Andalucía GEOG.
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Geografía
1. Medio físico. a) Relieve. A. es una de las regiones exteriores a la Meseta. Sólo en su porción septentrional penetra en el zócalo herciniano meseteño, cuyo borde meridional hace suyo. Resulta así un típico relieve mediterráneo, de extrema variedad por su origen alpino, por su estructura y por su morfología. Se distinguen de N a S tres unidades de relieve principales: el borde S de la España herciniana, Sierra Morena; una gran depresión longitudinal abierta al Atlántico, el valle del Guadalquivir, y el mayor conjunto orográfico peninsular, las cordilleras Béticas (v.).Todo el conjunto asciende paulatinamente de altitud de O a E y de N a S, alcanzando su máxima altura en su extremo SE, en Sierra Nevada. Tal disposición, que crea una especie de muralla montañosa hacia el valle del Guadalquivir, eje principal de la Depresión Bética, motiva la característica apertura de A. hacia el golfo deCádiz y, por tanto, hacia el África Menor y el Atlántico que tanta trascendencia ha tenido en la evolución histórica andaluza, como en muchas de sus características climático-biológicas. A lo largo del Guadalquivir se pasa desde 11 m. en Sevilla a 211 en Andújar y 826 en Cazorla; en las cordilleras Béticas, por su parte, hay 1.092 m. en Algibe (sierra de Ronda), 2.066 en Sierra Tejeda y 3.481 en el Mulhacén (Sierra Nevada), en un corte O-E, y 769 m. en Baeza, 2.165 en Sierra Mágina y 3.392 en el Veleta (Sierra Nevada), en la transversal N-S.
El resultado es un complejo paisaje morfoestructural dispuesto en fajas paralelas de orientación SO-NE en las márgenes del Guadalquivir y E-O en las alineaciones ribereñas del Mediterráneo. Al N, Sierra Morena (v.), borde meridional de la Meseta, forma un ámbito físico extraño al conjunto alpino andaluz que ha sido captado desde muy antiguo por los habitantes de las orillas del Guadalquivir. Más al S, pero ligeramente desplazada hacia el O, la Depresión Bética, amplia y triangular fosa alpina de origen tectónico, rellena por sedimentos terciarios y cuaternarios. Finalmente, a lo largo del Mediterráneo, pero con su máxima expansión al E, donde alcanza su mayor amplitud -más de 200 Km.- entre el mar de Alborán y Sierra Morena, el complejo edificio orográfico de las cordilleras Béticas. Estas montañas, que rebasan el ámbito territorial andaluz extendiéndose por Levante, accidentan cerca de los dos tercios de A. y más concretamente toda su región SE entre Gibraltar al SO, Jaén al NE y Almería al SE. Cordillera de origen terciario,. ligada al plegamiento alpino-himalayo, está dividida en tres grandes unidades morfoestructurales: las sierras Subbéticas al N, la cordillera Penibética al S, separadas por una mal definida serie de depresiones y altiplanicies relativas, la Depresión o Surco Intrabético.b) Clima y vegetación. A. es la región más cálida de la Península. Está encerrada entre las isotermas medias anuales de 160 que coincide aproximadamente con Sierra Morena, y 18°, que sigue el litoral mediterráneo desde Gibraltar hasta el cabo de Gata. Sin embargo, el incremento térmico en latitud es más aparente que real, ya que la masa montañosa de las Béticas introduce un áreamás fría, con su plenitud en Sierra Nevada. Así, mientras el valle del Guadalquivir -Sevilla (18,70) y Córdoba (18,4°)- y la costa mediterránea -Málaga (18,6°) y Almería (18,20- rebasan los 18°, las altiplanicies intrabéticas oscilan en torno a la isoterma de 14°: Granada (15,5°) y Baza (13,9°). Parecido descenso térmico se produce en Sierra Morena, aunque de forma menos acusada: 17,3° en Jaén y 15,8° en La Carolina.
