Andalucía
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Cultura
LENGUA. Características. Para hablar de A. desde el punto de vista lingüístico, lo primero que debe plantearse es el concepto mismo de dialecto (v. DIALECTOLOGíA). Podría entenderse por dialecto un "sistema de signos desgajado de una lengua común viva o desaparecida; normalmente, con una concreta localización geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común" y también "ciertas estructuras lingüísticas simultáneas a otras, que no alcanzan la categoría de lengua" (M. Alvar). Si se acepta lo dicho, no podrá ponerse en duda que el andaluz sea un dialecto, aunque viva la lengua de que ha nacido (el castellano) ni que lo sean también el leonés o el aragonés, aunque la lengua madre -el latín- haya desaparecido. Puede objetarse que existen distintas modalidades lingüísticas dentro de la región que no deberían ser englobadas bajo la denominación genérica de dialecto. Pero si bien es cierto que existe una multicolor variedad (sobre todo fonética) no lo es menos que se da una serie de rasgos comunes (ceceo, seseo, yeísmo). El andaluz, en conjunto, se aparta del castellano en sus estructuras fonético-fonemáticas, morfosintácticas y, en menor grado, léxicas. Cualquiera de sus rasgos puede aparecer en otros dialectos o hablas hispánicos; su especial personalidad radica en el conjunto de características que en él se dan reunidas. Pero no alcanza la categoría de lengua porque para ello le falta un¡formación, nivelación, estar fuertemente diferenciado, ser vehículo de una importante literatura, etc. Es, pues, un dialecto del castellano. Para comprender su especial fisonomía deben tenerse muy presentes las circunstancias que dieron lugar a su nacimiento: A. fue reconquistada y repoblada cuando el castellano estaba ya formado como lengua. La repoblación se hizo a base, principalmente, de castellanos, aunque en ciertas zonas interviniesen leoneses o aragoneses (y más tarde gallegos e incluso extranjeros), pero siempre bajo la impronta castellana, que constituyó el elemento predominante. Los musulmanes fueron deportados y el elemento mozárabe se dispersó o fue completamente asimilado. La base lingüística de la A. actual es el castellano llevado por los conquistadores y repobladores entre los s. xiii y xvr, al cual se sumaron elementos occidentales y orientales en el oeste y este de la región, respectivamente; también quedaron en escasa proporción, y generalmente muy localizados, algunos elementos precastellanos.Las fronteras del dialecto andaluz no han sido aún suficientemente definidas ni sólidamente establecidas. Los investigadores del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica trazaron los límites del dialecto atendiendo principalmente a un rasgo fonético: la peculiaridad de la s andaluza. La frontera así trazada no corresponde exactamente a la político-administrativa: en el oeste, la coincidencia es notable, aunque queda fuera el ángulo noroeste de la provincia de Huelva; en el centro, toda la sierra de Córdoba queda fuera también, y lo mismo ocurre con el nordeste de las provincias de Jaén, Granada y Almería. Se hace preciso comprobar la exactitud de estos límites desde otros puntos de vista, aunque, en principio, pueden aceptarse sin grandes inconvenientes.Fonética. El comportamiento vocálico del andaluz constituye el rasgo más importante y significativo del fonetismo peninsular. Frente al neto timbre vocálico del castellano -una de sus características relevantes, como se sabe-, el andaluz presenta un sistema mucho más complejo; tanto, que ha dado lugar a interpretaciones muy diversas por parte de los especialistas (E. Alarcos, N. Tomás, M. Alvar, G. Salvador). Se trata de un sistema vocálico de acusada personalidad, al cual se ha llegado como consecuencia de la pérdida de -s final, marca de pluralidad. Perdido este signo distintivo, para marcar de nuevo la oposición singular/plural el andaluz oriental enfrenta una vocal cerrada o media (singular) a una vocal abierta (plural); pero no quedan ahí las cosas: ocurre que, en este intento de diferenciación, la vocal cerrada se cierra aún más y la abierta aumenta su grado de abertura, originando al mismo tiempo una correlación de cierre y abertura, en cada caso, que afecta a todas las vocales de la palabra (metafonía) especialmente si éstas son de la misma serie. Como característica general del vocalismo andaluz se señala un alargamiento muy marcado de las vocales tónicas.
