Invención de la Santa Cruz
Con este nombre, derivado de la palabra latina inventio (descubrimiento), se conoce a la festividad litúrgica que conmemora el hallazgo de la Cruz, en la que había sido crucificado Cristo, por Santa Elena, madre del emperador Constantino.
Este hecho tuvo lugar el 3 de mayo de 320. Unos años antes, el 28 de octubre de 312, había tenido lugar la batalla del puente Milvio, en las que las tropas de Constantino habían derrotado a las de Majencio que les hacían frente a las puertas de Roma. Según la tradición, en la noche anterior, Constantino había visto una cruz roja en el cielo con la leyenda «In hoc signo vinces» que, incorporada como símbolo a sus estandartes, había contribuido a la victoria.
Dueño del imperio, tras derrotar a Licinio, que gobernaba en Oriente, inició una etapa de tolerancia con el culto cristiano que cambió por completo la suerte de la Iglesia a la que terminó incorporándose, al pedir el bautismo cuando se aproximaba su muerte.
Su madre, a una edad ya avanzada, pues superaba los 80 años, quiso conocer los Santos Lugares y se trasladó a Palestina. Allí visitó Belén, mandando destruir el templo que, en honor de Adonais, se había levantado en aquel lugar. Tras pasar por Tiberíades, llegó a la ciudad santa encontrando que se había perdido todo rastro del Calvario y del Santo Sepulcro. Explanados y profanados, intencionadamente, sobre el lugar donde murió Jesucristo, se había levantado un templo consagrado a Venus.
Inmediatamente, la emperatriz, mandó destruir y excavar en el lugar, en busca de una de las reliquias más insignes de la Cristiandad. Tras efectuar grandes remociones de tierra, apareció una cueva con tres cruces que, inmediatamente, relacionó con la Pasión, pero sin que pudiera adivinar cuál era la que había sostenido el cuerpo de Cristo.
Fue el obispo San Macario quien decidió ponerlas en contacto con una pobre mujer enferma que, al contacto con la Vera Cruz, sanó inmediatamente. No contentos con este prodigio, cuando las conducían procesionalmente, se cruzaron con un cortejo fúnebre y la Cruz de Cristo obró el milagro de devolver la vida al difunto.
Santa Elena mandó edificar un «Martyrium» sobre el sepulcro y allí se conservó una parte importante de la Cruz. El resto fue llevado a la nueva capital, Constantinopla, donde otra parte fue venerada en una plaza de la ciudad, y el resto enviado a Roma, donde se edificó la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.
La fiesta de la Invención de la Santa Cruz se celebra, por lo tanto, el mismo día en que tuvo lugar su hallazgo, en el siglo IV. Es conocida también con el nombre de «La Cruz de Mayo» en contraposición con la del 14 de septiembre en la que se conmemora «La Exaltación de la Santa Cruz».
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