África I. Geografía.2 GEOG.
Categoria:
Geografía
3. Población. Á. es un continente poco poblado y con una gran diversidad étnica y de modos de vida.a)Distribución y evolución. Si en 19671a población de A. se estimaba en unos 330.000.000 hab., veinticinco años después se duplicaba, pasando su densidad de 11 hab/Km2 (menos de la mitad de la media mundial) a 22 hab/Km2 (2/3 de la media mundial). Sin embargo, todavía en 19901a población relativa del continente africano seguía siendo inferior a la de Europa (68 hab/Km2) y Asia (70); similar a la de América septentrional y central (17) y América meridional (16); superior a la de Australia y Oceanía (3). Se puede expresar de otro modo el bajo poblamiento de Á. diciendo que en este continente a cada habitante corresponden aprox. 5,5 Ha de tierra (de todo tipo), mientras que a cada español sólo 1,3 y a cada habitante de Gran Bretaña, 0,4. La superficie de Á. (30.312.506 Km’) equivale aprox. al 20% de la extensión de las tierras emergidas de nuestro planeta, mientras que su población sólo asciende al 12% de la mundial. Son muchos los factores que es preciso tener en cuenta para unacorrecta explicación del escaso poblamiento alcanzado por Á. hasta nuestros días; unos de orden natural, y en particular, bioclimático, y otros de orden humano. Entre los primeros merece destacarse el hecho de que el 12% de la extensión de Á. corresponde a las regiones constantemente cálidas y húmedas de clima ecuatorial y de suelos mediocres y el 350:’o a las regiones desérticas en las que sobre todo la escasez de agua es un serio obstáculo al asentamiento de la vida humana. No se olvide tampoco el papel de barrera, obstáculo y aislamiento que ha desempeñado la particular configuración horizontal y vertical del continente africano. Á. ha sido, por otro lado, un continente tropical azotado secularmente por terribles y mortíferas enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla, la enfermedad del sueño, diversas enfermedades intestinales, la lepra, la viruela, el tifus, la tuberculosis, la sífilis, etc. Entre los factores de orden humano habrá que señalar la "caza de esclavos" (entre 30 y 40 millones se estima que salieron por este procedimiento), las guerras y razzias intertribales, las exigencias de los blancos colonizadores, el hambre, la ignorancia en lo relativo a la higiene, el apego a tradicionales sistemas económicos de escaso rendimiento, como la ganadería "sentimental" y la agricultura itinerante a que luego nos referiremos, etc.
La población de A. está muy desigualmente repartida. Exceptuando el bajo Nilo y las áreas mineras recientemente colonizadas, se puede afirmar que hay una cierta correlación entre densidad de población y promedio anual de lluvias. Las regiones más densamente pobladas son el valle bajo y delta del Nilo, donde se superan los 1.000 hab/Km2, las regiones subtropicales del norte de Á., desde la costa oriental de Túnez hacia el O, y ciertas porciones de Marruecos occidental, que cuentan con más de 100 hab/Km2; los territorios del golfo de Guinea, desde Gambia hasta el Níger; la región de los Grandes Lagos del Á. oriental, particularmente los alrededores del lago Victoria y del Nyanza; la estrecha faja litoral del sudeste de Á.; y el macizo Etiópico. Las áreas con una población relativa más baja son, lógicamente, las ocupadas por los bosques ecuatoriales y por las regiones áridas (estepas y, sobre todo, desiertos).Si, por razones obvias, no resulta fácil calcular la población actual de Á., imagine el lector lo difícil que será dar datos aproximados de su población en épocas pasadas. Las diversas estimaciones que se han hecho a este respecto coinciden en asignarle una cifra de 100 millones de hab., prácticamente invariable, en el periodo 16501850; en 1900 tenía, según Willcox, 141 millones y según CarrSaunders, 120; desde 1920 las cifras son más aproximadas: 155 millones en 1930, 177 en 1940, 199 en 1950, 254 en 1960, 365 en 1970, 480 en 1980, 635 en 1990 (el crecimiento de población es debido sobre todo a la disminución de la mortalidad infantil). Las estimaciones del Demographic Yearbook Nations consideran que Á. puede llegar a los 768 millones de hab. para el año 2000. Los países de crecimiento demográfico más rápido han sido los del Magrib, Egipto y la Rep. Sudafricana; así, Argelia pasó de 2,5 millones de hab. en 1856 a 12.540.000 en 1967 y a 22.971.558 en 1987; Egipto, de 9,7 en 1897 a 30.907.000 en 1967 y a 48.500.000 en 1987; y la República Sudafricana de 5,2 en 1904 a 18.733.000 en 1967 y a 23.500.000 en 1987. No es casi preciso decir que el crecimiento reciente y futuro de la población africana es un crecimiento natural o vegetativo. Según el Anuario Estadístico de la ONU, la tasa bruta de natalidad correspondiente al periodo 195660 ascendió a 47%0, la más elevada de todos los continentes, superior a la tasa media mundial, que en ese periodo fue de 3%. Para el periodo 198085, dicha tasa, en lo que a Á. se refiere, fue de 46%o, mientras la media mundial fue de 27%o. También fue superior a la de los demás continentes la tasa bruta de mortalidad, estimada en 25%o para 195660, frente a la media mundial de 18. Para 198085, dicha tasa, fue, en Á., de 1%, y la mundial de 1I%o. Á. tuvo un crecimiento natural tasable en 22%o: sólo América Central y del Sur lo tuvieron parecido en el mismo periodo de años. Cada vez más, irá disminuyendo la natalidad, pero también, y con mayor rapidez, descenderá la mortalidad, gracias a las obras de saneamiento, a la expansión de los servicios de higiene y médicos, etc.; en Madagascar, p. ej., el exceso de nacimientos sobre defunciones pasó de 20.666 en 1948 a 242.000 en 1981. Naturalmente hay muchas diferencias entre unos y otros países y entre unas y otras poblaciones: blancos, negros, etc. Como la hay también en lo que concierne a la esperanza de vida al nacer (muy baja, generalmente en torno a 50 años en 198090).Por lo que concierne a la estructura de la población africana por edades, es lógico, después de cuanto se acaba de decir, que se caracterice por la gran proporción de jóvenes. Según estimaciones de 1985, el 45% de la población total tiene menos de 15 años; el 52%, entre 15 y 65 años y sólo el 3%, más de 65 años. Los más altos porcéntajes de juventud corresponden al Á. tropical.b)Migraciones y urbanización de África. Aunque siempre haya conocido migraciones tribales, sobre todo en las