Análisis
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Varios
Este vocablo significa distinción, descomposición o división de las partes de algún todo, aunque a veces se emplea en un sentido más general para referir al examen de algo, como una obra literaria. Se opone, pues, desde un punto de vista lógico a síntesis (v.) o composición, y se distingue de inferencia o deducción (v.).En la tradición aristotélica se emplea a. para indicar aquella descomposición o resolución de proposiciones más concretas en sus antecedentes más generales. En último término, el a. sería un regreso a los primeros principios, acerca de ’los cuales sólo " cabría realzar su evidencia. Leibniz esperaba llegar, mediante el a., a unos conceptos simples a partir de conceptos complejos. Suponía, pues, que la descomposición o resolución de los conceptos complejos sería unívoca. Sobre los conceptos simples descubiertos por el a. esperaba montar su cálculo lógico.1. Tipos de proposición. Leibniz (v.) distinguía entre verdades de razón y verdades de hecho. Aquéllas serían necesarias, éstas contingentes; lo cual, desde el punto de vista de Leibniz, era lo mismo que decir que las de razón eran universales y las de hecho particulares. Una verdad de razón (igual que una proposición per se nota quoad nos tantum de los escolásticos) no tendría por qué ser evidente por la forma verbal de su expresión, pero sería evidente al conocer adecuadamente los conceptos que aparecen como sujeto y predicado.Hume (v.) distingue entre, proposiciones formales (matemáticas y lógicas) y empíricas (científicas e históricas). Al parecer es Kant (v.) quien distingue por primera vez entre proposiciones analíticas y proposiciones sintéticas en la Crítica de la razón pura. Hoy pocos dirían con Kant que las proposiciones matemáticas son sintéticas. Pero la distinción hecha por Kant y Hume es esencialmente compartida por los analistas lingüísticos. Según éstos, las proposiciones analíticas, como p. ej., "llueve o no llueve", son ciertas, pero no nos dan ninguna información concreta. Las afirmamos al analizar la estructura de las palabras dentro de la frase. Si digo "p o q implica q o p" no aporto ninguna información nueva sobre p y q. Sencillamente empleo símbolos para ilustrar la ley de conmutación lógica. De modo parecido, el matemático que afirma un teorema geométrico no habla del dibujo concreto que ejemplifica la relación geométrica en cuestión, ni menos todavía de unos cuantos dibujos que ha observado inductivamente.La proposición sintética, en cambio, aporta alguna información nueva, tiene contenido. Su predicado es distinto de su sujeto y, por tanto, la proposición no se afirma a raíz de una simple inspección. De ahí que haya dos géneros de problemas para los filósofos que emplean el a. lingüístico en sentido positivista. Uno versa sobre la estructura lógica de las frases; otro mira a los criterios que se establecen para poder afirmar una proposición. A este género de problemas conciernen los criterios de la verificabilidad y que no son propiamente lingüísticos (excepto en cuanto se mantiene que una proposición no verificable tampoco es significativa).Los aristotélico-tomistas, y en general los que aceptan la validez de la metafísica, tendrían que decir que hay proposiciones que son verdades de razón o necesarias, pero no analíticas, sino sintéticas.2. Escuela analítica. Hay diversos tipos de a. filosófico, principalmente el a. fenomenológico. También se habla de a. como parte de la matemática (v. ANÁLISIs MATEmÁTIco) y del a. químico (v. QUÍMICA ANALÍTICA). Sinembargo, a menudo se reserva el término a. a una escuela filosófica concreta del mundo anglosajón y del s. xx, cuyos miembros más.destacados incluyen a G. E. Moore, Ludwig Wittgenstein, Gilbert Ryle, John Wisdom y A. J. Ayer, en Inglaterra, y a Herbert Feigl, Max Black, Nelson Goodman, James Feibleman, Morton White, Willard van Orman Quine, Ernest Nagel y Charles L. Stevenson, en los Estados Unidos.
