América I HIST.
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Historia
A. CULTURAS PREHISPÁNICAS 1. Introducción. 2. El Paleolítico inferior. 3. El Paleolítico superior. 4. Mesolítico y Protoneolítico. 5. El Neolítico. 6. El periodo arcaico. 7. El periodo clásico. 8. El renacimiento local. 9. El militarismo y los grandes imperios.1. Introducción. La historia cultural de la A. anterior a la llegada de los europeos es un largo proceso que abarca desde el 40 000 a. C. hasta el 1492 de nuestra Era. En ese proceso, si por una parte hay que tener en cuenta los aportes recibidos, tanto racial y lingüística como culturalmente, de otros continentes, por otra hay que analizar básicamente los movimientos evolutivos de carácter interno y las interacciones nacidas del contacto cultural entre las sociedades indígenas en el mismo continente americano. El esquema histórico-cultural del mundo indígena prehispánico que presentamos seguidamente ha sido subdividido en las ocho fases, momentos o periodos que enunciamos:1. Paleolítico inferior: 40000 a 15000 a. C.; 2. Paleolítico superior:15000 a 7000 a. C.; 3. Mesolítico y Protoneolítico: 7000 a 3000 a. C.; 4. Neolítico: 3000 a 1500 a. C.;5. Arcaico: 1500 a. C. a 100 d. C.; 6. Clásico: 100 a 700/1000; 7. Renacimiento local: 1000 a 1200; 8. El militarismo y los grandes imperios: 1200 a 1500.
2. El Paleolítico inferior. Las industrias de lascas y nódulos de este periodo representan un desarrollo tecnológico y una configuración cultural equiparable a la del Paleolítico inferior del Viejo Mundo. Los instrumentos fabricados por estos primeros amerindios fueron realizados todos ellos mediante la técnica de percusión solamente y consistieron en núcleos o instrumentos nodulares y lascas, sin que llegasen nunca a la fabricación de objetos tan delicados como las puntas de flecha y cuchillos de trabajo bifacial, que caracterizan la cultura de los cazadores superiores. Los pebble tools son también relativamente frecuentes, e igualmente aparecen con cierta frecuencia instrumentos de hueso en forma de perforadores, etc. Es indudable que junto a esta industria lítica y ósea debieron utilizar con abundancia instrumentos de madera que, por razones obvias, no han llegado hasta nosotros. Por consiguiente, a este tipo de cultura "se puede denominar en forma abreviada cultura de guijarros y hueso (pebble cultures)".Si tenemos en cuenta que las fechas más antiguas para el hombre en A. se sitúan actualmente en torno a los 40000 años a. C. -Lewisville, más de 38000, y American Falls, posiblemente 43000- resulta que las culturas que les son contemporáneas en el muy lejano occidente europeo, son las que se sitúan hacia las últimas supervivencias del Musteriense y al comienzo del Perigordiense, es decir, al final del Paleolítico inferior, con lo que la conexión entre el Paleolítico americano y él del Viejo Mundo, especialmente del occidente europeo, que hace muy pocos años parecía imposible por su desfasamiento cronológico, resulta ahora, en cierta medida, fácil y lógica. No resulta, por consiguiente, aventurado ni impropio, considerar el Clactoniense occidental como el remoto origen de las formas industriales del Paleolítico inferior americano.Sin embargo, el entronque inmediato de las culturas de lascas y nódulos americanos con las del Viejo Mundo hay que buscarlo, según señala Bosch, en un conjunto de industrias de la zona meridional y oriental de Asia, que se caracterizan por el uso de lascas y choppers o partidores, o sea, guijarros o lascas trabajados por un solo lado, y también por el uso de los chopping-tools, instrumentos que, en cambio, tienen ambas caras con filo o cortantes. Tales industrias son conocidas con los nombres de Soaniense, Anyathiense, Tampaniense, Patjitaniense, Chukutiense y Gongenyama.La raíz antropológica y posiblemente también lingüística de las formas más antiguas de América, hay que buscarla igualmente en el -este asiático. En efecto, se ha observado en varios de los restos óseos de la cueva superior de Chukutien una marcada tendencia evolutiva hacia tipos europoides, mogoloides y australoides con rasgos melanesoides. Ello quiere decir que hay que ver, en esas regiones del este y sudeste de Asia el área óriginaria de todas esas formas raciales, las cuales se expanden, por una parte, por Melanesia, Australia y Tasmania, mientras por otra, unidas probablemente a grupos mogoloides o premogoloides, emigran hacia el nordeste de Asia para penetrar en el continente americano por Behring. Laguidos y fueguidos serían los representantes amerindios de esos tipos raciales, lo que vendría a reforzar la tesis de Imbelloni sobre este punto.En opinión de Bosch-Gimpera, tales grupos humanos, portando una cultura de recolectores-pescadores-cazadores inferiores y una industria de lascas y nódulos, emigrarían hacia el nordeste asiático; penetrarían probablemente en A. por las Aleutianas o por el estrecho de Behring, entonces desecado como consecuencia del descenso del nivel marino; seguirían luego el camino de la costa del Pacífico notablemente ampliado en aquel momento, ya que la masa glaciar se extendería desde el Atlántico hasta las montañas Rocosas; y entrarían finalmente hacia el interior sea por el Bajo Columbia, sea por el Snake, hasta la Gran Cuenca. Los yacimientos más antiguos con este tipo de industria son cada día más abundantes. Cabe mencionar entre los más importantes de los Estados Unidos los de Lewisville (Texas) de ca. 38000 a. C.; Texas Street (California), 33000 a. C.; American Falls (Idaho), 43000 a. C.; Tule Springs (Nevada), 21800 a. C., etc. Esta corriente de recolectores-pescadores-cazadores inferiores debió penetrar en territorio mexicano -Lago Chapala, Foco Diablo en Tamaulipas, etc y a través del corredor centroamericano -Cerro Mangote- debió llegar a Sudamérica, donde se han encontrado numerosos yacimientos con este tipo de industria: Manzanillo y Muaco, en Venezuela; Garzón, en Colombia; El Inga, en Ecuador; Lauricocha, en Perú. Pero es sobre todo en el extremo meridional, donde se puede mencionar un mayor número de industrias de este tipo -la mayor parte estudiadas por Menghin-, entre las que cabe señalar el Catalanense, el Tandiliense, el Riogalleguense, el Oliviense, etcétera.La industria de lascas y nódulos que, en gran parte, será sustituida por la de los cazadores superiores del Paleolítico superior, perdurará, sin embargo, en el occidente de los Estados Unidos, constituyendo una tradición muy duradera. En efecto, esta cultura resurgirá tras la extinción de la gran fauna pleistocénica, y dará paso "poco a poco a una agricultura incipiente