América III HIST.
Categoria:
Historia
C. HISTORIOGRAFÍA. 1. Fuentes. La historia de A., su acontecer histórico, comienza en el s. xv. Desde entonces se ha elaborado una Historia de A. en ocasiones parcial, a menudo no exacta y con frecuencia incompleta. En lo que a la A. de lengua española se refiere, la parcialidad ha estado a cargo de autores españoles y extranjeros, sobre todo en el s. xix. La moderna historiografía, más científica, intenta corregir esta parcialidad. Los primeros historiadores de Indias son cronistas (v. CRÓNICA Y CRONISTA Iv), unos con oficio y otros con afición. Testigos presenciales de los hechos que narran y contemporáneos de los mismos, su obra ha de considerarse en razón de las circunstancias, del cargo de cronista que ostentan, de los títulos recibidos, de la finalidad de su obra y, siempre, teniendo en cuenta la mentalidad de su época. Las informaciones proporcionadas por estos cronistas, entre los que G. Fernández de Oviedo (v.), Bernal Díaz del Castillo (v.) y F. López de Gómara (v.) son primeras figuras, resultan esenciales como fuentes de primera mano para elaborar una historia de la conquista de A. por los españoles o, en términos más precisos, de la pacificación de A.Fuentes complementarias para reconstruir el periodo de descubrimiento, pacificación y poblamiento (s. xv-xvi) son los relatos de navegantes, exploradores y cuantos participan en la empresa americana, así como el valioso material de la Casa de Contratación (v.), Secretaría y Consejo de Indias (v. INDIAS, GOBIERNO DE), audiencias indianas (v. AUDIENCIA II) y otros organismos e instituciones, del que existen valiosas y abundantes muestras en el Archivo de Indias (v.) en Sevilla, y en los países americanos. Parte de este material no ha sido aún estudiado y todavía quedan documentos sin clasificar ni catalogar. A las cédulas reales referentes a Indias, capitulaciones, ordenanzas, listas de embarque, etc., cabe agregar una serie de fuentes estadísticas propiamente dichas y otras contables públicas (de organismos oficiales) y privadas (de instituciones y particulares, como archivos parroquiales, de hospitales, conventos, etc.), que no han sido hechas para utilizarlas como fuente de historia, pero que indudablemente sirven para escribir lo que hoy día se conoce con el nombre de historia cuantitativa (c£r. F. Mauro, La historia cuantitativa de Iberoamérica, "Atlántida" 42, 1969, 592-604). Buena fuente de documentación son, a este respecto, las publicaciones del Inst. Interamericano de Estadística.Las fuentes de la época española se enriquecen con las aportaciones de la documentación proporcionada por las Ordenes religiosas que han actuado en A. (v. IGLESIA, HISTORIA DE LA II) y cuyo material se encuentra bastante disperso, aunque es posible localizarlo en el ya citado Archivo de Indias, Archivo Vaticano y archivos particulares de las propias órdenes. Las características de la pacificación de A., como una obra esencialmente evangelizadora, convierten a los misioneros en cronistas e historiadores, por su afán en conocer el mundo en que se mueven los indios, sus costumbres, su lengua, su organización, etc. Aunque nefasta para el prestigio humano de los españoles, la obra de fray Bartolomé de Las Casas (v.) es indispensable para el conocimiento de la América de la primera mitad del s. xvi.Las fuentes para el conocimiento de la A. prehispánica (v. iv, 1) son los materiales que proporcionan la arqueología, la etnología, la lingüística, etc., así como las tradiciones, las leyendas y las cosmogonías recogidas en crónicas y códices, principalmente por los españoles. Antes de la llegada de éstos a A. no existe una historiografía indígena. La valoración de estas fuentes ha sido muy diversa. Hasta tiempos muy recientes se les ha negado valor histórico, a pesar de que los indios conocían la escritura jeroglífica, la simbólica calculiforme, la pictografía, etc.Durante el s. xvi se ha prodigado en demasía entre los españoles la crónica oficiosa de Indias, con relatos fabulosos que encendían