regiones esteparias y en las sabanas, ha sido desde la llegada de los europeos, y en particular en las últimas décadas, cuando el movimiento de desarraigo de las poblaciones rurales africanas empezó a adquirir caracteres incluso alarmantes. Los centros industriales y las ciudades son aquí, como en todas partes, los principales focos de atracción. Inicialmente el éxodo rural afecta a la población masculina y es temporal: se trata de obtener dinero para mantener a las familias afincadas en las aldeas. Pero poco a poco desaparece el deseo de retornar al hogar, a la aldea, a la tribu, con todo lo que ello tiene de ruptura con el pasado y de salto hacia unas condiciones de civilización separadas en ocasiones por milenios de las que informan la vida familiar y tribal. Parte de estos movimientos migratorios se efectúan entre naciones: así la República Sudafricana ha recibido numerosos inmigrantes procedentes de Angola, Mozambique, Malawi, Swazilandia, Lesotho y Botswuana; Katanga atrae población trabajadora de las mencionadas ex provincias ultramarinas portuguesas; a Uganda van desde Ruanda y Burundi; en Á. occidental los movimientos migratorios se dirigen desde el N, más rural, hacia el S, más urbano, y desde los antiguos territorios franceses, más. áridos, hacia los ingleses, más ricos; en el norte de Á. el movimiento se efectúa desde el interior hacia la costa.Á. sigue siendo todavía el continente menos urbanizado; la población rural de muchos de sus países excede el 60°,"0 de la total. Las tasas de urbanización más altas corresponden a los países del Magrib, Egipto y la República Sudafricana (entre el 45 y el 65% de la total). También son elevadas las de otros países menos poblados, como Libia y Guinea Ecuatorial. Salvo para Á. del Norte, se puede decir que el crecimiento de las ciudades es un fenómeno reciente; citemos sólo algunos ejemplos: Conakry tenía 13.000 hab. en 1936, 50.000 en 1951, 705.280 en 1983; Kinshasa (ex Leopolville) pasa de 27.000 en 1935 a 340.000 en 1955 y 2.778.281 en 1985; Harare (ex Salisbury), de 26.000 en 1931 a 168.000 en 1956 y 681.000 en 1983.A finales de la década 198090, Á. tenía 12 ciudades que sobrepasaban el millón de habitantes: de mayor a menor, El Cairo, Kinshasa, Casablanca, Alejandría, Abidjan, Argel, Johannesburgo, El Cabo, Addis Abeba, Lagos, Giza y Nairobi; y 23 entre 500.000 y 1.000.000 de hab. Gran parte de estas ciudades son puertos; ello se explica por clarísimas razones históricas (modo de efectuarse la penetración europea en Á.) y económicas: Casablanca, Dakar, Luanda, Maputo (ex Loureno~o Marques) y DaresSalaam pueden servir de ejemplo; un segundo grupo de ciudades son puertos interiores, fluviales o lacustres: Bamako, Niamey, Bangui, Ndjamena (ex Fort Lamy), Brazzaville, Kinshasa, la conurbación JartumOmdurman y la misma El Cairo; un tercer grupo es el constituido por ciudades encrucijadas de rutas terrestres: Kano, Lusaka, Harare, Bulawayo. En los tres casos la función comercial es decisiva. El factor climático ha podido influir en el nacimiento y crecimiento de algunas ciudades del Á. tropical: Huambo (ex Nova Lisboa), Nairobi. Y, por último, los yacimientos mineros: Lubumbashi, Likasi, Kolwezi como ejemplos del Zaire, y las ciudades del Copperbelt de Zambia o las que el oro ocasionó en Transvaal y Orange. Otros factores del desarrollo urbano no son de naturaleza tan claramente económica: Kampala, Kumasi, Addis Abeba, Antananarivo (ex Tananarive), crecieron como residencias de jefes de tribus importantes o a causa de su papel de fortaleza fácilmente defendible.¿Cuál es el futuro de las ciudades africanas? Parece clara la tendencia, más que al nacimiento de otras, al engrandecimiento de las existentes. En el litoral, p. ej., y debido al elevado costo de las instalaciones, se tiende a suprimir los puertos pequeños y a concentrar los esfuerzos en unas pocas ciudades portuarias bien equipadas: así sucede en Senegal, Ghana, Nigeria, Angola, A. oriental y Madagascar; la creciente importancia de las funciones gubernamentales, políticoadministrativas, obra en el mismo sentido; y finalmente la mayor parte de las industrias creadas, en creación o en proyecto se ubican en los alrededores de los más importantes núcleos urbanos que son también los mejores centros de consumo.c)Diversidad étnica. Aunque todavía no bien conocida desde el punto de vista etnológico y antropológico puede afirmarse que Á. cuenta con una mayor variedad de pueblos que Europa, América y Oceanía y en ciertos aspectos también más que Asia. No resulta fácil hacer una clasificación convincente de las diversas etnias africanas; la que nosotros seguimos es simplemente una clasificación cómoda a efectos geográficos (véase también ÁFRICA IV).1) Aborígenes. Pueden incluirse entre ellos los bosquimanos, los hotentotes (v. KHOISÁNIDAS), los pigmeos y los negros puros de Á. occidental. Los tres primeros grupos étnicos tienen hoy pequeña importancia y están en declive. Los bosquimanos, en otro tiempo extendidos por gran parte del este y sur de Á., quedan hoy confinados al Kalahari, donde viven de la caza y la recolección de los escasos frutos que la Naturaleza les ofrece; tienen piel de color moreno amarillento y pómulos salientes (rasgos emparentables con los de la raza amarilla), prognatismo muy acusado, cabellos rizados, nariz aplastada (rasgos semejantes a los de las primitivas razas negroides), estatura baja (1,5 m.) y frecuente esteatopigia; su número desciende rápidamente. Los hotentotes son probablemente el resultado de una mezcla de bosquimanos con los primeros invasores hamitas; fueron asimismo arrinconados en el desierto del sudoeste de Á., donde viven del pastoreo seminómada; en la provincia de El Cabo han sido prácticamente absorbidos por mezclas interraciales; tienen rasgos negroides y mayor estatura que los bosquimanos. Los pigmeos (v.) o negrillos también en el pasado ampliamente extentidos viven en los bosques ecuatoriales del A. central; son de muy baja estatura (1,301,45 m.), de facciones negroides, mesocéfalos, de cabello crespo; viven en pequeñas comunidades, de la recolección natural y de la caza. Los negros son mucho más importantes en número y están mucho más ampliamente distribuidos. El Á. negra comienza al sur del Sahara y de Etiopía; negros son los 3/5 de la población de Á. Es preciso, sin embargo, tener mucho cuidado con la utilización de esta palabra: "negro"; muchos