En el consonantismo, uno de los rasgos más acusados es la aspiración de f- inicial latina, que se practica en toda A. occidental y que, de forma más o menos esporádica, alcanza a la oriental; es un fenómeno arcaizante en fase de desaparición. Dicha aspiración casi se identifica fonéticamente con la pronunciación andaluza de j, que se realiza también como aspiración más o menos fuerte. Muy característicos del dialecto son los fenómenos de seseo y ceceo, consistentes en la confusión de s y z en cualquier posición, aunque existen dentro de la propia A. zonas diferenciadoras. El seseo se da principalmente en el centro de las provincias de Huelva y Sevilla, en casi toda la de Córdoba, desde donde penetra en la de Jaén, y en puntos aislados del norte de Málaga y oeste de Granada; el ceceo se extiende por todo el sur de A., desde Portugal hasta Almería (sur de Huelva y Sevilla, todo Cádiz, sur de Málaga, sudoeste de Granada y puntos aislados del sur de Almería). La distinción se practica con regularidad en una tercera parte de A. (la más septentrional, coincidiendo con las tierras altas y montañosas). Pero A. Llorente, infatigable encuestador por tierras andaluzas, señala que en toda el área del ceceo y en zonas limítrofes diferenciadoras existe una gran anarquía fonética, consecuencia de una igualación fonológica de s y z, que ha dado como resultado un archifonema con cuatro diferentes realizaciones. Desde el punto de vista histórico, los fenómenos a que nos referimos no son más que el resultado final de un proceso de reducción de fonemas iniciado hace siglos en castellano. En A. debió desarrollarse entre fines del s. xv y a lo largo del xvi, apareciendo ya plenamente consolidado a principios del xvii. Parece que el foco de irradiación fue la ciudad de Sevilla, y su expansión por A. estuvo relacionada con la creciente importancia de la capital, la dificultad de comunicación con Castilla y la proximidad de la frontera musulmana (R. Lapesa).En la misma línea de innovación revolucionaria del dialecto tiene gran importancia la transformación de 11 en y (yeísmo), que no es privativo del andaluz, pero que en A. ocupa el área más extensa y homogénea dentro de la Península. A pesar de ello, y frente a la general creencia de una A. absolutamente yeísta, N. Tomás y sus colaboradores pudieron ya señalar puntos o zonas de conservación de 11. Posteriormente, los investigadores del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía (ALEA) han confirmado y ampliado los datos referentes a dicha conservación: la 11 se conserva en 25 de los 230 puntos encuestador, agrupados en seis núcleos: frontera de Portugal, orilla derecha del Guadalquivir en la provincia de Sevilla, Sierra Morena onubense-sevillana, nudo montañoso gaditano-malagueño, campiña sevillana y tierras del nordeste jiennense, granadino y almeriense; y en un punto totalmente aislado: Mairena, en la Alpujarra oriental. Históricamente, el yeísmo es muy reciente (debió comenzar en A. a mediados del s. xvrri). Muy generalizada está la neutralización de -r y -1 en posición implosiva. Se trata de una nueva reducción de fonemas que actualiza en el dialecto una ley fonológica del castellano: el relajamiento de toda consonante final de sílaba; en nuestro caso, tal relajación conduce a la áparición de un archifonema con distintas realizaciones fonéticas.La pérdida de consonantes intervocálicas es otro hecho con el que el andaluz acentúa tendencias más o menos latentes en la lengua