África I. Geografía.1 GEOG.
Categoria:
Geografía
1. Generalidades.Forma Darte del coniunto de tierras que constituyen el viejo Mundo. Sii.extensión (30.309.495 kilómetros cuadrados) equivale agrox., a la quinta parte de las tierras emergidas, es inferior a la del continente asiático y a la del americano, y triplica a la de Europa. Su población sobrepasó los 500 millones de hab. en los años 1980, y al final de la década su densidad alcanzó los 20 hab/Kmz, que no llega a los 2/3 de la media mundial. A. ha recibido, más o menos justamente, diversos calificativos de los investigadores que se han ocupado de su territorio y de sus hombres: continenteisla, continente negro, oscuro, etc. A. no es, en rigor, una isla, ya que se halla unida al continente asiático por los estrechos cuellos de desierto extendidos entre el Mediterráneo y los golfos de `Agaba y Suez, este último abierto a la navegación marítima en .1869; por otra parte, las costas de Arabia se acercan mucho a las africanas de Somalia y Eritrea en el estrecho de Báb elMandeb, y entre la península Ibérica y el Magrib sólo media un estrecho el de Gibraltar de unos 13 Km. de anchura mínima. Decir, sin ulteriores aclaraciones, que A. ha permanecido aislada hasta hace poco tiempo, es una evidente exageración: la milenaria historia de Egipto, ligada estrechamente a la del área que hoy suele llamarse Oriente Medio, la del norte de Á., estrechamente unida a la historia del mundo mediterráneo, la del litoral oriental africano, relacionada íntimamente con la historia de los pueblos del sudeste de Asia, bastarían para probar todo lo contrario. Cuando se habla del aislamiento multisecular de A. casi siempre se limita este término a la porción intertropical situada al sur del gran desierto del Sahara y alejada de las costas que fueron circunnavegadas y visitadas con frecuencia, sobre todo por los portugueses, desde los tiempos de Vasco de Gama. Es cierto que esta Á. es la más importante, la que ofrece más profundas diferencias con el resto del mundo; es, por antonomasia,. el Á. negra, el A. oscura. Pero sin olvidar que también existe un Á. blanca, un Á. mediterránea y un gran Á. desértica.Desde el punto de vista geográfico, lo más importante de Á. es la disposición zonal que presentan sus paisajes, aunque también en esto hay, según veremos, matices; a uno y otro lado del Ecuador, que casi pasa por el centro de A., se repiten los mismos climas, parecidos paisajes vegetales: bosques, sabanas, estepas, desiertos. El relieve es, desde el punto de vista fisiográfico, bastante monótono; casi no hay otras cordilleras de plegamiento que las del NO, siendo Á. una sucesión de mesetas, macizos antiguos y cubetas. Por lo que concierne a los aspectos humanos y económicos, A. ha sido, sobre todo desde el s. xix, el "escape" de Europa. Ofrece una gran desigualdad en el reparto de su población, muy variados modos de vida y de actividades. Y aunque posee recursos numerosos, y algunos muy importantes, está todavía lejos del nivel que puede alcanzar en todos los órdenes: cultural, técnico, social, económico y político. A. es un continente de porvenir.2. Medio físico. A. es un continente macizo, de altitud media bastante grande, geológicamente muy viejo y, bioclimáticamente, tropical en esencia.a) Costas. En un mapamundi lo primero que llama la atención es el pequeño recortamiento del continente africano. No se parece en esto a Europa, ni a Asia, ni siquiera a Norteamérica. Salvo el de Gabes, al N, y el de Guinea al O, A. carece de golfos que penetren profundamente en su interior y de penínsulas e islas que accidenten y acompañen a sus costas, las cuales se desarrollan sobre 30.500 Km.; es decir, que a cada 1.000 Km’ de superficie corresponden en A. alrededor de 1.000 m. de costas, frente a 3.000 en Europa. Por si fuera poco, se trata, en general, de costas inhospitalarias poco favorables a " la vida litoral, sea de relaciones comerciales, sea de pesquerías. Son escasos