América II GEOG.
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Geografía
B. FUNDAMENTOS HUMANOS. La población. El rasgo más original del poblamiento en A. reside en el carácter reciente de la ocupación del espacio y en la diferente modalidad que esta ocupación tuvo en A. anglosajona y en A. latina.1. América anglosajona. Cuando llegó el hombre blanco A. anglosajona se encontraba débilmente ocupada. Se estima que algo más de un millón de indígenas se dispersaban en toda A. del Norte. Los dos tercios de esa cantidad se encontraban dentro de los límites de lo que hoy son los EE. UU. de Norteamérica. Los restantes ocupaban Canadá y, en menor grado, Alaska y Groenlandia. Los mayores grupos encontrados en A. anglosajona incluyen a los algonquinos, los iroqueses, los muskhogeans, los caddoans, los sioux, los atapascanos y los haides y tlingits. Había además otros grupos culturales menores como los hopi, zuñi y los herenkawans. Estas tribus fueron reducidas en forma considerable tanto por el efecto de las guerras como de las epidemias. En A. del Norte se cuentan hoy aproximadamente 700.000 indígenas, algunos concentrados en reducciones, especialmente en el SO.a) La penetración europea. Los primeros blancos que exploraron A. fueron españoles. Durante los s. xvi y xvii progresaron efectivamente hacia el norte de México desde A. Central y desde las Antillas. $n lo que hoy constituyen los territorios de los EE. UU. y Canadá, la penetración europea se realizó a partir del s. xvi por colonos franceses e ingleses que progresaron lentamente desde el Atlántico hacia el interior del continente como un frente de colonización lineal en que la estrategia de la ocupación consistía en la eliminación de las tribus indígenas y la ocupación de la tierra de la manera más continua posible (V. DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS, 5).En Canadá, los viajes de exploración de Jacques Cartier, realizados entre 1535 y 1542 por orden de la corona francesa, dieron como resultado, medio siglo más tarde, la fundación de Québec por S. de Champlain (1608). Las instalaciones coloniales francesas se expandieron hacia las regiones limítrofes del río San Lorenzo hasta 1763. En esa fecha Francia fue vencida militarmente por Inglaterra y el tratado de Paz de París traspasó la administración de Canadá a la corona británica. Existían entonces, finales del s. XVIII, 75.000 franceses. La llegada de una importante población de origen británico y de religión protestante planteaba, ya entonces, el problema de la coexistencia de dos comunidades de lengua y religión diferentes, problema que perdura hasta la actualidad. Pero, Inglaterra había empezado mucho antes la ocupación de Norteamérica. A partir de 1554, el Gobierno británico había lanzado hacia A. del Norte los agentes de compañías que poseían cartas de privilegio y que habían sido fundadas para comerciar con tierras nuevas e incluso para colonizarlas. La fundación de la colonia inglesa de Virginia en 1884 puede indicarse como el comienzo efectivo de la penetración británica en lo que serían más tarde los EE. UU. de Norteamérica. En 1776, las 13 colonias fundadas hasta entonces constituyeron los 13 Estados de la Federación. Los europeos que llegaban a A. del Norte eran verdaderos colonos que venían a instalarse en estas tierras nuevas con sus familias. Por esta razón el mestizaje no resultaba posible, en especial entre los anglosajones. Entre los franceses de Canadá hubo algo de mestizaje, pero no lo suficientemente importante como para cambiar las características étnicas de la población.b) La importancia de la inmigración. El verdadero desarrollo demográfico y económico de A. anglosajona comienza en el s. xix. Como consecuencia de las crisis nacionales europeas, de las dificultades de adaptación a la revolución industrial, se produce una poderosa emigración hacia A: que acentúa y modifica sin cesar el cosmopolitismo de la población norteamericana y en especial la de los EE. UU. Se. pueden distinguir en éstos dos grandes oleadas de inmigrantes situadas entre las décadas de 1881-90 y 1903-14. Una tercera oleada, menos importante y consecutiva a la guerra