Alpes Ii. Geografía. GEOG.
Categoria:
Geografía
La cordillera de los A. se extiende desde la Costa Azul francesa hasta Viena, a lo largo de más de 1.200 Km., formando un suave arco de círculo que cabalga sobre Francia, Italia, Suiza, Austria, Alemania y Liechtenstein. La anchura de la cordillera es de apenas 200 Km. y las máximas alturas se encuentran en torno a los 4.000 m. Los A. constituyen el sistema orográficO más estudiado y mejor conocido del mundo. Muchas de las observaciones geológicas y geográficas realizadasen ellos han servido para establecer leyes de evolución estructural y morfológica. Así se habla, a escala universal, de movimientos orogénicos alpinos, de estructura y morfología alpinas, de condiciones ecológicas alpinas, etc. En ninguna otra parte se han estudiado, tan a fondo como en los A., las condiciones de vida, la evolución del poblamiento, las actividades de la población de montaña.
Los A. han desempeñado durante siglos el papel de frontera entre dos mundos de características culturales y económicas distintas. De una parte, el mundo germánico y de la Europa occidental; de otra, el mundo mediterráneo. Pero ese papel de frontera no se ha confundido nunca con el de barrera. Probablemente no haya en el mundo una cordillera más permeable que los A. La cultura romana trascendió fácilmente a los valles ultramontanos del Ródano, del Rin, y del Danubio. En sentido inverso, los A. no han protegido nunca a Italia de las invasiones del N. Aníbal, los bárbaros y Napoleón, por no citar sino ejemplos claros, lo confirman. En otro orden de cosas, los A. tampoco constituyen una barrera climática segura. El mundo mediterráneo no acaba en las primeras estribaciones montañosas de la Lombardía. Cultivos típicamente mediterráneos, como la vid, penetran muy al interior de la Europa Trasalpina. En sentido contrario, la llanura del Po no queda tampoco al abrigo de las olas de frío polar, que de cuando en cuando llegan a las regiones mediterráneas. Todo esto da a los A. una originalidad física, humana, económica, cuyos componentes se analizan a continuación.1. Origen y estructura de los Alpes. No han sido todavía suficientemente esclarecidos. Se parte del hecho, comúnmente aceptado, de que las grandes cordilleras se forman en el fondo de geosinclinales. El geosinclinal alpino funcionaba ya a principios de la Era Secundaria. Desde el triásico se fueron acumulando en el fondo de ese geosinclinal grandes cantidades de materiales terrígenos y oceánicos que en algunos puntos alcanzan los 20 Km. de espesor. El plegamiento de esos materiales comenzó muy pronto. Los primeros movimientos alpinos se esbozan ya a mediados del Secundario, pero es en el Terciario, entre el oligoceno y el mioceno, cuando el paroxismo alpino alcanza su mayor intensidad para ir decreciendo lentamente hasta finales del plioceno. La orogenia alpina no sólo levantó los A. propiamente dichos, sino que estructuró las actuales líneas maestras del relieve terrestre. Desde los Pirineos (v.) hasta el Himalaya (v.) todas las cordilleras son alpinas, lo mismo que la gran cadena meridiana que recorre América desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.En líneas generales, la estructura de los A. es muy simple. En el centro, a modo de eje orientado de SO a NE una zona axial constituida predominantemente por materiales cristalinos, granito, esquistos, rocas metamórficas, etc., que se identifica con la zona de topografía más vigorosa. A ambos lados del eje cristalino, y adosadas a él, grandes hiladas de terrenos sedimentarios, especialmente calizas, esquistos y areniscas, que suelen englobarse bajo la denominación de Prealpes. Finalmente, una serie de depresiones longitudinales intramontanas, más o menos marcadas, separando la zona axial de los Prealpes. En detalle, la estructura se complica mucho más. Frecuentemente la zona axial aparece descompuesta en dos o más alineaciones longitudinales separadas por franjas de terrenos sedimentarios. Las hiladas calcáreas se presentan en ocasiones enormemente fragmentadas, rotas por fallas, trastocadas y desplazadas hasta muy lejos de sus antiguos emplazamientos o raíces, formando los espectaculares mantos alpinos de corrimiento. Por último, la erosión se ha encargado de acentuar las diferencias estructurales y de complicar la topografía. La red fluvial tiende a ser longitudinal, paralela a la estructura; pero la mayoría de los ríos buscan pronto la salida hacia las llanuras próximas y cortan los macizos calcáreos para caer a los valles del Ródano, del Danubio o del Po. El resultado de todo esto es una cuadrícula de valles longitudinales y transversales entrecruzados, que individualizan comarcas de recia personalidad geográfica y facilitan las comunicaciones.