los puertos naturales africanos. La excepción podría ser Á. del Norte, ya que en ella las montañas se prolongan hasta la costa, mejor articulada en radas; pero gran número de éstas se hallan abiertas, en forma de hoz, al mar y sufren fuertes marejadas, lo que dificulta notoriamente su utilización como puertos de importancia en el moderno tráfico marítimo internacional. En el resto de las costas africanas las condiciones son peores; así, el Sahara se asoma al Atlántico por medio de costas bajas y arenosas; en A. occidental es un fenómeno corriente la formación de lagunas, áreas pantanosas y cordones litorales construidos por poderosas corrientes marinas (Benguela, Canarias) y la línea costera de Centroáfrica se resuelve en una sucesión de altos acantilados que impiden o dificultan el acceso o abordaje del continente negro; en Madagascar y en las costas orientales de A. se encuentran los mismos obstáculos de las playas arenosas o la barra que se forma en las cercanías del continente. La razón de todo ello hay que buscarla en la estrechez de la plataforma conti. nental africana; salvo en el N y en el S, se pasa rápi. damente desde el continente hasta las grandes profundidades submarinas mediante un abrupto talud: por eso la vida pesquera ni ha sido ni es en general floreciente.No es de extrañar, por consiguiente, que hasta bien entrado el s. xix los europeos se limitaran a utilizar los puntos mejores y que gran parte de Á., con sus arenales, pantanos y densos bosques llegando hasta la misma costa, siguiera siendo desconocida. Añadamos las dificultades de penetración hacia el interior, partiendo de la costa; los ríos, que son las vías naturales de acceso, o tienen estuarios enlodados o lo que es más general y más importante presentan, cerca de sus desembocaduras, un curso encajado y cortado por rápidos y cataratas. Éste es un hecho derivado de la particular configuración topográfica de Á.b) Relieve. Macizos y mesetas, cubetas y fosas, volcanes, cordilleras y llanuras escasas y pequeñas, son las principales formas de relieve a distinguir en el viejo continente africano. Ya dijimos que lo más típico y representativo es la alternancia de mesetas y cubetas. Estas grandes unidades geomorfológicas fueron principalmente originadas por las deformaciones que el viejo zócalo precámbrico y paleozoico había de sufrir a lo largo de los tiempos geológicos al ser afectado por diversos movimientos tectónicos. En ocasiones, el zócalo fue simplemente flexionado, originándose elevaciones y combaduras de gran radio de curvatura; otras veces fue cortado por fracturas y fallas, a lo largo de las cuales salieron a la superficie las lavas volcánicas que se expansionaron en gigantescas coladas u originaron espectaculares conos volcánicos. La estructura actual de Á. responde más a movimientos radiales o verticales del suelo que a movimientos horizontales. Por eso es muy elevada la altitud media del continente africano (750 m.) en comparación, p. ej., con el europeo (340 m.); y por eso, y salvo en el N, casi todas sus cumbres montañosas son volcanes. Lo típico de Á. son las mesetas y las cubetas.Las mesetas, formadas por rocas antiguas de tipo cristalino o por sedimentos areniscosos, están escalonadas, siendo más altas las del S y E que las del N; se trata, en general, de penillanuras elaboradas durante los largos períodos geológicos que mediaron entre los diversos movimientos tectónicos. Las mesetas quedan limitadas por abruptos escarpes; p. ej., el magnífico de los llamados montes de Drakensberg (3.650 m.), al S del continente, que sirve de muralla y límite oriental a la elevada meseta de Basutolandia. Entre las mesetas se hallan las cubetas o cuencas, deformaciones cóncavas del zócalo que albergaron mares o lagos interiores desaparecidos en gran parte: tal es el caso de la cubeta del Chad, parcialmente ocupada por el lago del mismo nombre; de la cubeta del Níger, que cubre la mayor parte del Sahara y tiene desagüe