de 1914-18, se produjo entre 1920 y 1924. Hasta 1790 los inmigrantes provenían exclusivamente de las Islas Británicas. Luego, desde 1840, ella es a la vez británica, alemana y escandinava. Por último, después de 1890, el aporte inmigratorio es latino (italiano) y eslavo (balcánicos, rusos y polacos). En Canadá, incluso después de 1890, el elemento británico predomina ampliamente a pesar del constante crecimiento de inmigrantes venidos de Alemania y Rusia, e incluso desde China. Junto a esta población de raíz netamente americana y de inmigrantes europeos hay que situar, especialmente en los EE. UU. de Norteamérica, la población de "color" constituida por indios, amarillos y negros. La presencia de estos últimos, que comienzan a llegar en1619, y los problemas provocados por la esclavitud , conducen a una terrible crisis que desemboca en la guerra de Secesión (v.) y la abolición de la esclavitud en 1863. En Canadá la población "de color" no es numerosa: 204.796 indios (1963), pocos asiáticos y no hay negros. En 1961, los negros, asiáticos, indígenas y esquimales representaban el 2% de la población contra 44% de origen británico, 30% de origen francés y 23% de origen europeo. Por esta razón, el 67% de la población habla inglés solamente, el 19% habla francés y el 12% restan-te. es bilingüe. La tendencia inmigratoria se mantuvo en los EE. UU. hasta 1930, fecha en que se redujo la inmigración a una cuota anual de 100.000 personas. Esta cifra disminuyó a veces a 40.000. El Acta de Inmigración de 1952 fijó la cuota de asiáticos en 2.990, la de africanos en 1.400 y en 150.000 la de los europeos.
c) La evolución de la población. El desarrollo de la población en A. anglosajona llama la atención por la rapidez de su crecimiento. En los EE. UU. pasa de 4 millones (1790) a 50 millones (1880), y de 105 millones (1920) a 191.334.000 (1964). Contribuyen a este espectacular crecimiento la influencia de la inmigración, que acabamos de examinar, y la fuerte tasa de natalidad (22°/oo). En Canadá el crecimiento es también regular pero menos espectacular que en los EE. UU. En 1859 la población canadiense ascendía a 3 millones de hab.; 100 años más tarde (1966) llega a 19.919.000. Su desarrollo se debe fundamentalmente a la fuerte natalidad (35°/oo) y una mortalidad más baja (7,60/oo; 1964). La esperanza de vida alcanza a los 68 años para los varones y a 74 años para las mujeres. La población canadiense crece aproximadamente en 400.000 personas por año. La inmigración, muy importante en otra época, representaba todavía, entre 1950 y 1956, el 30% del crecimiento bruto. En la actualidad se encuentra equilibrada por la emigración a los EE. UU.d) La repartición. En la enorme superficie que abarca el Canadá (9.976.137 Km2) su población (20.014.880 hab.; 1966) representa una densidad media muy débil (2 hab. por Km2). Sin embargo, este guarismo general esconde muchas variables porque existen regiones ocupadas de manera desigual. En general se pueden distinguir en Canadá tres regiones principales de poblamiento. El sur y el oeste de la Pradera, la región de Vancouver y, por último, la región de San Lorenzo y los Grandes Lagos que reúne cerca de 13 millones de hab. Allí se encuentran la mayor parte de las grandes ciudades entre las cuales dos aglomeraciones millonarias: el gran puerto interior de Montreal (2.436.817 hab.; 1966) y la metrópoli comercial de Toronto (2.158.496 hab.; 1966). Fuera de estas tres zonas, la ocupación es muy modesta y desigual. La población canadiense muestra una clara tendencia a concentrarse en las ciudades. La proporción, en 1965, era de 73% urbana contra 27% rural. Fuera de las grandes aglomeraciones ya mencionadas habría que agregar a Vancouver (892.286 hab.; 1966), el puerto más importante del Pacífico; Winnipeg (508.759 hab.; 1966), centro industrial financiero de las provincias de la Pradera; Hamilton (449.116 hab.; 1966); Edmonton (401.299 hab.; 1966) y Halifax (198.193 hab.; 1966), la mayor área metropolitana en la región atlántica y puerto de invierno del Canadá oriental.En los EE. UU. la población se encuentra igualmente mal repartida. La densidad media es de 21 hab/Km2 (1964), pero