pueblos así calificados tienen mezcla de sangre y cultura hamítica. El tipo de negro puro se halla en Á. occidental, entre el río Senegal y el Camerún; es de piel intensamente negra, altura media, cabello lanoso, nariz ancha, cráneo moderadamente dolicocéfalo, labios gruesos. Sus representantes son esencialmente agricultores y no pastores. Lograron en tiempos pasados constituir importantes reinos: p. ej., los ashanti, yoruba y wolof. En la región sudanesa se mezclaron con los pueblos hamitas: p. ej., los hausa.2) Hamitas. Son pueblos blancos procedentes de Arabia y del oriente Medio; la historia de las civilizaciones africanas es, en gran parte, la historia de la difusión de los hamitas y de su mezcla con poblaciones bosquimanas y negras. Los hamitas constituyen propiamente un grupo lingüístico; en general, tienen estatura alta, tez morena, cabello castaño oscuro o negro rizado, nariz delgada y recta y labios poco pronunciados. Suelen dividirse en dos grupos, los orientales y los septentrionales. Los primeros comprenden los egipcios, nubios, somalíes y una gran parte del pueblo de Etiopía; por la diversidad de escenarios geográficos en que viven (desde el fértil valle del Nilo y el macizo etíope hasta los desiertos de Egipto y Somalia) y por el diverso grado de penetración que en ellos hicieran el mahometismo y el cristianismo, se pueden distinguir una gran variedad de pueblos en este grupo. Los hamitas septentrionales se extienden por el Atlas, el Sahara y parte del Sudán; los beréberes (v.) son quizá el resultado de una muy antigua mezcla de hamitas egipcios con europeos meridionales; viven en el Atlas, de la agricultura y de la trashumancia pastoril; los tuaregs habitan en el Sahara central y son pastores nómadas; los fulas del Alto Níger y del norte de Nigeria constituyen, sin duda, una mezcla con negros.3) Negros hamitizados. La mezcla de hamitas con negros aborígenes originó una gran variedad étnica que puede reducirse a tres grupos principales: nilotas, mediohamitas y bantúes. Los nilotas viven en el valle del Nilo, en la parte meridional de la República del Sudán; son ganaderos, aunque practican alguna agricultura. Los mediohamitas se localizan en Kenia, extendiéndose por Uganda y Tanganica (el grupo más destacable es el de los masa¡); son pastores seminómadas, amantes del ganado como signo de categoría social y de riqueza; padecieron durante siglos sangrientas guerras intertribales. Los bantúes (v. BANTUIDAs) constituyen un grupo de pueblos pertenecientes principalmente al Á. central y meridional; así se les llama y define por el tipo particular de lengua que hablan. Pueden subdividirse en tres grupos, occidentales, meridionales y orientales. Los primeros viven en los bosques del Congo y los grupos más conocidos son los bushongo de Angola y los fang del Congo; los bantúes meridionales, el grupo más numeroso, tiene fuertes afinidades negras: los xosa, zulúes, bechuanas y basutos son los más destacables; los bantúes orientales se extienden por las altiplanicies de Uganda y Malawi: mencionemos los baganda, akamba, kikuyu, swahili, yao.4) Semitas (v.). Forman un grupo étnico de raza blanca, religión musulmana y lengua semítica. Se trata de los árabes que invadieron el Á. del Norte en varias oleadas: una en el s. VII y otras, las más importantes, en los s. XI y XIV. Se mezclaron con los beréberes, de modo que hoy resulta prácticamente imposible distinguir unos y otros.5) Asidticos. Aparte de los árabes, y prescindiendo del complejo problema étnico que plantea Madagascar, las poblaciones de origen asiático que viven en Á. se concentran en el este y sur del continente. En A. del Sur hay importantes comunidades de indios, acercándose su número al medio millón; a diferencia de los árabes, los indios raras veces se mezclan con las poblaciones nativas; indios también y asiáticolevantinos (sirios, libaneses, etc.) forman importantes y activas minorías dedicadas al comercio y a la artesanía en las ciudades del Á. oriental. Muchos asiáticos fueron a Á. primero como trabajadores en las plantaciones, sobre todo en las de caña de azúcar de Mauricio y Reunión o como obreros en la construcción de puertos y ferrocarriles; hoy son principalmente artesanos, obreros más o menos especializados, funcionarios, comerciantes; algunos han llegado a ser propietarios de grandes plantaciones (p. ej., de sisal en Tanzania), de hoteles y almacenes comerciales; no han sido bien acogidos por los europeos.6) Europeos. Su número probablemente no llega hoy a alcanzar los seis millones, de los cuales casi cinco viven en la República Sudafricana (un séptimo de su total población) y alrededor de un millón en el norte de Á. Estos últimos están constituidos por mediterráneos: franceses, españoles e italianos; aquéllos, sobre todo por holandeses y británicos. Un tercer núcleo de europeos es el que vive en A. oriental: Kenia, Uganda y Tanzania; el resto del Á. tropical no reúne condiciones climáticas propicias para los europeos. Muchos de éstos pueden ser considerados en Á. como residentes temporales; son predominantemente población urbana, siendo sus ocupaciones más corrientes la administración, el comercio y la industria. El número y también la influencia de los europeos ha disminuido considerablemente en muchos países africanos después de haber alcanzado su independencia. 4. Geopolítica. El hecho más destacable de la historia de A. en los años 195090 ha sido el de la independencia de todos los países. Antes de la II Guerra Mundial sólo Egipto, Liberia y Á. del Sur eran independientes; Etiopía había sido ocupada por los italianos en 1936, pero adquirió de nuevo su independencia durante la guerra, federándose luego con Eritrea. Libia se hizo independiente en 1951; Marruecos, Túnez y Sudán en 1956; Ghana (ex británica) en 1957; Guinea (ex francesa) en 1958; las restantes colonias francesas del Á. occidental y ecuatorial (Mauritania, Senegal, Costa de Marfil, Malí, Níger, Burkina Faso, Gabón, República del Congo, República Centroafricana, Benin y Chad), Madagascar, los Estados fiduciarios de Togo, Camerún y Somalia, Nigeria (ex británica), Zaire (ex belga) y Somalia (ex británica) en 1960; Sierra Leona y Tanzaica (ex británicas) en 1961; Ruanda y Burundi (ex belgas), Uganda (ex británica) y Argelia (ex francesa) en 1962; Kenia y Zanzíbar (ex británicas) en 1963; Malawi y Zambia (ex británicas) en 1964; Gambia (ex