hacia el mar; de la del Congo o Zaire, que tiene el tamaño de la península Ibérica y un fondo poco accidentado; del alto Nilo, cubierta de una vasta área pantanosa; del Kalahari y del Zambeze, más pequeñas y elevadas.Las fosas tectónicas (graben) más importantes se encuentran en Á. oriental, constituyendo lo que los geólogos anglosajones conocen con el nombre de riftvalley del este de Á., un complejo sistema de fosas que se extiende sobre 5.000 km. desde el bajo Zambeze hasta el macizo Etiópico, prolongándose después, en forma de "Y" por el golfo de Adén y el mar Rojo (v.) hasta el mar Muerto (v.). En A. oriental pueden distinguirse, a partir del lago Nyasa, dos ramas: la occidental se extiende desde el sur del último lago hasta el alto Nilo a través de los lagos Tanganica, Eduardo y Alberto; la oriental es menos continua y se prolonga desde el norte del lago Nyasa hasta el lago Rodolfo y sur del mar Rojo. En Á. central las fracturas dieron origen a la fosa del Camerún. Como es normal, este tipo de accidentes tectónicos va acompañado de fenómenos eruptivos; así, la rama oriental del sistema de fosas esteafricano está en estrecha relación con las altas tierras volcánicas de Kenia que culminan en los conos del Uhuru, antes Kilimanjaro (v.), la montaña más elevada de Á. (5.895 m.), Kenia (v.) y Elgon y con las mesetas basálticas, muy disecadas por la erosión, de Etiopía (Ra’s Dasán, cono volcánico que culmina a 4.580 m.) y Eritrea; el monte Camerún (v.), de 4.070 m., y las islas de la bahía de Biafra (Fernando Poo o Bioko, Santo Tomé, Príncipe y Annobón), también de origen volcánico, así como, en pleno corazón del Sahara, el Ahggar (Hoggar), de 3.003 m., el Tibesti, que alcanza 3.415 m., en el Emi Kussi, y el Air, macizos encuadrados por poderosas coladas de lavas. Alguno de estos volcanes está aún en actividad. El monte Ruvenzori (5.119 m.), en cambio, no es, como sus compañeros del A. oriental, el Kenia, Uhuru y Elgon, un cono volcánico, sino un bloque elevado u horst. La única cadena de plegamiento alpino de Á. es el Atlas (v.), extendida por el Magrib en dirección OSOENE; simplificando un tanto, se trata de dos cadenas paralelas, una de las cuales jalona de cerca la costa mediterránea; en Argelia ambas cadenas se separan para abrazar anchas y elevadas mesetas de más de 1.000 m., salpicadas aquí y allí de lagos salados o cortados por profundas gargantas. Finalmente, las llanuras o, mejor dicho, las tierras situadas a menos de 200 m. sobre el nivel del mar, ocupan en Á. pequeñas extensiones, proporcionalmente las menores de entre todos los continentes; se localizan en el fondo de las fosas y cubetas y especialmente junto al mar; con frecuencia son áreas pantanosas, poco utilizables.c) Drenaje. 1) Ríos. Según De Martonne, sólo el 48% de la superficie de A. tiene directo desagüe hacia el mar por medio de ríos (exorreísmo), el 40% carece de drenaje organizado (arreísmo) y el 12% restante es drenado hacia cuencas interiores que carecen de emisario hacia el mar (endorreísmo). Al primero pertenecen las cuencas hidrográficas del Níger (v.), Zaire o Congo (v.), Orange (v.), Zambeze (v.), Volta, Senegal, Gambia, Limpopo y Nilo (v.); estos grandes ríos acaparan la inmensa mayoría del drenaje africano hacia los mares; otros numerosos ríos, de curso pequeño y más o menos paralelos, llegan igualmente a los océanos desde los rebordes de las mesetas cercanas a la costa que reciben abundantes precipitaciones; como tienen su cabecera no lejos de la desembocadura y un perfil longitudinal de pendiente muy acusada, no es de extrañar que estos pequeños ríos hayan originado numerosos fenómenos de "captura" a expensas de algunos de los grandes ríos y de algunas cuencas interiores. Los grandes ríos suelen tener un curso alto navegable, totalmente o en tramos, en su travesía por las mesetas interiores, para descender a la llanura costera de modo brusco, según dijimos, mediante rápidos y cataratas: las de Victoria