Peine litúrgico
En la liturgia medieval el uso de peines litúrgicos era habitual. Antes de que el sacerdote accediera al altar para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, un diácono peinaba su cabello, como un rito de purificación, pero también para eliminar parásitos frecuentes en la época.
Eran peines dobles, con púas separadas en uno de sus lados y otras más próximas en el otro. Solían fabricarse en marfil o materiales nobles y estaban ricamente decorados, muy frecuentemente con escenas relacionadas con la vida de Sansón, en referencia a sus largos cabellos. Ejemplares de estos peines se conservan en los tesoros catedralicios, en algunos casos procedentes de enterramientos.
Más tarde su uso quedó circunscrito a la consagración de obispos, para arreglar sus cabellos después se haber sido ungidos con el Santo Crisma.
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