Una esquemática representación de los A., permite diferenciar, atendiendo a circunstancias topográficas y de configuración, tres zonas: los A. occidentales, los A. centrales y los A. orientales Los A. occidentales corresponden a lo que se puede denominar "codo alpino", extendido de S a N entre Francia e Italia, desde el Mediterráneo hasta el macizo del Mont Blanc. Al S, formando la divisoria entre los valles del Ródano y del Po se encuentran los A. francopiamonteses. Un corte transversal de los mismos permite distinguir de O a E las siguientes unidades estructurales y morfológicas: a) los Prealpes; b) las depresiones intramontanas; c) los macizos cristalinos de la zona axial, y d) los A. interiores, que cierran la depresión de Lombardía. Por razones metodológicas se acostumbra distinguir dentro del sector occidental alpino dos tramos: el septentrional, desde el Mont Blanc hasta el valle del Durance, y el meridional, desde este río hasta el Mediterráneo. En el sector septentrional, donde en ocasiones se incluye también el jura, la parte más externa a partir del Ródano se halla constituida por sedimentos predominantemente calcáreos, de edad y espesor variables. La erosión fluvial ha trabajado intensamente sobre estos materiales labrando profundas y estrechas gargantas llamadas cluses. Los glaciares cuaternarios intensificaron notablemente aquella acción erosiva, ahondando aún más las cluses iniciales. Estas cluses permiten individualizar cinco grandes macizos calcáreos en los Prealpes franceses: Chablais, Borns, Bauges, Chartreuse y Vercors, todos ellos a más de 2.500 m. de altitud media, con cimas que superan los 3.000 m. (Bonet, 3.109 m.; Tour Salliére, 3.222 m.; Dent du Midi, 3.260 m.).
Hacia el interior aparece en seguida la verdadera mole alpina; formada por los macizos cristalinos de la zona axial, que sobrepasan casi siempre los 4.000 m. (Aiguilles Rouges, 4.210 m.; Mont Blanc, 4.807 m.; Aiguille Verte, 4.121 m; Grandes Jorasses, 4.210 m.; Pelvoux, 4.183 m.). Todavía más al E se encuentran los A. interiores, de morfología y estructura sumamente complicadas. En general es una zona de unos 2.500 m. de altura, profundamente entallada por los afluentes del Ródano (Durance; Isére) y del Po (Doire Ripaire, Doire Balte), de la que emergen algunas cimas cristalinas (monte Viso, 3.841 m.; Uja Ciamarella, 3.676 m.) o esquistosos, como el de Rochemelon (3.538 m.).Entre los Prealpes y la zona axial, las depresiones intramontanas, cuya altitud no pasa de 1.200 m., comienzan en el valle Arle, al S del lago Lemán, y siguen por la Combe de Laroca y del Gresivaumdan, en territorio francés. Al S del Durance comienzan lqs A. meridionales, cuya característica más acusada es la pérdida de altitud y la obliteración de las líneas estructurales, con la consiguiente pérdida de su significado morfológico.Los A. centrales o ítalosuizos se extienden desde el macizo del Mont Blanc hasta la línea lago Comolago de Constanza, en una longitud de 200 Km. El carácter morfológico más significativo de este tramo es el gran corredor longitudinal orientado de SSE a NNE, por donde corren, en sentido contrario, el alto Rin y el Ródano. Este corredor no es más que una gran fosa tectónica a 2.000 m. de altura, abierta en los macizos cristalinos de la zona axial, que se elevan por encima de los 4.000 m. Al N quedan los A. berneses y los A. gláricos; al S, la cadena Penina y los A. lepontinos. Los A. berneses culminan en los picos de Finsteraarhorn (4.282); Jungfrau (4.158); Schreckhorn (4.080); Aletschlhorn (4.182); Munch (4.105); Eiger (3.974); etc. A la cadena Penina