en el Zambeze, las de Stanley en el Zaire, p. ej. Las principales superficies arreicas se hallan en los desiertos cálidos que reciben precipitaciones insuficientes para la creación de un verdadero sistema de drenaje, aunque no cabe la menor duda de que en los períodos pluviales del Cuaternario tales regiones lo tuvieron. Por último, las principales regiones endorreicas son la cuenca del lago Chad, el Kalahari oriental drenado hacia los lagos Ngami y Etosha y, en la rama este del sistema de fosas tectónicas del Á. oriental, una larga sección centrada en el lago Turkana (antes Rodolfo).2) Lagos. Pertenecen a dos grupos, genética y morfológicamente diferentes: unos se instalan en combaduras cóncavas y suaves de la superficie terrestre y otros en fosas tectónicas profundas. Estos últimos, de orillas escarpadas, abruptas, se localizan principalmente en el tantas veces mencionado sistema de grabens (la gran "herida" tectónica de Á.) del Á. oriental; suelen ser muy largos, relativamente estrechos y muy profundos: p. ej., el Tanganica (v.), que tiene 650 km. de longitud, 90 de anchura y 1.435 m. de profundidad; otros lagos de este tipo son el Nyasa, el Eduardoy el Alberto, por no citar sino los más conocidos; muchos de estos lagos tienen desagüe hacia el mar: los lagos Eduardo y Alberto a través del Nilo; el Tanganica por medio del Zaire y el Nyasa por su emisario el Shire; ya hemos dicho que, en cambio, el lago Turkana, lo mismo que el Rukwa, son centros de áreas de drenaje interior. Al primer tipo de lagos, de orillas suaves y de pequeña profundidad, pertenecen los chotts de la región del Atlas, el lago Chad (v.), el Ngami y otros lagos y áreas pantanosas de los desiertos; su extensión varía de estación a estación y aun de año a año y suelen ser áreas de drenaje interior. Algunos lagos de este tipo son drenados, sin embargo, mediante ríos: así, el lago Debo y otros ubicados al suroeste de Tombuctú, el lago No en la unión del BahrelGazal con el Nilo y ciertos lagos de la cuenca media del Zaire, como el Leopoldo II. Pero el mayor y más importante de los lagos del tipo que estamos estudiando es el Victoria (v.) drenado por el Nilo; los lagos Bangüeulu y Mueru pertenecen a la misma familia.
d) Clima. Factores. Es muy corriente, en los libros de Geografía elementales, citar el caso de Á. como representativo de una clara zonación bioclimática, desde los climas ecuatoriales hasta los mediterráneos de ambos extremos del continente, el N y el S. En líneas generales es cierto; pero en detalle no dejan de existir excepciones y anomalías. Los climas de Á., como los de cualquier continente, son el resultado de una combinación más o menos compleja de fenómenos físicos. Por supuesto que la latitud es de influencia primordial: Á. se extiende aproximadamente entre los 35° N y los 35° S, siendo por ello un continente esencialmente tropical. Pero una serie de factores, entre los cuales están el relieve, las corrientes marinas y el movimiento aparente del sol entre los trópicos colaboran (e incluso contribuyen a modificarlas) con las situaciones meteorológicas típicas de la circulación general atmosférica en las regiones intertropicales, en la división y caracterización bioclimática de A. Analicemos en primer lugar estos factores principales del clima; más tarde se hablará de los diversos tipos climáticos y de la vegetación natural, la hidrografía y los suelos que le son característicos.1) Relieve. Á. carece de grandes barreras montañosas que puedan hacer, como sucede en América con los Andes y las Rocosas o en Asia con las cordilleras Himalayas, de divisorias climáticas netas; tan sólo el Atlas desempeña un papel de alguna consideración en este sentido: sirve de obstáculo o de pantalla a la penetración hacia el S de las lluvias invernales que acompañan a las perturbaciones ciclonales que pasan desde el Atlántico hacia el Mediterráneo, siguiendo la superficie de discontinuidad que llamamos frente polar. En los