las variaciones de un punto a otro son considerables.l De 286 hab/Km2 en Rhode Island a 0,2 hab/Kmz en Alaska, sin considerar el Distrito de Columbia, donde la densidad llega a 4.649 hab/Km2. Esta situación (1967) no es estable, porque el poblamiento norteamericano se desplaza al O como en la época de la conquista de las llanuras centrales (s. xix) o en la de la ocupación de las costas del Pacífico después de la II Guerra mundial. En efecto, entre 1950 y 1960, la región oeste crece a un ritmo mucho más acelerado que el resto del país. Su tasa de crecimiento de 39% dobla la del sur y triplica la del nordeste. En 1964, California (18.918.000 hab.) sobrepasó a Nueva York en más de un millón de habitantes como el más poblado de los Estados de EE. UU. A pesar de esto, el litoral del NE conserva todavía su predominio regional. Como en Canadá, la población de los EE. UU. es fundamentalmente urbana. El 69,9% de la población vive en ciudades. En algunos Estados este porcentaje sube a 86% (California), e incluso a 89% (Nueva jersey). El desarrollo de las grandes ciudades se realiza con un ritmo acelerado que llega a comprometer amplias zonas adyacentes. Se constituyen así grandes aglomeraciones, de las cuales 28 exceden el millón de habitantes. El ejemplo más impresionante lo constituye la ciudad de Nueva York, que tiene 7.943.000 hab. (1965) y es el centro de la más gigantesca conurbación del mundo (11.366.000 hab.; 1965) comparable sólo con Tokio (10.869.244 hab.; 1965) y Shangai (10.000.000 hab.; 1961).e) Los problemas. Gracias a la homogeneidad cle su composición racial, Canadá no conoce el problema de las minorías de color que tanto aflige a los EE. UU. Sin embargo, y como un hecho tradicional, las comunidades francesas e inglesas constituyen núcleos que se oponen tanto por razones de idioma como de religión. En los EE. UU. los problemas de la población son más complejos, tanto desde el punto de vista racial, como lingüístico y religioso. Racial, porque si bien los blancos forman la mayoría, hay una minoría de raza negra que excede los 20 millones de habitantes. Lingüístico, porque la diversidad de la inmigración ha dado comunidades de idioma que forman bloques, como los irlandeses, alemanes e italianos, o chinos, que constituyen a veces núcleos homogéneos dentro de los conjuntos urbanos; p. ej., Nueva York ¿no presenta la mayor ciudad irlandesa, la más grande judía y una de las más grandes islas italianas del mundo? Religioso, porque si bien existe una pluralidad de religiones, dos grupos dominan: protestante (65 millones) y católicos (45 millones).2. América latina. La estimación del número de habitantes que poblaban A. Central y del Sur en la época precolombina permanece imprecisa. Los cálculos más verosímiles hacen oscilar dicha cifra entre 6 y 8 millones de individuos. La información con respecto a su distribución es más exacta. Los indígenas que poblaban A. latina antes de la llegada de los españoles eran bastante numerosos en A. Central, costas del mar del Caribe y Brasil a lo largo del valle del Amazonas. Por el contrario, la meseta central brasileña, la región pampeana y la Patagonia se encontraban casi desiertas. En esta repartición se destacan dos grandes civilizaciones precolombinas: el vasto Imperio inca (v.), el más avanzado de la humanidad ubicada en el Hemisferio Austral, localizada en lo que más tarde constituyeron Perú y Bolivia, y el Imperio azteca (v.), en México central. Otros grupos indígenas de más avanzada civilización eran los chibchas (v.), ubicados en las altas tierras de Colombia, y los mayas (v.), localizados en la península de Yucatán, aunque originalmente se encontraban establecidos hacia el O, sobre la vertiente atlántica (Guatemala). La civilización maya ha interesado profundamente a numerosos historiadores por el carácter notable de su desarrollo, caso único para un pueblo situado en un clima cálido y húmedo. Todas las grandes civilizaciones de la Antigüedad parecen haberse desarrollado en las zonas áridas o en sus bordes. Fuera de estas civilizaciones, la mayoría de los pueblos amerindios se encontraban en un estado de avance cultural muy primario, hecho