Genesaret
El lago de Genesaret lleva en la Biblia distintos nombres. En el AT se le llama varias veces mar de Kinneret, nombre del que evidentemente se formó el griego de Genesaret; el puente lo formó la designación tardojudía de “aguas de Gennesar” (1Ma 11:67) y la denominación “lago de Gennesar,” corriente en tiempos de Jesús. En el NT se le llama simplemente “mar de Galilea” y también “mar (el lago) de Tiberíades” (Jua 6:1). El nombre de Kinneret podría derivar del hecho de que tiene forma de arpa (kinnor), si es que el nombre antiguo de Tiberíades o de algún otro lugar no le dio nombre al lago.
Datos topográficos: longitud máxima: 21 km; anchura máxima: 12 km; con una anchura media de 8 km; superficie: 170 km2; profundidad media: 42 m; máxima: 48 m; nivel: a 212 m bajo el nivel del Mediterráneo. El lago es probablemente el resto de un gran lago interior que llenaba la gigantesca falla que cruza el territorio de Siria y Palestina de norte a sur.
Por ambas orillas, en sentido longitudinal, se alzan las montañas cerca del lago, dejando en el oeste únicamente espacio para una carretera y algunos pueblos pequeños, con la única excepción que constituye Tiberíades, en el centro de la ribera occidental; al este se abren sí algunas ensenadas, pero por lo general la montaña, que alcanza hasta 500 m de altitud, se precipita abrupta hasta la misma orilla del lago.
Al norte hay una llanura con algunas ciudades: Cafarnaúm, Betsaida, y más allá se alza en la lejanía el Hermón.
El lago es rico en pesca, por lo que tuvo cierta importancia para la alimentación, y no sólo en tiempo de Jesús.
Por su posición bajo el nivel del mar, la temperatura media anual en la caldera del lago es de 25° C, alcanzando en verano los 40° a la sombra. La llanura del noroeste (llanura de Kinneret), es una tierra pantanosa fértil y hoy, con los trabajos de colonización de los israelíes (higueras, palmeras, y otros árboles frutales), poco a poco va recuperando el aspecto lujuriante con que nos la imaginamos en tiempo de Jesús. La temperatura apenas varía el día a la noche, de modo que se puede pernoctar al aire libre, como lo hicieron por ejemplo las multitudes que siguieron a Jesús durante tres días (Mar 8:2).
Las tempestades en el lago las recuerda dos veces el NT al referirse a unos signos de Jesús. Son tempestades, que sobre todo en los meses de marzo a julio, pueden desencadenarse con tanta rapidez que sorprenden a barqueros y pescadores. Los dos milagros de Jesús en el lago se cuentan como milagros de noche; la tempestad calmada es un signo por la tarde. Esos períodos de borrasca eran tanto más angustiosos cuando que por las noches apenas si suelen soplar los vientos. El momento más peligroso para las tormentas es el mediodía. Son sobre todo los vientos de poniente y del noroeste que llegan del Hermón los que provocan las tempestades repentinas sobre el lago. Esas ráfagas de viento, que “descienden” sobre el agua (así lo dice también Luc 8:23), a veces pueden percibirse ya con antelación en la altura como un rugido resonante. Todavía hoy se puede observar cómo los marineros de barcos de vela escuchan una y otra vez a fin de advertir el peligro de tempestad.
Como los remolinos tormentosos llegan del oeste, la parte más amenazada por el peligro de las tormentas es la oriental. Así, el lugar de la calma corresponde a la zona de tempestad más peligrosa, pues se viajaba desde la orilla noroeste (a resguardo de las tempestades) hacia el este. Y también el paseo de Jesús sobre el mar encrespado hay que suponerlo en la parte nordeste del lago, puesto que el lugar de la multiplicación de los panes estaba en la ribera oriental y los discípulos en su viaje nocturno tomaron la derrota de Betsaida o Cafarnaúm, en la orilla septentrional, con lo que en cualquier caso tenían de cara el viento del noroeste, perdieron el rumbo y desembarcaron más hacia el oeste, sobre la playa de la llanura.
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