en que sobreviven los tipos de lascas y nódulos, apareciendo además piedras para moler y triturar (manos)". Este resurgimiento de la cultura de lascas y nódulos se manifiesta sobre todo en el sudoeste de los Estados Unidos, con la llamada cultura Cochise (6200 a 1000 a. C.).3. El Paleolítico superior. Entre los a. 15000 y 14000 a. C., es decir, durante la "retirada de New Haven", debió abrirse un pasillo relativamente amplio entre la masa de hielo de las montañas Rocosas y el núcleo principal de Keewatin y Labrador. En ese momento es cuando posiblemente puede hablarse del comienzo del Paleolítico superior americano. Una nueva oleada de pueblos, que habían desarrollado las técnicas líticas hasta obtener instrumentos mucho más perfectos que los anteriores, con lo que aumentaron su capacidad como cazadores, hizo irrupción en las grandes llanuras norteamericanas. La técnica de percusión, característica de la fase anterior, continúa en ésta, pero mucho más perfeccionada, llegando a poderse realizar, mediante ella, unos finos y delicados instrumentos aplanados que se conocen con los nombres de puntas de proyectil y navajas o cuchillos. Pero, no obstante, la más estilizada fue la técnica de presión, sobre todo para la construcción de las puntas Folsom. Estas puntas de proyectil tenían generalmente forma lanceolada o de hoja, aunque también fueron conocidas las pedunculadas.La relación de estas culturas con el Solutrense europeo parece muy clara. La característica muesca lateral de las puntas Sandía aparece ya en el Gravetiense occidental, se prolonga hacia el E (tipo Swideriense de Polonia) e influye en el Mesolítico de la región del lago Baikal. Es posible que estos tipos u otros semejantes, especialmente los que presentan acanaladuras, hayan penetrado en América, siguiendo en este caso la ruta siberiana y llegando al estrecho de Behring por la amplia llanura de la costa ártica. Penetrarían entonces en el Nuevo Continente por la cuenca del Yukón, y después por el Mackenzie hasta llegar a las grandes llanuras.El nuevo avance glaciar que se produce a continuación =Cari I-, ca. el 14000 a. C., obligaría a los grupos de cazadores a emigrar hacia el S, ya en territorio estadounidense. Posiblemente en esa época los tipos instrumentales importados de Siberia alcanzan las formas características de la industria Clovis. La población de cazadores, ya americanos, se escinde en dos corrientes, dirigiéndose una de ellas hacia el S, mientras la otra marcha hacia el nordeste de los Estados Unidos. Con la retirada de Two Creeks ca. el 10000 a. C., el mamut se extingue en las llanuras, por lo que los cazadores, constreñidos fundamentalmente a la caza del bisonte, cambian también de instrumental, extendiéndose notablemente entonces la industria Folsom. Los cazadores del NE seguirán durante algún tiempo a las manadas de mamuts siempre hacia el N, conforme la masa de hielos se va progresivamente retirando más y más. La extinción de la fauna pleistocénica provocará la evolución de la cultura Clovis hacia las formas del Arcaico del este americano, conservando no obstante las puntas de proyectil de tipo Clovis durante varios milenios, aun tratándose básicamente de una cultura basada en la recolección.Industrias Clovis y Folsom. El conocimiento que poseemos actualmente acerca del Paleolítico superior, especialmente norteamericano, permite hablar de grandes subfases o culturas, temporales o regionales. La que parece más antigua de todas ellas es la industria Sandía. Se caracteriza por una típica punta de flecha con escotadura lateral y retoque poco fino, a veces con los lados paralelos, base recta o cóncava y sección romboidal, que aparece junto con raspadores, lascas, etc., y restos faunísticos antiguos. El complejo Clovis, que debemos considerar ligeramente posterior a la industria Sandía, está caracterizado por una punta de forma general lanceolada, base cóncava y acanaladura que generalmente no llega más allá de la mitad de la pieza. Esta industria debió desarrollarse en torno a los 9000 ó 10000 años a. C. La industria Clovis cubre gran parte del territorio norteamericano y penetra hacia el S por México y Centroamérica, hasta regiones muy meridionales. El complejo o industria Folsom representa la continuación o evolución de la industria Clovis. Las puntas Folsom son, al igual que las de tipo Clovis, acanaladas, pero su acanaladura es doble -por ambos lados- y cubre la casi totalidad de la pieza. Por otra parte estas puntas son más bien cortas y anchas y tienen la base cóncava. La aparición de esta industria viene a ser contemporánea de la gran deglaciación que se inicia hacia el 8500 a. C. Durante este periodo debió ocurrir la extinción definitiva de los elefantes, por lo que los grandes cazadores de las llanuras se convierten, principalmente, en cazadores de bisontes. Esta cultura, al igual que la Clovis, debió extenderse por casi todo el territorio norteamericano, llegando por el N hasta el Canadá y prolongándose por México y Centroamérica hacia el S.En parte por las mismas épocas, y en parte posteriormente a los complejos Clovis y Folsom, se señalan una serie de industrias de extensión variable, cuya cronología y relaciones no están muy claras y que reciben nombres específicos muy diferentes. Tales son las industrias Plainview, Middland, Milnesand, Angostura, Scottsbluff, Coddy, etc. Es probablemente entonces cuando aparece, en la Gran Cuenca y en el este de California, la cultura Cochise, en la que existen elementos de la antigua cultura de lascas y nódulos, y otros propios de los cazadores superiores. La penetración hacia el S de las bandas de cazadores superiores sigue una línea similar a la de los recolectores-cazadores del Paleolítico inferior. Los restos de industrias de este tipo son muy abundantes. Señalemos el horizonte Nogales-El Riego en Tamaulipas, Tepexpan, Santa Isabel Iztapan, etc., en el valle de México, con restos humanos y de elefantes antiguos. Ya en Sudamérica cabe destacar el complejo de El Jobo, en Venezuela; los yacimientos de El Inga y Alañgasí, en Ecuador; Lauricocha e Ichuña, en el Perú; Viscachani, en Bolivia; y, por último, en la Argentina, una multitud de industrias de este género como el Ayampitinense, Ongamirense, Solanense, Toldense, Casapedrense, etc.4. Mesolítico y Protoneolítico. La concepción que se tenía hasta hace relativamente poco tiempo, acerca de la aparición y desarrollo de la revolución neolítica en el mundo y consiguientemente también en América, ha variado sustancialmente en los últimos años. Se creía que ciertos fenómenos, los más definidores, como la agricultura y la