Peirón
También conocido con los nombres de pairón, pilón o pilar votivo, es una construcción característica de Aragón, en forma de columna de planta cuadrangular o redonda, realizada en piedra o ladrillo, con tipologías muy variadas, en función de la época en la que fueron levantados.
Con frecuencia disponen de gradas sobre las que se asienta el peirón, rematado por una pequeña cruz. Pero lo característico de ellos es la existencia en una de las caras del fuste, de un edículo o pequeña hornacina con la imagen del santo o advocación al que están dedicados y que puede ser de bulto o representada en un azulejo. En los casos en los que se opta por esta solución, pueden colocarse en los cuatros lados del fuste cuando es cuadrado.
Su construcción era una manifestación de piedad popular o respondía a la promesa realizada por una determinada persona, como agradecimiento a un favor recibido por mediación del santo al que se dedicaba. Otras veces recordaban algún acontecimiento acaecido en ese lugar u obedecían al deseo de impetrar la protección divina sobre un lugar.
Solían construirse jalonando los caminos o cerca de las poblaciones, aunque también los hay en el centro de alguna plaza. Los pilares dedicados a San Antón cumplían una función casi litúrgica, dado que en torno a los mismos se realizaban las tradicionales vueltas con los animales de labranza, en el día de su fiesta, dado que era considerado protector de los mismos.
Aunque a veces se les asimila con las cruces de término, su significado no es el mismo, lo que se pone de manifiesto en aquellos lugares en los que coexisten varios peirones o pilares con una cruz de término, única a la que se aplica esa denominación y en la que el elemento fundamental es la propia cruz, que puede estar acompañada por representaciones relacionadas con la Pasión, pero nunca con imágenes de santos.
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