Privilegio paulino
El vigente Código de Derecho Canónico establece que el matrimonio contraído por dos personas no bautizadas se disuelve por el privilegio paulino en favor de la fe de la parte que ha recibido el bautismo, por el mismo hecho de que ésta contraiga un nuevo matrimonio, con tal que la parte no bautizada se separe.
El llamado «privilegio paulino» está basado en la respuesta dada por San Pablo en su primera Carta a los Corintios, sobre las cuestiones que los fieles de esa comunidad le habían planteado en relación con el matrimonio. En concreto, respecto a los casos en los que, en uno de los matrimonios preexistentes, se producía la conversión de uno de los cónyuges y el otro decidía separarse.
Pero, para la aplicación de este privilegio se requieren varias condiciones. La primera de ellas es que uno de los cónyuges no quiera cohabitar con el que se ha bautizado o hacerlo pacíficamente sin ofensa del Creador.
Por ello, antes de que la parte bautizada pueda contraer válidamente un nuevo matrimonio, es preciso interpelar a la otra parte acerca de si quiere también recibir el bautismo y, en caso contrario, si quiere al menos cohabitar pacíficamente con la parte bautizada. Esta interpelación ha de hacerla la autoridad competente del Ordinario del lugar, dándole un plazo para responder. En determinados casos, es suficiente con que la interpelación la realice, de forma privada, la parte bautizada.
En definitiva, lo que el privilegio pretende es preservar la Fe del nuevo bautizado, permitiendo la disolución de un matrimonio previo y válido entre dos personas no bautizadas, de manera que el cónyuge que se ha bautizado pueda contraer un nuevo matrimonio canónico.
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