África II. Geología.
Categoria:
Geología
Desde el punto de vista geológico, en Á. pueden distinguirse dos partes de características muy diferentes y que tienen una extensión extremadamente desigual: el cratón africano, caracterizado por la falta casi total de cordilleras de plegamiento de edad primaria y más moderna; las cordilleras norteafricanas, pertenecientes al conjunto de montañas alpídicas del Mediterráneo occidental, que se originaron por plegamientos de edad secundaria y terciaria.El cratón africano. Constituye el mayor de los fragmentos del antiguo continente de Gondwana, del cual formaban parte también los cratones de la península Arábiga, India, América del Sur, Australia y Antártida. Este cratón africano está constituido fundamentalmente por un zócalo o basamento de terrenos cristalinos precámbricos (v.). Encima del zócalo, pero no en todas partes, puede existir una cobertera posterior más o menos potente.Los terrenos del zócalo se distribuyen en varios complejos, correspondientes a otros tantos cielos tectónicos. El más antiguo reconocido es el de la orogenia Catarcaica, que originó las estructuras de plegamiento del KheisSwazilandia, y data de más de 3.000 x 106 años. Otros movimientos orogénicos importantes ocurrieron hace unos 2.500 x 106 años, y corresponden al llamado ciclo precámbrico D1 que está representado en la mayor parte de Á.; la estructura de extensas regiones, en el Kassai, el AntiAtlas, y otras vastas áreas del norte de Á. data fundamentalmente del mismo. El ciclo siguiente, del precámbrico C2, culmina en la orogenia Eburneana o Posbirrimense; desarrollada hace unos 2.000 x 106 años, fue también muy importante, especialmente por lo que serefiere a la mayor parte del Sahara (v.). Se atribuye también al mismo ciclo el gran complejo de rocas ígneas de Busweld en A. del Sur, tan famoso por sus riquezas minerales.
Con estos dos ciclos quedó terminada la cratonización de la mayor parte del área de Á.; desde entonces, los movimientos orogénicos de ciclos posteriores ya no han introducido más que modificaciones que, aunque importantes, son relativamente menores a la estructura tectónica del gran cratón africano. Entre estas modificaciones, hay que citar especialmente tres: el llamado rejuvenecimiento mozambiquense; el desarrollo de las grandes cuencas interiores; y la estructura en bloques fracturados del Á. oriental. El rejuvenecimiento afectó extensas regiones del cratón no sólo de Mozambique hace de 700 a 450 millones de años. En virtud del mismo se renovó la génesis de rocas graníticas, y se originaron nuevas deformaciones de cierta importancia. La formación de las grandes cuencas se debe esencialmente a movimientos epirogénicos que han afectado el cratón africano con desigual intensidad, según épocas y regiones.En cuanto al sistema de montañas en bloques fracturados, que recorre la parte oriental de Á., desde el sudoeste de Mozambique hasta el mar Rojo y, fuera de los límites estrictos del Continente, se prolonga hasta el Asia Menor se trata de uno de los rasgos más notables de la geología africana. Los bloques en cuestión, hundidos unos, levantados otros, quedan bien expresados en el relieve actual. Los Grandes Lagos de Á. oriental se hallan precisamente sobre variás de los bloques hundidos (Great Rift Valley), mientras que la montaña no volcánica más alta del Continente el Ruvenzori (v.) y otras también importantes, corresponden a los elevados. Varias de las fallas que delimitan los bloques están jalonadas por volcanes, apagados los más, quedando aún algunos activos. La fracturación del cratón africano, para dar esta estructura en bloques, ha sido un proceso desarrollado, por lo menos, desde mediados de la Era Secundaria y puede decirse que aún no ha terminado. Se relaciona verosímilmente con las corrientes de convección profundas que tienden a fragmentar la corteza y originar los movimientos de deriva continental (v. OROGENIA). Muchos autores comparan este proceso de Á. oriental con el que originó el océano Atlántico. En ambos casos se trataría de la disyunción o escisión de una masa continental primitivamente única y la diferencia entre ellos se encuentra en el grado de desarrollo del proceso: incipiente, en el sistema de fracturas de A. oriental y mar Rojo, ha llegado a sus últimas consecuencias en el Atlántico, con la separación de las masas continentales, antes unidas, hasta millares de kilómetros de distancia (v. WEGENER).El zócalo del cratón africano aflora en grandes extensiones del Sahara (Hoggar, p. ej.), Congo (Katanga), Nubla, Alto Egipto, Senegal, Mozambique, y