británica) en 1965; Botswana y Lesotho (ex británicas) en 1966; Mauricio, Ngwane o Swazilandia (ex británicas) y Guinea Ecuatorial (ex española) en 1968; GuineaBissau (ex portuguesa) en 1973; Angola, Mozambique, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe (ex portuguesas), Sahara Occidental (ex española) y Comores (ex francesa) en 1975; Seychelles (ex británica) en 1976; Yibuti (ex francesa) en 1977; Zimbabwe (ex británica) en 1980; y Namibia (ex sudafricana) en 1990.La independencia ha supuesto una serie de ventajas y de inconvenientes. Entre aquéllas merecen citarse: 1) la eliminación de tarifas aduaneras y cuotas favorables a las metrópolis; la supresión de restricciones a la producción industrial y de artículos agrícolas que pudieran hacer competencia a los obtenidos en las metrópolis; la supresión de restricciones al empleo de la población indígena en los servicios civiles, industriales y técnicos, etc.; 2) el entusiasmo despertado por la independencia, bien canalizado, puede ser una magnífica fuerza para el desarrollo económico; 3) independizados, los países africanos pueden romper con el colonialismo económico, aunque éste es un largo camino. Entre las desventajas citemos la reducción en las inversiones públicas y privadas por parte de los antiguos países coloniales; la escasez de personal cualificado; la posible ruptura de los ordenamientos comerciales y monetarios; el resurgir de los antiguos antagonismos tribales. Como observa Hance, muchas naciones africanas adquirieron su independencia cuando ésta era posible desde el punto de vista político, pero no desde el económico. Los principales caracteres geopolíticos de los actuales territorios nacionales son: 1) su carácter periférico; bastantes países, sobre todo en Á. occidental, se extienden hacia el interior a partir de una faja costera; es el resultado del modo de hacerse la penetración y colonización europea; 2) las fronteras no guardan en general relación alguna con límites naturales: p. ej., la antigua Á. Ecuatorial Francesa, extendida desde el sur del Ecuador hasta el centro del Sahara, o el caso de ambos Congos; 3) las fronteras tampoco coinciden, en general, con límites tribales o etnográficos; así, están divididos en países distintos los hausa, bakongo, masa¡, somalíes, etc.; 4) excesiva fragmentación de Á., lo que supone que muchos países tengan un territorio muy pequeño. El problema de las fronteras artificiales no deja de provocar tensiones y amenazas, juntamente con el tribalismo, las diferencias lingüísticas, etnológicas, económicas y políticas con la "balcanización" de Á.
Frente a ello, se intentó una mayor asociación de los Estados africanos: la OCAM (Organización Común Africana y Mauriciana) constituida en 1965 por Camerún, Chad, Congo y Zaire, Costa de Marfil, Benín, Gabón, Madagascar, Níger, República Centroafricana, Ruanda, Senegal, Togo y BurkinaFaso con vistas a la cooperación económica y política; la OUA (Organización de la Unidad Africana, v.), constituida en 1963 en la Reunión de Addis Abeba e integrada por todos los países africanos independientes menos la República Sudafricana, hasta que abandonó su política de apartheid, y que se propone reforzar la unidad política y la cooperación entre los países miembros; la EACSO, transformada en 1967 en la EAC (East Africa Community), constituida por Kenia, Uganda y Tanzania en 1962 para favorecer la coordinación en diversos campos de la economía, del trabajo y de la investigación científica y tratar de establecer un mercado común, hoy desaparecida; la Conferencia de los Jefes de Estado del Á. Ecuatorial, instituida en 1959 por la Rep. Centroafricana, Chad, Congo y Gabón con la finalidad de establecer una política común en el campo económico y comercial, también desaparecida; la Liga Árabe (v.) o de Estados Árabes, fundada en 1945, que reúne a las naciones con una religión, una lengua y una cultura comunes y trata de coordinar sus actividades sociales, económicas, políticas y militares; el Consejo de la Entente, alianza de carácter político y económico creada en 1959 e integrada por Costa de Marfil, BurkinaFaso, Benín, Níger y Togo, quienes han constituido una unión aduanera y un fondo de solidaridad; etc.5. Economía. Á., y en especial el Á. negra, fue el último continente en ser explorado y desarrollado. Sólo en el s. XIX, cuando la industrialización de Europa occidental demanda materias primas y busca mercados exteriores para la venta de sus productos industriales, Á. entra realmente en el juego de los intereses europeos. La situación continuará hasta la II Guerra Mundial; incluso en los primeros años de la posguerra aumentará el interés de los colonialistas por Á., puesto que gran parte de los países asiáticos que proporcionaban productos tropicales se independizaron de las metrópolis europeas; Á. podía proporcionar a éstas aceites vegetales, semillas oleaginosas, estimulantes y especias, cocos, plátanos, azúcar, cacao, fibras textiles (algodón, sisal), etc., y por si fuera poco, Á. ofrecía perspectivas buenas en orden al aprovisionamiento de ciertos minerales, como hierro, manganeso, cobre, petróleo y gas natural, bauxita, uranio, etc. Independizados gran parte de los territorios coloniales africanos, a los intereses europeos se unirán los americanos y aun los rusos y chinos. Á. será el continente de moda y, con América del Sur, el continente del porvenir.a) Caracteres generales. Si se exceptúa la República Sudafricana, Á. es un continente subdesarrollado; efectivamente, su agricultura, en buena parte dedicada a la obtención de productos de subsistencia, se caracteriza por su baja producción por hombre y su baja producción por área; la actividad económica dominante es la extractiva; la producción energética e industrial es pobre; la escasez de técnicos, obreros especializados y empresarios, grande; el nivel de educación, bajo; la mortalidad (y sobre todo la infantil), elevada; la infraestructura todavía inadecuada. El producto nacional bruto per cdpita en 1985 era para Gabón de 3.340 dólares; República Sudafricana 3.010; Argelia 2.530; Namibia 1.520; Túnez 1.220; Mauricio 1.070; Congo 1.020; Botswana 840; Camerún 810; Nigeria 760; Egipto 680; Swazilandia y Zimbabwe 650; Costa de Marfil 620; Marruecos 610; Lesotho 480; Liberia 470; Cabo Verde 430; Mauritania 410; Zambia 400; Ghana 390; Senegal y Sierra Leona 370; Sudán 330; Guinea 320; Santo Tomé