cerámica, habían aparecido a la vez con una escasa diferencia de años, y, por otra parte, carecía de matices y etapas intermedias el paso de la vida nómada del cazador a la sedentaria del agricultor. El desarrollo del estudio de las plantas cultivadas y la mayor precisión de las técnicas arqueológicas ha permitido perfeccionar el estudio de este periodo. En estas transformaciones culturales tienen una influencia muy significativa, y a veces decisiva, los cambios climáticos operados como consecuencia del final de las glaciaciones en América. Mal conocida la historia climática en todos sus detalles, sabemos, sin embargo, sus líneas generales y la influencia que estos cambios tuvieron en la desaparición de determinadas especies o razas animales y en los cambios operados en la vegetación americana. De una manera insensible se pasa, durante estos milenios, de la simple recolección de plantas útiles para la alimentación, a la plantación o semicultivo estacional de determinadas gramíneas y a una horticultura incipiente que iba a ser, en el futuro, la base y sustentación alimenticia de todas las culturas y civilizaciones posteriores. Como consecuencia de los cambios climáticos y ecológicos, los grupos humanos se hacen primero eventualmente sedentarios, para llegar a serlo definitivamente con el paulatino desarrollo de la producción agrícola, o como consecuencia de la dedicación en determinado lugar a la pesca o a la recolección de moluscos. El nacimiento de las aldeas, de la cerámica y de las primeras formas arquitectónicas marca definitivamente el comienzo del Neolítico americano.La neolitización de A. puede dividirse en dos fases netamente distintas. La primera abarca, por una parte, el periodo de la derivación final de las formas líticas del Paleolítico superior, hacia un creciente microlitismo que si por un lado es resultado del paso de bandas humanas procedentes de Asia y que entraron por el estrecho de Behring, por otro debe ser consecuencia de la evolución del instrumental lítico específicamente americano. Por otra parte, esta fase incluye también el paso de un estadio cultural primitivo en el cual la base económica es la recolección y la caza, a otro en el que ya se da una cierta agricultura estable -plantación de gramíneas-, que alterna con los periodos de caza. La segunda fase de este proceso es lo que llamamos Neolítico propiamente dicho.A la primera de estas fases se le llama Mesolítico y Protoneolítico. En. ella hay que mencionar los grandes grupos culturales, conocidos como Mesolítico ártico, el Arcaico norteamericano y la cultura del Desierto; existen yacimientos que cubren principalmente el área mesoamericana y algunas otras regiones de Sudamérica.Mesolítico ártico. En la región ártica del continente americano, a partir de la retirada de los glaciares y durante el óptimum climático (entre los a. 6000 y 3000 a. C.), se pueden distinguir una serie de tradiciones, cuyas características las califican de mesolíticas, mesolitismo que, por otra parte, obedece también a la llegada de nuevos pueblos o influencias culturales procedentes del Mesolítico siberiano y remotamente del Mesolítico europeo. En la actualidad se señalan tres tradiciones principales: tradición de microhojas del NO; tradición microlítica ártica, e industria aleutiana de núcleos y hojas. Dentro de la primera de esas tradiciones hay que mencionar las fases Litúe Arm (5500-4000 a. C.), Gladstone (4000-2000) y Taye Lake (2000-1000). La tradición microlítica ártica, que representa con mayor pureza que la anterior un complejo cultural, aparece ca. el 4000 a. C. y perdura hasta el a. 1000 a. C. En este tiempo se produce un movimiento expansivo desde Alaska hacia Groenlandia. Dentro de esta tradición microlítica, la cultura Denbigh representa la forma más característica, con sus típicos buriles, raspadores, nódulos poliédricos, hojas de cuchillo y puntas de proyectil de hoja ancha triangular o en forma de sauce. Finalmente, la última de las tres tradiciones mencionadas, la industria aleutiana de núcleos y hojas, parece iniciarse ca. el 6000 a. C. o quizá antes, perdurando hasta el a. 1000 aproximadamente. Esta tendencia microlítica que caracteriza el Mesolítico ártico del Nuevo Continente, se extendió tanto en dirección a Groenlandia, dentro del mismo mundo ártico, como hacia el interior del continente.Arcaico norteamericano. El periodo que conocemos con el nombre de Arcaico en la prehistoria de los Estados Unidos, y que no hay que confundir con el Arcaico de Mesoamérica, es el resultado, por una parte, de la evolución de la cultura Clovis, cultura de cazadores superiores que presenciaron la extinción definitiva de la gran fauna del Cuaternario, y por otra, de la llegada de elementos extraamericanos, posiblemente asiáticos, con las mismas características que las ya dichas al tratar del Mesolítico ártico. Este periodo se caracteriza por una economía que descansa en la caza menor, la recolección de moluscos, la pesca en los lagos, ríos y costas marinas, la domesticación de algunas plantas como el girasol, etc. Entre las más importantes culturas del periodo arcaico debemos mencionar las de Lamoka y arcaico boreal (5000-2000 a. C.); Indian Knoll (3000 a. C.); Faulkner (hacia 3000 a. C.); cobre antiguo, etc.Cultura del Desierto. Cultura Cochise. La llamada cultura del Desierto representa una forma regional del Mesolítico americano caracterizada por la frecuente aparición de molinos de mano y de objetos de cestería junto a instrumentos de piedra tallada,. puntas de dardo, etc.; la caza y la recolección de gramíneas son la base de su economía. En cuanto a sus orígenes, mientras algunos autores estiman que tiene una estrecha relación con la tradición Antigua Cordillera, otros creen que esta cultura representa un resurgimiento en la región de la antigua cultura de lascas y nódulos del Paleolítico inferior, con el añadido de rasgos propios de los cazadores superiores. Entre los yacimientos más importantes hay que mencionar la Danger Cave, que proporciona una secuencia cronológica que va desde el 9500 hasta el 3000 a. C. La cultura más importante, sin embargo, dentro de esta tradición, es sin duda la cultura Cochise, cuya primera fase, o Sulphur Spring (ca. 6000 a. C.) está caracterizada principalmente por instrumentos de percusión y manos y metates muy simples. Las fases siguientes, Chiricahua (50002000 a. C.) y San Pedro (2000-0), son muestras típicas de la cultura del Desierto.En Mesoamérica. Todo este periodo va a cobrar particular importancia en Mesoamérica. En efecto, en ella el Mesolítico se hará relativamente más breve que en otros