oficial; mientras que el castellano medio sólo tolera la desaparición de la -d- intervocálica en la terminación -ado, el andaluz la pierde entre cualquier clase de vocales: grand (granada), uhté (ustedes), subía (subida), deo (dedo), etc.; con menor regularidad se pierden también -b- y -g- en posición intervocálica: toíyo (tobillo), miaja (migaja), etc.; e incluso llega a perderse -r- en la misma posición: paece (parece). En posición final es general la pérdida de -s, hecho de extraordinaria importancia por su repercusión en el sistema morfo-fonológico. Tal pérdida determinó la igualación singular-plural; para marcar nuevamente la diferencia entre ambos puede acudirse a varios recursos: si el sustantivo empieza por vocal, el artículo que le precede puede unirse a él actuando como marca de plural; en otros casos la -s no desaparece por completo, sino que se transforma en una aspiración; por último, si la palabra empieza por consonante, y la -s ha desaparecido, surge un tipo de plural apofónico, a base de abertura de vocales, según se ha indicado. Las consonantes -d, -n, -1, -r finales también suelen desaparecer y, como era de esperar, los grupos consonánticos de carácter culto -gn-, -kt-, desaparecen o se simplifican.Como consecuencia de todas estas transformaciones, el sistema fonológico del andaluz tiende a crear nuevas oposiciones de fonemas, desconocidas en castellano; pero estas nuevas oposiciones no suponen, en conjunto, un notable enriquecimiento del sistema, sino que, por el contrario, el sistema fonológico está en camino de empobrecimiento, dado que. la mayor parte de las oposiciones desaparecidas no han sido sustituidas. Mucho se ha hablado de la pereza articulatoria de los meridionales cuando se intenta explicar esta serie de igualaciones y pérdidas de consonantes; sin embargo, los hechos son más complejos y muchos de ellos encuentran paralelo en otras lenguas (francés, p. ej.) no meridionales, antiguas y modernas, para las que no podría hablarse de "pereza".Morfosintaxis. Son frecuentes, sobre todo en la parte occidental, los cambios de género de ciertos sustantivos respecto al castellano; a veces el cambio no ha llegado a consolidarse, pero se aprecia un estado de vacilación. También en el occidente es habitual la sustitución de vosotros por ustedes, que tiene importantes repercusiones en el sistema verbal, haciendo inusitada la segunda persona del plural, que se identifica con la tercera. Pero, dado que es habitual la caída de -n y -s en posición final, resulta que los paradigmas del presente de indicativo quedan reducidos a las diferencias entre las personas yo-nosotros, frente a las otras cuatro formas, que se confunden en una. En el presente de subjuntivo la indiferenciación resulta mayor aún: sólo se distingue la persona nosotros frente a todas las demás:Presente indicativoPresente subjuntivo
bengobenga
bienebenga
bienebenga benemo(h) bengamo(h) bienebenga (o bengai)
bienebenga
Para resolver esta "cadena de homonimias" se acude a los pronombres personales, que actúan como prefijos, h%cho similar a lo que ocurre en francés. Respecto al uso de los tiempos, existe una marcada preferencia por las formas compuestas (sobre todo en los perfectos). Son muy abundantes las construcciones perifrásticas del tipo voy a+infinitivo, tengo que+infinitivo, voy a ver si+infinitivo, etc., usadas con valor de presente y de futuro. El subjuntivo, igual que ocurre en castellano, tiende a ser cada vez menos frecuente.
