África III. Biologia. BIOL.
Categoria:
Biología
Áreas biogeográficas de África. Si se examina un mapa del continente africano, en el cual se hayan delimitado los diferentes pisos vegetativos y su naturaleza, se observa que, partiendo de un centro que coincide con la línea del Ecuador geográfico, y en el cual vegeta la densa selva húmeda y espesa, conocida con el nombre de bosque o selva virgen, formando una amplia zona, desde las costas del Atlántico hasta el valle del Rif, en el E, se van superponiendo, simétrica y paralelamente, como si fueran estratos, franjas de naturaleza similar: la estepa, la sabana, el desierto, rematadas por una pequeña superficie que corresponde, genéricamente, a la región Mediterránea o subtropical. Junto a los dos grandes desiertos, el Sahara y el Kalahari, al N y S respectivamente, aparecen unos islotes de bosque de montaña, con manifestaciones de pradera, especialmente en la región montañosa del Drakensberg en el sudeste del continente. Una zona lacustre, de gran potencia, se perfila de N a S, iniciada en el Nilo Blanco y finalizando en el río Zambeze. Es la gran depresión que se conoce como Valle del Rif; sus potentes cubetas de agua originan extensas zonas pantanosas y de manglar. Las costas y fondos marinos son, asimismo, un venero de notables especies. Ante esta diversidad de biotopos es muy natural que las formas animales sean extremadamente ricas y variadas. Las mayores biomasas de mamíferos que existen en el mundo tienen su residencia en Á., pudiéndose observar todavía hoy en día, abriéndonos una esperanza hacia su perdurabilidad, gracias a la creación de parques naturales.África mediterránea. A tenor de lo indicado, en la biogeografía africana hacen acto de presencia dos áreas, en el extremo N y S del continente, que establecen una interrelación con la región Paleártica (V. ZOOGEOGRAFÍA), propia del sur de Eurasia y ello no solamente en lo que respecta a los vegetales, sino también al sustrato zoológico. La escasa distancia que separa el extremo sur de España con el norte de Á., ha querido patentizarse estableciendo una cabeza de puente que va desde Marruecos a Egipto, en longitud y hasta el macizo del Atlas en profundidad. A su vez, en el S y en los bordes del cabo de Buena Esperanza, se repite un fenómeno similar, algo así como si, tomando un papel de calco, hubiéramos conseguido, con una mitad de la imagen de Á., reconstruir, esencialmente, la fisonomía total de su superficie. Ambas zonas son, actualmente, de poca extensión y potencialidad; no obstante, hay testimonios ciertos de que en otras épocas tuvieron una mayor importancia.La confluencia de vegetación se hace patente con multitud de ejemplos: pinos (Pinus halepensis y Pinus pinaster), encinas (Quercus ilex) y aun cedros (Cedrus atlantica) y abetos (Abies pinsapo). El alcornoque (Quercus suben), se densifica en grandes bosques en las llanuras arenosas y el olivo (Otea europaea) acepta el cultivo. En tierras áridas, aunque con la influencia de precipitaciones acuosas, se desarrolla la llamada maquia, conjunto de plantas arbustivas de gran densidad, integrado en este caso por las aliagas (Ulex), brezos (Erica), palmito (Chamaerops), jaras (Cistus), carrascas, etc.; en las partes más secas, la chumbera (Opuntia) se manifiesta en grandes, masas. Las marismas españolas del Guadalquivir y las francesas de La Camarga tienen su continuidad en este territorio, evidenciándose con la presencia de salicornias y carrizos. La similitud de estos biotopos determina la presencia de un representativo grupo de animales, repetidos del catálogo de los citados en habitats similares europeos: gineta (Genetta genetta), comadreja (MustePa), nutria (Lutra lutra), mangosta (Herpestes ichneumon), erizos (Erinaceus), etc. Aunque hayan desaparecido con toda probabilidad, se mostraba el jabalí y una variedad de ciervo similar al español, el ciervo de Berbería (Cervus elaphus barbarus). La mona de Gibraltar (Macaca sylvana), que se citó como el único mono europeo, aunque se estima que se ha introducido en El Peñón, es aquí muy abundante. Garcetas (Egretta), espulgabueyes (Ardeola), cigüeñas (Ciconia), aguilucho lagunero ;Circus), etc., son aves concomitantes de las marismas. Las rapaces: águila real e imperial, quebrantahuesos, águilas calzadas, cuervos, grajos, halcones, etc., lo son del bosque y llanuras. Las paseriformes constituyen también elementos variados en este enlace de afinidades. Además de estas "formas puentes" existen especies propias y otras cuya área de expansión se extiende" hacia el sur de la barrera del Atlas, como el leopardo, ratel, gacela, chacal, jerbos, avutardas del desierto, buitres, etc.