pertenece el monte Rosa (4.638); MischabelDon (4.554); Dent Blanche (4.364); Cervino (4.479), etc. Todos ellos en Suiza. Más al S, ya en Italia, la línea de grandes cumbres cae bruscamente sobre el valle de Aosta, a menos de 600 m. de altura, que se halla flanqueada al S por el Grand Paradiso (4.061); Grívola (3.961); Paramont (3.360); etc. Todos estos macizos aparecen recubiertos por glaciares, el más importante de los cuales es el de Aletschhorn.Al E de la línea lago Comolago de Constanza (v.) comienzan los A. orientales, cuya parte central pertenece a Austria y la septentrional y meridional a Alemania e Italia respectivamente. En el eje central cristalino destacan los A. réticos, formados por macizos que conservan bien su individualidad gracias a los profundos valles que los seccionan. La parte más occidental, entre el Rin y el Inn, se eleva a 3.000 m. en las cadenas de Albula (3.381 m. en el Piz d’Err sobre SaintMoritz) y en el macizo de Silvretta (Piz Linard, 3.414 m.; Piz Buin, 3.312 m.). Hacia el E continúan por el Oetzal, (Wildspitze, 3.378 m., Weisskugel, 3.736 m.) y sobre todo por el macizo cristalino de los Tauern, verdadera espina dorsal de los A. orientales. Los Altos Tauern o Hohe Tauern constituyen la barrera más infranqueable de toda la cordillera alpina, aunque la altitud no llega nunca a los 4.000 m. (Gross Glockner, 3.798 m.; Gross Benediger, 3.660 m.). Los Niedere Tauern o Bajos Tauern, culminan en el Hochgolling (2.863) y en seguida pierden altura para caer sobre la llanura húngara. Al N del eje cristalino, y de acuerdo con la estructura general de la cordillera, se hallan grandes macizos calcáreos desde Alemania a Austria. En la parte más occidental destacan los macizos de Allgáu, Vorarlberg y Lechtal, que se continúan hacia el E por los A. del Tirol (Zugpitze, 2.968 m.); los A. de Salzburgo (Dachstein, 2.996 m.), y los Prealpes austríacos. Al S de dicho eje, el valle del Adigio separa dos regiones de morfología diferente. Al O del Adigio destacan la cúpula granítica del macizo del Adamello (3.554 m.) y las moles calcáreas de los A. bergamascos (3.000 m.). Al E del Adigio se elevan los A. julianos, cárnicos y venecianos, cuya altura se mantiene por debajo de los 3.000 m. y las Dolomitas, que la rebasan ampliamente (Marmolada 3.360 m.).A pesar de esta larga serie de cadenas y de alturas, los A. no han constituido nunca una barrera insalvable. Los grandes macizos nunca forman una barrera continua. Hay como una tupida red de valles longitudinales y transversales, que, con alturas máximas de 8001.000 m., llegan hasta el corazón de la cordillera. Así los A. occidentales entre Francia e Italia son fácilmente permeables a través de multitud de pasos de ferrocarril y carretera, como el de Tende, al pie del pico Argentera (3.397) en los A. marítimos, ó los de Genévre, Frejus (túnel ferroviario de 13.636 m.), monte Cenis, Iseran, etc. Los A. ítalosuizos cuentan también con importantes vías de penetración. De Milán parten hacia Europa occidental dos grandes tramos. El primero llega a Lausana después de ganar el valle del Alto Ródano a través del túnel del Simplón de 19.824 m. a 2.000 m. de altura, entre el monte Rosa y el San Gotardo; el segundo se dirige hacia Zurich y Basilea en el Rin, a través del San Gotardo (1.174 m.). En los A. orientales, el valle del Adigio primero y del Eisak después, permiten llegar desde Bolzano a Innsbruck y Munich, a través del Paso de Brennero. A lo largo de la cadena las comunicaciones están aseguradas por la gran depresión RódanoDanubio y por los valles longitudinales que bordean la zona axial.