y Príncipe 310; Kenia 290; Comores 280; Benín, República Centroafricana, Somalia y Tanzania 270; y por debajo de 250 el resto. Por último, la contribución africana al comercio mundial es todavía pequeña.Hagamos hincapié en alguno de estos puntos, antes de tratar por separado las diversas ramas de la economía: 1) En Á. coexisten, y aun se yuxtaponen, economías heterogéneas. Esencialmente pueden reducirse a dos tipos extremos, los dos afectados por el paso de una economía de subsistencia a una economía de intercambios comerciales. En el primer tipo se incluyen los países en que la comercialización se ha basado principalmente en la producción campesina de artículos de exportación, sin grandes inversiones extranjeras ni grandes empresas y sin requerir un trasvase importante de la población trabajadora desde las fórmulas económicas tradicionales a las modernas; éste es el caso, p. ej., de Ghana, Costa de Marfil, Malí, BurkinaFaso, Níger, Nigeria, Chad, República Centroafricana, Uganda y Tanzania. En el segundo tipo, la economía de intercambios comerciales ha sido impulsada por fuertes inversiones de capital extranjero y por grandes empresas con una fuerte capitalización y un elevado nivel técnico, lo que ha supuesto un trasvase grande depoblación trabajadora de la economía tradicional a la moderna; p. ej., Zambia, Zimbabwe, Kenia y, sobre todo, la República Sudafricana. 2) La producción primaria tiene un predominio neto en el PIB y en la balanza comercial de gran parte de los Estados africanos. Estos comercian principalmente con países europeos, EE. UU., Canadá y Japón, siendo por ahora escasos los intercambios mercantiles entre los diversos países africanos y muy limitados los mercados nacionales. 3) La economía de muchos países depende excesivamente de la exportación de un producto, lo que los hace muy vulnerables a las fluctuaciones de los precios del mercado internacional; así, en Gambia, Senegal y Níger es el cacahuete, en Chad el algodón y en Mauricio el azúcar de caña, etc. Zaire, Kenia, Tanzania, Madagascar y Á. del Sur efectúan exportaciones más variadas; por otro lado, según un informe del Banco Mundial sobre A., la producción de alimentos por habitante en el Á. negra (con exclusión de Sudáfrica) disminuyó una media de un 2% anual entre 1970 y 1985. 4) La infraestructura económica de Á., y muy en particular la relativa a los transportes, es inadecuada; los problemas a resolver son muchos y graves: distancias largas entre algunas áreas productivas y la costa, lo que significa no sólo encarecimiento en los transportes, sino también inviabilidad de obtener en ellas productos perecederos, aunque el transporte aéreo sea una prometedora solución; escasez de buenos puertos, ferrocarriles y carreteras que tienen, además, un elevado costo de mantenimiento; etc. 5) Á. necesita, para salir del subdesarrollo, fuertes inversiones de capital, lo que equivale a decir que durante muchos años será precisa ayuda extranjera, con los riesgos de neocolonialismo económico que ello implica. Las antiguas metrópolis y otros países europeos, EE. UU., la URSS y diversos organismos internacionales, relacionados o no con la ONU, contribuyen, aunque no en la medida y con la coordinación necesarias, a paliar este grave obstáculo de la escasez de capital que, como ya dijimos, va unida a una escasez no menor en técnicos y mano de obra especializada. 6) La economía africana se concentra en una serie de "islas" productivas rodeadas de áreas poco o nada productivas; dichas "islas" pueden reducirse a unos pocos tipos: las situadas en la costa, por accesibilidad y comienzo de la colonización europea; las correspondientes a las altas tierras, con buen clima, salubridad, suelos volcánicos, altas densidades, condiciones ecológicas favorables para la obtención de café, té, tabaco, etc., y para la ganadería; las relacionadas con las áreas de regadío (delta y Bajo Nilo); y, por último, las "islas" mineras.
b) Agricultura. Es el principal sector de la actividad económica; así, p. ej., se estima que en A. tropical la población rural asciende al 90% y de ella más del 75% es agrícola. Todavía subsisten, según se dijo, poblaciones primitivas que viven exclusivamente de la caza y de la recolección de los frutos que la Naturaleza ofrece espontáneamente, como los bosquimanos del Kalahari, los pigmeos de la cubeta del Congo, los dorobo y sanje de Kenia, los kindiga y sandawe de Tanganica y los majo del sur de Etiopía. Otras poblaciones asocian la caza y la recolección al cultivo o a la ganadería. Pero lo más frecuente es que la población rural africana viva de la agricultura, de la ganadería o de ambas actividades rurales asociadas.1) Sistemas agrícolas. Aunque sean muy variados, pueden reducirse a unos pocos tipos. En primer lugar mencionaremos el sistema de cultivo itinerante (simple desplazamiento de campos) o nómada (cuando además de los campos se desplaza el habitat), practicado en una buena parte del A. tropical y que recibe diversos nombres, como tavy en Madagascar y lugan en Á. occidental; generalmente en el bosque se trata de cultivo nómada y en la sabana de cultivo itinerante y aun simplemente de cultivos con largos barbechos herbáceos. Una serie de rasgos son comunes a todos estos tipos: la propiedad del suelo es colectiva (de la tribu, del clan, del pueblo), aunque el usufructo temporal sea individual; el principal trabajo concierne a la creación del campo de cultivo, para lo cual se cortan arbustos, matorrales y árboles (sólo se respetan los útiles, como el karité, la palmera aceitera), se prende fuego y se esparcen las cenizas; esta operación suele hacerse al final de lá época seca; luego se siembra durante uno o varios años (generalmente tres o cuatro) hasta que, agotada la fertilidad, se abandona y se procede a la creación y al cultivo de un nuevo espacio de tierra; los campos abandonados son invadidos por la maleza y el bosque y así permanecen durante más o menos tiempo, de acuerdo con la fertilidad, la presión demográfica, etc., antes de ser nuevamente rozados.El sistema que se acaba de describir es un sistema tradicional, que sólo puede darse en áreas escasamente pobladas; es un sistema agrícola extensivo. Pero incluso en A. tropical hay pueblos que, presionados por diversas circunstancias, han sabido utilizar sistemas de cultivo más intensivos; los tratados de Geografía rural suelen citar los ejemplos de los