la imaginación de los lectores y sustituían a los libros de caballerías. Con el fin de oponer a la falsa crónica una crónica veraz y documentada, Felipe II dispone en 1571 la creación de la crónica oficial y el cargo de cronista mayor de Indias que viene a ser una prolongación del cronista de Castilla e inspirado en él. A su disposición se ponen los papeles de los escribanos de cámara y los documentos enviados por las audiencias. Tras una fase en la que predomina el interés por la historia natural se informa sobre el modo de llevar a cabo la conquista. Desde 1750 el cargo de cronista mayor lo ostenta la Acad. de la Historia. En los s. xvII-xvIII se generaliza la crónica privada, escrita a veces por encargo de las autoridades, continuándose la llamada crónica eclesiástica. En la crónica menor hay dos vertientes: una oficial y otra local. Independientemente del cronista mayor escriben el cronista de Indias, el del Consejo de Indias y los de algunas autoridades regionales americanas. Los cronistas menores se denominan historiógrafos y cronistas generales de Indias. Entre los cronistas oficiosos se encuentran los que se suelen llamar primitivos historiadores de Indias (cfr. R. D. Carbia, La crónica oficial de las Indias occidentales, Buenos Aires 1940).2. Investigación. El principal problema que plantea la historiografía de A. es la recensión de las fuentes. A esta tarea se dedican varios centros de investigación (cfr. F. Morales Padrón, El americanismo en Europa, Sevilla 1969), cuya organización, funcionamiento y estudios pueden conocerse a través de "Latín American Research Rev." y "Bol. informativo sobre estudios latinoamericanos en Europa", publicados en Austin y Amsterdam respectivamente, desde 1965; así como el Handbook of Latín American Studies, editado en Washington; el Handbook of Hispanic Source Materials and Research Organizations in the United States; y el International Population Census Bibliography, Latin American and the Caribbean, que desde 1965 publica la Univ. de Texas; las publicaciones del Inst. de Estudios Superiores para América Latina de la Univ. de París, en cuya rev. "Cahiers de PInstitut des Hautes Études de l’Amerique Latine". D. Ozanam ha dado a conocer Les sources de l’histoire de l’Amerique Latine. Gufde du chercheur dans les archives francaises (París 1936); "Anuario de Estudios Americanos" de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, en Sevilla; la "Hispanic American Historical Rev.", de la Univ. de Duke; la "Rev. Interamericana de Bibliografía", publicada en Washington; la "Rev. Hispánica Moderna", que se edita en Nueva York; la "Hispanic Rev.", editada desde 1933 en Toledo (Ohio); "Hispanic American Report" (1948), con informaciones sobre acontecimientos políticos y sociales en América; la "Rev. de Indias" e "Indice Histórico Español", editados en Madrid y Barcelona respectivamente; la "Rev. de Historia de América", perteneciente al Inst. Panamericano de Geografía e Historia, de México; "The Canadian Historical Rev.", de la Univ. de Toronto. Como orientación para la historiografía francesa sobre A. puede servir el "Journal de la Société des Américanistes". Para las fuentes es útil, en España, la Guía de fuentes para la Historia de Iberoamérica, publicada por la Dirección General de Archivos.Con la independencia de A. la historiografía se nacionaliza, se diversifica, adquiere un carácter más local y, en ocasiones, se empobrece por una falta de visión de conjunto. Es de señalar en los historiadores americanos un comprensible deseo de remontar sus respectivas historias nacionales a la época prehispánica, pero la escasez de fuentes convierte este periodo en prehistórico. Junto a esta tendencia se registra también en los autores americanos de lengua española una crítica severa de la época española, no siempre justa y parcial, con juicios demasiado negativos. No obstante, la Comisión de Historia del Inst. Panamericano de Geografía e Historia intenta una reestructuración de la historia continental. A este respecto son interesantes