que facilitó el avance de la conquista española.a) El estilo de la colonización española. Mientras que en A. anglosajona los pueblos primitivos fueron reducidos a simples vestigios, en A. latina ellos constituyen la base de la población actual, sea al estado de raza pura o al estado de mestizos. Esta diferencia entre A. anglosajona y A. latina se explica por la desigualdad que existe entre ambos sistemas de colonización. Uno, el anglosajón, barrió sistemáticamente con las poblaciones indígenas y reconstruyó tras ellas sobre nuevas bases la organización de los hombres y el sistema social. El otro, el español, se basó en la mano de obra indígena, en el mestizaje, y en la existencia de cuadros administrativos que mantenían una economía estricta. La eficacia del sistema de colonización español permitió que la ocupación del espacio latinoamericano se realizara a una extraordinaria velocidad, a pesar de la existencia de Estados indígenas organizados, de ciudades construidas y de un relieve sumamente huraño. Hacia 1550 el continente meridional había sido recorrido totalmente y A. del Sur era, después de Europa, el primer continente del cual se tenía una noción completa.b) La mezcla de razas en América latina. La población latinoamericana es, a la vez, menos densa y más heterogénea que la de A. anglosajona. De igual modo, la variedad regional es mayor. Estos rasgos provienen de las características del sistema colonizador de españoles y portugueses que no produjo un exterminio de los indígenas. Los conquistadores de A. latina fueron, en su mayoría, militares y religiosos, es decir, esencialmente efectivos masculinos. La insuficiencia de mujeres blancas, que se mantuvo hasta finales del s. xvi, determinó el desarrollo de un completo mestizaje en base al concubinato con mujeres indígenas, sistema que permaneció como regla durante mucho tiempo. Esto explica que a finales del s. xviii existiesen en numerosas regiones de A. latina diez veces más individuos libres, de color, mestizos o mulatos, que blancos. La introducción de negros fue también fruto de la colonización. Desde 1501 se introdujeron negros de África en los grandes mercados de las Antillas destinados a las plantaciones y a las minas. El tráfico se mantuvo hasta el s. xix. En A. Central la inmigración máxima tuvo lugar en las plantaciones de plátanos de Honduras y especialmente en las plantaciones atlánticas de Guatemala. En las Antillas los esclavos negros fueron relativamente poco numerosos en las islas españolas y muy numerosos en las islas inglesas y francesas. Haití tiene, p. ej., 60% de población negra (1966). En general las islas secas, cuyas condiciones no son favorables para la caña de azúcar, recibieron pocos esclavos negros. En A. del Sur se encuentran en las Guayanas y regiones costeras de Venezuela, Colombia y nordeste de Brasil. La suma de estos factores produjo en A. latina un mosaico étnico, en el cual es sumamente difícil medir hoy la importancia real de cada grupo, por cuanto la pertenencia a uno u otro proviene más del nivel social que de los caracteres antropológicos del individuo. Los negros permanecen en aquellas zonas en que los africanos fueron llevados como esclavos. El grupo indígena o amerindio persiste en todas aquellas regiones en que había centros de ocupación aborigen, como es el caso de los Estados andinos de Bolivia, Perú y Ecuador (54%, 49% y 39% respectivamente; 1966), Honduras (20%), Guatemala (43%) y la alta meseta mexicana (30%). Los mestizos representan en México el 55% de la población y predominan también en Salvador, Panamá, Venezuela, Paraguay y Chile. En cuanto al grupo blanco, sirve a menudo para definir el nivel social más favorecido a pesar de un mestizaje aparente. En A. del Sur se encuentra en Argentina y Uruguay un alto porcentaje. Ambas repúblicas recibieron importantes aportes de inmigrantes europeos en el siglo pasado. En A. Central, Costa Rica tiene un 47% de población blanca y Cuba un 75%. Por último, Brasil representa una compleja’ mezcla. En el nordeste hay 51,6% de blancos, 19,4% de negros y 28,7% de mestizos de todos tipos.c) La inmigración. Después del flujo de hombres