En lo que concierne a la región de El Cabo, la similitud persiste en el paisaje y aun en la identidad de algunas especies vegetales y animales. Otras muchas, no siendo auténticas de esta flora, se han naturalizado con la misma plenitud que si fueran indígenas. Montañas, bosques, arenales y dunas, maquia, marismas, en correspondencia con el extremo N descrito, se suceden los biotopos, limitados al norte del desierto de Kalahari por una potente cadena montañosa. Esta región es un verdadero jardín, con una amplia gama de plantas de flores ornamentales cuyos nombres nos son familiares por su reiterado cultivo en los jardines: agapantos, gladiolos, crestas de gallo o estrelitzias, mesembriantemos, etc. La bella flor de la protea (Protea speciosa) ha sido elevada a símbolo del Estado de la República Sudafricana. En cuanto a la fauna y refiriéindonos a los mamíferos, tendremos que descubrir la destrucción masiva que realizó el hombre, hasta la total condena de los más representativos. Algunos todavía subsisten en pequeño número: la cebra de montaña (Equus zebra), el damalisco (Damaliscus dorcas), otros son algo más abundantes: los oribies, la redunca, damanes, duiquers, papiones (Papio anubis), etcétera, a los que da caza su principal depredador, el leopardo. Existe una multitud de aves, con géneros idénticos a los de la región Paleártica: abubillas, gaviotas, abejarucos, flamencos, cigüeñas, etc., varias de las cuales figuran en la lista de aves migratorias. Por su belleza destacan los nectarínidos, de colores metálicos intensos, y los turacos.Los desiertos. Desde las cimas montañosas del Atlas, donde habitan los muflones arrui (Ammotragus), nos asomamos al Sahara (v.), el arenal mayor del mundo, que une el Atlántico con el mar Rojo y tiene una anchura superior a los 1.500 Km. Su superficie no es siempre plana como en los regs, formándose ostensibles relieves de arena llamados ergs y aun montañas de roca desnuda. Sus condiciones climáticas tampoco son iguales y oscilan entre límites muy, distantes; el día y la noche producen oscilaciones térmicas que van del calor irresistible (más de 60<>C) a un descenso con sensación de frío. Las plantas del desierto, y con ellas toda su manifestación biológica, están pendientes del agua. La "tierra de la sed", como en justicia se la denomina, sufre un sueño casi total hasta que las lluvias aportan su contenido vivificador. Respondiendo a esta llamada se pone en movimiento todo un escenario integrado por los más diversos seres; las simientes germinan y las plantas crecen, florecen y fructifican con una rapidez inusitada. Los reptiles, fenecs y jerbos entran en acción. Los anfibios efectúan la puesta con celeridad, una vez hidratados sus tejidos resecos, y los insectos se hacen patentes. Todo el mundo vivo que no es capaz de emigrar, desplazándose en busca de parajes más aceptables, como las gacelas, p. ej., se posesiona de actividad frenética para aprovechar el pequeño interregno que aparece en la sequía. Terminado el corto periodo lluvioso, vuelve a resecarse la arena y una gran cantidad de seres buscan refugio en las grietas o se so¡erran, abrigándose del sol. Pese a ello, el desierto no queda nunca exento del elemento líquido; a mayor o menor profundidad el agua persiste y varios animales, especialmente roedores, saben buscarla excavando pozos. La palmera datilera, entre las plantas, captura los mantos acuíferos, profundizando sus raíces.En los varios desiertos de la zona meridional de Á., Namib, Karroo y el gran Kalahari, sucede algo parecido, aunque con más suavidad. El animal de más prestancia es el Oryx gazella y las gacelas (Antidorcas marsupialis). Rateles, mangostas, reptiles, como gecos y serpientes, junto a insectos, arañas y alacranes, son formas de una larguísima lista de animales que, a pesar de tan críticas condiciones, mantienen la expresividad de la vida. Se singulariza, entre las plantas, la original Welivitschia (v. FANERGGAMAs), de porte reducido y monstruoso, testimonio e imagen, con su forma y vida milenaria, de la autenticidad del desierto.La estepa y la sabana. Como tierras de transición antes de llegar al núcleo del bosque denso, cuyo eje es el Ecuador, se sitúan, en ambos hemisferios, estas dos franjas de