demás casos el papel desempeñado por el relieve como detenedor y condensador de la humedad atmosférica es más modesto: caso de los rebordes meseteños orientados perpendicularmente a la dirección de los vientos procedentes del océano, como p. ej. en el A. oriental, haciendo que las mesetas de esta región africana, aun situadas en latitudes ecuatoriales, reciban lluvias mucho más moderadas que las que caen en la cubeta congoleña. Las repercusiones del relieve en las temperaturas son muy claras y desde muchos puntos de vista importantes: gracias a la disminución de la temperatura con la altitud, y en parte también a la disminución de las lluvias a que acabamos de aludir, las altas mesetas del este africano son propicias al poblamiento europeo.2) Corrientes marinas. Las costas atlánticas de Á. se ven afectadas por tres corrientes oceánicas: la de las Canarias, la de Benguela y la de Guinea. Las dos primeras son parecidas en lo que concierne a su génesis y a las consecuencias climáticas que se derivan de su actuación; ambas son corrientes frías, moderan las temperaturas de las regiones litorales que jalonan en su recorrido hacia las latitudes ecuatoriales, hacen que en las costas sean frecuentes las nieblas y dificultan las posibles lluvias que podrían originar los vientos que soplasen desde el océano hacia el continente, más recalentado. La contracorriente ecuatorial de Guinea que se dirige, entre las dos anteriores, de O a E, aporta a las costas del golfo de dicho nombre masas de agua muy cálidas, y como los vientos también se dirigen generalmente del Atlántico al continente en estas latitudes (monzón guineano), el resultado es que entre Dakar y Libreville caen importantes precipitaciones. El caso de las costas orienG. E. R., 1.19tales de A. es distinto; por un lado, al sur del Ecuador, el litoral está jalonado por un ramal de la corriente sudecuatorial del índico, la corriente de Mozambique, que es cálida y proporciona a los vientos, que aquí soplan del océano al continente (alisio del SE), abundante humedad que se traduce en lluvias en el litoral tropical índicoafricano, frente a la aridez de las mismas latitudes en la costa afroatlántica; las temperaturas son también distintas en ambas fajas costeras: más elevadas las del índico que las del Atlántico. Al norte del Ecuador la circulación de las masas de agua está de acuerdo con la circulación aérea monzónica; en invierno aquéllas, como el monzón, siguen la dirección del NE al SO, a lo largo de las costas: se trata de una corriente fría que se dirige hacia el Ecuador; en verano la dirección se invierte, y en ninguno de los dos casos las condiciones son favorables a las lluvias: por este motivo son áridas las regiones litorales del Indico africano situadas al norte del Ecuador.
3.) Circulación atmosférica. Los principales factores de los climas africanos hay que referirlos a la posición que este continente ocupa en la circulación general de la atmósfera y en especial con relación a los dos grandes cinturones de altas presiones .extratropicales o subtropicales y al cinturón de bajas presiones ecuatoriales. Los tres se desplazan, con la migración aparente del sol entre los trópicos, hacia el N en el verano del Hemisferio septentrional y hacia el S en el verano del Hemisferio meridional; así, en enero las altas presiones subtropicales de las Azores se extienden sobre el Sahara, las bajas ecuatoriales se hallan al sur del Ecuador y las altas subtropicales del Atlántico meridional se sitúan al sur del continente; en julio las condiciones se invierten: el Sahara, muy recalentado, origina una vasta área de bajas presiones y el Á. del Sur cae bajo la influencia de las altas presiones subtropicales del Atlántico meridional; en el nordeste de A. la circulación se complica por el gran monzón asiático.Los sistemas de presión que se acaban de describir originan los movimientos de las masas de aire, que son a su vez las principales responsables de la