Léxico. Quizá deban considerarse exageradas las palabras de Alcalá Venceslada, para quien el andaluz es dialecto sólo por su fonética pero no por el léxico, que es el más castellano de todas las regiones peninsulares. Pero tiene buena parte de razón, porque, en contra de lo que suele pensarse, el dialecto conserva relativamente pocos arabismos, mozarabismos, términos prerromanos, etcétera, aparte de los que tiene en común con el castellano, con quien -es cierto- presenta una coincidencia básica en este aspecto. Ahora bien, el andaluz ha conservado un gran caudal léxico del castellano clásico y preclásico que hoy ha desaparecido de la lengua oficial hablada e incluso de la escrita. Por eso, con cierto error de perspectiva, se habló del "andalucismo" de Cervantes y hoy se habla del "cervantismo" del andaluz (A. Llorente). Estos arcaísmos confieren al léxico andaluz un carácter arcaizante que contrasta con el innovador de su fonética. Existen también -en escasa proporción, como hemos señalado- términos prerromanos, arabismos y mozarabismos exclusivos o compartidos con otras regiones peninsulares no castellanas. Junto a éstas pueden señalarse otras fuentes léxicas: a) portuguesismos (sobre todo en la zona occidental limítrofe con Portugal y relacionada con este país por motivos geográficos); a veces los portuguesismos llegan hasta el oeste de Sevilla, Cádiz y Córdoba, e incluso se extienden por la costa hasta Almería; b) occidentalismos o leonesismos en toda la parte occidental de A.; c) aragonesismos y términos levantinos en la A. oriental; d) creaciones típicas del dialecto, según sus tendencias, sobre la base común castellana; e) términos jergales y gitanismos dispersos por toda la región; f) marinerismos de muy distinta procedencia en la costa.Semántica. Son todavía muy escasos los estudios semánticos concretos sobre dominios dialectales. El andaluz cuenta ya con un interesante estudio estructural sobre el campo semántico `arar’ y se preparan otros que, en su día, revelarán el funcionamiento semántico del dialecto. Muchos cambios de significado se encuentran en estado incipiente; otros aparecen más o menos consolidados y extendidos; algunos son comunes a toda la región; los más se hallan limitados a ciertas áreas. La especialización y la generalización léxica son dos fenómenos contrapuestos que se cruzan y actúan con extraordinaria fuerza y personalidad en el funcionamiento semántico del andaluz. La metáfora es una fuente inagotable de cambios semánticos que actúa no sólo en la lengua literaria, sino también, y sobre todo, en el habla popular: palabras como vestido, camisa, capucho, caja, casilla, etc., designan la `cascarilla del trigo’; penacho, veleta, bandera, moco, etc., la `flor del maíz’; madre abadesa, `abeja reina’, etc. La etimología popular juega un papel muy importante: miel `mies’, obeja `abeja’, bandío `terreno baldío’, por citar algún ejemplo. Como en todas las hablas populares, las "animalizaciones lingüísticas" están ampliamente representadas en el dialecto: borrego `gavilla’, pez `montón de trigo’, etc. Los cambios semánticos reseñados tienen valor limitado y se citan a modo de ejemplos de’tendeüciás que, surgiendo aquí y allá, pueden cuajar -y cuajarán en muchos casos- en auténticas cristalizaciones léxícas. La tendencia a la diferenciación en cualquier caso, respecto a la lengua oficial, es un hecho incuestionable.J. FERNÁNDEZ-SEVILLA JIMÉNEZ.
BIBL.: A. ZA.AIORA, Dialectología española, 2 ed. Madrid 1967, 257-339; D. ALONSO y oTRos, Vocales andaluzas. Contribución al estudio de la fonología peninsular, "Nueva Rey. de Filología Hispánica" IV (1950) 209-230; A. LLORENTE 11IALDONADO, Fonética y fonología andaluzas, "Rey. de Filología Española" XLV (1962) 227-240; M. ALVAR, Las hablas meridionales de España y su interés para la Lingüística comparada, "Rey. de Filología española" XXXIX (1955) 254-313; A. M. ESPINOSA y RODRfGUEZ-CASTELLANO, La frontera del andaluz, "Rey. de Filología Española" XX (1933) 225-277; 61. ALVAR, Las encuestas del Atlas lingüístico de Andalucía, "Rey. de Dialectología y Tradiciones Populares" XI (1955) 231-247; fD, Estructura del léxico andaluz, "Bol. de Filología de la Universidad de Chile" XVI (1964) 5-12; íD, Portuguesismos en andaluz, "Weltoffene Romanistik. Festschrift Alwin Kuhn", Innsbruck 1963, 309-324; A. ALCALÁ VENCESLADA, Vocabulario andaluz, Madrid 1951; M. ALVAR y A. LLORENTE MALDONADO, Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía, Granada 1961; G. SALVADOR, El campo semántico ’arar’ en Andalucía, "Archivum" XV (1965).
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