lugares, anticipándose lo que venimos llamando Protoneolítico, al iniciarse el cultivo agrícola mucho antes que en cualquier otro lugar. Entre los a. 8000 y 7000 a. C. el periodo de los grandes cazadores aún perdura -Tamaulipas y Tehuacán- con los periodos Lerma y Ajuereado. Parece ser que los habitantes de estas regiones constituían pequeños grupos familiares dedicados a la caza y a la recolección, y cambiaban sus campamentos probablemente con las estaciones. Durante la fase siguiente (7000 a 5000 a. C.) -periodos Infiernillo y El Riego-, aunque se continúa la recolección de plantas silvestres, ya hay un cierto cultivo de varios tipos de calabaza y chile. Los periodos Ocampo primitivo, Nogales y Coxcatlan (5000 a 3000 a. C.) corresponden al Protoneolítico propiamente dicho. Se ha calculado que en este periodo el 70 u 80% de los alimentos debía proceder de las plantas silvestres, del 12 al 15% de la caza y del 5 al 8% de las plantas cultivadas: lagenaria, amaranto, calabaza y chile sobre todo. En la región de Pueblo hay que añadir a esa lista el maíz, del que se ha descubierto en Tehuacán una pequeña mazorca. Este periodo está representado en el resto del continente por una serie de yacimientos más o menos aislados entre sí. Hay que mencionar Cerro Mangote (4850 a. C.) en Centroamérica, Puerto Hormiga (ca. 3000 a. C.) en Colombia, y Chilca (3750 a. C.) y Véntanilla en la costa peruana.5. El Neolítico. En el periodo que va del 3000 al 1500 a. C. aproximadamente, culmina el proceso de sedentarización ya iniciado. Unas veces la sedentarización originada por los sistemas de vida que se apoyan en la recolección de productos naturales, especialmente los moluscos, es la que enlaza con la aparición de la cerámica, y otras veces la cerámica surge cuando se ha establecido la población sobre el sistema de agricultura cultivada. En uno y otro caso, la superproducción de alimentos conduce a la concentración de las primitivas bandas en aldeas cada vez más numerosas y populosas. En el área ártica y subártica de Norteamérica, podemos situar en torno a la primera mitad del primer milenio antes de Cristo la aparición de la cerámica y la sedentarización completa de las poblaciones esquimales o preesquimales. El complejo ChorisNorton (1000 a 500 a. C.) presenta la cerámica más antigua de toda la región, de formas toscas, decoración impresa o grabada, que ha sido recogida desde la bahía de Kuskokwim hacia el N y el E, hasta la región de Firth River al norte del territorio de Yukón. Todo hace pensar que esta primitiva cerámica ártica deriva de un tipo semejante de cerámica que se hallaba en uso en la región del río Lena, en Siberia, entre los a. 1500 y 1000 a. C. La aparición de las primeras formas culturales propiamente esquimales trae consigo un tipo de yacimientos con habitaciones altamente desarrolladas y la aparición de poblados que llegan a ser muy pronto extraordinariamente extensos, como p. ej. el de Ipintak.Dentro del llamado periodo arcaico del este de los Estados Unidos, la aparición de la cerámica significa, como en el caso de las culturas árticas, un cambio fundamental. Esta primitiva cerámica -que se sitúa sobre todo en la región de Georgia y norte de Florida, aunque también haya ejemplos en las Carolinas y en Alabama- aparece entre los a. 2000 y 1000 a. C. y plantea, por la época y lugar donde aparece, un importante problema sobre su origen. Finalmente, en el SO, y durante el primer milenio antes de Cristo, la tradición del Desierto sufre una rápida evolución, como consecuencia de la llegada, desde Mesoamérica, del cultivo agrícola primero y la fabricación de la cerámica más tarde, lo que conducirá de la última fase de la cultura Cochise, o fase San Pedro, a los periodos Mogollón 1 o Pionero, y de la cultura San José a la fase de los Cesteros, hacia el comienzo de nuestra Era, con lo que se entra directamente en una cultura neolítica relativamenté avanzada.En el área mesoamericana, el Neolítico comienza en torno al a. 3000 a. C. con las fases Ocampo Reciente en la Sierra Madre Occidental, La Perra en la Sierra de Tamaulipas, y Abejas en Tehuacán. En el área de Tamaulipas aparece por primera vez ahora el maíz cultivado del tipo Nal-Tel primitivo. En la fase Abejas, en Puebla (3500-2300 a. C.), las plantas cultivadas han aumentado en número y variedad, y los alimentos obtenidos de ellas llegan a constituir del 10 al 15% del total utilizado. Hay que mencionar un maíz híbrido, cruzado con el teozintle, además de varios tipos de calabazas, amaranto, lagenaria, judías, algodón, etc. También son características las aldeas con casas rehundidas que parecen permanentes y una industria de la piedra que crea los modelos de los recipientes que van a ser los de la cerámica algunos siglos después. El último periodo de la sucesión propia de Tamaulipas corresponde a Almagro y a las fases Flacco, Guerra y Mesa de Guaje, lo que, en líneas generales, equivale al periodo Purrón (2300-1400 a. C.), en el área de Tehuacán. Durante este periodo el número de plantas cultivadas, entre las cuales hay varios tipos de maíz, aumenta considerablemente. Las aldeas se hacen más grandes y nace la cerámica que reproduce, como decíamos, las formas de las vasijas de piedra del periodo anterior.Desde el sur de Mesoamérica hasta el área costera del Ecuador y Perú, los datos que poseemos acerca del Neolítico son aislados e insuficientes. En Centroamérica hay que mencionar en primer lugar la secuencia cultural de Parita, en la costa central de Panamá, donde Monagrillo nos proporciona una fecha: 2130 a. C. Esta fase, como Cerro Mangote, corresponde a una población cuya economía se basa fundamentalmente en la pesca y la recolección de moluscos, aunque practique también la de productos vegetales y acaso algún tipo de agricultura incipiente. Lo más importante, sin embargo, es que en esta época hay ya una cerámica decorada de considerable importancia. En relación con Monagrillo hay que mencionar Ocós, en la costa de Guatemala, cuya cerámica se halla a su vez emparentada con la. de Chorrera en Ecuador, Yarumela en Honduras y Ometepe en el lago Nicaragua. En el área colombiana hay que señalar los yacimientos de Puerto Hormiga, Canapote (ca. 2000 a. C.) y Barlovento (1550 a 1032 a. C.). Como prolongación oriental de este tipo de cultura hay que citar, en la costa caribe de Venezuela, Cubagua (2200 a. C.), Manicuare (1600 a. C.) y El Heneal (1440 a. C.). Estos grupos son de pescadores, aunque la presencia de manos y metates parece indicar que también se utilizaron productos agrícolas silvestres o del cultivo.A pesar de la importancia de todos los yacimientos