las -observaciones hechas por el historiador venezolano M. Picón Salas en su Proyecto de programa de Historia de América- en el s. XIX (Santiago de Chile 1950).El mayor esfuerzo historiográfico realizado en A. corresponde a los Estados Unidos, tanto en sus universidades como en instituciones especialmente creadas para el cultivo de la historia hispanoamericana, con fondos consistentes en mapas, manuscritos, impresos, etc. Son particularmente interesantes la Hispanic Society of América (1904), de Nueva York; el Hispanic Institute (1920), de la Un¡-v. de Columbia; la Quivira Society (1929), que investiga la historia del norte de México y publica documentos; y la Cortés Society (1917), que publica documentos relativos al descubrimiento y conquista. Las colecciones norteamericanas más interesantes relacionadas con la historia de A. son: la de la Univ. de California; la Col. Wagner, con documentación sobre exploraciones españolas en la costa norte del Pacífico; y la Col. del SouthWest Museum de Los Ángeles, con documentación sobre las posesiones españolas en California, Nuevo México y Arizona. Fondos documentales existen también en la P. K. Yonge Library de Florida y en la Inter-American Bibliographical and Library Association (1934). En Europa se han creado instituciones dedicadas al estudio de la historia de A. (v. HISPANISMO). En Alemania, la Soc. Iberoamericana de Hamburgo (1917), y el Inst. Iberoamericano de Berlín (1930); en Suecia, los Inst. Iberoamericanos de Goteburgo (1929) y Estocolmo (1951); en Holanda, el Inst. de Estudios Hispánicos de la Univ. de Utrecht y el Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos de la Univ. de Amsterdam (1964); en Finlandia, el Inst. Iberoamericano de Helsinki; en Francia, el Inst. de Altos Estudios de América Latina (París) y el Inst. de Estudios Hispánicos (Toulouse 1959); en España, el Inst. Gonzalo Fernández de Oviedo de Madrid, y la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En los países americanos de lengua española la institución historiográfica más importante es el Inst. Panamericano de Geografía e Historia, en México.De historiografía de A. Central se ocupan en particular el Inst. Centroamericano de Historia, con sede en Managua y Nicaragua, y la Soc. de Geografía e Historia, de Guatemala. Inst. Históricos y Geográficos y Acad. de la Historia existen en todos los países de A. También se dedican a la investigación histórica los departamentos de Historia de las universidades. Los métodos historiográficos han experimentado en Chile una gran renovación a partir de la Bibl. Hispano-Americana creada por José T. Medina (1852-1920), y en Bolivia con la Bibl. Boliviana de G. René Moreno (1836-1908). De la A. indígena se ocupan especialmente el Inst. Indigenista Interamericano (v. INDIGENISMO) y los diversos congresos indigenistas celebrados. Documentos históricos publican, entre otros, el Inst. de Historia y la Univ. Nac. Autónoma de México, la Acad. Colombiana de Historia, etc. La Unión Panamericana realiza una interesante labor en su Serie de las Repúblicas americanas. Merecen citarse los Programas de Historia de América publicados en México por la Comisión de Historia del Inst. Panamericano de Geografía e Historia.3. Estados Unidos de América del Norte. Considerados individualmente los países de A., Estados Unidos es también el que tiene más abundante bibliografía historiográfica. G. Bancroft, nacionalista y romántico, se ha ocupado de la colonización e independencia en History of United States (1834-74). Jared Sparks ha publicado documentos sobre la revolución norteamericana (1829-30).En Woodrow Wilson, autor de A History of the Americqn People (1902), y Charles Austin Beard, se acusa la influencia europea. De la época colonial se han ocupado H. L. Osgood, C. M. Andrews, C. W. Alvord, L. H. Gipson y H. E. Bolton. En la historia de la época colonial se incluye la acción española y francesa en Estados Unidos. La interpretación de C. H. van Tyne sobre la revolución norteamericana es extremadamente