Monasterio dúplice
Desde los inicios del movimiento cenobítico en la Tebaida, hubo mujeres que también se retiraron a vivir en la soledad del desierto. Cuando aquellas comunidades primitivas comenzaron a agruparse, dado lugar a la vida monacal, fue frecuente el que se crearan monasterios dúplices en los que convivían, en espacios completamente separados, hombres y mujeres que sólo se reunían en la iglesia, aunque compartían los recursos y, en gran medida, su creación vino determinada por el deseo de proteger a las religiosas.
Desde allí se extendió a Occidente donde llegaron a ser más numerosos de lo que, a primera vista, pudiera parecer. De hecho, en España, monasterios muy conocidos como el de San Millán de la Cogolla, Santa María la Real de Aguilar de Campoo o San Salvador de Oña, fueron en su origen dúplices.
Aunque se dictaron normas para prevenir los problemas derivados de esa convivencia, continuaron funcionando durante cierto tiempo. En unos casos bajo la autoridad de un abad, pero hubo otros que dependían de una abadesa. A partir del siglo XII fueron desapareciendo, poco a poco.
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