Además, constituye una región poco lluviosa, integrada en la España seca. A excepción de algunos islotes de gran humedad localizados en las áreas orográficas mejor orientadas hacia el Atlántico, como las sierras de Ubrique (2.000 1.) y Aracena (1.000 1.), en las de máxima altitud, como Sierra Nevada (1.500 1.) o La Sagra (1.200 1.), A. no rebasa la isoyeta de 800 1. La pluviosidad disminuye, en líneas generales, de O a E, siendo el litoral almeriense, las altiplanicies interiores granadinas y las Áreas Gordas (Huelva) las áreas menos lluviosas de A. e incluso de España. En el cabo de Gata se encuentra la estación meteorológica más árida de Europa: 113 1. anuales.En toda A. la estación seca es el verano, particularmente los meses de julio y agosto. Las lluvias, producidas en menos de 75 días, el promedio menor de España, por contraste con el máximo índice de horas de sol -49 días de lluvia y 3.022 horas de sol en Almeríason de carácter torrencial, con peligrosas y violentas inundaciones, sobre todo en otoño, y cursos fluviales permanentemente secos (ramblas) o de caudal sumamente irregular, con acusado estiaje.La formación vegetal más extendida por A. es la típicamente mediterránea de especies esclerófilas, verdes todoel año gracias a sus hojas pequeñas, duras y coriáceas, las más adecuadas para evitar la transpiración y resistir sus largos periodos de sequía e intensa evaporación estivales. Originariamente, tal vegetación estaba dominada por asociaciones arborescentes en las que destacaba la encina y el alcornoque, pero estas masas boscosas se encuentran desde hace años en constante retroceso por la acción modificadora del hombre, que ha destruido el encinar para extender los cultivos y ha introducido nuevas especies arbóreas, de más fácil crecimiento y mejor aprovechamiento (eucaliptus). El entinar y, en menor intensidad el alcornoque, han sido sustituidos por una formación subserial típica, constituida unas veces por una asociación arbustiva de escasa talla y gran diseminación (chaparral) y otras, las más, por un matorral xerofítico muy distinto según los suelos: maquis, garriga y estepa. Esta última, esencialmente climático-edáfica, alterna a lo largo de la costa mediterránea y en las partes más bajas y próximas al mar del valle del Guadalquivir, con una asociación termófila propia de los suelos esqueléticos esencialmente calizos. Se trata del piso infrailicino, caracterizado por la presencia del palmito, ciertos pinos termófilos y poco exigentes en suelos, como el carrasco o de Alepo y el piñonero, así como un matorral espeso y compacto de coscoja, lentisco, mirto y adelfa.
La altitud y la orientación introducen en las diversas áreas montañosas andaluzas profundas transformaciones, . creando un escalonamiento de la vegetación muy variable según la altura, la orientación e, incluso, los suelos. Así ocurre en Sierra Nevada, con una formación subtropical a orillas del Mediterráneo (palmitos, pitas, plataneras y caña miel), plantas mediterráneas, como el olivo y la encina hasta 1.200-1.500 m., castaños y pinos silvestres hasta 1.800-2.000 m., y un piso alpino herbáceo y temporal que recuerda la tundra, por encima de los 2.000 m.2. La población y las formas de poblamiento. El pueblo andaluz es uno de los más viejos del mundo mediterráneo. Su antigüedad está ligada a remotos contactos con civilizaciones y culturas muy diferentes: talasocracias mediterráneas, Roma, bárbaros del norte, el Islam, etc. Su compleja evolución ha culminado en un conjunto demográfico de clara personalidad cultural. A., que se encuentra en plena revolución demográfica, alberga una población superior relativamente a la española, predominando el habitat concentrado en unión de una dispersión intercalar (cortijos).Los 5.969.650 andaluces (1968) implican una población relativa de 68 hab/Kmz, mayor que la española. Esta superioridad ofrece importantes matices, con una dualidad muy significativa, pues la B6tica o valle del Guadalquivir (A. occidental) posee mayor número de habitantes que el antiguo reino de Granada (A. oriental). Sin embargo, la complejidad es extraordinaria; existen tres áreas de gran densidad correspondientes a las Campiñas del Guadalquivir