y culturas mencionados hasta ahora, hay que destacar especialmente el excepcional valor de los descubrimientos de la región del Guayas, en la costa ecuatoriana, por su gran significación en lo que se refiere a posibles contactos transpacíficos. En la costa norte de Guayas, el complejo cultural Valdivia presenta la cerámica más antigua de todo el continente (3200 a. C.), la que, a la vez, tanto por la variedad de sus formas, como por su decoración, es una cerámica ya elaborada y hecha, y no loss de un descubrimiento o invención independiente. El complejo Valdivia (3200 a 2000 a. C.) representa un tipo de cultura sedentaria o semisedentaria, localizada en la costa a causa del carácter de su economía de pescadores y recolectores de móluscos y plantas, con dependencia relativa de la caza menor. Entre 2000 y 1500 a. C. aparece en la misma región un segundo grupo de recolectores de moluscos y pescadores que modela una cerámica extraordinariamente bella y bien hecha que se conoce con el nombre de cultura Machalilla. Finalmente, ca. el 1500 a. C. llegará a esa misma zona una tercera oleada, esta vez procedente de Mesoamérica, la cual, tras mezclarse con la cultura Machalilla, y una vez extinguida la cultura Valdivia, constituirá la llamada cultura Chorrera.Para terminar con este breve bosquejo del Neolítico en el Nuevo Mundo debemos referirnos al área andina, donde en los últimos años se han venido haciendo importantes descubrimientos en relación con esta fase cultural. Huaca Prieta (ca. 2500 a. C.) es una cultura precerámica con economía basada fundamentalmente en la pesca, la recolección de plantas y el cultivo incipiente de alguna de ellas, más la caza de cuadrúpedos y de mamíferos marinos. Entre las plantas cultivadas hay que mencionar fríjoles, calabazas, chile y algodón híbrido de 26 cromosomas y, por tanto, el resultado de la incorporación del silvestre asiático al medio ambiente americano. Otros yacimientos importantes de este periodo son los de Ventanilla, con recolección de mariscos, caza terrestre y marítima, pesca y posiblemente cultivo de la calabaza, y Chiica, donde no hay algodón, pero donde, en cambio, se fabrican tejidos entrelazados con fibras silvestres. La fecha de este yacimiento, 3750 a. C., lo hace contemporáneo del complejo Encanto. Hay que mencionar, finalmente, los yacimientos de Cabeza Larga (ca. 3000 a. C.); El Paraíso (3570 a. C.); Kotosh (1850 a. C.), y las cerámicas de Tutishcainyo, Yarinacocha y Hupa-iya, en el valle del Usumacinta.Existe la posibilidad, durante este periodo, de contactos culturales entre el Viejo y el Nuevo Mundo, así como entre las diversas áreas del propio continente americano. Los primeros hacen relación a un problema básico: el del origen del Neolítico americano. Este problema divide a los arqueólogos en dos grupos: los que defienden su autoctonía y los que opinan que todos o la mayor parte de los rasgos característicos del Neolítico han llegado a América mediante difusión.La prueba más importante de los contactos intercontinentales es la de la extraordinaria similitud entre la cerámica más primitiva de la cultura Valdivia -Guayas, Ecuador- y la cerámica Jomón -Kuyushu, Japón-, de ca. el 3200 a. C. La cultura Jomón tiene unos antecedentes que se remontan, al menos, a tres o cuatro mil años antes, por lo que es evidente que sería el punto de origen del contacto. Por otra parte, la cerámica Valdivia aparece extraordinariamente desarrollada, sin que existan antecedentes locales o regionales. Por tanto, cabe pensar que unos pescadores se desviasen de su ruta y fuesen arrastrados desde las costas japonesas a través de 8.200 millas náuticas hasta llegar a la costa del Guayas, en el Ecuador. Puede ser que, a causa de las corrientes, este largo viaje se realizase en unos nueve meses.El segundo posible camino de comunicación intercontinental debió ser el Atlántico medio. Aquí la distancia llega a ser de 1.500 millas, lo que unido al hecho de ser favorables las corrientes hace muy probable la llegada fortuita de navegantes desde la costa occidental de África e islas Canarias hasta América. Las costumbres, objetos y otros elementos culturales de posible origen mediterráneo o africano que pueden haber llegado al Nuevo Mundo por este camino, son diversos y no llegan a constituir un complejo cultural. Entre los más importantes cabe mencionar: las pintaderas, el mango-vertedero, la figurilla femenina perniabierta, los petroglifos espiraliformes, las banquetas zoomórficas, las urnas funerarias con figura humana en la tapadera, la trepanación y la momificación labial, el lenguaje silbado, los casamientos entre hermanos, etc. Plantas cultivadas como el ñame, la lagenaria, la judía, etc., pueden ser acaso de origen africano. Toda esa serie de elementos culturales forman parte de un complejo de tipo neolítico que se adivina vagamente común a todo el Mediterráneo, aunque no siempre es posible hallar evidencias de esos elementos culturales en todas las regiones y áreas menores.6. El periodo arcaico. El periodo arcaico, que abarca desde el 1500 a. C. al a. 100 de nuestra Era, puede considerarse dividido en dos fases principales: una inicial y otra tardía, en la que numerosos elementos culturales característicos del periodo clásico subsiguiente empiezan a dibujarse ya en ella con precisión y claridad. El maíz es la planta más extendida en toda el área, tanto en Mesoamérica, como en el Perú y posiblemente también en el área intermedia. El algodón, la yuca, el fríjol, la calabaza, la papa, etc., son plantas cuyo cultivo es mayor o menor según las regiones. En cualquier caso, el número de plantas cultivadas con valor alimenticio debió ser muy pequeño, existiendo pequeñas diferencias locales o regionales, motivadas por la diversa distribución de esas plantas. El desarrollo tecnológico que cabe observar en el periodo arcaico no es muy considerable y tiene escasas matizaciones entre unas y otras zonas. El comercio, en cambio, fue posiblemente mucho más importante de lo que muchos autores suponen. La presencia de algodón u objetos suntuarios propios de la zona costera en el valle de México, y el intercambio de productos costeros y serranos a través de los valles de la costa peruana, muestran la existencia de un importante comercio interregional. En cuanto a las poblaciones hay que señalar, primero, una evolución desde la aldea de tamaño reducido y sin edificios públicos, religiosos o civiles, hasta las villas o pequeñas ciudades, con edificios religiosos cada vez más importantes. Zacatenco y Tlatilco en el valle de México podrían servir de ejemplo de estos dos tipos extremos