2. Actividad económica. Esta facilidad para las comunicaciones explica el que los A. no sean una región aislada, sino abierta a todas las influencias culturales desde los tiempos más remotos. La ocupación humana de los A. es antiquísima y muy extensa. Se reconocen restos prehistóricos de pobladores alpinos a más de 2.400 m. de altitud en las vertientes meridionales. Todo indica que se trataba de un poblamiento muy heterogéneo, cuya variedad se mantiene todavía hoy y se manifiesta en las tres lenguas oficiales, alemán, italiano y francés, más cinco dialectos, que se hablan en los A.Las actividades tradicionales hasta mediados del s. XIX, fueron la agricultura y la ganadería, complementadas con actividades artesanales que ocupaban los tiempos muertos, tan frecuentes en la economía de montaña. Poco a poco esas actividades complementarias han desplazado a las primeras y hoy pesa tanto en la economía alpina la renta procedente de los sectores secundarios y terciarios como la agrícola y ganadera. La agricultura alpina tropieza con el inconveniente de la altura. Las tierras de cultivo llegan en ocasiones hasta los 2.000 m., pero las condiciones ecológicas son aquí tan adversas que muy pocas especies cultivadas pueden soportarlas. Para el conjunto de los A. las tierras con utilización agrícola ocupan el 53% del territorio; los bosques cerca del 30% y el resto es improductivo. La distribución espacial de cada una de estas zonas de utilización es muy irregular, debido al relieve, que introduce fuertes contrastes en distancias muy cortas, en función de la exposición y de la altura.La conquista del espacio agrícola se ha hecho a expensas de la cobertera vegetal. De una manera esquemática cabe distinguir en los A. varias zonas altitudinales de vegetación. En las partes bajas hasta una altura de 500 m., el haya (Fagus silvatica o F. orientalis) es el árbol predominante. De 500 a 1.000 m. se extiende el bosque mixto de hayas y coníferas, con predominio de unas u otras según las condiciones locales de humedad o temperatura, que también introducen un factor de selección específica para las coníferas (Picea excelsa, Pinus nigra; etc.). Más allá de los 1.000 m. comienza el dominio absoluto de las coníferas (Picea excelsa, Pinus cembra, Pinus montana) hasta una altura de 1.4002.400 m., según las zonas. El límite altitudinal del bosque se halla a los 1.500 m. en los Prealpes septentrionales franceses; a 2.300 en el monte Rosa, y a 2.400 en el Bernina. Por encima del bosque comienzan las praderas alpinas, muy irregularmente distribuidas según la exposición y la topografía.La existencia de un cinturón de hayedos en las partes bajas, y de praderas a partir de los 1.500 m., ha tenido una enorme trascendencia en el poblamiento de las regiones alpinas. La conquista del espacio agrícola se realizó a expensas del bosque de frondosas. En las zonas altas las praderas permitían sostener numerosos rebaños, que necesariamente tenían que ser trashumantes. Los ciclos agrícolas transcurrían estacionalmente, o en las praderas a más de 1.500 m., o en los valles hacia los 500 m. de altura. La zona intermedia de coníferas se vio también afectada por el trasiego estacional. De ahí la gran dispersión del poblamiento alpino y la variedad de terrazgos de utilización agrícola. Las praderas artificiales o semicultivadas ocupan el 65% de la superficie agrícola, pero hay zonas de los A. franceses o suizos donde las praderas cubren el 85% de aquéllas. Los cultivos tradicionales de consumo humano son los cereales (trigo, cebada, centeno y avena) y las plantas hortícolas. Las mejores tierras se dedicaron durante siglos a la producción de cereales. El límite altitudinal de la colonización agrícola coincide con el limite ecológico de los cereales, se sitúa entre 1.200 y 2.000 m. En los A. occidentales y en los valles abrigados se cultivan cereales de invierno. En las regiones orientales