Garizim
Este monte, en la región montañosa de Efraím, de 868 m sobre el nivel del mar, se convirtió en el monte del santuario sólo a causa de la historia política de Samaría.
En el libro de Josué (8:30) y en el Deuteronomio (27:4) se habla del compromiso de guardar la Ley que contrajeron las tribus que inmigraron a las órdenes de Josué, a fin de que el compromiso siguiese siendo también válido en el nuevo país. Ese compromiso se proclamó en el valle entre los montes de Garizim y Ebal (938 m); las tribus estaban acampadas en las laderas, seis sobre el Garizim y seis sobre el Ebal, pero el altar estaba en una prominencia (?) del Ebal.
Aquel altar, por extraño que resulte, no dio origen a ningún santuario específicamente israelita. ¿Tal vez por la proximidad de Sikem, que queda al norte del Garizim? Pero quizá también porque el santuario de Bet-El y más tarde el santuario real del reino del norte en Samaría no permitió que el sitio del altar, a los pies del Ebal y frente al Garizim, alcanzase la categoría de un santuario.
Desde la destrucción del reino del norte (722 a.C.) se formó en torno a Samaría el pueblo de los samaritanos, que adoraba a Yahveh y consideraba también como suyas las tradiciones de Israel y del Pentateuco. Es probable que ya entonces alcanzase esa ubicación del altar su acentuada importancia, dado que los samaritanos lo relacionaron ya con la tradición de la entrada en la tierra prometida. Lo único extraño es que no llamasen monte del altar al Ebal sino al Garizim y que así lo designen hasta hoy en el Deuteronomio (27:4). Muchos biblistas opinan que la tradición samaritana sólo pudo formarse sobre la genuina tradición histórica, mientras que suponen que los judíos habrían cambiado más tarde el sitio del altar del Garizim al Ebal para romper así cualquier lazo común con los samaritanos, todo los cuales “tienen un espíritu malo.”
Como, tras el regreso de los judíos de Babilonia, los persas sometieron en principio Judá y Jerusalén a Samaría, los samaritanos se dirigieron espontáneamente al nuevo santuario en Jerusalén. Más tarde, y ya bajo Nehemías, Jerusalén y su entorno se convirtió en una provincia persa autónoma; a partir de entonces al gobierno persa le pareció mejor promover en Samaría un santuario propio, y surgió espontáneamente el Garizim (hacia el 350 a.C.). Pero el impulso de los samaritanos hacia el templo de Jerusalén sólo se frenó cuando, en el 198 a.C., se alzó un templo en toda regla sobre el Garizim. t Juan Hircano destruyó el año 128 a.C., junto con Sikem, también el templo del Garizim. Así pues, al tiempo del ministerio público de Jesús hacía ya casi ciento sesenta años que estaba en ruinas; pero a pesar de ello continuaba siendo el monte de oración y sacrificios de los samaritanos (Jua 4:20). Los árabes designan al Garizim dyebel et-Tor.
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