Anciano II
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Varios
El vocablo a. tiene en toda la Biblia un doble sentido: biológico y espiritual; tanto se refiere a la edad de la vida (Gen 18, 11 ss.; 19, 4.31.34; 24, 1; etc.; Io 8, 9; Act 2, 17; 1 Tim 5, 1.2; 2 Pet 5, 5), como designa técnicamente una función o estado de dignidad. Muchas veces no es fácil discriminar entre ambas significaciones. Esto deja en cierta oscuridad cuestiones tan importantes como el precisar en muchos casos qué son técnicamente hablando los presbíteros-ancianos de las primitivas comunidades cristianas, como luego veremos (V. PRESBÍTERO).En el Antiguo Testamento. Las más antiguas tradiciones históricas del A. T. presuponen la existencia cualificada de los a., ocupando un lugar distinguido en el gobierno del pueblo. Su origen histórico y su actividad pública, sobre todo antes de la entrada en la tierra prometida, permanecen en una indescifrable oscuridad. Sus comienzos se remontan a la época de la constitución tribal de Israel (v. ISRAEL, TRIBUS DE). Durante mucho tiempo los israelitas viven bajo la autoridad de los jefes de tribu (v.) y de clan (v.) denominados a. (zéquenim). Al principio su autoridad se restringe a los grupos humanos ligados por el parentesco de sangre. Más tarde se inicia una etapa de corporalización, de forma que el grupo de los a. ejerce su autoridad sobre determinadas localidades (Dt 19, 12; 21, 3.18; 1 Sam 11, 3; 16, 4). Llegan a adquirir un gran prestigio y su influencia determina muchas veces las decisiones políticas y militares de las tribus. Sin embargo, su autoridad no es autónoma e independiente, sino subordinada a unos determinados jefes, como Moisés o Josué, que dirigen toda la vida del pueblo (Ex 3, 16.18; 12, 21; 18, 12; los 7, 6; 8, 10; 24, 1). En la administración de la justicia la autoridad de los a. aparece también en coordinación con la de los jueces y los escribas colaboradores (Dt 16, 18; 21, 2). Tienen competencia para entregar al asesino en manos del vengador de sangre (Dt 19, 11-13); para exigir la expiación de un crimen de autor desconocido (Dt 21, 1-9); para castigar a un hijo presentado por sus padres como díscolo y rebelde, o a un esposo que difama a su joven esposa (Dt 21, 18-21; 22, 13-21); para salvaguardar la ley del levirato (Dt 25, 5-10). Con la constitución del reino (v. sAúL; DAVID) y la centralización del poder real decrece la autoridad de los a. A pesar de todo, acompañan y asesoran al rey en las decisiones más trascendentales (1 Sam 30, 26; 1 Reg 20, 7-9). Constituyen la nobleza del pueblo, presente en las manifestaciones cultuales (1 Sam 16,4; 1 Rcg 21, 8-14). Con ocasión del exilio babilónico, al desaparecer las estructuras políticas, los a. Vuelven a desempeñar un papel preponderante, siendo denominados consejeros, notables, cabezas de la comunidad (Neh 2, 16; 4, 8.13; Esd 10, 16). Después del exilio aparecen, junto a los jefes y los jueces, como miembros de un consejo local e intervienen en la reconstrucción del Templo y en la administración de la ciudad (Esd 5, 9 ss.; 6, 7 ss.; Idt 8, 10; 10, 6; 1 Mach 12, 6.35). En este consejo ejercen tal preponderancia que, desde el tiempo de los Seléucidas (s. III a. C.), es denominado Gerusía (asamblea de los a.). Esta asamblea es la prefiguración del futuro sanedrín (v.) de Jerusalén primero y luego del de Ybné, compuesto por los sumos sacerdotes, los escribas y los a. (Le 22, 66; Me 14, 43.53).
En el Nuevo Testamento. En la primitiva comunidad cristiana, los a. aparecen por primera vez con ocasión de la colecta llevada por S. Pablo y S. Bernabé a Jerusalén (Act 11, 30); luego en el conc. ’de Jerusalén (Act 15, 2.4.6.22; 16, 4); finalmente, con ocasión de la llegada de S. Pablo a la casa de Santiago (Act 21, 18). Entre estos textos de los Hechos de los Apóstoles, solamente 11, 30, y 21, 18, testifican la presencia de presbíteros (etimológicamente ancianos) sin los apóstoles. Unos y otros constituyen un grupo estrechamente unido. A medida que la acción de los "doce" se expande y las comunidades cristianas se multiplican, los a. tomaban parte más activa y responsable en la obra de la evangelización. Aparecen al frente de las comunidades locales en Antioquía, Listra, Éfeso y Jerusalén, constituyendo el presbytérion o colegio de los presbíteros (Act 11, 30; 14, 23; 16, 4; 20, 17; 22, 5).Identificada prácticamente con los presbíteros (v.) aparece la figura del epíscopos (etimológicamente vigilante) (Act 20, 17.28; Tit 1, 5.7). La distinción entre ambas figuras consiste en que el epíscopo designa primordialmente una función o un oficio, mientras el presbítero connota un estado o dignidad. Algún autor conjetura que los epíscopos fueran designados, por turno tal vez, por el colegio de los presbíteros para ejercer una determinada actividad (1 Tim 5, 17). De todas formas, unos y otros operan en estrecha colaboración, encargándose de la administración temporal y de la enseñanza (1 Tim 3, 2.5; 5, 17; Tit 1, 7.9). Los presbíteros eran establecidos, bien directamente por los Apóstoles, bien por sus representantes, mediante la imposición de las manos (Act 14, 23; Tit 1, 5; 1 Tim 5, 22; 2 Tim 1, 6). Tienen origen divino y carismático, siendo su ministerio primordial apacentar la grey, defenderla contra el peligro de las doctrinas perversas y alimentarla con la palabra de Dios (Act 20, 28-31). Deben ser modelo ante la comunidad, ejerciendo su actividad sin afán de lucro ni de predominio (1 Pet 5, 1-3). Deben ser irreprochables en su conducta moral y estar bien formados en la doctrina auténtica (Tit 1, 5-9). Los que se afanan en la predicación y la enseñanza merecen "doble honor", y todos los que ejercen bien su cargo deben ser retribuidos (1 Tim 5, 17-18). Todo ello requiere que a nadie se impongan las manos precipitadamente para conferirle una función en la Iglesia (1 Tim 5, 22).Los a. son designados a veces con los nombres análogos de "presidente" (Rom 12, 8; 1 Thes 5, 12), "pastor" (Eph 4, 11) y "dirigente" (Heb 13, 7.17.24), pero en la comunidad primitiva prevalecen los títulos de presbítero y epíscopo, como premoción de los actuales sacerdotes y obispos, sin estar resuelto aún, en un sentido técnico, hasta qué punto estos títulos se identifican con aquéllos.J. APECECHEA PERURENA.
BIBL.: G. BORNKAMM, Presbys, en TWNT VI, 651-683; O. SEESEMANN, Die Altesten im Altem Testament, Leipzig 1895; J. L. MCKENZIE, The Elders in the Old Testament, "Biblica" XL (1959) 225-540; W. MICHAELIs, Das Altestenamt der christlichen Gemeinde im Lichte der Heiligen Schrift, Berna 1954; H. HAAG, S. AusElo, Diccionario de la Biblia, Barcelona 1963, 89-91; R. SÁNCHEZ, Ancianos, en Enc. Bibl. I, 487-489; C. GANCHO, Ancianos del Apocalipsis, ib. I, 489-492; M. GRAU, Ancianos, Tradición de los, ib. I, 492-493.
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