hay que recurrir a los cereales de primavera. Los rendimientos son bajos (2.000 Kg/Ha.), por lo que la superficie dedicada a la producción de cereales disminuye sin cesar. Actualmente sólo un 7,5% de la superficie cultivada produce cereales.Los cultivos hortícolas tuvieron gran importancia local, sobre todo la patata, que desde su introducción desempeñó un importantísimo papel en la economía alpina. La patata se cultiva hasta casi los 2.500 m. de altura y desde mediados del s. xix permitió prescindir, con resultados muy ventajosos, del monocultivo cerealista. Algunas zonas alpinas, especialmente los A. occidentales y centrales, cuentan con verdaderos reductos mediterráneos, en los que no es raro encontrar viñedos y frutales meridionales. El viñedo llega hasta los 1.200 m. en los valles abrigados y de exposición S. De él se obtienen vinos de fácil comercialización como los del Durance, Gresivaudan y Chambéry en los A. franceses; y los de Saboya, Valais, Aosta, Valtelina y Adigio en Italia. Eso sin contar los viñedos del Alto Ródano. Actualmente, entre el 1 % y el 3% de la superficie cultivada se dedica al viñedo, pero cada vez pesa menos en la economía agrícola de los A. En cambio, los frutales han conocido una enorme expansión en los últimos treinta años, especialmente en los valles franceses de los A. marítimos y en los italianos del Piamonte. Con todo, la ganadería es la principal actividad de la población rural alpina. El ganado pasta en las zonas altas, al mismo tiempo que se siega la hierba para su henificación y utilización como pienso de invierno. La máxima capacidad de alimentación del ganado se encuentra hacia los 2.000 m., pero la posibilidad de utilización de los pastos de montaña es estacional, y ello obliga a adoptar formas comunitarias de organización socioeconómica difíciles de desarrollar. La mayor parte de las comunidades rurales procuraron siempre contar con terrazgos de pradera y tierras de valle, que sirvieran alternativamente para la alimentación estacional del ganado. De esa forma, el autarquismo agropecuario se afianzó considerablemente y dejó su huella en la estructura agraria, en el régimen de tenencia del suelo y en la distribución de las masas vegetales. La propiedad comunal se conoce en todas las regiones rurales de los A. Pero la reglamentación del derecho de uso varía con las influencias culturales (romanas, germánicas o eslavas), dando una gama inacabable de formas de utilización del suelo.3. Movimientos de población. Durante siglos se consiguió mantener, entre población y recursos agropecuarios, un equilibrio inestable que se rompía a la menor dificultad. Por eso, en épocas de escasez, la emigración, estacional o definitiva, ha sido uno de los medios tradicionales que el agricultor de los A. ha utilizado para luchar contra el superpoblamiento. Unas actividades muy generalizadas eran la buhonería y toda suerte de oficios compatibles con la vida andariega. Se ejercían durante el invierno. En verano, todas esas gentes regresaban a sus hogares, pero otros muchos salían de ellos para ir hacia las regiones cerealistas, donde se colocaban de segadores. La emigración definitiva ha sido un fenómeno corriente en los A. desde la Edad Media. Suizos y saboyanos repoblaron grandes extensiones de Alemania después de la guerra de los Treinta Años. Suizos y austriacos engrosaban también los contingentes con que Carlos III repobló las Nuevas Poblaciones de Andalucía, y las colonias europeas en ultramar recibieron un fuerte impulso demográfico de los eniigrantes alpinos a partir de 1850.La población no emigrante encontraba en la artesanía la manera de llenar con una actividad remuneradora el invierno de seis meses. Los artesanos alpinos han llevado fama de poseer una gran habilidad manual. En otro tiempo fueron muy apreciados los paños del Tirol y del Oberland, los tejidos de fieltro de Le Vercors, los brocados de