llegados a A. Central durante la época colonial, la inmigración europea fue muy moderada. Hacia 1900 llegaron a México 20.000 italianos, de los cuales sólo quedaron en el país 5.000. La inmigración de gente de color tampoco fue espectacular. Cuando se suprimió la esclavitud en las Antillas (1883 en las colonias francesas, 1848 en las inglesas) el déficit de brazos producido por esta medida fue reemplazado por la mano de obra asiática (hindúes, chinos y malayos). Durante el periodo colonial en A. del Sur los inmigrantes se habían dirigido especialmente a la parte tropical en busca de tierras aptas para las plantaciones y sectores ricos en metales preciosos. El flujo europeo que siguió a este periodo se fijó especialmente en la parte sur, y particularmente en el sudeste del continente, donde las condiciones climáticas de tipo templado eran más acogedoras. Así, a fines del s. xix y hasta la I Guerra mundial, la inmigración contribuyó a la ocupación de tierras hasta entonces despreciadas y se constituyeron en un importante factor de crecimiento. La llegada de inmigrantes benefició en especial al Uruguay, Argentina y Brasil meridional. En Argentina la población de 400.000 hab. con que se contaba a principios del s. xix fue incrementada en 6 millones de personas entre 1860 y 1930 por inmigrantes llegados especialmente desde España e Italia. Uruguay, de dimensiones más modestas, recibió 500.000 inmigrantes entre la segunda mitad del s. xix y principios del xx. En Brasil, la cifra de europeos (portugueses, españoles e italianos) alcanza a 4 millones. Entre 1916-30, grupos de alemanes se fijaron en el sur del Brasil (Santa Catarina), Argentina y Chile y algunas repúblicas andinas. El movimiento inmigratorio europeo injertó en estas naciones sangre nueva, una población dinámica y emprendedora, y transformaciones regionales que fueron provocadas por la incorporación de técnicas agrícolas y por las modificaciones introducidas en el sistema de trabajo indígena.d) La situación actual de la población. La población de A. latina es fundamentalmente joven. Se compone en un 40% de individuos menores de 15 años a excepción de Argentina (29,9%) y Uruguay (28,3%; 1965). Este hecho proviene en particular de la alta tasa de natalidad y del descenso de las tasas de mortalidad. En efecto, las tasas de natalidad en A. latina figuran entre las más altas del mundo. En el periodo 1960-65 alcanzaban a 46-48% en Venezuela, 44-45 en México, 41-43 en Brasil, 34-35 en Chile, 35-40 en las Antillas, 24-25 en Uruguay y 23-24 en Argentina. El descenso de las tasas de mortalidad se puede observar a través del ejemplo de México: en 1932, 26,1%; 12,5 en 1958; 9,5 en 1965. Iguales características pueden observarse en otros países que presentan en el periodo 1960-65 tasas de natalidad variables: Bolivia, 20-22°,6o; Brasil, Colombia, México y Venezuela, 10-14. Argentina y Uruguay, 8-9. El descenso de las tasas de mortalidad corresponde a un mejoramiento en las condiciones sanitarias, DDT y eliminación del paludismo; p. ej., al mejoramiento de la alimentación, al desarrollo de las leyes sociales de carácter preventivo y curativas. A pesar de todo, la esperanza de vida en A. latina es en general baja y variable entre 71 años en Uruguay y 44 años en Bolivia. En promedio, sólo un 3,6% de los individuos tienen en Latinoamérica edades superiores a 66 años (1965).e) La repartición de la población. A. latina representa en 1965 cerca de 240 millones de hab.; vale decir que casi equivalente a la población soviética (235 millones en 1967). De esta considerable masa de habitantes, A. Central reúne 70 millones, con una densidad media de 26 hab/Km2 y A. del Sur lo restante, con una densidad media de 9,4 hab/Km2. Estas cifras globales tienen, sin embargo, poco significado geográfico, porque encierran grandes contrastes. En A. Central, p. ej., Barbados tiene una densidad de 572 hab/Km2, mientras que en Honduras Británica se eleva apenas a 4,6 hab/Km2. Entre ambos extremos, la densidad de habitantes por kilómetro cuadrado en las Antillas es 9,5, y en México de 21,6. En el amplio abanico de densidades es posible retener tres rasgos fundamentales