distribución de las lluvias. De los grandes tipos de masas de aire que distinguen los meteorólogos, las árticas no afectan para nada a A. Las masas de aire polarcontinental sólo alcanzan el norte de A. (el sur se halla separado de las latitudes polares antárticas por amplias superficies oceánicas), procedentes de Siberia y de la Rusia europea; son, por ello, masas de aire originariamente frío, seco y estable, aunque ocasionalmente pueden cargarse de humedad al atravesar el Mediterráneo y descargarla en el norte de Á. El aire polar marítimo alcanza las partes noroeste y sudoeste de A. en el invierno y verano del Hemisferio norte, respectivamente, con ocasión del paso de las depresiones que acompañan al frente polar y que caminan de O a E; se trata de aire fresco, húmedo e inestable. Pero las principales masas de aire africano son las tropicales; el aire tropical marítimo, cálido y húmedo, se origina sobre los océanos, al norte y sur del Ecuador, y el aire tropical continental tiene su cuna en las vastas extensiones desérticas del Sahara y del Kalahari, siendo cálido y seco. Las masas de aire están separadas por zonas frontales o "frentes"; en Á. merece destacarse el papel que desempeña la zona de convergencia o frente intertropical en la que confluyen las masas de aire tropical de ambos hemisferios (alisios, v. VIENTO) originándose las bajas presiones ecuatoriales; es la zona de las grandes lluvias de convección, sin que dejen de formarse también aquí lluvias frontales. Éstas son, sin embargo, más frecuentes en los extremos norte y sur de A. durante las estaciones frías, por enfrentamiento de las masas de aire tropical y polar (frente polar) que originan las perturbaciones ciclónicas de la zona templada.e) Zonas y regiones climáticas. En lo que sigue se hará un resumen de los caracteres principales del clima y del régimen fluvial de las distintas partes de .4.1) Zona ecuatorial. Abarca la cubeta central del Congo y las regiones costeras del golfo de Guinea, más o menos entre los 10° N y los 50 S. Tiene un clima constantemente cálido y lluvioso. La oscilación media anual de la temperatura no sobrepasa los 3°, la media anual es de unos 250 y las amplitudes térmicas diarias son algo mayores que las anuales, aunque nunca excesivas. La humedad es elevada, la nubosidad grande, las lluvias considerables (más de 2.000 mm/mz) y regulares, con dos máximas equinocciales pero sin ningún mes seco. Los vientos son débiles o nulos: es la región de las calmas, de las bajas presiones ecuatoriales.Las lluvias y el calor, constantes y elevados, explican que el roquedo se descomponga rápidamente y que se originen suelos de grandes espesores. Se trata en general de un suelo mediocre: el lavado continuo a que le someten las lluvias origina su empobrecimiento superficial en bases (calcio, magnesio, potasio, etc.); el calor y el agua destruyen la materia orgánica con rapidez (prácticamente carecen de humus). En general se trata de suelos lateríticos, limoarcillosos, ricos en óxidos de hierro y aluminio, de color rojizo.Los ríos son caudalosos y regulares, porque las lluvias son abundantes y caen en todas las estaciones: p. ej., el Congo.2) Climas tropicales con estación seca. Son los que reinan sobre más amplias extensiones: más de un tercio de á. Abarcan las regiones sudanesas, las mesetas del A. oriental y del sur de la cuenca del Congo y las de Madagascar. El hecho sorprendente de que el régimen elimático ecuatorial antes descrito no se prolongue por el E hasta el Indico se debe, como ya se insinuó, a que el Á. oriental, formada por altas mesetas y macizos, queda afectada por la circulación monzónica, lo que le hace tener una estación húmeda y otra seca, es decir, un régimen puramente tropical. Estos tipos climáticos se caracterizan no tanto por las temperaturas como las precipitaciones. Desde el punto de vista térmico difieren muy poco de los climas ecuatoriales; la oscilación media anual queda comprendida entre