características un tanto indefinidas en muchas ocasiones, dado que su variabilidad es grande y participan de influencias intensas ocasionadas por la concomitancia con otros biotopos: el desierto, la pradera, la zona lacustre, etc. Por tanto, definir la estepa, así como también la sabana, es difícil, ya que son una sucesiva gradación de características comunes. Uno de los factores diferenciales más determinativos es la lluvia y, como consecuencia, la disponibilidad de agua en cada una de estas plataformas: la estepa es un paraje semiárido que participa de los factores del desierto; la sabana es un terreno más rico en agua a través del año y se vincula al bosque, del cual procede por degradación. Ambas son tierras marcadamente estériles, con poca materia orgánica y de fluctuaciones climáticas muy marcadas, sin paréntesis intermedios. La lluvia y la sequía, sus principales dominantes, son de naturaleza podríamos llamar explosiva. Entre la estepa del norte y la meridional hay, ciertamente, seres diferenciales, pero una gran mayoría son comunes. Los suelos de estas regiones acostumbran a ser calizos, arcillosos y, en muchas ocasiones, invadidos por compuestos ferruginosos prácticamente no asimilables (lateritas), con afloraciones de yeso, sal común, etc., restringiendo intensamente el número de especies (v. SUELO). Los denominados "mares de hierba" están integrados, fundamentalmente, por gramíneas (v.) y piperáceas, con interposiciones de salsoláceas, plumbagináceas y plantas aromáticas, labiadas en su mayoría (v. FANERóGAMAS). Sobresaliendo de ellas, formando a veces núcleos ostensibles, pero sin llegar a la categoría de bosques, se interponen los árboles, poseídos de dos artificios de lucha por la existencia, esenciales: una gran resistencia al estiaje, conseguida con raíces profundas para captar agua y hojas pequeñas para aminorar la evaporación (acacias) y, en otras especies, la adopción de sistemas de almacenamiento, gracias a importantes masas de tejidos acuíferos, lo cual les concede troncos de gran volumen y poca dureza (baobab).Como siempre, el factor vegetal determina el animal, ya que éste es tributario directo (herbívoros) o indirecto (carnívoros) de aquél. Las asociaciones más importantes de animales, en cuanto a número (biomasas), se dan cita en estos parajes. Como ejemplo se pueden citar las planicies sin horizonte del Serengeti, el parque natural más extraordinario que jamás pueda imaginarse. Existen enormes rebaños de gñus (Connochaetes taurinus) interpuestos con cebras de Grant (Equus burchelli granti), enmarcados por asociaciones menos compactas de gacelas de Thomson (Gazella thomsonii) y de Grant (Gazella granti roosevelti); grupos aislados de kongonis (Alcelaphus buselaphus cokü), con sus cuernos de difícil curvatura y, en mucha menos cantidad, topis (Damaliscus korrigum), detectados por una mancha azulada en cada muslo. En las zonas de arbolado y próximas a un arroyo, pastan los kob (Kabus ellipsiprymnus). Las jirafas (Giraf fa camelopardalis), diferenciadas en razas diversas, están prácticamente incapacitadas para beneficiar la hierba y deben aceptar las hojas de árboles, principalmente acacias, las cuales, a su vez, se defienden insertando en las ramas largas y punzantes agujas espinosas. Dentro de las aves destaca el avestruz (Struthio camelus), la mayor dela avifauna de todos los continentes. Grullas coronadas, cigüeñas blancas y de Abdim, aves secretario, avutardas león, mirlos metálicos, "viudas" de largas colas negras, calaos, abejarucos, nubes de "tejedores", convirtiendo los árboles en auténticos ovillos, etc., son una pequeñísima cita de este casi indescriptible conjunto asociativo. En otros parajes, muchos de ellos reservas, parques naturales o santuarios, Amboseli, Ngorongoro, lago Manyara, lago Nakuru, etc., hacen acto de presencia los elefantes, búfalos, rinocerontes negros, papiones, jabalíes de verrugas, al igual que pelícanos, cigüeñas pintadas, calaos terrícolas y millones de flamencos formando, al volar, una nube de color rosado. Acechando la presa, los grandes depredadores, el león (v.) y el leopardo, con los que coadyuvan los guepardos, chacales, licaones, etc., y, en último extremo, aprovechando los residuos, las hienas y los buitres.