entre Jaén y Sevilla, a la fachada atlántica gaditano-onubense y a las hoyas litorales mediterráneas de Málaga, Granada y Almería; por otro lado, hay otras dos de fuerte despoblación, que coinciden con Sierra Morena y la cordillera Penibética, aunque en esta última se destaca, aparte Sierra Nevada, el árido sudeste almeriense. Una posición intermedia entre el Surco Intrabético, con algunos focos de fuerte densidad, como la Vega de Granada, las sierras Subbéticas, salvo su abrupta porción oriental, es decir, el macizo de La Sagra-CazorlaSegura, y el alto Guadalquivir, en torno a Jaén.Las áreas de alta y baja densidad coinciden respectivamente con las regiones de fuerte atracción migratoria, es decir, el bajo Guadalquivir, y franca repulsión demográfica, el sudeste granadino-almeriense. Hasta 1940, el crecimiento demográfico andaluz se distribuía dentro de los límites regionales andaluces, aunque de manera muy desigual como resultado de los intercambios de población entre las comarcas iroiediatas de cada provincia o, a lo más, entre A. or ental y el bajo Guadalquivir. Pero, desde esa fecha y, sobre todo, a partir de 1950, el crecimiento demográfico andaluz se ha reducido pese a sus todavía elevados índices de natalidad. Entre los censos de 1950 y 1960, el progreso de la población ha disminuido en relación a los decenios anteriores, y dos de sus provincias, Jaén y Granada, han disminuido en población absoluta. Incluso, teniendo en cuenta el crecimiento vegetativo (871.209 nacimientos más que defunciones entre 1951-60) y que el incremento intercensal se elevó a sólo 287.593 personas, puede deducirse para toda A. un retroceso demográfico global de 585.600 hab. Después de 1960, la evolución negativa se ha intensificado; Córdoba, Granada y Jaén han perdido población en cifras absolutas y, en relación con el crecimiento vegetativo, toda la región unas 60.000 almas anuales, alrededor de 430.000 personas entre 1961 y 1967. La emigración es responsable de esta situación. En los últimos 20 años, A., que tradicionalmente fue un fuerte centro inmigratorio, se ha convertido en el mayor foco de emigración interior y exterior de España. Con anterioridad, aparte los intercambios provinciales y comarcales, sólo las provincias mediterráneas -especialmente Almeríasostenían importantes, pero localizadas corrientes migratorias hacia el N de África (Ceuta, Melilla, Oranesado), Madrid y Cataluña. Después de 1955, la emigración andaluza ha ampliado su radio de acción hasta diversos países de Europa occidental -Francia, Alemania, Suiza y Bélgica- extendiéndose a la vez a casi toda A. En 1968, el 50,1% de todos los emigrantes controlados españoles a Europa occidental -en total, 84.719- procedieron de A., destacándose Granada (14,9%), con la cifra provincial mayor de España, seguida de Jaén (8,8%), Cádiz y Sevilla.En 1960, sobre un total de 5.793.396 hab., más del 46%, es decir, 2.682.758, residían en núcleos de población con más de 10.000 hab. Pero, en tanto las provincias del Guadalquivir superaban tal situación media -Jaén, 34,0%; Córdoba, 51,8; Sevilla, 59,5, y Cádiz, 64,2-, el índice de concentración era mucho menor en la A. oriental, donde únicamente Málaga alcanzaba tal valor (45,6%), siendo inferior en Granada (27,2) y Almería (24,0). Tal concentración tiene por causa, algunas veces, el peso de la capital provincial que, en Málaga, significa el 39% de la población y en Sevilla el 36%. Pero, por lo general, los núcleos entre 10.000 y 50.000 almas caracterizan el poblamiento de la Depresión Bética: en Cádiz, 15 municipios de ese tipo contenían (1960) más del 34% de toda la población provincial, mientras que en Córdoba 20 reunían alrededor del 45%. En cambio, A. oriental, con escaso número de tales municipios -sólo cinco en Almería, nueve en Granada y siete en Málagaestá dominada por los núcleos de población entre 1.000 y 5.000 hab. Y no existen en toda A. municipios inferiores a 100 hab., siendo poco numerosos -sólo 27- los que tienen menos de 500 y más de 100.La diseminación, sin embargo, no está excluida de A. En todas las áreas montañosas aparecen las casas rurales dispersas que embellecen con la blancura de sus paredes cubiertas de emparrados y