los 3 y los 10°. Naturalmente, y debido a la altura, existe en las mesetas del A. central un peculiar régimen térmico tropical. Por lo que atañe a las lluvias, en primer lugar, las cantidades que caen de promedio al año son inferiores (8002.000 milímetros) a las de la zona ecuatorial y tanto menores cuanto más nos alejamos del Ecuador, y en segundo lugar, su régimen es mucho más contrastado. Si se tiene en cuenta la migración aparente del sol entre los trópicos y el consiguiente desplazamiento de los cinturones de presión y muy en especial de la zona .de convergencia intertropical, se comprenderá que entre la zona ecuatorial y la desértica se establezca una gradación pluviométrica como la que los geógrafos franceses han expresado con las denominaciones de clima subecuatorial, clima sudanés y clima saheliense: el primero se caracteriza por tener dos estaciones lluviosas (correspondientes, grosso modo, a los dos pasos del sol por el cenit) y dos estaciones secas; el segundo es el típico clima tropical, con dos estaciones, una lluviosa (verano del Hemisferio norte, invierno del Hemisferio sur) y otra seca, ocupando aquélla de cinco a siete meses; el tercero se extiende entre las regiones sudanesas y saharianas y consta de una larga estación seca que abarca unos ocho meses y de otra corta lluviosa. Se trata siempre de lluvias debidas al mecanismo de la convección o a las perturbaciones del frente intertropical, lo mismo que las ecuatoriales, y, como éstas, caen en forma de fuertes aguaceros.El suelo típico de estas regiones es la laterita: el hierro y el aluminio, que ascienden hacia la superficie durante la estación seca, se precipitan bajo la forma de óxidos insolubles constituyendo, cerca de la superficie (o en esta misma, allí donde la erosión barre la capa que las recubre) costras o corazas de 2 ó 3 m. de espesor, duras (later, ladrillo) y abrasadoras durante la estación seca y convertidas en barrizal espeso en la estación húmeda; se trata de suelos pobres o estériles cuando el proceso de lateritización está muy avanzado; los únicos suelos cultivables son los jóvenes: aluviales lato sensu y volcánicos.De acuerdo con las precipitaciones, los ríos tropicales son menos caudalosos que los de las regiones ecuatoriales, distinguiéndose sobre todo de éstos por la curva de variaciones estacionales o mensuales de caudal, ya que en ella se manifiestan de modo claro un máximo de altas aguas, correspondiente a la estación lluviosa, y otro de bajas aguas correspondiente a la estación seca; p. ej., el Senegal. Los organismos fluviales más importantes, como el Nilo, el Zambeze y el Níger, tienen un régimen complejo, mucho más que el del Zaire, de acuerdo con el trazado de su curso por regiones climáticamente diversas.3) Climas áridos. Insensiblemente, de modo que resulta difícil decir dónde acaba la región climática anterior, se pasa de la zona tropical estudiada anteriormente a la zona tropical árida, que en Á. abarca todo el Sahara en el norte y, en el Hemisferio sur, los desiertos de Kalahari y Namib. Este último pertenece al grupo de los desiertos tropicales costeros, motivado por la corriente fría de Benguela. Los dos primeros son desiertos originados por las altas presiones subtropicales permanentes (subsidencia del aire, compresión, calentamiento, desecación) y porque el aire que de ellas se desliza hacia el Ecuador (alisios), por tener un recorrido continental y caminar hacia regiones cálidas, es igualmente un aire muy seco. Lo típico de tales climas desérticos es la escasez e irregularidad de las precipitaciones. Si aceptamos la isoyeta (línea de igual pluviosidad) de los 100 mm/m2 como límite superior de lluvias, el Sahara tiene 8 millones de Km2 que reciben precipitaciones inferiores; el Sahara central recibe menos de 20 mm/m2 en una superficie que supera el millón de Km2; las lluvias caen, además, de forma muy concentrada, en aguaceros fuertes. La humedad relativa es muy baja (inferior al 