de población. Por otra parte, hay gran diferencia entre el área andina y Mesoamérica, pues mientras en la primera el espíritu religioso, más fuerte que en Mesoamérica, se muestra en las contrucciones de templos ya desde la etapa más primitiva, la segunda, en cambio, aún está en un mundo de brujos, hechiceros y curanderos, pero no de verdaderos sacerdotes. Durante el arcaico temprano debieron ser muy poco acusadas las diferencias sociales, tanto desde el punto de vista del trabajo como desde la riqueza o prestigio social. Es en el Arcaico tardío cuando nace una clase sacerdotal que adquirirá suma importancia en el periodo clásico, y también entonces se constituirán unidades de carácter político-territorial que culminarán con las ciudades-estado. En el periodo clásico, por otro lado, pueden señalarse ciertas diferencias de casta o clase en función de los diferentes tipos de entierro. La sociedad que se va perfilando durante el arcaico tardío es en general, en Mesoamérica, de marcado carácter mercantil y comercial, y apenas militar, mientras que en el área andina, mucho más belicista, ya existen construcciones militares, fortalezas, etc., que hacen suponer un estado de guerra más o menos continuo. El primitivo shaman o hechicero se irá transformando en un verdadero sacerdote-sabio y muy pronto se establecerán las bases del sistema cronológico mesoamericano (calendario), así como una serie de formulaciones religiosas y el culto a distintos dioses, como el dios viejo (Huechueteotl), o el dios jaguar, con la consiguiente construcción de templos más o menos grandes y complicados, según los materiales disponibles.Toda esta serie de caracteres comunes del periodo arcaico se concreta en las culturas locales del área olmeca, Monte Albán, Teotihuacán (v.), valle de México y valles costeros del Perú. Ciertos estilos artísticos como el olmeca en Mesoamérica y el estilo Chavín (v.) en el Perú, imprimirán su sello a muchas de esas culturas locales dándoles homogeneidad. La cultura Chorrera, en el Guayas, y las Momil y Malambo en Colombia, representarán la expansión del Arcaico por el área intermedia. Pero la expansión de estas conquistas se extiende también por el N hasta la cultura Hohokam, en el sudoeste de Norteamérica, y las culturas Adena y Hopewell en el E.7. El periodo clásico. Como culminación de los avances tecnológicos, económicos e ideológicos que se han venido produciendo desde el comienzo del Neolítico hasta más o menos el s. z de la Era cristiana, América presenta una formidable eclosión cultural entre esa época y el s. vzrz aproximadamente: es el periodo de mayor florecimiento de la cultura indígena de América, por lo que se le conoce como periodo clásico. Dentro de este florecimiento común nacen y proliferan, en las distintas regiones, una serie de culturas de signo propio, que si bien tienen una base común -la que les proporciona el periodo arcaico- se van diferenciando cada vez más, hasta alcanzar una personalidad inconfundible en cada caso.El desarrollo agrícola es ahora extraordinario: chinampas, canales de riego, huertos, terrazas, etc., se multiplican, sobre todo en determinadas zonas de Mesoamérica y en el Perú. Los trabajos agrícolas se realizan según un plan que establecen los sacerdotes, poseedores de un calendario ya muy desarrollado e inaccesible para los labriegos. Surgen auténticas teocracias en las que el poder civil y religioso están detentados por la misma persona -sumo sacerdote-, o por dos relacionadas íntimamente. La’ preponderancia del sacerdocio produce un desarrollo paralelo del ritual: complejos religiosos como el de Tlaloc-Chac-Cocijo-Tajín, en Mesoamérica, o el dios Felino en el área andina, cuyas raíces se hallan sin duda en el periodo arcaico, se desarrollan entonces hasta sus últimas consecuencias.Las ciudades se convierten fundamentalmente en los lugares donde se practican las ceremonias o donde residen los sacerdotes. Los templos de base piramidal, los palacios o casas de los sacerdotes y nobles, los juegos de pelota y otros edificios, se multiplican por todas partes. La mano de obra, sumamente barata, de los agricultores, que se concentran en torno de estos núcleos, hará posible elevar inmensas construcciones como las pirámides de Teotihuacán, Cholula o Moche. Irá extremándose la especialización; ceramistas, escultores, lapidarios y otros artistas y artesanos desarrollarán estilos cada vez más singulares y personales: Teotihuacán, Monte Albán, Xochicalco, El Tajín (v.), las ciudades mayas del Petén, en el Usumacinta o en el Motagua, Moche, Nazca o Tiahuanaco (v.) en el Perú, son otros tantos centros culturales con enorme personalidad.Aunque en algunos casos pueda hablarse de la existencia de verdaderos imperios y de la importancia de la clase militar, en general debió tratarse de comunidades en las que el militarismo tenía poca importancia, con gran desarrollo, en cambio, del comercio, así como del pacífico intercambio de ideas, conocimientos y costumbres. En esta época ya resulta muy difícil señalar contactos con otros continentes. Aunque hay datos que permiten pensar en la llegada de pueblos mediterráneos e incluso de los mismos romanos, por vía atlántica, la relación entre el sur y sudeste de Asia con Mesoamérica, p. ej., parece más probable. El estrecho de Behring ya sería, por aquellas fechas, el paso para nuevas oleadas de pueblos primitivos como los esquimales, que se extenderían progresivamente hacia oriefte hasta ocupar todo su actual habitat.El final del periodo clásico, tanto para el área mesoamericana como para la andina, constituye un momento de crisis fundamental. Es ligeramente variable, según se trate de una u otra región, pero podemos situarlo alrededor del s. VIII de nuestra Era, empezando acaso en el a. 650 y terminando posiblemente hacia el 950. Desde un punto de vista político-cultural su carácter es distinto según se trate de Mesoamérica, donde se produce el fin de las ciudades-estado fundamentalmente teocráticas y, en algún caso, de ciertos imperios, como el de Teotihuacán, o del área andina, donde el final de las culturas locales -Mochica (v.), Nazca, etc- dará paso a un imperio, si no político, sí al menos de carácter cultural, el de Tiahuanaco, que realizará en el Perú una primera unificación de carácter territorial.La crisis del mundo clásico de Mesoamérica nos es mucho mejor conocida que la del área andina. Allí observamos, desde el hundimiento de la civilización teotihuacana, una progresiva expansión de la crisis, que muy pronto alcanzará el ámbito maya del Petén. ¿Se trata de la llegada de los primeros bárbaros del N o chichimecas (v.), que sucesivamente, y hasta la llegada del pueblo azteca (v.), irán penetrando en continuas oleadas en el mundo civilizado del centro de México? Parece indudable que un movimiento de pueblos de este género debió provocar el hundimiento de determinados Estados y al mismo tiempo impulsar a emigraciones más o menos amplias a lugares más o menos lejanos, a otros pueblos enclavados en el interior del mundo civilizado mesoamericano. Pero al mismo tiempo, se producirá una crisis interna en muchos de estos Estados, que podrían haber sido incluso auténticas revoluciones del campesinado contra el cuerpo sacerdotal, el cual durante siglos venía exigiendo más y más contribuciones para el mantenimiento de su propio status político-religioso. El fin de las ciudades mayas de la cuenca del Usumacinta, p. ej., debió estar motivado por esa serie de movimientos de pueblos y por cambios políticos internos, junto a otros factores de carácter ecológico, económico, etc., que hicieron que las antiguas teocracias locales perdieran sus privilegios y que la cultura, en conjunto, descendiera de nivel.Lo que haya podido suceder en el Perú para que el estilo Tiahuanaco se extendiera y mezclara con las antiguas culturas locales, no es posible determinarlo con certeza en la actualidad. Pero es evidente, según apuntábamos antes, un declinar de la pujanza cultural de esos núcleos locales, enclavados generalmente en valles estrechos en la costa o en el interior, y el predominio casi absoluto de un estilo en general totalmente extraño a dichas formas locales, el de Tiahuanaco.8. El renacimiento local. Esta etapa de grandes convulsiones internas y externas, acabará en el renacimiento de las antiguas culturas locales. En el caso de Mesoamérica la civilización tolteca representará una continuación de la civilización de Teotihuacán, que luego se prolongará hasta la época azteca. Más al S, este fenómeno, que llevará un cierto retraso -unos 100 años- con relación a la frontera septentrional de Mesoamérica que constituye el Imperio tolteca, se manifestará primero en el renacer de las ciudades mayas de Yucatán, bajo el influjo tolteca, y, después, en el final del predominio zapoteca, a causa de los pueblos mixtecas, que alcanzan entonces su momento de mayor esplendor. En el área andina se producirá el final de Tiahuanaco y el renacimiento de culturas tales como la Chimú, que viene a considerarse como continuadora de la Mochica, o la cultura Ica, que continúa la civilización Nazca, etc. En esta época la metalurgia, el arte lapidario, la plumería y la pintura de códices alcanzan el más alto nivel. La población se concentra, cada vez más intensamente, en las ciudades, sobre todo en determinadas zonas donde el desarrollo agrícola proporciona excedentes de producción realmente importantes. El comercio se intensifica hasta tal punto que la profesión de comerciante debió ser una de las más lucrativas. El militarismo, por último, va ganando fuerza frente a los antiguos estamentos de nobles y sacerdotes: una nueva nobleza procedente del campo militar adquiere importancia hasta convertirse, en el periodo siguiente, en una de las fuerzas de mayor peso en la sociedad. Al mismo tiempo, la atracción que ejercen en los pueblos de más baja cultura de allende las fronteras el esplendor de las civilizaciones urbanas hará que nuevos grupos tribales, con economía cazadora o recolectora, se incorporen al mundo de los civilizados. Al final de éste periodo, los chichimecas, con varias tribus, entre las cuales los mexica y los incas (v.) serán las más importantes, están preparándose para alcanzar la cúspide en la etapa imperialista siguiente. Durante esta época, por último, América verá, en su extremo septentrional, la llegada de un pueblo europeo, los normandos, que pese a establecerse colonialmente en una zona relativamente extensa, no producirán un influjo cultural de importancia. Los propios esquimales. con los que se ponen en contacto, serán los encargados de expulsarles de aquellos territorios unos siglos después.9. El militarismo y los grandes imperios. Gran parte de las características de este periodo tienen, naturalmente, sus raíces en el anterior, pero es ahora cuando buen número de ellas culminan o alcanzan el grado de mayor complejidad y desarrollo, mientras que, por otra parte, nacen en este periodo una nueva serie de rasgos definidores.Evidentemente, el militarismo existía ya en buena parte en el periodo renacentista anterior, pero es ahora cuando el dominio de la milicia sobre el sacerdocio y las restantes clases sociales, se hace casi absoluto. Así nacerán o se desarrollarán hasta el máximo determinadas asociaciones con carácter religioso, pero esencialmente militaristas, como la de los caballeros águila o los caballeros tigre entre los mexica. Este militarismo, que va a dar carácter a todas las civilizaciones de la América nuclear en este periodo, tiene sus raíces en una actividad bélica casi constante por parte de las tribus que dominarán grandes extensiones territoriales en México y Sudamérica. En efecto, tanto mexicas como incas son tribus pobres, de baja cultura y dominadas por sus vecinos, pero que en un momento dado rompen el círculo en el que se las tenía encerradas, irrumpen en el campo de las luchas intertribales o entre unas y otras ciudades y mediante ardides o guerras formales logran derrotar sucesivamente a sus más poderosos enemigos, hasta constituir lo que efectivamente podemos calificar como imperios, aunque desde un punto de vista estrictamente político no lo sean.El militarismo, que implica toda otra serie de actividades subsidiarias, tiene una repercusión inmediata en la estructura ciudadana, y provoca la creación de organismos adecuados para la guerra, y la construcción de fortalezas, murallas, caminos, etc., así como la reestructuración, también, de la sociedad en función de la guerra, y el nacimiento de un Derecho internacional y de una diplomacia a su servicio, etc.La agricultura, basada ya desde el periodo clásico en el enriquecimiento que producen los diversos sistemas de aprovechamiento hidráulico, se desarrolla en esta fase hasta el máximo, al poderse conjugar, mediante alianzas políticas o por la imposición imperial, el esfuerzo de diversas ciudades de una región, de modo que se puedan acometer grandes obras hidráulicas, como el acueducto que proveía de agua a Tenochtitlán, o tantos otros trabajos de este género, únicamente posibles gracias a la intervención de una gran masa de población. Los sistemas agrícolas probablemente empleados en este periodo fueron los de roza, barbecho y regadío, habiendo dentro de este