en la mitad oriental de Madagascar. Estas regiones tienen así el carácter de escudos (v. ORATONEs). En otras regiones, el zócalo está oculto bajo una cobertera discordante, no plegada, y tiene por tanto el carácter de plataforma (v. OROGENIA). En las grandes cuencas, como las de Libia, Sahara occidental, Nigeria, Congo, Kalahari y Karroo, la potencia de la cobertera puede alcanzar varios millares de metros, y en ella pueden estar representados una variedad mayor o menor de terrenos de edad precámbrica superior, paleozoica o más modernos. Más localmente, la cobertera ha sido afectada por plegamientos de cierta importancia; pero sólo en el extremo meridional de Á., en la región de El Cabo (v.), se ha llegado a originar una cordillera propiamente dicha, a finales de la Era Primaria y principios de la Secundaria.Las cordilleras norteafricanas. Al N de una línea imaginaria que uniese Agadir con el golfo de Gabés (sur de Túnez) se halla el dominio de las cordilleras norteafricanas, cuyas características geológicas contrastan notablemente con el cratón africano y en cambio se asemejan a las de varias de las regiones de la Europa mediterránea. En este dominio norteafricano hay que distinguir dos conjuntos estructurales: el de las cordilleras del Atlas (v.) en sentido estricto (Atlas medio, Gran Atlas, Atlas sahariano y Atlas tunecino); y el del Rif y Atlas tellense, que bordea la costa mediterránea desde Gibraltar hasta el cabo Bon (Túnez).El primer conjunto se caracteriza por la existencia de un zócalo formado principalmente por terrenos paleozoicos, plegados durante la orogenia herciniana (v. PRIMARIA, ERA) y una cobertura de terrenos mesozoicos y terciarios moderadamente afectada por la orogenia alpina en unas regiones (Alto Atlas, Atlas medio, etc.), mientras en otras (meseta de los Fosfatos, Alta meseta marroquí, etcétera) permanece horizontal. En otros sectores, el zócalo aflora extensamente: macizos paleozoicos central de Marruecos, de Rehamna, del Alto Atlas, etc. Todas estas características estructurales recuerdan bastante las de la península Ibérica, con exclusión de las cordilleras B¿ticas.El segundo conjunto, del Rif (v.) y del Atlas tellense pertenece ya al conjunto de cordilleras alpinas del Mediterráneo occidental, y sus características recuerdan notablemente a las de las cordilleras Béticas. En estas cordilleras rifeñas y tellenses se distinguen, a su vez, las llamadas zonas internas (se entiende, con respecto al dispositivo estructural, pero que quedan más inmediatas al litoral y que en parte están sumergidas en el Mediterráneo), y las externas, que lindan por el S con el conjunto atlásico en sentido estricto.Las zonas internas están constituidas fundamentalmente por terrenos de edad primaria y más antiguos, a los que se superpone una cobertera secundaria y terciaria poco potente. La estructura tectónica se caracteriza esencialmente por un empilamiento de mantos de corrimiento (v. PLIEGUES), cuyo estilo es bastante semejante al de la zona bética propiamente dicha. Esta estructura parece tener una edad fundamentalmente eocenaoligocena (v. TERCIARIA, ERA). En relación inmediata con los movimientos orogénicos se desarrollaron procesos de metamorfismo regional de cierta importancia. Las zonas externas están constituidas por una potente serie secundaria y terciaria, que fue extensamente plegada en el mioceno medio. En estas zonas los procesos de metamorfismo sólo se desarrollaron localmente y muy débilmente. Otro elemento estructural completa el conjunto de estas cordilleras: los mantos de corrimiento constituidos por flysch (series alternantes detríticocalizas) de edad cretácea, cocena y oligocena. El origen o procedencia de este flysch es controvertido; para unos autores estos mantos serían procedentes de regiones más "internas" hundidas actualmente bajo el mar de Alborán y su continuación oriental; para otros, tendrían una procedencia más local.V. t.: PRECÁMBRICO; PRIMARIA, ERA; TERCIARIA, ERA; CRATONES.J. M. FONTBOTÉ MUSOLAS.
BIBL.: G. CHOUBERT y A. FAURE MURET, Carte Tectonique de l’Afrique, Moscú 1964; M. DURAND DELGA, Afrique du Nord, Géologie, en Encpc1opedia Unirersalis, París 1968, 39699; R. FURON, Géologie de l’Afrique, 2 ed. París 1960; A. HOLhIES, Geología física, Barcelona 1962; M. MATTAUER, Le style tectonique des chaines tellienne et rifaine, "Geol. Rdsch.n, 53, Stuttgart 1963, 296313; A. L. Du ToiT, The Geology of South Africa, 2 ed. Edimburgo, Londres 1936; L. C. KING, The Morphology of the Earth, Londres 1967.
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