50 y aun al 20%), el valor de la evaporación es 20 veces superior al de la precipitación y la sequedad del aire es enorme: la piel se agrieta, las uñas se rompen, el cabello se eriza, el cuerpo se reseca. En la franja norte del Sahara las lluvias aumentan (hasta 250 mm.) y son de filiación mediterránea (caen en la estación fría); en la franja sur sucede lo mismo, pero las lluvias son de filiación tropical, cayendo en la estación cálida. Junto con la aridez, son notas típicas de los desiertos las fuertes amplitudes térmicas diarias, con frecuencia superiores a 30° y que pueden incluso alcanzar los 50; y la enorme diferencia existente entre las temperaturas verdaderas del aire y del suelo: se han observado hasta 800 de diferencia entre la temperatura tomada en la arena y la del aire a 1,80 m. Las noches son frescas en verano y frías en invierno.Al Á. desértica corresponde la mayor parte del A. arreica y endorreica. Propiamente no existen ríos, si se exceptúan los que proceden (como el Nilo) de regiones húmedas; el organismo fluvial típico de los desiertos es el ued, que sólo lleva agua a continuación de un chubasco y que pronto la pierde por evaporación e infiltración; se trata, como no cabía menos de esperar, de cursos independientes los unos de los otros, sin constituir redes hidrográficas.Por último, la aridez explica que las regiones desérticas carezcan de suelos evolucionados, incluso de suelos stricto sensu; más bien se trata de fragmentos descuartizados de la roca madre constituyendo canturrales o arenales; abundantes son los solontchaks o suelos salinos provocados por el ascenso hacia la superficie de las sales del interior formando a veces costras de varios metros de espesor.4) Regiones subtropicales. Ocupan unas pequeñas franjas terrestres de Á., al N y al S. Los dos tipos de climas subtropicales que se dan en el mundo se distinguen también aquí: el correspondiente a las costas occidentales de los continentes en dichas latitudes subtropicales (clima mediterráneo) y el correspondiente a las costas orientales (clima de tipo chino). El primero se extiende por el Magrib y la región de El Cabo; en la primera de dichas regiones tiene un matiz meridional, que se pone de manifiesto, sobre todo, por la suavidad de los inviernos (Argel, 12° de media en enero) y la grande y prolongada sequía de los veranos en los que con alguna frecuencia sopla el viento abrasador del Sahara que los magribíes llaman chehili. Las lluvias son en ambas regiones escasas (entre 250 y 500 mm., salvo en las montañas, naturalmente), caen en pocos días y de modo violento, durante la estación fría, motivadas principalmente por las borrascas del frente polar; en cambio, durante el verano (en el hemisferio meridional, al revés) dichas regiones están sometidas a las altas presiones subtropicales y son tan secas como las desérticas. El clima subtropical de "tipo chino" se limita a Natal y partes vecinas de las costas del sudeste de Á.; se distinguen del resto de sus similares (China centromeridional, EE. UU. del sudeste, Argentina del este) por tener una amplitud térmica anual inferior, particularmente en la costa; y de los climas mediterráneosubtropicales por recibir las lluvias principalmente durante la estación cálida (aporte de los alisios del SE, cargados de humedad).En ambas regiones los suelos, sometidos a intensa erosión, suelen ser esqueléticos, salvo en las depresiones; son suelos arcillosorojizos y pobres en humus; en Natal a menudo lo son de tipo laterítico.Los ríos de esta parte del sudeste africano, bien alimentados, tienen agua todo el año. Los del Á. mediterránea conocen profundos estiajes durante la estación seca y violentas crecidas en la lluviosa; en el Magrib es frecuente que los ríos queden, durante el verano, reducidos a un lecho guijarroso; sólo llevan agua todo el año los que nacen en las montañas del Atlas bien irrigadas.A. FLORISTFIN SAMANES.
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