nacionalista. Sobre la guerra civil y sus antecedentes han escrito J. G. Randall y Allan Nevins. Un nuevo concepto de historia, en la que se incluyan instituciones y acontecimientos políticos, aplica J. H. Robinson a su obra The New History (1911), que da relieve a los factores sociales, económicos y culturales del proceso histórico. El aspecto social ha sido tratado por D. R. Fox y A. M. Schlesinger en History o f American Lif e. De carácter local es la History o f the South, editada por W. H. Stephenson y E. M. Coulter. A las biografías ha dedicado atención J. T. Morse, editor de American Statesmen Series (39 vol., 1882-1917). La mejor síntesis sobre el periodo de expansión hacia el O la ha realizado R. A. Billington en Westward Expansion: a History of the American Frontier (1949). Una visión sudista de la historia de los Estados Unidos de A. del Norte es la de U. B. Philips en Life and Labor in the Old South. Sobre la época de la reconstrucción se ha escrito desde diferentes puntos de vista. Es interesante, a este respecto, Reconstruction: After the Civil War (1961), de J. H. Franklin. J. Dorfman ha destacado la influencia de la economía en The Economic Mind in American Civilization (1946-49). El intervencionismo norteamericano ha sido objeto de estudio por parte de A. T. Mahan en The Influence of Sea Power Upon History, 1660-1783 (1890).Versiones más modernas, también en lengua inglesa, de la historia de los Estados Unidos de A. del Norte, son entre otras: A History o f American life (12 vol., Nueva York 1951), obra que dedica especial atención a la vida social y política, escrita en colaboración; y A Diplomatic History of the American People (Nueva York 1946), de T. A. Bailey, que se ocupa de historia diplomática.De las obras sobre la historia de los Estados Unidos traducidas al español pueden destacarse: F. Roz, Historia de los Estados Unidos, Madrid-Barcelona 1944; J. Stulz, Historia de los Estados Unidos de América, Barcelona 1944; A. Mourois, Historia de los Estados Unidos, Barcelona 1945; Charles Austin Beard, Historia de la civilización de los Estados Unidos de Norteamérica desde sus orígenes hasta el presente, Buenos Aires 1946; W. Spence Robertson, La colonización en la América inglesa. Estados Unidos hasta 1763 y Los Estados Unidos de América del Norte desde 1789 hasta nuestros días, en Historia de América, V y XIII, dir. R. Levene, Buenos Aires 1947; S. Eliot Morison y H. Steele Commager, Historia de los Estados Unidos, México-Buenos Aires 1951; H. W. Elson, Estados Unidos de América, en Historia de América, XVII, dir. A. Ballesteros, Barcelona 1956.4. Canadá. La historiografía sobre el Canadá se está enriqueciendo últimamente con nuevas aportaciones bien documentadas. En lengua inglesa se.ha publicado: Canada and Newfoundland, en History of the British Empire, VI, ed. Univ. de Cambridge, 1930; A. R. M. Lower, Canada, Colony to Nation, Toronto 1947-48; M. H. Long, A History of the Canadian People, en New France, I, Toronto 1942. En lengua francesa: A. Tessier, Histoire du Canada, Quebec 1959; G. Lanctot, Histoire du Canada. Des origines an régime royal, Montreal 1959; L. Groulx, Histoire du Canada francais depuis la découverte, Montreal 1950-52; R. Rumilly, Histoire du Canada, París 1951; C. de Bonnault, Histoire du Canada frangais (1534-1763), París 1950. En lengua española: W. Spence Robertson, Canadá hasta 1791 y El dominio de Canadá desde 1791 hasta el presente, en Historia de América, V y XIII, dir. R. Levene, Buenos Aires 1947; M. Giraud, Historia del Canadá, Barcelona 1956.5. Historias nacionales de Iberoamérica. Las historias nacionales sobre los demás países del continente insisten en el aspecto político con olvido de otros factores decisivos del acontecer histórico como son los sociales, económicos y culturales. En este tipo de historiografía se registran dos tendencias: una conservadora y otra liberal. Apenas existen historias nacionales completas. Es más abundante la historiografía sobre épocas y escasas las obras que tienen en cuenta la