macetas el paisaje arborizado de las laderas abancaladas de la Penibética mediterránea y de Sierra Morena. E igual ocurre en los regadíos litorales, en las Vegas interiores e, incluso, en la Campiña. Según el Nomenclátor de 1960, la diseminación pura o la dispersión satélite de un determinado núcleo de concentración reúne alrededor del 19% de toda la población. El tipo predominante es la dispersión intercalar en cortijos diseminados entre las ciudades campesinas de la Campiña hética, o en pequeños "cortijillos" dispersos entre los pequeños núcleos de población de la A. mediterránea. No faltan otros tipos de viviendas, pero ninguna tan peculiar e importante como la vivienda troglodítica de las altiplanicies interiores granadinas y del piedemonte costero almeriense, desde donde se extiende a las regiones próximas de roquedo compacto y fácil de excavar y clima seco. Forma enormes barriadas pertenecientes a importantes núcleos urbanos de A. oriental -Sacromonte granadino, barrio de Santiago en Guadix, La Chanca de Almería-, pero son numerosos los centros rurales formados casi exclusivamente por cuevas, como Purullena y Gor, en la región de Guadix.3. La vida económica. a) Agricultura. A. es la principal región agraria española. En 1967, el valor bruto de la producción agraria ascendió a 40.555,5 millones de pts., es decir, el 17,5% del total español, siendo Sevilla, Córdoba y Jaén, tras Valencia, las provincias de máxima significación agrícola de España. Estas actividades campesinas son la base de la economía andaluza: significan poco más del 20,7% de todo el producto bruto regional -195.315,5 millones- y ocupan el 39,4% de su población activa, 789.193 personas sobre 1.998.508. La bondad del campo andaluz. es proverbial, justificando su fama casi legendaria la calidad de los excelentes suelos negros de la Campiña hética y la suavidad del clima de la Depresión del Guadalquivir y de la Costa del Sol. Por ello, el labrantío ocupa en A. un promedio superior al general en España -48,9 y 43,5% respectivamente-, siendo además la productividad agrícola un 15% superior al promedio nacional. Y todo ello pese a que la relación entre el secano y el regadío es menor en A. que en otras regiones españolas. En 1962, la superficie irrigada total era de 342.585 Ha., apenas el 9% de todos los terrenos cultivados, aunque sea el regadío el sector agrario proporcionalmente más rentable.El secano cultivado (3.519.759 Ha.) es, por tanto, la base de la economía agraria andaluza. Se trata de un secano típicamente mediterráneo, dominado por la trilogía que forman el cultivo cereal-que, con el barbecho en decadencia, ocupa alrededor de los dos tercios de su superficie (2.025.426 Ha.), el olivar, con más de 1,2 millones de Ha., y el viñedo, con sólo 89.300 Ha. El secano andaluz está dominado por la gran propiedad. Con sus raíces en la colonización romana y en la época musulmana, la Reconquista contrastó y amplió el área de la gran propiedad, que se reafirmó con la expropiación y la venta subsiguiente de gran parte de los bienes eclesiásticos y concejales en la segunda mitad del s. xix, tras las leyes desamortizadoras de Mendizábal (1837). Actualmente, según el censo agropecuario de 1962, existen un total de 3.912 explotaciones con extensión superior a 300 Ha. y una superficie total de 3.682.229 Ha., el 45,5% de la extensión total tensada. El predominio latifundista es especialmente fuerte en la fachada atlántica: el 78,5% en Huelva, el 58,3 en Cádiz y el 49,4 en Sevilla, disminuyendo aguas arriba del Guadalquivir: 39,2 en Córdoba y 44,3 en Jaén. En las cordilleras subsiste, aunque más reducido, este latifundismo que alcanza sus mayores valores en Granada, con un 46,0% y los menores, para toda A., en Málaga, con el 37,2%.El regadío andaluz es muy antiguo, remontándose por lo menos a la época romana. Sin embargo, durante la dominación musulmana, la introducción de nuevos cultivos y la reglamentación cuidadosa de los viejos aprovechamientos, a los que se unieron nuevos procedimientos de riego (norias y pozos), transformaron el sistema de irrigación anterior. Sin embargo, el progreso mayor se ha producido en lo que va de siglo; antes de 1936, A. contaba con 207.244 