En parecidas zonas, pero de la parte meridional africana, sobremontando la zona de los desiertos, se catalogan especies similares e, incluso, muchas comunes: impalas (Aepyceros melampus), eland (Taurotragus oryx), gran Kudu (Strepsiceros strepsiceros), los antílopescaballo y afines (Hippotragus equinus, H. niger), el escaso niala (Nyala angasi), el rinoceronte blanco (Ceratotherium simum), el raro cerdo hormiguero (Orycteropus afer), etc., siempre acompañados por una aureola de aves, con gran lujo de formas y coloridos. En los parajes lacustres, como la zona de Uganda, p. ej., y sobresaliendo del agua entre las plantas acuáticas, con las cuales forman un conjunto indisoluble, se observan cocodrilos (v.), el Crocodylus niloticus, de grandes dimensiones, águilas pescadoras atrapando peces; marabúes en busca de residuos y monos colobos en los árboles. Presidiendo a todos ellos el hipopótamo (Hippopotamus amphibius); sobre su lomo, en muchas ocasiones, reposa el ave martillo (Scopus umbretta). Como reliquia, dificilísima de observar, el rarísimo pico zapato (Bataeniceps rex) ostentando su disforme pico, en forma de zapatilla, apta para el beneficio de pequeños animales del ambiente lacustre.El bosque virgen. La máxima expresividad del potencial vegetal y la más espectacular, se obtiene al contemplar la denominada selva virgen. Su nombre quiere ya indicar la imposibilidad o, al menos, dificultad, de ser penetrada. El entretejido de lianas suspendidas de los altísimos árboles, la poca luz, su gran humedad pegajosa y los gritos, sin localización, de sus pobladores, mantienen un ambiente de misterio y sobrecogimiento. Estas características influyen, de manera decisiva, sobre sus pobladores, ya que participan de ellas directa y permanentemente. La riqueza faunística, pese a su gran potencial, no se hace visible; más bien se presiente. Las imágenes elocuentes de biomasas que definen los espacios abiertos, la estepa y la sabana, quedan aquí ocultas, como si estuvieran encerradas dentro de un gran estuche. Desde las bacterias (v.) que, en trabajo continuado, provocan los fenómenos de putrefacción de todo lo orgánico que muere, añadiendo un gran catálogo de invertebrados, anfibios y reptiles, todos los grupos están representados, haciendo especial mención de las aves, así como buen número de mamíferos. La gran selva africana, desde el golfo de Guinea hasta el lago Tanganika, atesora especies singulares: el okapi (Okapia johnstoni), una especie de jirafa descubierta a finales del pasado siglo; y la rana gigante (Conraua goliath), anfibio que llega a sobrepasar los 3 Kg. de peso. Los chimpancés (Pan troglodytes), de costumbres arborícolas, los gorilas de llanura (Gorilla gorilla) y gorilas de montaña (Gorilla gorilla beringei), ambos de progresión más terrícola, son los primates (v.) más característicos. En el zoo de Barcelona se exhibe un ejemplar totalmente albino de gorila de llanura, obtenido en la selva de Guinea Ecuatorial (v.) y que es el único ejemplar que se conoce en el mundo con estas características.A. JONCH CUSPINERA.
BIBL.: A. JONCH, El mundo viviente, Barcelona 1967; B. GRZIMEK, La vida de los animales salvajes en el corazón de África (Serengueti no debe morir), Barcelona 1961; B. GRZIMEK, El último paraíso de los animales salvajes, Barcelona 1965; P. DIOLÉ y J. DRAGESCO, Chasse d’Afrique, Lausanne 19.65; J. y D. BARTLETT, Nature’s paradise. Africa, Londres 1967; A. MOOREHEAD, No room in the ark, Londres 1959; J. G. WILLIAMS, A field guide to the National parks of East Africa, Londres 1967; R. H. N. SMITHERS, The mammals of Rhodesia, Zambia and Malawi, Londres 1966; E. GALvAo, T. CABRAL, A. PRATAS, La vida y la muerte en la selva, Madrid 1967; J. G. WILLIAMs, A field guide to the birds of East and Central Africa, Londres 1966; R. CARRINGTON, Great National Parks, Loridres 1967; C. WILLOCK, The enormous Zoo: a profile of Uganda National Parks, Londres 1964; E. SCHUMMACHER, The last of the Wild, Londres 1968.
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