relación de unos países con otros. Aún no se ha superado la etapa historiográfica de recelo y divisionismo. México, A. Central, países antillanos y de A. del Sur se tratan en las historias generales: Historia del mundo en la Edad Moderna, dir. E. Ibarra Rodríguez, Buenos Aires 1913; Historia de la América española, dir. C. Pereyra, Madrid 1927; Historia de América, dir. R. Levene, Buenos Aires 1947; e Historia de América, dir. A. Ballesteros, Barcelona 1948. Textos de historia político-militar de A. Central, considerada en su conjunto, han publicado en español: E. Cáceres Tinoco, Historia de la América Central, Guatemala 1946; A. Batres Jáuregui, La América Central ante la historia. 18211921. Memorias de un siglo, Guatemala 1949; E. Alvarado García, Historia de Centroamérica, Tegucigalpa 1949; R. H. Valle, Centroamérica en la historia, México 1951; F. Argüello y C. Molina, Monumenta Centroamericae Historica, ed. Inst. Centroamericano de Historia 1965; en francés: Ch. V. Aubrun, L’Amérique Centrale, París 1952; en inglés: Hubert Howe Bancroft, History of Central América, San Francisco 1882-87.También existe bibliografía sobre cada uno de los países centroamericanos. Tanto para estos países como para los restantes de A., puede consultarse la bibliografía citada al final de la historia de los países en esta Enciclopedia. En cuanto a México, merece resaltarse la labor historiográfica realizada, cuyo resultado puede apreciarse en las siguientes obras: J. Sierra, Evolución política del pueblo mexicano, México 1940; L. Alamán, Historia de México, México 1942; S. Zavala, Aproximación a la historia de México, México 1953; A. Salazar Rovirosa, Cronología de México de 2000 a. C. a 1958, México 1958; la dirigida por D. Cossío Villegas, Historia moderna de México. La República restaurada, México 1955 ss.; J. Romero Flores, Historia de los Estados de la República mexicana, México 1964; C. Alvear Acevedo, Historia de México, épocas precortesiana, colonial e independiente, 3 ed. México 1966; C. Barrón de Morán, Historia de México, 7 ed. México 1966; L. Pérez Verdía, Historia de México, México 1966.De los países antillanos, Cuba es el que ha merecido más atención de los historiadores. La obra más interesante sobre este país es la escrita en colaboración y publicada en La Habana (1952) con el título de Historia de la nación cubana, 1.0 vols. Sobre Brasil, además de incluirse en las historias generales ya mencionadas, han publicado en portugués: P. Calmón, História da civilizapao brasileira, Sáo Paulo 1933; J. Pandia, Formagao histórica do Brasil, Sáo Paulo 1945; J. Ribeiro, História do Brasil, Río de Janeiro 1955; J. M. Bello, História da República, Sáo Paulo 1956; V. Tapajos, História do Brasil, Sáo Paulo 1957; J. F. da Rocha Pombo, História do Brasil, Sáo Paulo 1958; L. Basbaum, História sincera da república, Río de Janeiro 1957-58; en español: J. G. Beltrán, Historia del Brasil, Buenos Aires 1944; R. Mendoza, Historia del Brasil, Madrid 1950.Resultado de la labor historiográfica en los países sudamericanos de lengua española son, además de las obras incluidas en las generales ya citadas, las siguientes: en Argentina, J. B. Lafont, Historia de la Constitución argentina: colonia, revolución, independencia, Buenos Aires 1935; R. Levene y otros, Historia de la nación argentina, Buenos Aires 1939-41; V. F. López y E. Vera, Historia de la República Argentina, Buenos Aires 1944; V. D. Sierra, Historia de la Argentina, Buenos Aires 1956-57; D. Abad de Santillán, Historia argentina, Buenos Aires 1965; J. L. Busaniche, Historia argentina, Buenos Aires 1965; en Bolivia, P. Díaz Machicao, Historia de Bolivia, La Paz 1955; A. Ayala Z., Historia general y de Bolivia, La Paz 1965-66; en Colombia, J. M. Henao y G. Arrubla, Historia de Colombia, Bogotá 1952; L. López de Mesa, Escrutinio sociológico de la Historia colombiana, Bogotá 1955; R. M. Granados, Historia de Colombia: independencia y república, 2 ed. Medellín 1964; Historia extensa de Colombia, ed. Acad. Colombiana de Historia, Bogotá 1965; en