ALTAR
El altar en el Cercano Oriente antiguo era un lugar de sacrificio. Aunque la ley mosaica limitaba el lugar israelita de sacrificio al tabernáculo y posteriormente al templo, los patriarcas generalmente edificaban altares dondequiera que se establecían. Se lee que Noé edificó un altar tan pronto como salió del arca (Gn. 8:20).
Los arqueólogos han descubierto altares en el antiguo Egipto, Mesopotamia (notablemente Eridu, Ur, Asur), Ras Shamra y Palestina. En las excavaciones en Et-Tell la señora J. Marquet-Krause descubrió un pequeño templo de principios de la edad del bronce con un altar de piedras emplastadas en las cuales fueron hechas ofrendas de animales y comida. El gran altar en Meguido, que data de ca. 1900 a. de J.C. tenía 2 mts. de altura y 9 mts. de diámetro en la base, con seis escalones que conducían hacia la parte superior. Al pie había huesos de animales que eran restos de los sacrificios hechos allí en tiempos antiguos. Altares del final de la edad del bronce se han excavado en Laquis, Betsán y Hazor.
Pequeños altares de arcilla con cuatro cuernos en las esquinas superiores posiblemente fueron usados para incienso. Uno de éstos, de 61 cms. de altura del tiempo de David, se descubrió en Meguido.
Los infames lugares altos denunciados por los profetas israelitas fueron montículos donde se construían altares. El adorador traía el producto de su campo, su rebaño o su manada para ofrendar en el lugar alto. Se hacían oraciones y votos y se gozaba de una fiesta de sacrificio. Las mejores porciones del animal, especialmente la grosura (véase Lv. 17:6), eran quemadas. Otras porciones se reservaban para los sacerdotes y el resto se lo comía el adorador y sus amigos. No sólo los dioses cananeos eran adorados en los lugares altos, sino que en tiempos de apostasía, Israel adoraba también allí a Jehová.
Además de altares para sacrificio, la arqueología ha descubierto muchas plataformas de arcilla que se cree fueron incensarios. En Meguido, Tell Beit Mirsim y Siquem se descubrieron pequeños altares de piedra, muchos de los cuales tenían cuernos en sus esquinas superiores, los cuales también son considerados como altares de incienso.
Los griegos, así como los pueblos de la fértil media luna, usaron altares y Pablo observó uno con la inscripción “Al Dios no conocido” (Hch. 17:23) en su camino a Atenas. Pausanias, quien escribió su Descripción de Grecia ca. un siglo después de la visita de Pablo, escribió que había en Atenas “altares de dioses llamados desconocidos” (i. 1.4). El filósofo neopitagórico Apolonio de Tiana, quien murió en 98 d. de J.C. , observó los mismos altares. Su biografía, escrita por Flavio Filostrato ( ca. 170–245 d. de J.C. ), habla de la necesidad de hablar bien de todos los dioses “especialmente en Atenas, donde hay altares en honor de aun dioses desconocidos” (Filostrato, La Vida de Apolonio de Tiana VI.3).
Aunque el altar que Pablo notó en *Atenas no ha sido descubierto, uno similar se encontró en 1909 en los recintos del templo de Demetrio en Pérgamo. Aunque una esquina de la piedra se quebró, la inscripción probablemente decía: “A los dioses desconocidos, Capite, el portador de la antorcha.”
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