SaintGall, etc. En el s. xix se tejía también algodón, seda y lino de importación. Las industrias derivadas de la piel alcanzaron gran renombre, lo mismo que la metalurgia ligera, la fabricación de objetos de adorno y decoración y la relojería.En los A. abundan los yacimientos de hierro, que no son muy extensos, pero sí de buena concentración. Eso, unido a la abundancia de madera, permitió la instalación de pequeñas ferrerías en toda la montaña alpina. Fueron famosas las ferrerías de Eisenerz en Estiria, las de Cogne en el Piamonte y las de Allevard y Hurtiéres en los A. franceses,, así como las de Annecy, Saboya y Gresivaudan, que fabricaban toda clase de instrumentos de uso ordinario: tallas de madera, objetos de loza y porcelana, sombreros, papel y naipes, relojes de madera y metal, clavos, herrajes y otros muchos objetos. La mayoría de estas actividades artesanas han desaparecido o se han transformado en complejos industriales con una significación económicosocial muy diferente. A partir de los últimos años del s. xix, se inicia en los A. una transformación acelerada que va a remodelar las antiguas bases en que se apoyaba la economía alpina. Esa transformación es consecuencia de los siguientes hechos: la apertura de los A. a las comunicaciones rápidas por ferrocarril y carretera, de las que ya se ha hablado; la generalización del uso de la electricidad en la industria; el enorme desarrollo urbano de Europa y la aparición de un turismo cada vez más abundante.La hulla blanca es uno de los principales recursos de los A. En 1967 la potencia instalada era de 36.000 millones de Kw. con una producción de 130.000 millones de Kwh. y el equipamiento hidroeléctrico de los A. está muy lejos de haber concluido, por lo que las posibilidades son todavía inmensas en este campo. Los valles del Inn y del Salzach en Austria; el Trentino y Alto Adigio en Italia, el Alto Rin y Ródano en Suiza, y el Isére y Durance en Francia son las zonas mejor equipadas para la producción de energía hidroeléctrica. No existen grandes embalses, pero las centrales funcionan con caídas de agua que superan frecuentemente los 800 m. La posibilidad de disponer de energía abundante y a buen precio ha hecho nacer una poderosísima industria metalúrgica, textil y química a lo largo de los grandes ejes de circulación y de comenzó a llegar el turismo de invierno para la práctica del esquí, con lo que las crecientes necesidades de servicios fijaron durante la invernada buena parte de la emigración estacional. A partir de 1945, coincidiendo con la elevación general del nivel de vida europeo, se ha intensificado también el turismo de verano. Los A. han cambiado de signo migratorio. Son los agricultores de las llanuras, tradicionalmente agrícolas, los que se ven en la necesidad de emigrar, y como su capacitación profesional para las actividades no agrícolas suele ser muy escasa, buscan en las ocupaciones indiferenciadas de servicios, que consumen una gran cantidad de personal, un modo de vida permanente. Los A. se han convertido así en centro de atracción demográfica. La agricultura y la ganadería modernas han evolucionado para adaptarse a la demanda de consumidores continuamente renovados y de un elevado poder adquisitivo, que exigen ante todo calidad. Esta población flotante, que en ocasiones supera con creces a la población de derecho, es la que ha permitido, gracias a los elevados beneficios que deja en la región, la modernización de las explotaciones agropecuarias, hasta conseguir resultados magníficos de rentabilidad.V. t.: FRANCIA I; AUSTRIA I; SUIZA I; ITALIA I.A. HIGUERAS ARNAL.
BIBL.: E. DE MARTONNE, Les Alpes. Geographie Générale, París 1946; P. G. VErRET, Au cceur de PEurope. Les Alpes, París 1967; P. VIDAL DE LA BLACHE y L. GALLDIs, Geografía Universal, IV, V, VII, VIII, Barcelona 193136; "Rev. de Geographie Alpine", Grenoble.
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