Chile, D. Amunátegui, Historia de Chile, Santiago de Chile 1932; F. Frías V., Historia de Chile, Santiago de Chile 1947-49; L. Galdames, Historia de Chile, Santiago de Chile 1952; L. Castedo, Resumen de la "Historia de Chile" de Francisco A. Encina, Santiago de Chile 1954-55; J. Eyzaguirre, Historia de Chile, Santiago de Chile 1965; en Ecuador, Andrade, Historia del Ecuador, Guayaquil 1937; J. Le Gouhir y Rodas, Historia de la República del Ecuador, Quito 1935-38; A. Pareja, Historia del Ecuador, Quito 1958; en Perú, G. Pons Muzzo, Historia del Perú, Lima 1950; J. de la Riva Agüero, Historia del Perú, Lima 1953; R. Vargas Uparte, Historia general del Perú, Lima 1966; en Uruguay, E. Acevedo, Anales históricos del Uruguay, Montevideo 1933-36; J. E. Pivel y A. Ranieri, Historia de la República Oriental del Uruguay (1830-1930), Montevideo 1945; M. Schurmann y M. L. Coolighan, Historia del Uruguay, Montevideo 1957; en Venezuela, J. Gil Fortoul, Historia constitucional de Venezuela, Caracas 1942; A. Perera, Historia orgánica de Venezuela, Caracas 1943; P. L. Blanco Peñalver, Historia territorial de Venezuela, Caracas 1954; G. Morón, Historia de Venezuela, Caracas 1961.6. Obras generales. En las obras generales ya citadas se trata el descubrimiento, conquista, virreinatos, etc. Esta época de la historia de A. ha sido la más estudiada, tanto para la A. española y portuguesa como para la francesa y británica. De estos temas y de cuantos problemas plantea la historiografía de A. se ha tratado en reuniones, asambleas y congresos de americanistas (v. AMERICANISMo). A continuación se reseñan algunas obras generales, entre las que se incluyen ensayos sobre una interpretación de la historia de A. y en particular trabajos dedicados al descubrimiento, conquista y época virreinal. Se han publicado, en español: H. H. Urteaga, Concepto e interpretación de la historia de América. Metodología de su composición y valor de las fuentes históricas, "Rev. Letras" 7, 1937; E. O’Gorman, Fundamentos de la historia de América, México 1942; M. Picón Salas, De la conquista a la independencia. Tre1 sigls de historia cultural hispanoamericana, México 1944;’ S. de Madariaga (v.), Cuadro histórico de las Indias, Buenos Aires 1945; David R. Moore, Historia de la América latina, Buenos Aires 1945; L. A. Sánchez, Historia de América, Santiago de Chile 1945; E. de Gandía, Nueva historia de América. Las épocas de libertad y antilibertad desde la independencia, Buenos Aires 1946; A. Peixoto, Pequeña historia de las Américas, México 1946; D. Ramos Pérez, Historia de la colonización española en América, Madrid 1947; R. Carranca y Trujillo, Panorama crítico de nuestra América, México 1950; S. Zavala y otros, Ensayos sobre la historia del Nuevo Mundo, México 1951; C. Bosch, Reflexiones sobre la historia de América, México 1953; A. Vilela, Interpretación de la historia de Sudamérica. El fenómeno político-cultural, La Paz 1953; J. Tudela, El legado de España a América, Madrid 1954; R. Majó Framis, Colonizadores y fundadores en Indias, Madrid 1954; M. Fernández de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, Madrid 1954-55; F. Morales Padrón, Historia de América, historia de Occidente, "Estudios Americanos" 33-34, Sevilla 1954, e Historia general de América, Madrid 1962; J. Vicens Vives, Historia social y económica de España y América, Barcelona 1957-59; L. Zea, América en la Historia, México 1957; J. Delgado, Introducción a la historia de América, Madrid 1957; F. PérezEmbid y F. Morales Padrón, Acción de España en América, Barcelona 1958; D. Barros Arana, Historia de América, Buenos Aires 1960; E. Samhaber, Sudamérica. Biografía de un continente, Buenos Aires 1961; P. Chaunu, Historia de América Latina, Buenos Aires 1964; C. H. Having, El imperio hispánico en América, Buenos Aires 1966; L. Hanke, ¿Tienen las Américas una historia común?, México 1966; J. Lambert, América latina. Estructuras sociales e instituciones políticas, Barcelona 1966; J. M. 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