Ha., a las que se han agregado 49.812 Ha. entre 1934 y 1950 y 85.529 Ha. entre 1950 y 1963, siendo muy importantes las obras en realización y en proyecto, unas 250.000 Ha. El censo agropecuario (1962) calcula en 5.484 Ha. las no labradas y en 344.585 las tierras labradas de regadío, que forman tres áreas muy diferentes -Guadalquivir (183.700 Ha.), altiplanicies granadinas (104.000) y hoyas mediterráneas (59.900)por su situación, así como por sus caracteres climáticos y productivos. En secano y en regadío, el monocultivo es frecuente y, en todo caso, la diversidad productiva se limita a muy pocas plantas, con un considerable grado de comercialización en constante desarrollo, pese a lo defectuoso de las estructuras agrarias. El aumento de la superficie regada y la reciente introducción de nuevas plantas está transformando la agricultura andaluza en una gran fuente diversificada de materias primas industriales: 70% en valor del olivar español, 58 de las plantas textiles (80 del algodón), 28 del tabaco, 26 de las plantas azucareras.b) Minería. La minería es esencial en la actual economía andaluza y, sobre todo, en la de algunas de sus regiones. La población minera representa el 15% de la española, obteniendo cerca de un quinto de la producción nacional. Sus principales áreas se extienden a lo largo de Sierra Morena, dando lugar a que la provincia de Huelva sea la tercera de España en número de obreros y producción: 90% de las piritas y 70% del manganeso. Lugares también significativos ocupan, en la misma región morfológica, Jaén, primera productora de plomo, así como Córdoba y Sevilla, poseedoras de una importante cuenca carbonífera ahora decadente, de los principales yacimientos actuales de cobre y de numerosas minas de plomo, plata y cinc. En la cordillera Penibética se destacan el segundo grupo español de minas de hierro (Granada y Almería) y el tercer distrito productor de plomo y cinc (Almería). Tras las famosas labores mineras cartaginesas y romanas, la explotación del subsuelo alcanzó su apogeo a lo largo del s. xix y primeros años del xx, momento en que numerosas empresas francesas (Minerometalúrgica de Peñarroya, Minas de Tharsis y Compañía Andaluza de Minas) e inglesas (The Alquife Mines, Minas del Centenillo, S. A., The Río Tinto Co.) dominaban una extracción de valor mundial o, al menos, europeo: plomo, cobre y hierro. La producción ha disminuido bastante por el agotamiento de los filones superficiales, la elevación de los costes de obtención y la gran competencia de nuevas fuentes mineras internacionales. Así se ha favorecido una cierta nacionalización de la minería andaluza, habiendo sido rescatadas ciertas empresas como The Alquife Mines (Altos Hornos de Vizcaya) y Minerometalúrgica de Peñarroya (INI).c) Industria. El panorama industrial andaluz es todavía mediocre. Las actividades fabriles apenas significan el 25% de la mano de obra y el 21% de la producción bruta españolas (1967). Además, se trata de una industria productora de bienes de consumo, con escasa participación del sector pesado, lo que implica un indudable retraso industrial, incluso en relación al promedio español y con un carácter artesano muy acusado, visible en su estructura minifundista y en su reducida productividad. Sólo el 5% de los establecimentos fabriles ocupan a más de 25 obreros, en tanto que alrededor del 85% tiene menos de 10 empleados. Finalmente, en algunos casos, el utillaje revela una peligrosa antigüedad, habiendo rebasado con creces su tiempo normal de vida. Sólo en los últimos 20 años se ha iniciado una transformación importante en algunos de los sectores fabriles andaluces, transformación en la que ha jugado un papel principal el paraestatal Inst. Nac- de Industria (INI) y que ha sido beneficiada muy sensiblemente por los primeros Planes de Desarrollo Económico-Social, origen de los polos industriales de Sevilla, Huelva y Granada.En el ámbito industrial andaluz se destacan singularmente las industrias alimenticias (azucareras, aceites y derivados, vinos, conservas) que dan empleo a la tercera parte de los obreros industriales de A. y proporcionan alrededor del 30% de la producción. Se dispersan, con características a menudo de simple