La tesis central de la llamada filosofía analítica es que la mente humana no puede alcanzar ningún esquema central que explique al universo, es decir, que la metafísica es imposible. La filosofía debe limitarse a la consideración de problemas lógicos y metodológicos. En 1914, Bertrand Russell lo pretendió ya en su obra La lógica como esencia de la filosofía.3. Signo antimetafísico. En la última parte de su vida, Ludwig Wittgenstein pintaba a menudo a la filosofía como una especie de terapéutica. Tendría la función de deshacer paradojas que surgen en el lenguaje -especialmente en el filosófico-. Feigl y Sellars (Readings in Philosophical Analysis, 6) definen la filosofía como "la enfermedad de la que ella misma debería ser la cura".El a. en la historia de la filosofía occidental se remonta al empirismo inglés y de modo particular a David Hume, quien divide todos los saberes en dos clases: formales y empíricos, sin dejar lugar para la filosofía especulativa. Desde un punto de vista más inmediato se puede asociar a la filosofía analítica o a. lingüístico con el positivismo lógico. El a. filosófico depende de dos tradiciones: la de Cambridge, encabezada por G. E. Moore y B. Russell, y la del Círculo de Viena, encabezada por Morritz Schlick y Rudolf Carnap (v.). Wittgenstein tuvo contacto con ambos grupos. Además, Feigl y Sellars (o. c., p. VI) afirman que no hay línea de demarcación clara entre el a. filosófico y las escuelas norteamericanas del neo-realismo y pragmatismo.En cambio, el a. lingüístico filosófico difiere del a. puramente filológico por cuanto se concentra aquél sobre tres tareas: 1) El examen de los términos básicos y universales que por su misma generalidad corren el riesgo de ser vagos. 2) La reconstrucción lógica de la estructura de los lenguajes, independientemente de su gramática natural, lo que lleva a menudo a la construcción de lenguajes artificiales. En esta actividad el a. depende de la lógica simbólica, que, sin embargo, no se debe identificar con el positivismo, como han mostrado I. M. Bochenski, P. Banks, H. Scholtz y otros. 3) Tiene el fin de establecer cuáles son los postulados de la matemática y de las ciencias exactas y de reducir epistemológicamente las proposiciones generales a su base fáctica.Es posible que en el futuro el a. lingüístico llegue a ser instrumento de la metafísica como lo fue en la Edad Media. Hoy se empiezan a notar signos de semejante evolución entre algunos teólogos. También se observan filósofos que están de acuerdo con la tesis de un ensayo de Rice titulado Clarity is not Enough (La claridad no es suficiente). Sin embargo, gran parte del desarrollo del a. lingüístico ha sido de signo directamente antimetafísico. Por metafísica, los analistas lingüísticos suelen entender cualquier proposición que intenta hacer una afirmación sustantiva en filosofía, es decir, una afirmación de primera intención, sobre el ser, el hombre, los valores, el mundo, etc.Según Arthur Pap, antiguo miembro del Círculo de Viena (Teoría analítica del conocimiento, 1), fue piedra angular de la doctrina de dicho Círculo la distinción entre frases con significado cognoscitivo y frases metafísitas. Siempre el Círculo reconoció que las frases metafísicas o éticas pueden poseer contenido emotivo o fuerza poética. Negaron, en cambio, su sentido teorético y, en consecuencia, que tales proposiciones puedan ser verdaderas o falsas.Según expone Wittgenstein (v.) en su Tractatus LogicoPhi1osophicus, las proposiciones significativas son de dos tipos: atómicas o moleculares. Las atómicas (dando por resuelta la cuestión de la verificación) son simplemente verdaderas o falsas, ya que afirman que algo es el caso o no es el caso. En cambio, las proposiciones moleculares son conjuntos de proposiciones atómicas en las que se afirma alguna relación lógica entre diversas proposiciones, o, más precisamente, una relación lógica entre su verdad o falsedad; p. ej., si p y q son proposiciones atómicas ni p ni q es una proposición molecular que afirma que tanto p como q es falsa; p o q es una proposición molecular que afirma que al menos una de las dos proposiciones es falsa. "Si p entonces q" será una proposición molecular que afirma que p no puede ser verdadera sin que lo sea también q (v. LÓGICA II).Los analistas lingüísticos de cariz positivista niegan cualquier relación intrínseca entre las dos (o varias) proposiciones que componen una proposición molecular. Normalmente cuando se habla de una condicional se entiende que hay una dependencia entre antecedente y consecuente. Aquí en cambio, sólo se reconoce la relación formal de coincidencia o falta . de coincidencia de los "valores veritativos" de las proposiciones. Recuérdese, además, que la actitud antimetafísica veda a la filosofía hablar de relaciones, que no sean lógicas (aunque la ciencia puede hablar de relaciones, p. ej., la distancia de la Tierra al Sol.) Entonces, una tarea del analista lógico será poner en claro la relación lógica entre las diversas partes de una proposición compleja para que el científico pueda verificarlas.4. Confusiones lingüísticas. Otra tarea del analista filosófico sería aclarar el sentido verdadero de algunas proposiciones o bien declarar ilícitas otras formas de proposiciones. La labor semántica o de aclarar significados (v. SIGNO I) ha llegado a ocupar gran parte de la labor de a. A veces los resultados positivos se han incorporado a la lógica simbólica; otras veces los resultados negativos han