campesinos sereres del Senegal quienes, además de cultivar ininterrumpidamente con mijo y mandioca las tierras que circundan las aldeas, siguen un sistema agrícola de tipo trienal combinado con la ganadería: cada año dedican una parte de su terrazgo al cultivo de mijo tardío, otra al de cacahuete y la tercera queda como barbecho pastoreado; el caso de los bamilekes del sudeste montañoso del Camerún, que han creado un sistema de cultivo intensivo y un paisaje de campos cercados, parecido al de Europa occidental; y el de los diolas del sur del Senegal, que practican una rizicultura de inundación parecida a la del Asia monzónica. Tradicionales son igualmente los tipos de agricultura de las regiones desérticas saharianas, en las que secularmente han coexistido nómadas pastores y agricultores sedentarios; estos últimos son sobre todo numerosos al norte del Sahara; se trata de una agricultura de oasis llevada a cabo sin regadío, como en el Suf, o utilizando de muy diversas maneras el agua de lluvia, la de los ueds, o la del subsuelo extraída por medio de pozos o mediante galerías subterráneas que en el Sahara se llaman foggara; a la sombra de los palmerales crecen en los oasis diversos árboles frutales, cereales y leguminosas; el Valle del Nilo, en cambio, debe mencionarse como ejemplo de regadío modernizado. Por último, en el A. mediterránea subsisten los también tradicionales sistemas de cultivo de secano de año y vez, con barbecho labrado, dedicados principalmente a la obtención de cereales (sobre todo, trigo), el policultivo arbustivo y arbóreo y el regadío.La agricultura modernizada es en A. obra casi exclusiva de los colonizadores europeos, quienes en diversas regiones, como Á. del Norte, del Sur y del Este, adquirieron y pusieron en marcha explotaciones agrícolas mayores que las indígenas, mecanizadas, con empleo adecuado de fertilizantes químicos y dedicadas a cultivos comerciales: p. ej., vid, olivo, frutales, hortalizas, en el Magrib; la mayor parte de estas explotaciones han pasado ya a manos indígenas. En otros casos los europeos, aunque no se instalasen como colonos, impulsaron y orientaron la agricultura, introduciendo y aun imponiendo nuevos cultivos, como el algodón en la región del Chad, u organizando la comercialización de un producto ya existente. Finalmente los europeos, y en ocasiones también los árabes e indios, establecieron en A. el sistema agrícola que se conoce con el nombre de plantación. Estas grandes explotaciones rurales abundan en el A. tropical: en Tanganica, dedicadas al sisal; en Zanzíbar, al clavo y al cocotero; en Liberia, al caucho; en la Costa de Marfil, al café, etc. Algunas plantaciones (casi siempre pertenecientes a compañías) son de tamaño gigantesco: la concesión liberiana de la Compañía Firestone asciende a más de 400.000 Ha., de las cuales alrededor de 40.000 están plantadas, proporcionando empleo a unos 30.000 hombres. Después de la Il Guerra mundial surgieron plantaciones gestionadas por corporaciones públicas en Camerún, Malawi, Senegal y otros países; la tendencia a pasar a manos indígenas las plantaciones, es también muy clara.2) Principales productos agrícolas. Seguiremos en su enumeración un orden geográfico, más que de importancia económica:Productos de la zona de bosques tropicales, unas veces proporcionados espontáneamente y otras veces obtenidos mediante cultivo. La palmera aceitera da un fruto que se emplea ampliamente en la fabricación de jabones, margarinas y ciertos explosivos y (en el caso del núcleo del fruto) de aceites comestibles; se da particularmente en la zona costera de Á. occidental. La nuez de cola, tan empleada en Farmacia como estimulante, se obtiene sobre todo de Sierra Leona y Nigeria, aunque también recolectan o cultivan el árbol de cola otros países de Á. occidental. El copal, utilizado por su resina en la fabricación de barnices y a veces como sustitutivo del ámbar, se extrae de los bosques ecuatoriales de la cuenca del Zaire y también de los bosques costeros de Tanganica. El plátano procede principalmente de Camerún y Somalia, además de Canarias. El cacao africano procedía hasta hace poco más de medio siglo de las islas de Santo Tomé, Príncipe y Bioko (ex Fernando Poo); después se extendieron los cacaoteros por Ghana y otros países de Á. occidental, por la región del Bajo Zaire y Angola. El café se obtiene de las regiones montañosas y boscosas de Á. oriental, Kenia, Uganda, Tanganica, Mozambique, Madagascar y también en Angola y algunos países del golfo de Guinea. Por último, el arroz se cultiva en sistema de inundación en los deltas del Á. occidental (Sierra Leona, Guinea y Costa de Marfil), del Á. oriental (Kenia y Tanganica) y de Madagascar; el arroz de montaña se da en Sudán y Madagascar; en los regadíos de la mitad norte del delta del Nilo y del delta interior del Níger (Malí) se le dedican también importantes áreas.
Productos propios de las sabanas. Algunos de los árboles proporcionan goma arábiga (acacias), producto particularmente notable en Senegal y Sudán, y otros, como el karité o árbol de la manteca, típico del norte de Nigeria y Ghana, proporcionan la materia grasa tradicional. Los principales cultivos de las sabanas son de tipo arbustivo, como el algodón, pequeñas plantas como el tabaco y cacahuete o de tipo herbáceo, como el maíz y el trigo. Prescindiendo del Valle del Nilo, en Egipto, que es la principal región africana productora de algodón, éste se cultiva en las áreas cercanas a la confluencia del Nilo Azul y del Nilo Blanco (Sudán), en Uganda, de la que es el principal producto de exportación, en Tanganica, Mozambique, Nigeria, Senegal, etc. El cacahuete se extiende sobre todo por las sabanas del Á. occidental, siendo el principal producto de exportación de Gambia,Senegal y Malí. El tabaco, aunque también se da en otras áreas climáticas (Argelia, Egipto, El Cabo, y sobre todo el sur de Transvaal y norte de Orange), se cultiva en las sabanas de Malawi, Zambia y Zimbabwe (ex Rhodesia). También el maíz se da en otros tipos climáticos distintos al de las sabanas tropicales; en esta zona sus áreas más notables son el Á. occidental, desde Sierra Leona a Nigeria, el Á. oriental (Kenia) y del Sur (Malawi, Mozambique, Zambia y Zimbabwe). En el Sudán y en las partes más secas de Á. del Sur, el mijo, cereal tradicionalmente africano, ha resistido a la competencia del maíz, cereal de origen americano.