de la población: en primer lugar, las islas tienen, proporcionalmente, una población mayor que el continente (Haití, 164 hab/Km2; Martinica, 291). En segundo lugar, dentro de las islas, las tierras bajas se encuentran más pobladas que las áreas montañosas. Por último, y al contrario de lo que sucede en el área insular, las tierras altas situadas en torno a México, Guatemala y Salvador, son las más pobladas del continente. En A. del Sur la población es fundamentalmente periférica. El interior del continente, al menos en su parte tropical, tiene una densidad inferior a 1 hab/Kmz. La zona próxima al borde continental tiene, en cambio, una densidad superior a 5 hab/Kmz. Esta población periférica presenta una clara disimetría entre el sector oriental y occidental de A. del Sur. En efecto, del lado atlántico la población se sitúa de preferencia en la zona costera.Entre Buenos Aires y Fortaleza (Brasil) la población se concentra en densos núcleos de población separados por zonas menos pobladas. En el sector del Pacífico, la población se establece en la montaña. Los núcleos de ocupación más intensos se encuentran ubicados en altas cuencas andinas desde Colombia hasta el Altiplano Boliviano. En ambos extremos de esta población andina se destacan dos áreas de menor importancia: Venezuela al N, cuya población se ordena preferentemente en la ciudad de Caracas; y Chile al S, cuya población se distribuye en la depresión central que se extiende entre Santiago y Concepción. La explicación de esta distribución de la población en A. del Sur reside en gran parte en el papel que le corresponde al clima y a la vegetación. En el campo físico las cuatro quintas partes de A. latina tienen una temperatura anual superior a 20° y es, con África, el continente más cálido del Globo. Las tres cuartas partes de estas tierras reciben más de un metro de agua anual, lo que permite, junto a las altas temperaturas, el desarrollo de la selva amazónica. El calor, la humedad agobiante y la presencia de la selva densa y monótona hacen repulsiva las tierras bajas. La influencia del mar y el correctivo climático que representa la altura hacen de la costa y la montaña los lugares más habitables. A estas condiciones físicas habría que agregar otras de orden histórico y económico que actúan con intensidad variables para explicar los matices locales de la población.f) La tendencia del agrupamiento urbano. El movimiento de urbanización tiende a acelerarse en todo el continente. Los habitantes de las ciudades representan la mitad de la población total de A. latina. En sus matices locales ella alcanza un máximo valor en Argentina (72%) y su menor expresión en Haití (16%). El agrupamiento de la población en núcleos urbanos es un proceso continuo y progresivo que afecta a todos los países, pero que no adquieren en todos ellos la misma extensión. En México, la población urbana pasa de 33,5% en 1930 a 48,9 en 1950. En Brasil, de 31,2 en 1940, a 36,5 en 1950. En Argentina, de 52,7 en 1914 a 62,5 en 1947 y a 72 en 1965. En este proceso de urbanización la vitalidad del crecimiento es particularmente notable en las capitales. Buenos Aires, que sólo alcanzaba 1.500.000 en 1920, llega en 1960 a 6.739.045 hab., habiendo aglutinado a una serie de unidades urbanas vecinas. Igual observación podría hacerse. de Río de Janeiro, Santiago y Lima o de Caracas y Ciudad de México. La macrocefalia de las capitales latinoamericanas es un hecho general que se nutre de su propio desarrollo demográfico y de los emigrantes rurales. Estas ciudades carecen, en la mayoría de los casos, de una red urbana de pequeñas ciudades de apoyo, hecho que constituye uno de los elementos más notables en el desequilibrio regional de A. latina.R. SANTANA AGUILAR.
BIBL.: Obras generales: 0. SCHMIEDER, Geografía de América, América del Norte, América Central, América del Sur, México 1946; M. JENSEN, Regionalism in America, Madison 1951; J. L. TAMAYo, Geografía de América, México 1952; Geografía Universal Larousse, III, Barcelona 1962; OEA, América en cifras: Situación física, territorio y clima; situación demográfica, estado
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