alpacas). En Chile se encuentran en el sector andino de latitudes medias, pequeños grupos araucanos y poblados no indígenas. En conjunto ellos representan porcentajes insignificantes.Las densidades recién anotadas deben considerarse sólo como aproximaciones por cuanto las cumbres y las laderas abruptas están desiertas, mientras que las cuencas y valles altos concentran mayor densidad de pobladores, a veces cercanas a 200 y 300 hab/Kmz. A excepción de Lima, Barranquilla y Guayaquil, los grandes centros urbanos de los países andinos se encuentran situados en su totalidad sobre los 1.000 m. de altura. En Venezuela, Caracas se empina levemente sobre este nivel (1.042 m.). En Colombia, Medellín y Cali se encuentran sobre los 1.500 m., y Bogotá a 2.600 m. En Ecuador, Quito está a 2.850 m. y en Bolivia, La Paz a 3.658 m. sobre el nivel del mar, aparece como la más alta de las grandes ciudades americanas. Estas ciudades de altura poseen un vigoroso ritmo de crecimiento que duplica aquel de las áreas rurales. Contribuyen a impulsar este fenómeno las altas tasas de natalidad urbana y las importantes cuotas de emigrantes que abandonan los sectores campesinos para residir en las ciudades.En cuanto al origen étnico de la población andina, el predominio indígena se acentúa de N a S. Débil en Colombia (5%), se eleva a 39 en Ecuador, 49 en Perú y alcanza su máximo en Bolivia con 54. El porcentaje de mestizos se distribuye en proporción inversa a la anterior: 40% en Colombia, 41 en Ecuador, 33 en Perú y 30,9 en Bolivia. A diferencia de los otros Estados andinos, Colombia registra a la vez el mayor porcentaje de blancos (30%) y el mayor porcentaje de negros y mulatos (25 %).6. La agricultura. Paralelo a la estratificación térmica que impone la altura en las tierras montañosas andinas, se puede reconocer una estratificación de los productos agrícolas. El caso de Colombia se presta particularmente para ejemplificarlo. En las tierras calientes se concentran los cultivos tropicales: caña de azúcar, plátanos, algodón, cacao, frutas tropicales. En las tierras templadas, los cultivos de café y cítricos. En las tierras frías se desarrollan preferentemente los cultivos de trigo, cebada, maíz y patatas. Este escalonamiento agrícola es de fundamental importancia por cuanto la mayor parte de la población activa de los países andinos se dedican a labores del agro: Colombia, 28% (1965); Ecuador, 56 (1965); Perú, 50 (1961), y Bolivia, 63 (1965). Sin embargo, estas cifras tienden a decrecer rápidamente en beneficio de actividades más remunerativas o más interesantes que se concentran en áreas urbanas.Entre las actividades agrícolas, aquellas de subsistencia representan la mayor proporción. Esta agricultura se manifiesta bajo variadas formas regionales, pero todas con el rasgo común de estar asociadas a sectores de fuerte subdivisión de la propiedad agrícola, a una precaria o nula mecanización y a índices de productividad muy bajos. La agricultura de subsistencia es una prolongación de las más arcaicas y antieconómicas tradiciones. En oposición a esta actividad rudimentaria y pobre, surge la agricultura comercializada que se encuentra casi siempre unida a una tenencia de la tierra de tipo latifundio. Esta categoría incluye los cultivos de algodón, cacao, arroz y plátanos. A ellos hay que unir el café, aunque éste posee rasgos propios por ser más bien un cultivo intensivo que se realiza en propiedades de dimensión pequeña. A medida que la aridez gana terreno hacia el S, los cultivos se reducen y se complementan con actividades pastoriles, en particular con la cría de ovejunos, alpacas y llamas. La banda diagonal árida que cruza la cordillera en estas latitudes excluye totalmente la actividad agrícola o la reduce a sectores muy localizados. Al S del paralelo 35, la humedad alimenta un bosque vigoroso y la actividad forestal se convierte en la principal actividad económica andina.7. La minería. Los A. Centrales y Meridionales entre los paralelos 10 y 35 compensan sus limitaciones agrarias con la minería. Ricos yacimientos eran explotados rudimentariamente en la época precolombina. Luego, durante el periodo de la colonización española se impulsó particularmente el trabajo dejas minas de metal precioso (Potosí, Oruro, Cerro Paseo). En Perú, Bolivia y Chile, la tradición minera ha permanecido favorecida por la existencia de zonas muy mineralizadas (cobre, hierro, estaño, etc.). El valor de la minería en la economía de estos países se puede juzgar por la importancia de estos metales en el valor de las exportaciones. En Bolivia, la venta de minerales y petróleo representa el 92,6% del valor total de las exportaciones (100 millones de dólares en 1965). Para Chile, el 85% (516 millones en 1965), y para el Perú, 40% (250 millones en 1964). V. t.: VENEZUELA;COLOMBIA; ECUADOR;PERÚ;CHILE; BOLIVIA; ARGENTINA.R. SANTANA AGUILAR.
BIBL.: E. W. SHANANAN, Los Andes, en América del Sur, Barcelona 1954, 282-353; INSTITUTO GEOGRÁFICO DE AGOSTINI, America Meridionale, "Calendario Atlante de Agostini", Novara 1967, 595-644; P. CUNILL, L’Amérique Andine, París 1966; M. ROCHEFORT, Géographie de l’Amérique du Sud, París 1966; E. ROMERO, Biografía de los Andes, Buenos Aires 1965; P. DEF-FONTAINES, L’Amérique Andine, en Géographie Universelle Larousse, III, París 1960, 326-354; G. BUTI.AND, The North Andean Republics y The Pacific Republics, en Latín América, 2 ed. Nueva York 1956, 156-247; P. VIDAL DE LA BLACHE y L. GALLOIS, Países Andinos, en Geografía Universal, XI, Barcelona 1933 (vol. clásico en la geografía regional, muy atrasado en estadísticas, pero de excelente calidad en las descripciones); E. MANN, Recursos animales. Suramérica andina, Santiago de Chile 1965; ONU, Boletín estadístico de América Latina, IV, 1, 2, Nueva York 1967; A. SAuvi, La population des gays d’Amérique du Sud "Population", 1, París 1963, 49-64; CENTRE NATIONAL DE LA RECHERCHE SCIENTIFIQUE, Le probléme des capitales en Amérique du Sud, "Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien" 3, París 1964; CELADE, Crecimiento de la población de la región de América Latina 1920-1980, "Bol. Demográfico" I, 1, Santiago de Chile 1968.
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