Productos de las regiones mediterráneas. Son los cereales de invierno, entre los cuales el trigo ocupa el primer puesto, y aquellas plantas arbustivas o arbóreas capaces de vivir en un ambiente en que coinciden, en una misma estación (verano para el Hemisferio N, invierno para el Hemisferio S) elevados calores y escasas o nulas precipitaciones. El olivo se da en el Magrib, y en tanta mayor abundancia cuanto más al E, de modo que Túnez tiene una superficie olivarera mayor que la de Argelia y Marruecos. La vid se cultiva en todas las regiones mediterráneas, dominando netamente Argelia sobre los otros países del norte de Á. y sobre todo la región de El Cabo en extensión y en producción. Los frutales, como naranjos, limoneros, higueras, almendros, crecen también por todas partes, en regadío o en secano; algunos se extienden igualmente por otras regiones climáticas; así, los naranjales de Zimbabwe y del Transvaal. Otro tanto sucede con los cereales de la zona templada (trigo, cebada) que también se cultivan en Egipto y en las sabanas de Zimbabwe, Kenia y Malí.Productos de los oasis. La palmera datilera es el árbol principal de los oasis saharianos, en los que desempeña un papel tan importante como el platanero en los bosques tropicales; el sur de Marruecos y Argelia, Túnez central, los oasis de Egipto y norte del Sudán son sus principales áreas productoras.e) Ganadería, explotación forestal y pesca. La ganadería no tiene hoy en Á. la importancia que debiera, aunque sea la economía de subsistencia predominante en muchas regiones. De su transformación e intensificación puede esperarse mucho en los próximos años, contribuyendo a mejorar la dieta alimenticia, cualitativamente deficiente en buena parte de A. Es cierto que grandes extensiones de este continente no reúnen condiciones naturales propicias a la ganadería. No las reúnen los desiertos cálidos en aquellas porciones de sus territorios excesivamente áridas para permitir el desarrollo de la vegetación (p. ej., en el Sahara, el Tanezruft) o en las que sólo puede crecer rápida y efímeramente la hierba tras las lluvias o determinadas especies xerófilas; las condiciones se hacen más propicias en los bordes de dichos desiertos (semidesiertos), pero de todas formas la densidad ganadera por hectárea ha de ser, como en todas las regiones áridas, pequeña, imponiéndose además los grandes desplazamientos (nomadismo, seminomadismo, trashumancia) del ganado en busca de pastos. Tampoco son propicias para la ganadería las regiones cubiertas por los bosques ecuatoriales en los que, por un lado, y debido a la sombra de los árboles, no hay lugar para el crecimiento de la hierba, y por otro, la mosca tsétsé constituye un azote terrible tanto de los animales como del hombre. Las únicas áreas favorables son las sabanas y las estepas situadas entre los bosques ecuatoriales y los desiertos, y aun aquí los inconvenientes a salvar no son de poca monta; en primer lugar, se trata de hierbas que crecen rápidamente en la época de las lluvias, pero que, se endurecen y secan con igual rapidez en cuanto las) precipitaciones desaparecen; en segundo lugar, se trata de hierba cualitativamente deficiente, con escasez de leguminosas; sólo en las cubetas y en el fondo de los valles (p. ej., Níger, Senegal) hay pastos buenos todo el año, pero justamente éstas son las regiones más solicitadas por los agricultores. Añádase finalmente que en granparte de Á. dominan los suelos derivados de rocas ácidas y, por tanto, con falta o escasez de elementos tan importantes en la alimentación animal como el fósforo y el calcio.
Pero las principales barreras que se oponen al desarrollo y sobre todo a la modernización de la ganadería africana son de orden humano. Ciertas creencias religiosas obstaculizan la cría de determinados animales o, por el contrario la favorecen: así, como es sabido, la religión islámica elimina prácticamente la ganadería porcina, mientras que las supersticiones religiosas de los pueblos pastoriles de Madagascar favorecen la cría de ganado bovino, imprescindible como animales de sacrificio en las ceremonias de bodas, defunciones, culto, etc. En otros casos, como en los peuls del A. occidental y los pueblos pastores del A. oriental, desde el Alto Nilo hasta Á. del Sur, pesan más los factores de tipo social: los rebaños son considerados por sus poseedores, no como una fuente de ingresos, sino como un capital social cuya importancia se mide por el número de cabezas (y no por la calidad), criterio de clasificación en la jerarquía social. En los tres casos la ganadería, principalmente bovina, es numéricamente importante, la estimación de los campesinos hacia los animales grande, pero los beneficios que les reportan muy escasos. Madagascar cuenta con una notable cabaña bovina (8,5 millones de cabezas), pero apenas se utilizan estos animales como productores de leche y muy poco como animales de trabajo. En Á. occidental y oriental los rendimientos pecuarios de su importante ganadería bovina (unos 25 millones de cabezas) son igualmente escasos: no se utilizan los animales para carne, ni para trabajo, y aunque los indígenas suelen ser grandes consumidores de leche, como no matan a las vacas ("matar un animal es tanta locura como encender un cigarrillo con un billete de banco"), hay muchas vacas viejas y, por tanto, el rendimiento en leche por cabeza y año es bajísimo. Tanto en Madagascar como en ambas regiones del A. tropical los rebaños pastan en régimen de semilibertad, siendo por ello la alimentación deficiente, sobre todo en las épocas de sequía, ya que apenas se practica el ensilaje; los cuidados sanitarios son nulos y la selección de especies desconocida. Se puede afirmar que hay en tales regiones superpoblación ganadera. Veyret calificó a estas ganaderías de "sentimentales" y, más concretamente, de "bovinomanía" a la de Madagascar y de "manías pastoriles" a las del Á. tropical. El ganado ovino está más ampliamente difundido que el bovino, por resistir mejor la sequedad, aunque sus principales áreas son las altas mesetas del Atlas y la República Sudafricana (merinos y karakul), particularmente el Estado de Orange. Otro tanto puede decirse de la distribución del ganado caprino. Ovejas y cabras se asocian a los camellos en los pueblos seminómadas de la franja norte del Sahara. Estos últimos son por excelencia los animales típicos de los nómadas saharianos y de los que viven en Somalia y orillas del mar Rojo. El valor de estos tipos de ganadería es mediocre, aunque se trate de ganaderías muy útiles e incluso esenciales porque ellas proporcionan alimento, vestido, transporte y material para construir las tiendas.Los bosques ocupan el 12,6% de la total extensión de Á.; un poco menos de la mitad de la superficie forestal corresponde a los bosques de las zonas ecuatoriales, otra mitad a los de las zonas tropicales de sabanas y el 4% a los bosques de las áreas montañosas del Á. oriental y meridional y de las regiones mediterráneas. Prescindiendo de la recolección de los frutos silvestres, alimenticios y de las plantas medicinales, de la utilización de la madera en la calefacción doméstica y en la construcción de las viviendas indígenas y de la caza, que muchas veces proporciona a los campesinos más carne que la ganadería, los beneficios