artesanía, por toda A., de cuyo medio rural proceden la mayor parte de las materias primas empleadas, aunque es sensible el predominio en el valle del Guadalquivir (Sevilla y Cádiz). Industrias características de este sector son la azucarera, con la segunda provincia española (Granada), la de aceites y derivados, que localiza en Sevilla y Córdoba los primeros centros de España, la vinícola, con distritos de fama mundial, y la de conservas vegetales y derivados de la pesca, localizadas en Sevilla, Cádiz y Huelva. Son mucho menos importantes y están más concentradas las restantes actividades industriales. Las relacionadas con el trabajo de los metales tienen sensible valor relativo solamente en Cádiz y Sevilla,’ donde una tradición venerable ha establecido dos de los núcleos más importantes de la construcción naval española, a la que en fecha reciente se han unido otras actividades como la aeronáutica y la fabricación de maquinaria agrícola y utillaje en general. Los tejidos se han transformado en los últimos años gracias al desarrollo de la producción algodonera y a los viejos núcleos malagueños y cordobeses (Priego), algo remozados, se han incorporado otros en Sevilla y Cádiz. La industria química, poco desarrollada pese a la abundancia de materias primas como la sal y las piritas, ha iniciado últimamente numerosas creaciones en Huelva, Sevilla y la bahía de Algeciras. En este reciente desarrollo hay que destacar las importantes refinerías de petróleo de Huelva y Algeciras, así como sus trascendentes derivaciones petroquímicas. Asimismo, hay que tener en cuenta las fábricas de cemento dispersas un poco por todas partes, los nuevos establecimientos de fibras artificiales y plásticos, y la aparición de varias empresas relacionadas con la fabricación de papel y sus manipulados. El papel impulsor que pueden representar las últimas medidas planificadoras (I y II Planes de Desarrollo) es esencial, aunque no es posible medir su concreta y definitiva significación. Entre 1964 y 1968, es decir, durante el periodo de ejecución del 1 Plan, la promoción industrial ha implicado la puesta en marcha en Huelva de 14 empresas con 786 puestos de trabajo, en Sevilla de 41 con 4.568 y en el Campo de Gibraltar de alrededor de 1.500 nuevos puestos.La economía andaluza implica solamente el 13,1% de la producción nacional, en tanto que su población reúne casi la quinta parte de los españoles. Ligados ambos hechos resulta una renta media en 1967 de 32.870 pts. por persona, sensiblemente inferior al promedio español, que con sus 44.481 pts. resulta un 27% mayor. El subdesarrollo regional no puede ser así más evidente, existiendo otros índices que lo confirman: mayor mortalidad infantil y menor nivel cultural que el promedio nacional, bajo consumo de cemento y de energía eléctrica respecto al conjunto de España. Esta es la razón fundamental de que la emigración constituya uno de los rasgos más significativos de la demografía andaluza. Máxime si se tiene en cuenta que, en los últimos años, la economía andaluza no ha crecido al mismo ritmo que en otras regiones españolas y que, en consecuencia, el desequilibrio ya existente tiende a aumentar. En esta situación hay sensibles diferencias entre A. occidental, con valores superiores que oscilan entre 30.211 pts. de renta (Córdoba) y 35.201 (Sevilla), y A. oriental, con los índices inferiores españoles: Málaga, 32.194 pts.; Granada, 25.548; Almería, 23.747, y Jaén, 22.831. Así, en tanto el valle del Guadalquivir se aproxima al promedio nacional, A. oriental constituye, con Galicia, el área regional más deprimida de España.J. BOSQUE MAUREL.
BIBL.: J. BosQUE M’AÜREL, Factores geográficos en el desarrollo económico de Andalucía, Granada 1967; J. CAZORLA PLREZ, Factores de la estructura socioeconómica de Andalucía Oriental, Granada 1965; A. C. ComíN, La España del Sur, Madrid 1965; G. HERMET, Le probléme méridionaie de l’Espagne, París 1965; A. HIGUERAS ARNAL, El Alto Guadalquivir, Zaragoza 1961; F. MÜRILLO FERROL y OTROS, No extraordinario y monográfico sobre Andalucía, "Anales de Sociología", IV, 4-5, Barcelona 1969; J. SERMET, España del Sur, Barcelona 1956.
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