Providencia
El Catecismo de la Iglesia Católica define la providencia divina como el conjunto de disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia la perfección.
La providencia obedece al carácter personal y cercano del Dios en que creemos, cuya solicitud cuida de todo, desde las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos y ello de una forma concreta e inmediata. De ahí, que Jesucristo predicara el abandono filial en las manos de ese Dios que cuida hasta de las más pequeñas necesidades de sus hijos.
El propio Catecismo plantea el problema de la providencia y las causas segundas, recordando que para la realización de sus designios se sirve también del concurso de sus criaturas, de manera que el hombre puede entrar libremente en el plan divino por sus acciones y sus oraciones, pero también por sus sufrimientos.
Cabe preguntarse sobre el papel del mal en ese plan providente, a lo que el Catecismo responde afirmando que los caminos de su providencia nos son desconocidos y, sólo al final, conoceremos la forma en que ha conducido su creación, a través de los dramas del pecado y el mal, hasta el reposo de ese Sabbat definitivo.
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