que reportan los bosques africanos son todavía demasiado escasos: sólo se utilizan comercialmente 1/8 de los bosques explotables (madera empleada en la construcción y en la ebanistería). Las razones son conocidas y pueden reducirse a una: alto costo de producción y de transporte. Á. puede esperar mucho del desarrollo científico de la explotación forestal en los próximos años.A pesar de ser casi un continenteisla, en Á. la pesca tiene aún muy poca importancia, salvo en Á. del Sur y Namibia, Angola, y algunos países de Á. occidental y Marruecos, en cuyas economías alcanzan relativo peso las exportaciones de productos marinos, y principalmente de pescado; de alguna significación primordialmente local es la pesca efectuada en los Grandes Lagos del Á. oriental y en muchos ríos. No cabe duda de que esta actividad secundaria, la pesca, ha de adquirir en un próximo futuro un gran desarrollo, a juzgar por el alcanzado recientemente en Á. occidental, contribuyendo a mejorar la deficiente alimentación (débil consumo de carne) de buena parte de las poblaciones africanas.d) Industria. Las actividades no extractivas están muy pobremente representadas en la mayor parte de Á. Muchas industrias se reducen a la manipulación primaria de los productos agrícolas, pesqueros, forestales y mineros. Tan sólo la República Sudafricana tiene una estructura económica fuertemente afectada por el sector industrial. Á. del Norte y Egipto cuentan con gran número de personas empleadas en diversas artesanías y se hallan en los comienzos de la moderna industrialización. El sector manufacturero en el Á. tropical es variado y de cierta consideración en Zimbabwe y la República Democrática del Congo. Todos los países africanos sienten la necesidad de iniciar o acelerar el proceso de industrialización, para aumentar el nivel de vida y como medio de emplear los excedentes demográficos y, en definitiva, salir del subdesarrollo.Las razones que se han dado para explicar la insuficiente industrialización de Á. son varias y discutibles. La penuria energética es sólo actual, porque Á. cuenta con bastantes recursos todavía no explotados. El carbón se extrae en la República Sudafricana, Mozambique, Zimbabwe, Nigeria, Argelia y Marruecos; pero con excepción de la primera, las cantidades son escasas, las calidades mediocres y el precio excesivamente elevado; éste ha sido no cabe duda un serio handicap para determinados tipos de desarrollo industrial. Por lo que se refiere al petróleo y gas natural, el Sahara (Argelia, Egipto y Libia) ha pasado a ser en los recientes años una importante área de explotación seguida del delta del Níger que parece tener considerables reservas. De menor importancia son los campos petrolíferos de Marruecos, Túnez, Gabón, Congo y Angola; de todas formas, la estructura geológica de la mayor parte del continente no es demasiado propicia para la formación y conservación de hidrocarburos. En cambio, el potencial hidroeléctrico es enorme, estimándose en el 40%e del total mundial; aproximadamente la mitad corresponde a la cuenca del Zaire. Aunque sólo una parte pequeña de dicho potencial está explotada, se espera que en los próximos años se incrementará notablemente la producción hidroeléctrica africana, a juzgar por las obras en ejecución y en proyecto; la República Sudafricana, Egipto y Zimbabwe son los tres más importantes productores de energía eléctrica. Por último, Á. parece ocupar un puesto envidiable en lo relativo a materias primas fisionables; a la República Sudafricana y Zaire hay que añadir, como países con depósitos de cierta consideración, Nigeria, Zambia, Mozambique, Madagascar y Gabón. Aunque acaso no sea el gran almacén mundial, como suele decirse, Á. cuenta con importantísimos recursos minerales no energéticos, y eso que el conocimiento geológico del territorio no es aún satisfactorio. Alrededor de un millón de personas trabajan en las actividades mineras, la mitad de ellas en la República Sudafricana, que cuenta, además de oro y diamantes, con grandes cantidades de hierro, manganeso y cromo. Otra importante región minera es el área cuprífera de KatangaZambia, que proporciona también cobalto, plata, oro, manganeso, cadmio, platino, paladio, cinc, germanio, etc. En las últimas décadas se han convertido en países mineros de cierta consideración, además de los del Magrib, ya veteranos (hierro, fosfatos, plomo), Namibia (diamantes, plomo), Zimbabwe (oro, asbesto), Ghana (oro, diamantes, bauxita, manganeso), Nigeria (estaño), Sierra Leona (hierro, diamantes), Angola y Tanzania (diamantes). Por último, Á. dispone también de variadas y abundantes materias primas de origen vegetal para su industrialización: productos oleaginosos, y en especial cacahuete, textiles (algodón), madera, etc.; y de potenciales riquezas ganaderas y pesqueras.El retraso de la industrialización africana hay que achacarla más bien a factores humanos. Por lo que concierne a la mano de obra, las deficiencias son de tipo cualitativo, subsanables con la elevación del nivel educacional; peor es, y de más costoso remedio, la escasez de cuadros técnicos, hasta hoy constituidos fundamentalmente por extranjeros. Pero el mayor obstáculo a la industrialización radica en la escasez de capitales africanos, debida, sobre todo, a la política seguida por las metrópolis europeas, para quienes los territorios de A. sólo eran los suministradores de determinados productos alimenticios de que carecía la metrópoli, los proporcionadores de materias primas minerales y vegetales y los compradores de sus productos manufacturados. No se olvide tampoco el papel de freno que ha desempeñado la deficiente infraestructura en lo que concierne al transporte. Los yacimientos mineros y la agricultura comercial impulsaron la construcción de vías férreas; gran parte de éstas se resuelven en una serie de líneas discontinuas, cada una de ellas trazada desde un puerto marítimo hacia el interior. Si se exceptúa la República Sudafricana y el Magrib no se puede hablar propiamente de sistema o red de vías férreas; sólo existe un puerto de la costa occidental (Lobito) unido por ferrocarril a la costa oriental (Beira, Maputo ex Lourenqo Marques, Durban). Aunque se han hecho bastantes progresos, la red de carreteras de primer orden es muy poco densa y su trazado, como el de los ferrocarriles, deja mucho que desear. Los ríos tienen una importancia más bien local como vías de navegación, así como los lagos; muchas veces lo que hacen es obstaculizar las comunicaciones. En cambio el transporte aéreo, comercial y de pasajeros, está revolucionando la economía y la sociedad de un continente como el africano, tan extenso y con tantos obstáculos físicos que salvar. Finalmente, el desarrollo económico de Á. inviable sin la ayuda exterior exige que se solucione pacíficamente y mediante las uniones y confederaciones ya existentes u otras que puedan crearse, el grave problema de la "balcanización"; el particularismo estatal incrementa, sin duda, las dificultades económicas actuales encareciendo inútilmente la obra del desarrollo y, por desgracia, retrasándolo.A. FLORISTFIN SAMANES.
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Gran Enciclopedia Rialp,Ediciones Rialp, Madlrid 1991
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