fortalecido la postura antimetafísica.Así, el lógico y matemático alemán Gottlob Frege identifica la existencia con la no-nulidad de una clase. A su juicio, decir que existe un caballo es en realidad decir que la clase de los caballos no está vacía, como es vacía, p. ej., la clase de los centauros. Pero de tal a. seguiría que es impropio hablar de la existencia de individuos. Similarmente, número en general no es una propiedad de individuos, sino de clases o conjuntos. Como observa Russell, cuando decimos que los Apóstoles eran santos, hablamos de los individuos. S. Mateo era santo. S. Pedro era santo. Cuando decimos que los apóstoles eran 12, pese a la semejanza gramatical de las proposiciones, no hablamos de S. Pedro ni de S. Mateo. Hablamos de un conjunto. Hacemos una proposición de orden superior a la que hacemos al hablar de un individuo.Si la unidad o dualidad son atributos de clases, también lo es la nulidad. En ese caso sería un absurdo sintáctico decir, con Heidegger, que la "nada anonadada", es decir, tratar de la nada como si fuese un individuo, cuando en realidad es un atributo de clases, no un miembro de clases. (Las formulaciones metafísicas existencialistas han sido una mina de proposiciones incorrectas a los ojos de los analistas.)La teoría de tipos de Bertrand Russell intenta evitar las paradojas que resultan de algunas oraciones como miento, que es verdadero en caso de que digo una mentira, pero en ese mismo caso es falso porque no estoy mintiendo. Russell no permite que haya oraciones que refieran a sí mismas. Así evita; mediante una regla sintáctica, la ocurrencia de algunas paradojas. Sin embargo, la solución de Russell ilustra muy bien la causa de una objeción que ponen algunos protagonistas del a. del lenguaje ordinario contra quienes como Russell y Rudolf Carnap prefieren trabajar con sistemas lingüísticos artificiales. Resulta que, en nuestro caso, no todas las proposiciones reflexivas son sin-sentidos; p. ej., "La presente frase consta de siete palabras", refiere a sí misma, tiene sentido y es verdadera. En ese caso, con la regla sintáctica se prohibiría alguna frase significativa. Más importante es que, en ese caso, no se explica el origen de la paradoja. Frecuentemente, quienes prefieren construir idiomas artificiales no resuelven, sino que sencillamente esquivan las perplejidades del lenguaje normal.
5. Valoración. Existen intentos de superar el a. desde al menos dos puntos de vista. En primer lugar, algunos metafísicos y teólogos han procurado tener en cuenta las críticas analíticas para formular mejor sus tesis morales y teológicas. I. M. Bochenski y Joseph Clark han procurado t1sar el a. filosófico en el campo de la lógica de la religión.Tal vez daría esperanzas de éxito en el empleo teológico y metafísico del a. el hecho de que el sistema metafísico concreto contra el que se sublevan los analistas es el idealismo neohegeliano de Bradley, McTaggart y otros. El atomismo de Wittgenstein y Russell puede entenderse como una exagerada reacción contra la tesis idealista de que cualquier proposición hace referencia a nuestra posición sobre el absoluto (v.) y que, por consiguiente, cualquier proposición hace referencia a todas las proposiciones. El atomismo lógico es el contrario del sistema lógico idealista. Empero, no se ve por qué el a. ayudará de modo notable a otras escuelas metafísicas simplemente porque arranca como movimiento reaccionario anti-hegeliano.En segundo lugar, algunos analistas han puesto en tela de juicio tanto la utilidad de construir un lenguaje ideal como la posibilidad de emplear el a. como modo de definición real, finalidad de los primeros intentos de Moore y Russell, p. ej., cuando Moore se preguntaba por lo que llamamos bueno parece que pensaba que eso en definitiva iba a echar luz sobre lo que es en realidad bueno.Sin embargo, esta segunda tendencia les parece a algunos historiadores más bien una radicalización del a. lingüístico que una superación. Igualmente el intento de Strawson y de Warnock para ver a la metafísicá’ como una construcción imaginativa, quizá no sea más que un modo de reconocer el principio ya sentado por Wittgenstein de que, aun cuando algunos tipos de lenguaje no nos informan como nos informa la ciencia, no se debe pensar que la información sea el único fin del lenguaje.JAMES G. COLBERT, JR.
BIBL.: L. E. PALACIos, Filosofía del saber, Madrid 1962, cap. X; H. FEIGL y W. SELLARs, Readings in Philosophical Analysis, Nueva York 1949; A. PAP, Elements of Analytic Philosophy, Nueva York 1949; G. RYLE, Philosophie et i’analyse du langage ordinaire, "Rev. de Métaphysique et Moralen, 1966, 257-276; Antología Semántica, dir. M. Bunge, Buenos Aires 1960; Semántica "Archivio di Filosofian, Roma 1955, 11-39; L. WITTGENSTEIN, Philosophical Investigations, Oxford 1963; E. MCMuLLIN, The Analytic Approach in Philosophy, en AAnalytic Philosophyn vol. 34, 50-79. (El. vol. contiene valoraciones de la escuela analítica desde el punto de vista metaffsico:) A. PAP, Teoría analítica del conocimiento, Madrid 1964; W. V. QUINE, Desde un punto de vista lógico, Barcelona 1962; A. J. AYER, Lenguaje, verdad y lógica, Buenos Aires 1965 (quizás el ejemplo más extremo de la unión de positivismo lógico y sensismo dentro de la filosofía analítica); G. E. MooRE, Principia Ethica, México 1959 (obra fundamental en el análisis del lenguaje ético); R. M. HARÉ, The Language of Morals, Oxford 1964.
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