último varios otros sistemas entre los que hay que mencionar especialmente el de chinampas para el área mesoamericana. Los típicos cultivos en terrazas se siguen practicando, al parecer, en esta etapa en el área andina y, sin duda, en otras regiones intermedias. Como consecuencia de esta situación económicamente floreciente, las ciudades experimentan, en general, crecimientos espectaculares que les lleva a alcanzar muy probablemente una población de hasta cerca del medio millón de hab. Esta población o algo menos debieron tener ciudades como Texcoco, Huexotla, Tenochtitlán, Tlaltelolco o Chanchán, si bien resulta aventurado precisar cifras.Evidentemente, si bien el mejoramiento económico iba a beneficiar a toda la población, este beneficio sería mucho más marcado para quienes tenían, de un lado, el poder político-militar, y de otro, la propiedad de la tierra en buena parte. Todo ello contribuyó a la estabilización de unas clases sociales muy individualizadas y diferenciadas, en cuyo clima se hallaba la nobleza diversificada en dos ramales: los militares y los sacerdotes-intelectuales, cada vez más alejados entre sí y muchas veces en pugna manifiesta. Los plebeyos o pueblo bajo constituían la masa de la población. Unos y otros, nobles y plebeyos, poseían esclavos. Éstos eran, sobre todo, prisioneros de guerra, aunque, por extensión, podían ser individuos del propio grupo. Desde un punto de vista político, las ciudades-estado tendieron, primero, a la constitución de alianzas y poco después a la eliminación de los restantes aliados por uno de ellos, que alcanzaba la hegemonía. En algún caso se llegó a la unidad, sin pasar por la alianza previa, y en otras no se pasó de aquí.Como consecuencia del predominio de la clase militar sobre las restantes, y especialmente por la influencia que ejercía sobre la clase sacerdotal, la misma ideología religiosa sufrió un cambio en el sentido de dar preponderancia a los dioses solares, conectados más o menos estrechamente con la guerra y cuyo símbolo fue, con frecuencia, el águila. Esta religión era, en muchas ocasiones, sanguinaria: tal es el caso de la religión azteca, que, influida primeramente por la devoción a Huitzilopochtli, implantó de manera general el sacrificio humano, como medio de atraer los favores de la divinidad.El desarrollo económico, social y político tuvo, naturalmente, un desarrollo intelectual paralelo, en lo relativo, por una parte, al perfeccionamiento de los sistemas cronológicos: Astronomía, Matemáticas, etc., y, por otra, el desarrollo literario y musical, con el nacimiento, incluso, del arte dramático, al mismo tiempo que las artes plásticas se perfeccionaron mucho desde un punto de vista técnico, aunque en el aspecto creador se hallaran, por lo general, por debajo de los periodos anteriores, y muy especialmente de la etapa clásica que, en este sentido, hay que considerar como el momento de máximo esplendor de las civilizaciones indígenas. En el aspecto puramente científico, debemos destacar por encima de todos a los mayas (v.), los cuales llegaron, en lo referente a las matemáticas, a un perfeccionamiento extraordinario, superando incluso en el cálculo astronómico a los propios europeos de la misma época. Las cortes literarias del centro de México fueron, por otra parte, no sólo importantes focos de creación literaria y poética, sino centros intelectuales en los que se dio cabida a impulsos renovadores muy notables, aunque no llegaron nunca a renovar la cultura indígena.Como en épocas anteriores, hay que distinguir en esta etapa, por una parte, los núcleos de alta cultura -América nuclear- y, por otra, las culturas marginales sobre las que, en su mayor parte, sólo poseemos información arqueológica, pero que no debemos olvidar si queremos tener un panorama completo e interrelacionado. Las altas culturas, cuyas características vienen a dar la tónica del periodo, fueron las grandes agrupaciones imperialistas de aztecas o mexicas en Mesoamérica e incas en el área andina, y además los pueblos tarasco (v.), mixteca (v.), maya y chibcha (v.), cuyas luchas intestinas no les permitieron, salvo en raras ocasiones, unificar sus intereses políticos.El mundo cultural que venimos denominando marginal, es de tan extraordinaria variedad que el solo enunciado de tales culturas nos llevaría demasiado espacio. Las comunicaciones se desarrollaron de tal forma que grandes extensiones de territorio, como el Imperio de los incas, estaban perfectamente relacionadas entre sí. Sin embargo, las comunicaciones entre los grandes imperios ya eran mucho más problemáticas e indudablemente mucho más intermitentes y lentas. Es posible que las comunicaciones por la costa del Pacífico persistieran en este periodo, del mismo modo que es muy probable que se establecieran contactos más o menos esporádicos entre el área mesoamericana y las Antillas y norte de Sudamérica.Desde un punto de vista lingüístico y cultural, la época militarista representó un movimiento expansivo casi incontenible de aztecas e incas al mismo tiempo, y aun el momento mismo de la conquista española sorprendió a estos pueblos con esa tendencia, pese a que ciertos núcleos resistentes -tarascos en México o indios selváticos en el Perú- se oponían tenazmente a esa ola expansiva. El momento final del periodo imperialista es una nueva crisis de enorme trascendencia: el choque entre las civilizaciones indígenas y los invasores europeos. Este choque será de una enorme violencia no sólo desde el punto de vista militar sino, sobre todo, desde el punto de vista sanitario y colonizador. Las enfermedades que traían consigo los invasores representaron un poder destructivo muy superior al de cualquier otra acción de los occidentales. La reducción y reestructuración de las poblaciones, las víctimas de guerra y los abusos cometidos por los encomenderos no significan nada al lado de las defunciones ocasionadas por la viruela y otras enfermedades europeas. Los resultados, en conjunto, fueron desastrosos: el descenso de la población fue vertiginoso y, lo que es aún más importante, la población indígena, como resultado de la acción misionera, al perder sus ideales religiosos y ver hundida la estructura sociopolítica en que habían nacido, se desmoralizó profundamente, cayendo en un estado de inacción, que explica, en parte, la situación actual de grandes masas de esa población.V. t.: I; VI; AZTECAS; AMÉRICA CENTRAL I; HUASTECAS; INDIOS (AMÉRICA); MÉXICO III, 1; MIXTECAS; OLMECAS; PERÚ III; TAIÍN; TIKAL; TOLTECAS; TOTONACAs; ZAPOTECAS; PALEOLÍTICO II.J. ALCINA FRANCH.
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